Lo nuevo del G-20

Un primer protagónico indiscutible en tres cumbres consecutivas en el sudeste asiático fue y es Xi Jimping. Vamos a tener que esperar a la cumbre de los BRICS 2023 en Sudáfrica para que Lula le “dispute” al “mandarín” el estrellato. En Bali, Indonesia, la cubre del G-20, esta semana, Brasil estuvo de adorno.

Pero vamos a empezar por la primera, la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Phnom Penh, donde el primer ministro de Camboya Hu Sem y el recientemente homenajeado en Beijing presidente vietnamita Nguyen Xuan Phuc (el primero en visitar a Xi Jimping tras ser reelecto secretario general del Partido Comunista de China), recibieron a jefes de naciones que representan aproximadamente la mitad de la economía mundial, incluyendo a Japón, Corea del Sur, China, India, Australia, Nueva Zelanda, EEUU y Rusia.

El canciller de Rusia, Sergéi Lavrov, elogió en Phnom Penh la “estructura inclusiva, abierta, igualitaria, de seguridad y cooperación de la ASEAN”, reparando a la vez en que la OTAN “quiere militarizar la región para “contener” a Rusia y China en el Indo-Pacífico”.

A Lavrov lo dieron por muerto cuando llegó a Bali. Los medios occidentales desinformaron que le había dado un infarto y lo habían hospitalizado en Indonesia. “Se está muriendo”. Ese mismo día, inicio de la cumbre del G-20, la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova, difundió un video de Lavrov en Bali en bermudas y remera, desayunando y leyendo los diarios del día, al aire libre. Lavrov comentó que no era nuevo. “A Putin hace diez años que dicen que se está muriendo”.

Pero ninguno va a batir el récord de Fidel Castro. Durante 56 años publicaron que se estaba muriendo. Al final es la fake news más implacablemente cierta. Fidel murió. Morir es una costumbre que sabe tener la gente. A Lavrov y a Putin también les va a tocar y entonces la prensa “occidental” habrá acertado.

El que se enfermó de verdad en Bali fue Alberto Fernández. Sufrió una gastritis erosiva con sangrado pero retomó su agenda y se reunió con Xi Jinping.

Digamos que con Xi Jimping se reunieron en bilaterales casi todos los mandatarios, desde Biden hasta Giorgia Meloni, pasando por Macron. El delirio yanqui de desacoplar a China de las relaciones internacionales es tremendo, delirium tremens por consumo de series televisivas.

Al que no le cayó bien la reunión con Xi fue a Justin Traudeau, el mandatario canadiense. Xi lo retó por haber filtrado las discusiones entre ambos para liberar a la heroína china, jefa de Huawei, Meng Wanzhou, secuestrada en Canadá en diciembre de 2018, por orden de Washington. “No es así como hacemos las cosas”, regañó Xi a Traudeau.

Finalmente, la Cumbre de la Cooperación Económica del Pacífico (APEC) en Bangkok, también destroza la prioridad número uno de Washington: la contención de China.

En este aspecto radicó lo verdaderamente nuevo de los últimos movimientos internacionales. Las noticias nunca son novedad, pese a que literalmente significan eso. Últimamente hemos visto en Uruguay de qué manera hubo que desmontar “noticias”, que reiteraban viejos humos. Ya se sabe: No es novedad que los estados nos vigilan. Para eso compraron Pegasus (software de vigilancia cibernética) entre otros chiches a esos efectos, anteriores y posteriores al Pegasus. Lo interesante es que, de vez en cuando, con sus escuchas hacen noticias.

Todo está guardado en la memoria, dice la canción de León Gieco en un sentido bien diferente y es verdad en varios sentidos. Además, está todo guardado en las computadoras de la NSA yanqui, de la FSB rusa, del MI6 británico, del MOSAD israelí, del MSS chino y de todos los servicios que se precien. Pero de todo lo que está guardado les interesa un 0,00000001 por ciento, con suerte. Guardan todo porque no saben qué de todo puede llegar a interesarles mañana.

Supongamos que vos hoy cometiste una pequeña infamia, nada grave, pueril, de ésas que, si uno no se obstina en cubrir con otras, terminan olvidadas por uno y también por cualquiera afectado por ella, pero existe en el mundo registros que no la olvidan. Si mañana sos el presidente de un país (u otro funcionario, no importa de cuál, no hace falta identificarlo), aquella pequeña infamia puede ser insumo de lawfare.

Pero cuando no tienen ninguna infamia registrada ni del año del pedo, entonces sencillamente arman las causas. Y cada una vale según la alta rotación que les dan los medios. Porque las noticias son iguales a los hits musicales, dependen del machaque mediático. Por eso además las noticias son hijas de las paráfrasis.

Entre las que sí contaron con un audio para documentarla, está la de la ejecución británica del atentado a los nord stream. “Está hecho”, de Liz Trust a Blinken, una hora después de las explosiones. Seguramente unos pocos minutos después en Alemania recibían la grabación del FSB y ocurría lo nuevo, que, si fuera noticia, uno podría parafrasear al comandante sandinista Omar Cabezas, titulándola “Alemania es algo más que una provisional ministra verde”.

Olaf Scholz, el canciller (primer mandatario) alemán, tras las primeras declaraciones en la vida de Merkel que hablaron de la indivisible seguridad eurorrusa, con EEUU afuera, fue embarcado en viaje a China por los industriales que realmente controlan Alemania y no se quedaron sentados de brazos cruzados mirando cómo la OTAN los destruye.

Los 10 indiecitos y una Cacica

Quienes llevaron a Sholz a Beijing son una delegación de empresarios conformada por 10 de los más importantes CEOs de sus empresas industriales de Alemania: Volkswagen, Deutsche Bank, Siemens, BASF, BMW, Bayer y Biontech. La visita de los germanos estuvo condicionada por la ampliación de la brecha comercial entre ambos países. En 2021, las exportaciones de Beijing triplicaron el monto facturado por Berlín. La cronicidad de esta nueva brecha está pautada por la falta de competitividad de la industria europea inducida por las sanciones que impusieron a Rusia EEUU y la UE.

El planteo de los empresarios es crear el eje Beijing-Moscú-Berlín o deslocalizar las partes de la cadena industrial desde Alemania hacia el gas barato ruso, en la Unión Euroasiática, China o en la propia Rusia.

Alemania espera el retorno a un mayor poder de Ángela Dorotea Merkel. Ella, por un momento, pagó un precio político, perdió la interna del socialcristianismo por haber pedido un millón de inmigrantes cuando los otros países europeos se negaban a recibir cien mil. A medio y largo plazo fue un acto cultural que inmuniza al pueblo alemán contra la xenofobia histórica. El mismo cuidado tuvo siempre Lenin contra el imperialismo ruso y pagó cuanto precio político fue necesario.

El mismo día que aterrizaba en Beijing la delegación de lo más granado de los industriales alemanes conduciendo al canciller Olaf Sholz a retomar la línea trazada por Merkel, en Alemania, Analenna Baerbok, la ministra verde de relaciones exteriores se reunía con sus pares del G7 (fáciles de recordar; los tres del eje nazi-fascista: Japón, Alemania e Italia, más Canadá, Reino Unidos, EEUU y Francia) para mentir cuál le está comprando menos gas a Rusia. Baerbok seguramente no. Es de un color verde carbón.

El G20 nació precisamente de la necesidad de ampliar el G7 (G8 antes de que expulsaran a Rusia) que se supone que eran, cuando se creó, las mayores potencias económicas del mundo. Armaron el G20 en 1999 y fue clave en 2008, por integrar a China, que desde 2006 ya era la primera economía con mayor PIB por paridad de poder adquisitivo. En realidad, para que China no atacara al dólar tras la quiebra de Lehman Brothers en 2008. De todos modos, no son todos los que están ni están todos los que son. Por ejemplo, no está Irán, que es la 11a. economía del mundo.

Aún sin Irán, en el nuevo G20 manda China, también a varios del G7, pero no es un bloque cooperativo, aunque sus miembros multilateralistas pretenden que lo sea. Tiene intereses antagónicos y sus resoluciones no son sustanciales. En la que difundieron el miércoles, por ejemplo, se habla de “la situación en Ucrania”, sin nombrar a Rusia. Son reuniones que sirven para que Xi se reúna aparte con otros jefes de estado y para poco más.

Candidatos al Brics Plus

La otra novedad de este G20 es que está constituido por una mayoría de países que quieren unirse al BRICS, el bloque de potencias emergentes conformado por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica.

Durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO) en Samarcanda, en septiembre pasado, ya era tácito para todos que el Imperio está canibalizando a sus aliados más cercanos, los europeos.

“Y cómo, simultáneamente, la OTAN en Europa está desarrollando una campaña mediática destinada a acorralar implacablemente al ciudadano promedio. El objetivo de esta política es que todos marchen disciplinadamente detrás de su planificación de una guerra en dos frentes, una contra Rusia y otra contra China”, señala Pepe Escobar.

“En contraste en Samarcanda, Xi Jinping presentó a China y Rusia, juntas, como las principales “potencias globales responsables” empeñadas en asegurar el surgimiento de la multipolaridad.

Samarcanda también reafirmó la asociación política estratégica entre Rusia e India (el primer ministro indio, Narendra Modi, lo llamó una amistad inquebrantable).

Eso fue corroborado por la reunión entre Lavrov y su homólogo indio Subrahmanyam Jaishankar la semana pasada en Moscú.

Sobre los BRICS, Lavrov confirmó que «más de una docena de países» se están postulando para ser miembros, incluido Irán: «Esperamos que el trabajo de coordinación de los criterios y principios que deberían ser la base de la expansión de los BRICS no tome mucho tiempo».

Pero primero, los cinco miembros deben analizar las repercusiones de un BRICS+ ampliado”. Ése ya es tema de Lula. Vamos a Sudáfrica bien representados.

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

 

 

 

  

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