“Puente de espías”; colisión entre poderes hegemónicos

La hoy ya descongelada guerra fría como escenario histórico de conflictos políticos y de naturaleza ideológica es la materia temática que propone “Puente de espías”, el nuevo film del emblemático realizador norteamericano Steven Spielberg.

Esta película se retrotrae a los tiempos de tensión derivada de la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los dos bloques hegemónicos que detentaron el poder global desde la post-guerra.

Por entonces, la bipolaridad planetaria enfrentaba a los campos capitalista y socialista que se dividieron el mundo durante casi medio siglo.

En ese cuadro de conflicto subyacía permanentemente la amenaza de una conflagración nuclear, que podía reproducir las hecatombes de Hiroshima y Nagasaki, aunque con efectos aún más devastadores por la rápida evolución de la tecnología bélica.

Esa enconada disputa por las parcelas del poder generó múltiples conflictos regionales y, en ese contexto, complejas redes de espionaje de dimensión global.

PUENTE DE ESPIAS (1)Esos aparatos de inteligencia que actuaban naturalmente en la clandestinidad, estaban destinados a obtener información militar que permitiera modificar radicalmente la correlación de fuerzas entre ambas potencias.

Este es precisamente el tema que aborda el nuevo opus de Steven Spielberg, quien, en el decurso de una exitosa carrera cinematográfica de más de cuatro décadas, ha abordado recurrentemente temas históricos de fuerte impacto.

Al respecto, basta recordar títulos como “La Lista de Schindler”, “Munich”, “Rescatando al soldado Ryan”, “Caballo de guerra” y “Lincoln”, entre otros.

Inspirándose en un episodio real de la historia contemporánea acaecido a fines de la década del cincuenta, el film recrea a James Donovan (Tom Hanks), un abogado de seguros que debe regresar al ámbito penal con el cometido de ejercer la defensa de Rudolf Abel (Mark Rylance), un agente secreto que trabaja para la URSS.

Por supuesto, la misión comporta ciertamente todo un desafío, en la medida que su defendido es un indeseable para la sociedad norteamericana de la época.

En buena medida, asumir esta compleja misión es como situarse del lado del “enemigo”, con todo lo que ello supone para su carrera profesional e incluso para su propia familia.

Obviamente, esta contingencia también le genera un dilema de conciencia, impregnado naturalmente de connotaciones ideológicas.

Empero, fiel a su apego al derecho y a las garantías que teóricamente otorga el debido proceso, el protagonista encara su trabajo como superlativa responsabilidad.

Sus convicciones éticas le inducen a enfrentar al poder del Estado en una situación de alta complejidad, al punto de llevar el caso hasta las últimas consecuencias.

En ese contexto, batalló incansablemente en los tribunales para que el contencioso fuera derivado hasta la propia Corte Suprema. Pese a que perdió el juicio, logró salvarle la vida a su defendido.

PUENTE DE ESPIAS (3)

Aunque la película se centra en un proceso judicial que hizo historia, también aborda un segundo episodio que tuvo como protagonista a este célebre abogado: su actuación como negociador en un canje de prisioneros entre ambas potencias, que permitió la liberación de un piloto estadounidense y de un estudiante de economía.

Ambos fueron intercambiados precisamente por el espía soviético.

Mediante una estética cinematográfica que apela a todos los recursos del subgénero de espionaje, Spielberg mixtura el cine de tribunales con la intriga clásica.

El cineasta manipula la materia cinematográfica con su reconocida sabiduría artística, recreando los agobiantes climas propios de una confrontación política y militar que conmovió al planeta durante el siglo pasado.

Spielberg maneja con sutileza la doble faceta de este personaje singular, que discurre entre el “antihéroe” que defiende con firmeza los derechos de un espía “enemigo” y el “héroe” que participa en la ardua negociación de canje de prisioneros.

Aunque el film esté exento del habitual maniqueísmo del cine de industria hollywodense, igualmente sugiere un mensaje si se quiere complaciente y no demasiado comprometido.

En tal sentido, Tom Hanks, cuya solvencia actoral está naturalmente fuera de toda discusión, encaja plenamente con la imagen del “americano bueno” e incontaminado que tan bien ha sabido cultivar en el decurso de su carrera cinematográfica.
Más allá de eventuales disquisiciones, “Puente de espías” recupera la mejor versión de Steven Spielberg, quien nuevamente corrobora su sapiencia para elaborar un producto de buena factura artística y recepción en la taquilla.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

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