Grecia dice no a la austeridad. ¿Y ahora?

Pese a que los bancos estuvieron cerrados toda la semana y que corrían el riesgo de no tener dinero disponible el lunes siguiente al domingo del referendo; con la amenaza de todas las instituciones europeas, que advertían sobre las graves consecuencias para Grecia de un eventual triunfo del “no”, casi dos tercios de los griegos votaron el pasado domingo contra el programa de austeridad que ha sumido el país en una dramática crisis económica.

Programas impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europea (BCR) y la Comisión Europea a partir de 2010 que hundieron la economía griega. Su Producto Interno Bruto (PIB) cayó un 25% desde entonces, con dramáticas consecuencias para la población, que ha visto reducirse el empleo público y la calidad de los servicios de salud y educación.

El escenario no podría ser más dramático. Luego de cinco meses de negociaciones infructuosas, el primer ministro Alexis Tsipras rechazó la última oferta de las instituciones europeas a cambio de un nuevo desembolso que permitiría mantener a flote al economía griega por unos meses más. A cambio, debía retomar el programa de ajuste cuyo rechazo fue la base de la campaña electoral de Syriza.

Gilberto-Lopes-248x300Desde agosto, hace ya casi un año, Grecia no volvió a recibir nuevos desembolsos y el mes pasado no pudo pagar cerca de 1,6 mil millones de dólares al FMI.

Desde 2010 el país ha recibido 210 mil millones de dólares que han ido a parar en gran parte a las arcas de los bancos alemanes y franceses, o han servido para pagar intereses a las instituciones financieras internacionales.

A cambio Grecia debía, además de un severo programa de ajuste, poner en marcha un plan de privatizaciones. Según las proyecciones el FMI Grecia debió haber ingresado 50 mil millones de euros entre 2011 y 2015 por la venta de puertos, aeropuertos, ferrocarriles y otros bienes. Se llegó a proponer incluir en esa lista las islas y monumentos clásicos. Sin embargo, el balance de esos ingresos en el primer trimestre de este año era de apenas 3,2 mil millones, 94% menos que lo previsto. Una revisión del programa 2014-2022 preveía ingresos por 23 mil millones, la mitad por la venta de las acciones del Estado en la banca y un 25% por la venta de corporaciones y bienes inmuebles. Transcurrido un año desde esa revisión, las ventas alcanzaban apenas 400 millones de euros.

La revisión del FMI, hecha pública a fines del mes pasado, reconoció también algo que el gobierno griego venía repitiendo desde que asumió: la deuda pública debe ser renegociada, pues es impagable en los términos y cantidades pactadas.

Pese a estas evidencias, el FMI fue la institución que presentó la actitud más intransigente en las negociaciones, según las autoridades griegas.

Desconcierto
El lunes, la prensa europea no ocultaba su desconcierto frente al resultado del referendo griego. “No masivo de los griegos crea confusión en Europa”, decía un titular. “La confusión luego de estos acontecimientos era total. Grecia y no tiene dinero, los bancos hace una semana están cerrados y muy frágiles debido a los recientes retiros masivos de los griegos, temerosos de esta situación”, resumía un periódico francés.

“’No’ griego, duro desafío para Europa”; “El No griego hace temblar la zona del euro”; “Victoria del No, un salto al desconocido”, se podía leer también en la noche del domingo, solo horas después de conocerse el resultado, una victoria del “no” a las reformas propuestas por las instituciones europeas, por 61,3% frente a 38,7% del “si”.

El resultado dio pie a otro tipo de comentarios, como “Berlín en cólera, Podemos en júbilo en España”, o este otro, que advertía de las consecuencias graves de una eventual expulsión de Grecia de la moneda única, el euro: “Para el Bundesbank el Grexit desplomaría el presupuesto alemán”.

Pese a esto, el lunes la canciller alemana, Angela Merkel dejaba entrever que Alemania empujaría Grecia fuera del euro. Su portavoz, Steffen Seibert, decía que formalmente, “las puertas están todavía abiertas” para un acuerdo. Pero, agregaba, “tomando en cuenta la decisión de los ciudadanos griegos, no hay condiciones para la negociación de un nuevo programa de ayuda”.

Según el corresponsal del diario francés Le Monde en Berlin, en Alemania, conservadores y socialdemócratas creen que la zona euro será más estable sin Grecia y que eso tendrá tal efecto negativo para la población que “servirá delección para otros países”.

El martes estaba prevista una cumbre de la eurozona, el lunes debían reunirse Merkel y el presidente francés, François Hollande, para analizar lo que sigue luego del referendo. En España, mientras el presidente del gobierno, el conservador Mariano Rajoy, citaba el gabinete financiero para analizar la situación, mientras el partido de oposición Podemos celebraba el resultado de la consulta.
Prudencia
Como contrapartida, los gobernantes griegos reaccionaron con rapidez, pero con prudencia ante los resultados, mucho mejor de lo esperado en la víspera, cuando las encuestas daban un empate virtual entre el “sí” y el “no”.

“Mi mandato no es de ruptura con Europa”, dijo Tsipras poco después de conocerse los resultados. Tsipras estimó que “hay soluciones justas y viables sobre la mesa”. «El pueblo griego ha cambiado la respuesta de Europa, ha dado la respuesta de que quiere una Europa solidaría y democrática. Grecia entrará en la mesa de las negociaciones para estabilizar el sistema bancario griego», afirmó e primer ministro.

Reflotar el sistema bancario griego es la primera urgencia del país. Es también la herramienta más poderosa que las instituciones europeas tienen en su poder para ahogar el gobierno y prostrar el país en una grave crisis.

El portavoz del gobierno, Gabriel Sakellaridis, dijo que el mismo domingo el Banco de Grecia enviaría una solicitud al BCE para aumentar los fondos ELA (Emergency Liquidity Assistance) para inyectar liquidez en el sistema financiero griego.

Los gobernadores del BCE tenían previsto reunirse para analizar la situación, y si bien no se descarta un rechazo a la solicitud, también se recuerda que la función principal del BCE es la defensa del euro, amenazado en este caso por una eventual quiebra de la banca griega.

¿Qué sigue?
En Francia, el ex candidato de la izquierda socialista a la presidencial Jean-Luc Mélenchon celebró la derrota de lo que calificó un “proyecto cínico y calamitoso”. La crisis, agregó, “fue provocada de forma absolutamente deliberada por el Eurogrupo”.

En cambio, en la derecha, Hervé Morin, presidente del partido Nuevo Centro opinaba que “no corresponde a los otros pueblos europeos hacer los esfuerzos que los griegos no quieren hacer”. Por lo tanto, agregó, “soy favorable a la salida de Grecia de la zona euro”.

El fin de semana pasado, el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, había roto su silencio prudente, para dar a conocer una declaración firmada también por el ex director de la Organización Mundial de Comercio, Pascal Lamy, y el ex comisario europeo y ex ministro de Defensa de Portugal, Antonio Vitorino.

“El drama griego no es ni será solo nacional: tendrá efectos sobre toda Europa”, afirman. “No se debe mirar a Grecia solo con los microscopios del FMI, sino con prismáticos más amplios, como un Estado perteneciente a los Balcanes, cuya inestabilidad no hace falta estimular en estos tiempos de guerra en Ucrania y en Siria y del desafío terrorista, sin olvidar al crisis migratoria”.

Grecia está en una situación dramática, agregaron, cuya salida requiere “romper con la Grecia de los últimos cuarenta años, así como resistir a la tentación de imputar lo esencial de los problemas de Atenas a causas exteriores”.

Lo que sigue son nuevas y frenéticas negociaciones, sin que sea posible prever su resultado, ante la tentación de la Europa conservadora de doblarle el brazo (o cortarle la cabeza) a Syriza, como lo ha expresado también el ministro de Economía alemán y vicecanciller, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, para quien nuevas negociaciones con Grecia parecen “difícilmente imaginables”.

Por Gilberto Lopes / escritor y politólogo, desde Costa Rica
gclopes@racsa.co.cr

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