La paz según Rusia

La oferta de negociaciones de paz con Ucrania hecha por Putin la semana pasada, a través de AFP, es inexplicable ante la firmeza de la posición de Ucrania, de recuperar todo su territorio, o nada. Es explicable, en cambio, si esa oferta no fue hecha hacia Kiev sino hacia la Unión Europea, Gran Bretaña, EEUU, Nueva Zelanda, Australia y Japón, que son quienes suministran armas y demás a Ucrania. Ese es para el Kremlin el nudo más importante de toda la situación, por encima de la difícil situación militar en la que está.

El invierno y la falta de material bélico y de tropas entrenadas ha ralentizado la actividad de ambos bandos, con el agregado de problemas serios en su organización militar para Rusia, y la voluntad ucraniana de seguir avanzando pese a las dificultades.

Quienes suministran armas a Ucrania tienen otros problemas, cuya sumatoria puede ser decisiva de su ser o no ser, de seguir o no apoyando a Ucrania. Tienen problemas endógenos, como la inflación, la racionalización de la energía para calefacción con el malestar que naturalmente eso causa en la población, los episodios de parálisis que esto está causando a varias de sus industrias, y más. Como consecuencia, en el marco del malestar de la población y la norma democrática de elecciones periódicas en todos esos países que demandan votos, crece la opinión de restarle atención a Ucrania para dársela a los propios.

Esta disconformidad no ha llegado a un punto de consolidación, y los políticos de estos países tienen como tarea impedir que cuaje ese polo opositor. Sería desastroso para ese bando que ese reclamo llegue a tomar las calles. A esa situación en desarrollo se dirigió la declaración de Putin. Desde la cúspide del poder en la que sigue, tiene la voluntad de acordar la paz, pero la expresa sin nombrar, claro, términos de esa paz. Lo importante es nombrar la puerta abierta, no a dónde conduce, de modo que los aliados de Ucrania consideren la existencia de esa puerta imprecisa.

Kiev sabe esto, y por eso hace intensos esfuerzos por avanzar, y además consigue (en un esfuerzo tecnológico y político que algún día se revelará) bombardear tres veces, lunes y martes 6, bien dentro de Rusia. Buscó un efecto militar pero también el efecto psicológico de llevarle la guerra a la ciudadanía rusa; no se puede medir su resultado, velado por la niebla de la desinformación. Y eso sería importante para la opinión pública de los países aliados de Ucrania. El mando militar ucraniano necesita mostrar avances militares en esta difícil situación en la que está, para mostrarle a sus aliados que el triunfo es posible, y particularmente que las armas y entrenamiento que proporcionan es bien usado.

Así, el apotegma de Carl von Cklausewitz de que la guerra es la continuación de la política con (no por) otros medios, hecho al fin de las guerras napoleónicas en 1815, en este caso específico está cobrando un sentido exactamente inverso. Ucrania necesita de la guerra para fortalecer su relación política con aliados. Sin su suministro de armas, equipo y entrenamiento, ganar el enfrentamiento sería sólo una cuestión de tiempo para Rusia.

 

 

  

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