Bomba sucia, fuegos a la hora de jugar

EEUU cantó veinte en bastos de oportunidad. Aprovechó el desplazamiento de Merkel y la continuidad de Macron, para torpedear los acuerdos de Minsk y rearmar el envión final de la ofensiva contra Lugansk y Donesk. Fue la victoria táctica de aplazar el eje Beijing-Moscú-Berlín, pero después cantó las cuarenta que no tenía, el boicot a Rusia. Perdió el juego, porque sólo Europa acompañó el boicot, suicidándose.

Putin, gasífero, petrolero y alimenticio, juega en oros contra la OTAN, el uno, el tres, las negras, hasta hacerle entregar todos los otros ases, luego de naipes valiosos…

Antes quien jugaba a hacer capote era Soros, reseteando el globalismo para mayor lucro financierista (“el gran reinicio”), liquidando a Xi, y a Putin por elevación, con un providencial coronavirus y su transitorio período de nacionalismos defensivos obligados, porque los pueblos requieren de sus estados nación paradigmáticos ante una epidemia, pero Xi, en la última baza jugó un naipe indiferente de inesperada salida rápida del virus, y lo mantiene en Covid 0 porque si no le entra nada, no le entra el virus étnico con código genético, que Vasili Nebenzia el miércoles denunció formalmente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Esa defensa se llama “doctrina militar de guerra de todo el pueblo” aplicada a la guerra híbrida, en su índole biológica.

Cuando termine la guerra, cuando volvamos al juego, China gana a más porque va a seguir dirigiendo la globalización postimperialista, ya ahora, a marcha cohete lanza satélites y a menos no gana nadie porque Soros propuso en el foro de Davos jugar con comisario.

Si Biden y Soros deciden seguirle la bomba a Zelenski, no hay nada que pueda impedir el holocausto. Entre potencias nucleares es mentira que si uno no quiere el otro no puede.

Pero por si el optimismo de la voluntad triunfa, la idea de Roberto Fontanarrosa (en “El área 18”), de jugarnos al fútbol las deudas externas, está vigente para el mes que viene en Catar. El globalismo por excelencia, “porque el mundo es una globa que se vive a flor de pie” (Manu Chao, “La vida tómbola”).

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

  

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