Degradación de la institución policial

La policía “está hecha mierda, al punto de que la principal tarea del próximo gobierno en materia de seguridad pública es reconstruirla, desde todo punto de vista”, afirma el periodista Gabriel Pereyra, de notoria versatilidad en el área. Él nombra como meros ejemplos de la situación interna el alto número de denuncias de violencia policial, la actitud generalizada en efectivos policiales de “qué voy a ir a meterme, qué voy a ir a correrlo, a tirotear, cuando arriba están robando a mano abierta y no están haciendo nada” al respecto.

En entrevista con La ONDA digital, Pereyra dio como ejemplo de la ruptura de la verticalidad en la institución que “en Rivera, la Brigada de Drogas no se habla con la Brigada de Drogas de la Jefatura Nacional; la repartición de drogas de la jefatura local no se habla con el representante de la Brigada de Drogas Nacional; hacen operativos separados y no se informan. ¿Entendés lo que te estoy hablando?” Sí, de algo verdaderamente terrible, que supone particularmente ausencia de control político sobre el vasto cuerpo armado, único con potestad para actuar dentro de fronteras. Y que se expresa dentro de la policía en persecución laboral, en un desborde de sanciones que enfrentan al mando con el personal subalterno, malos tratos y un subtrato de ineficacia operativa; de todo esto y más los dos sindicatos policiales están dando cuenta. El ministro del Interior y sus mandos políticos niegan terminantemente toda esta situación.

La publicación Qué Pasa del 11 de diciembre, mensuario del diario El País, también describió parte de la actual situación de la policía y sin reparar en barreras ideológicas para hacerlo. “Estaba muy bien esa nota”, dice Pereyra. Es en ese contexto que se produce el caso Astesiano, “que simplemente exteriorizó, mostró lo que está pasando abajo: los acomodos, las llamadas y más. Pero ese quilombo hizo que pasara inadvertido que el uno, el dos y el tres de la policía, todos ellos, pusieron a sus hijos y a sus hijas” en la nómina policial. “Y así como eso pasó, pasó inadvertido que el Director Nacional de la Policía (Diego Fernández) tuviera una investigación estando en cárceles de la que nadie explica cómo zafó: contrataba al 222 para Prosegur, mandaba a los milicos desde cárceles a laburar para Prosegur y más. Nadie se explica cómo zafó de eso”.

Diego Fernández era el jefe de Policía de Montevideo en el momento en que la policía de Carrasco rechazaba reclamos de la ciudadanía afirmando que no atendían llamadas, alegando que no tenían patrulleros; se demostró que había dos estacionados ante la seccional y sus efectivos sin hacer nada. “Tuvo que renunciar, y a ese tipo lo ponen de jefe de la Policía Nacional. ¿Me estás jodiendo?”.

La cúpula policial está o bien comprometida o tiene bajo su mando a efectivos que podrían declarar para su inconveniencia en la investigación fiscal del caso Astesiano, o ambas cosas. El ministro del Interior se negó desde el inicio a por lo menos ponerlos en disponibilidad para facilitar el trabajo fiscal. Pasaron más de dos meses desde la detención de Astesiano el 25 de setiembre para que el 6 de diciembre se informará de la renuncia del subdirector de la Policía, Héctor Ferreira, el número dos de la institución. Los chats interceptados lo mostraron haciendo comentarios despectivos y de muy baja ralea hacía un legislador de la oposición y hacia militantes frenteamplistas.

Andrés Alsina

Al respecto, el ministro Luis Alberto Heber declaró que la de Ferreira “es una actitud que lo enaltece porque deja a la administración sin compromiso” e insistió en que es un funcionario “que honró el uniforme”, aclarando que fue una decisión personal y no un pedido. Sin proponérselo, Heber mostró la prevalencia de criterios partidarios sobre los profesionales. Lo mismo ocurrió con el caso Astesiano, que no tiene formación policial pero es probadamente un militante del Partido Nacional y del sector de Lacalle Herrera primero y de Lacallito después, y fue puesto en ese cargo de vasto poder..

Los otros altos mandos comprometidos —ahora, finalmente, al menos en licencia reglamentaria– son el subdirector ejecutivo de la Policía, Jorge Berriel; el director de Fiscalización de Empresas, Henry de León; el director de Inteligencia, Claudio Correa y el director del Sistema de Gestión de Seguridad Pública, Fabricio Fagúndez. La detención de Astesiano la efectuó el director de Inteligencia Claudio Correa. El jefe de la custodia presidencial fue advertido de que esto iba a suceder, supuestamente al arribar junto al presidente de la República de regreso de vacaciones con sus hijos. Pero la detención no se efectivizó en el aeropuerto sino cuando llegaron a la residencia presidencial de Suárez. Tal vez fue en ese tiempo que Astesiano borró casi toda la memoria de ese teléfono que luego se recuperó; claramente optó por no tirarlo, tan lindo y caro debía ser. Hay otros dos teléfonos de Astesiano que no aparecen.

Eran cuanto a Fagúndez, es quien llevó adelante la investigación interna por el ingreso a las fichas de los senadores Mario Bergara y Charles Carrera, que culminó con la separación del cargo de una funcionaria de la Dirección Nacional de Migración que había ingresado a la ficha de Carrera en agosto de este año. En defensa de los mandos señalados, la cartera rectifica que las investigaciones internas realizadas sobre Ferreira y De León no han arrojado ninguna irregularidad. “Las interpretaciones de los chats pueden ser muchas, y muchas equivocadas porque se quedan en partes y no en el total (de la conversación)”, dijo el ministro a la prensa.

La degradación de Policía Nacional se produjo en este gobierno, señala Pereyra. A partir del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti (1995) se formó una conducción profesional que continuó a través de cinco gobiernos, hasta 2019. Se hizo a partir de la reorganización de la Brigada Antidrogas por jefes que luego pasarían a ser directores nacionales de Policía: Roberto Rivero, Julio Guarteche (fallecido en 2016) y Mario Layera, a quien este gobierno dio de baja por cuestionar tres aspectos de la Ley de Urgente Consideración: derribo de aviones, porte de armas para retirados y penas de prisión por “agravio a la autoridad”. La definición de Layera del cambio que participó en producir en la policía fue en su momento “alumbrar lo que está oscuro”.

Según Pereyra, “lo primero de todo fue el sanear un área que venía en crecimiento en su importancia en el país, como era la Brigada de Drogas. A medida que el narcotráfico fue creciendo, esa repartición. que era una cueva de delincuentes. se fue haciendo cada vez más importante y ahí pusieron a Sidney Ribeiro, que saneó todo eso. Fue a partir de ahí, junto con la importancia que el tema drogas fue cobrando, que la Brigada se convirtió en una catapulta para la Dirección Nacional de Policía.

“Su trabajo fue generando una camada de efectivos formados en el exterior. Hacías acuerdos con la DEA, y como la DEA no podía manejar dinero de manera directa, trocaban sus aportes por seminarios y por cursos allá (en EEUU). Todos estuvieron; estos tres estuvieron en los lugares del seno de la DEA donde entran muy pocos, y ahí hicieron contactos personales. Fue entonces que empezaron las grandes requisas y se empezó a profesionalizarse la policía. También es cierto que durante el gobierno del Frente hubo plata para profesionalizarla y ahí fue que se empezó a traer técnicos extranjeros, se empezó a comprar tecnología, se empezaron a mejorar los patrulleros, se mejoró el armamento, se mejoró todo; todo.”

Eso “permitió mostrar la realidad de que Uruguay no estaba al margen del mundo y así fue que evolucionamos. No permitió frenar el crecimiento del negocio de la droga pero sí permitió traer a la atención pública lo que antes pasaba, que antes no se veía, y eran partidas grandes”. Sin embargo, “en los dos últimos gobiernos del Frente Amplio –Guarteche en algún momento lo insinuó– se cometió un error estratégico que fue dejar en manos de la Jefatura el mini tráfico, el menudeo”.

Gabriel Pereira insiste en muchas de sus apariciones en prensa en el caso de la jefatura policial de Durazno, cuyo jefe falsea la tipificación de delitos a menos graves, para beneficio de la imagen del Ministerio del Interior y desmedro de la actuación de la justicia y de su personal subalterno. El hecho fue demostrado, probado, y sigue igual. A criterio de Pereyra, lo mismo sucede en la mayoría de los departamentos del país.

“Fue en los últimos dos gobiernos del Frente cuando empiezan a consolidarse las bandas. El proceso tuvo etapas: los primeros narcos uruguayos fueron los contrabandistas del litoral que se pasaron al narco, después vinieron los narcos de segunda generación que fueron los que lograron los contactos en el exterior para poder traer la droga. Y finalmente empieza la llamada organización tumbera, de tipo familiar, que tan difícil le resulta a la policía combatir. En Uruguay no se usa el agente infiltrado, pero si se usara resultaría muy difícil lograr eficacia, porque son grupos familiares. Es cuando surge esa mafia tumbera que el micro tráfico adquiere importancia. El tema estaba todo en manos de la policía de las jefaturas desde Mujica, y cuando le quisieron caer encima a ese microtráfico, estaba todo podrido, todo corrupto en la policía. Había incontables bocas de droga en todo el país, y todos los policías comían de ahí. Bueno, eso es lo que estamos viendo hoy.”

Esto, en el marco de la partidización de los criterios del mando político. Fueron desplazados oficiales muy capaces, como Pablo Lotito, trasladado a Carmelo como jefe de Policía, donde su actuación, recogida en una entrevista del propio Gabriel Pereyra, le mereció dentro de la fuerza el apelativo de “el Elliot Ness de los pesos pesados”. No se dejaba sacar fotos y salía a la calle a recorrer. Tal vez ahora, como Director de Información Táctica, haga lo mismo.

Otros quedaron afuera de la fuerza, como Layera, por hacer pública su opinión sobre aspectos de una ley. Y a Pablo Lotito, “que era el uno en esto de la droga, lo mandaron para su casa”. También Carlos Noria “que fue el último jefe de El Guardián. “Toda esa gente que tenía contactos en el exterior; levantaban el tubo y hablaban con la gente de Paraguay, de donde sea y con la que fuera necesario; tenían veinte años haciendo contacto, tal como vos hacés contactos como periodista”.

Es particular el caso del ex jefe de Policía de Montevideo Erode Ruiz. “El tipo se dio cuenta de que todo el conocimiento que el Frente Amplio tenía, él necesitaba chuparlo. Para eso se reunió con Gustavo Leal (ex Director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior con el FA), porque Gustavo Leal sigue hablando con toda la policía del Uruguay. Y le empezó a chupar información que Gustavo le daba. Se entera Larrañaga de que se estaba reuniendo con Gustavo Leal y lo remueve, no entendiendo nada de cómo tiene que funcionar un policía; de la libertad investigativa y de concepción que necesita. Hace poco lo quisieron convencer para que volviera, pero no me parece que lo vayan a convencer de que vuelva”.

Gabriel Pereira insiste en muchas de sus apariciones en prensa en el caso de la jefatura policial de Durazno, cuyo jefe falsea la tipificación de delitos a menos graves, para beneficio de la imagen del Ministerio del Interior y desmedro de la actuación de la justicia y de su personal subalterno. El hecho fue demostrado, probado, y sigue igual. A criterio de Pereyra, lo mismo sucede en la mayoría de los departamentos del país.

Respecto de Durazno, Pereyra cuenta de “una reunión de la cúpula del Partido Nacional en la que se manejan nombres para ver cuáles eran los tres o cuatro que le iban a proponer a Larrañaga para jefe de Policía del departamento, y así funcionó en todos lados. Esto que te estoy contando es así. No estaba presente (el intendente Carmelo) Vidalín en la reunión, y en un momento dijeron: ¿vo, y el Cacho lleva esto? Sí, el Cacho lo lleva porque este es amigo y este es amigo; lo lleva. Y efectivamente el Cacho los llevó a todos: les dio el aval. Así se armó la lista; volvían a ser los viejo caudillos representados en milicos, ¿entendés?”.

La última pregunta: ¿un caso Astesiano sería posible con la anterior cúpula policial?

  

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