El bosque y el árbol

 

En esta semana al igual que siempre, además de cumplir con todos los horarios, obligaciones y responsabilidades que nos demanda la supervivencia del típico ciudadano funcional uruguayo, por suerte puedo ejercerlo y no me quejo, estar a la deriva sería un animal peligroso de pocos días, no pude ser ajeno al mal humor y perplejidad generalizado entre las noticias e informaciones que nos van llegando.

Noticias e informaciones de ayer recargadas en hoy que llegan desde Presidencia y su mafia invitada, el servicio de espionaje a dos Senadores del FA y la eliminación en primera fase de la selección uruguaya de fútbol del Mundial de Qatar, nos sumerge y preocupa. La última podía darnos un oxígeno, pero tampoco, cierto que Tabárez ya no estaba, los resultados no se daban y desprolijidades resurgían.

Todo un garrón sobre la realidad del día a día que viene siendo muy complicada para las uruguayas y uruguayos. Si alguien no entiende lo que digo, recorra con ojos sin vendas la ciudad de Montevideo y/o resto del país y notarán lo que digo. Deténgase en los detalles, en las expresiones, en los gestos, además de las generalidades que complican.

La ciudad ofrece sus virtudes pero el encanto de la vida humana no está presente porque está sumergida en miles de adversidades y problemas de todos los estilos, hambre, económicos, convivencia, sociales, desamparo, falta de luz verde al progreso.

Ahora se suma que nuestro Presidente al ser escaneado gracias a su Jefe de Seguridad, el Sr. Astesiano, articulador del crimen organizado desde el Edificio de Presidencia, nos sumerge en un problema institucional enorme sin precedentes en la democracia de nuestro país con vicios y actitudes propias de la dictadura. Que gane siempre la calma y la democracia sobre la rabia.

Me compré el libro «Las Garras sobre la Amazonia» de José Washington Legaspi. Se los recomiendo mucho realmente. No voy a dedicarme hacer un análisis porque no quiero condicionarlos, además quiero que lean el libro, aprendan y saquen sus propias conclusiones.

Debajo de la belleza de la Amazonia, si descendemos a sus distintas capas, hay megas riquezas en posibles negocios y oportunidades para el bien común de la población y países, siempre y cuando, el aparato productivo sea bien pensado y administrado por políticas y gestiones integradoras y sustentables con gobiernos que defiendan los intereses generales del país y no solo cedan ni se corrompan a las presiones de los grandes actuales productores mundiales, ejemplo Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Noruega y Suecia.

La oscuridad enorme de improductividad, explotación y falsa protección de los recursos naturales que viene por lo alto desde el cielo de la mano con el TLC firmado con USA, son peores que la época de Colón, lo digo así para que se entienda.

Es necesario saber y aprender porque es parte estructural de los problemas sociales y económicos que tenemos hoy en día desde hace varias décadas en América Latina. Entender y aprender del problema para enfrentarlo y solucionarlo si queremos sociedades mejores, justas y avanzadas en Latinoamérica.

Los verdaderos perjudicados son los millones de peruanos y sus pueblos autóctonos impotentes de una producción forestal favorable, hoy en día sumergidos en la miseria y crimen organizado. La marea de las prácticas imperiales con sus consecuencias en el continente arrastra a todas y todos a lo profundo. Así, estamos.

Aunque nos indigne y nos duela, permanecemos convertimos en el «patio trasero» de los países dominantes, gracias también, a nuestras incapacidades, ineptitudes y corrupciones en todos los niveles para el beneficio de unos pocos, «malos europeos y peores americanos».

Dignos y propios de nuestra compleja América Latina donde Uruguay debería tener sus alertas máximas encendidas si queremos cuidar nuestra soberanía, región y economía. Lean el libro.

Nuestro Presidente también lea el libro, si quiere entender que el país no es el depósito de su casa o la estancia donde se ubica la misma. Son sus dos formas de gobernar, no lo digo yo, lo dice su accionar que ahora evalúa y rodea la Justicia y la inestabilidad institucional.

El bosque siempre nos maravilla, hay que cuidarlo y protegerlo. Proteger un bosque no significa que sea intocable. Un árbol a lo largo de la vida nos provee oxígeno y absorbe con su madera una cierta cantidad del CO2 del ambiente que nos beneficia. Hace que la vida sea más ecológica, sustentable y favorece a la lucha contra el cambio climático y calentamiento global de nuestro planeta Tierra.

Pero el árbol, a su vez, cuando muere naturalmente libera gas metano favoreciendo a la contaminación del ambiente. Por tal motivo, es importante renovarlo, cortarlo a tiempo, así los otros árboles con más espacio y luz, además este de no poder liberar gas metano porque no alcanza su muerte natural, todos los que lo rodean crecen más fuertes, grandes y con mejores virtudes. Son mejores árboles.

El bosque en Uruguay es la democracia que tanto nos costó tenerla donde toda la sociedad vive y disfruta con su desarrollo y conflictos. Hoy en día, tenemos un Presidente que es el árbol viejo donde la política y la democracia se pudren y mueren. Intoxica.

Lamentablemente por su soberbia, ego, falta de autocrítica y ambición de Poder el actual Presidente de Uruguay no va a renunciar. Su cima no está a la altura de los otros árboles que sí saben construirla y defenderla.

Al actual Presidente no hay que “cortarlo” pero si tenerlo “cortito” para que no juegue más con los que son afectados por su complicidad y falta de compromiso con la responsabilidad de Gobierno y de la República que la ciudadanía le encomendó.

Miremos el bosque y solo votando en las próximas elecciones cambiemos estos tipos de árboles que intoxican, no renuevan y no dejan ver la luz.

¡Oxígeno, nutrientes y salud para el futuro!.

Por Andrés Legnani

  

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