Caso Astesiano: una película (también) de espías

El caso del ex jefe de seguridad presidencial tiene todos los componentes de un guión cinematográfico. Y no de uno cualquiera sino de uno digno de ser ungido con la estatuilla dorada. Es que la trama ideada por el multifacético «Fibra» sorprende cada día con un nuevo ítem que amplía el elenco actoral e incorpora temas que hacen predecir que todo puede ser aún mucho peor. A esta altura, estoy con la postura del senador Alejandro «Pacha» Sánchez sobre que hay que saber quién dirige «la película», porque todo hace suponer que Astesiano no actuaba por iniciativa propia.

La noticia publicada en las últimas horas por La Diaria sobre espionaje a dos senadores de la República (Carrera y Bergara), dan cuenta de un asunto de suma gravedad que pone en riesgo las bases mismas de nuestra democracia. El mismo presidente debería «ir hasta el hueso», como gusta afirmar, para brindar todas las garantías necesarias disipando toda duda sobre el riesgo institucional que implica semejantes revelaciones. Cada día que pasa se suma un ingrediente más a una trama que cuenta con la existencia de funcionarios corruptos, coimas, falsificación de documentos, uso de tecnologías del Estado para fines ilegales, tráfico de influencias, y la activa participación de extranjeros que eran parte de una asociación criminal. Ahora, se conocen acciones de espionaje que tenían como objetivo a representantes nacionales que tuvieron la osadía de cumplir con su función de contralor y denunciaron un acuerdo plagado de irregularidades que -extrañamente- un Fiscal mandó al archivo. Lo dicho, este caso tiene toda la pinta de una película de espías…

007 a la uruguaya

Al gobierno se le abrió un flanco demasiado grande que ya no puede cerrar fácilmente; mucho menos apelando a la distracción como instrumento porque a cada intento surge un nuevo elemento que devuelve la centralidad al verdadero nudo gordiano que se le formó ante sus narices. A esta altura la opinión pública empieza a reconocer que el caso Astesiano es un parteaguas para esta administración, un asunto del que no saldrá indemne ni mucho menos.

Es inverosímil la versión original del presidente sobre el desconocimiento que dijo tener sobre las andanzas de su jefe de seguridad personal. Alguien que compartía el ámbito más íntimo del mandatario y a quien le cedió «lo más preciado» (su familia) sin reparar en sus profusos antecedentes. Será por eso que ya muy pocos pueden creerle y salió prestamente a desviar la atención tratando de sacar de agenda al tema. Un tema que se le instaló definitivamente y hasta el fin de su mandato, dada la dimensión que está tomando (que crece y se agrava cada vez más).

Es que no hay otro responsable en todo esto que el mismo presidente de la República, y no porque lo digamos nosotros sino porque así lo afirmó antes de asumir, y lo reafirmó después con su forma de gestionar la presidencia. Un estilo personal, cuasi monárquico, donde se ungió como el único responsable de todo lo bueno sin reparar que también lo sería de todo lo malo y el caso Astesiano es todo suyo sin miramientos.

Hacerse cargo es parte de la tarea de gobernar sin dudas, mucho más si se lo usa como argumento para justificarse cada vez que puede. Pero no basta con decirlo, hay que aplicarlo y en eso está en el debe todavía.

En plena Torre Ejecutiva se le instaló un grupo liderado por su jefe de seguridad, que no solo falsificaba pasaportes sino que hacía uso y abuso de tecnologías públicas para realizar pesquisas y -como se supo ahora- negoció tareas de espionaje a dos senadores de la República para poder «atarlos» y que retiren la denuncia presentada contra el acuerdo del gobierno y Katoen Natie. Todo a cambio de una «comisión», que según figura en los chats divulgados, fue cobrada.

KN, el puerto y un archivo apresurado

Pocas horas antes de publicarse el artículo de La Diaria con estas gravísimas revelaciones, el fiscal Gilberto Rodríguez se pronunciaba sobre la denuncia presentada por los senadores Carrera, Bergara y el fallecido Bonomi, archivando la misma por entender que no había delitos configurados en la actuación referida. Sería bueno poder preguntarle al fiscal qué piensa ahora una vez conocidos estos hechos y si su decisión no resultó algo apresurada siendo que estaba en la agenda el caso Astesiano y todos los días están surgiendo elementos (como estos) que podían impactar en su caso.

La prudencia faltó a la hora de medir los tiempos. Hubo apresuramiento por sacarse de encima el caso. Un asunto donde se ejercen presiones de todo tipo al estar en juego un negocio multimillonario que hipoteca la soberanía nacional por 12 períodos de gobierno. Los uruguayos nos merecíamos otra respuesta y que se defendiera nuestro patrimonio de otra manera.

A todo esto el gobierno tiene un menudo problema encima. Una verdadera bomba de fragmentación le ha detonado en medio de su gestión y no se aprecia una reacción que garantice a los uruguayos la defensa de su sistema democrático y las garantías constitucionales que hoy están bajo sospecha.

Si fueron capaces de realizar tareas de espionaje contra dos legisladores nacionales, ¿qué podemos esperar los uruguayos de a pie sobre nuestras garantías más esenciales y el derecho a la privacidad y libertad de expresión? El gobierno debe salir fuerte y claro a brindar TODAS las garantías que un Estado de Derecho otorga y brindar la mayor transparencia posible para evitar cualquier suspicacia sobre nuestra forma republicana de gobierno.

Permitir que la sospecha crezca sería un golpe muy duro para un democracia que se precia(ba) de ser plena y ocupa(ba) el primer lugar en la región pero que hoy ha recibido un duro revés que es imperioso despejar.

Hay actores y un guión; hay espías; hay rusos, árabes; hay coimas, corrupción; hay un gobierno a la defensiva; hay opositores espiados, y los libretistas siguen aportando letra a esta delicada trama.

Están todos los ingredientes, solo falta saber quién dirige esta película…

el hombre se sintió observado,
el perro olfateaba desconfiado…

Por Julio Fernando Gil Díaz
«El Perro Gil»

  

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