La peculiar derecha sueca

Tras cinco semanas de negociaciones desde las elecciones del 11 de setiembre, el lunes 17 el parlamento sueco votará un nuevo gobierno que encabezaría el neoliberal Ulf Kristersson, del partido Moderaterna. Si algo lo caracteriza, es que aun para estándares suecos, no es nada moderado. Lo apoyararán otras dos formaciones de centro derecha, liberales y democristianos, que participarán del gobierno, y dependerán del apoyo del partido más votado, con 20,54% del parlamento: Demócratas de Suecia, o Sverigedemokraterna (SD), que apoyará pero no participará de la gestión. Su historial no es muy democrático, como se verá.

Fue la forma que encontraron de hacer funcionales a la política las 73 bancas de los SD en  un parlamento de 349, cruzando la barrera sanitaria hacia la ultraderecha que se manejó como una frontera en toda Europa en defensa del statu quo democrático, hasta que el electorado sueco impuso la incuestionable masa de la quinta parte de los votos de SD. Los suecos tienen una expresión que diferencia a lo aceptable de lo no aceptable: si son o no «rumsrena», o sea, si tienen los pies limpios para caminar por la casa. Acá resolvieron que los SD lleguen hasta la puerta del gobierno, que permanecerá abierta para escuchar sus opiniones.

El SD habilita con sus votos a que esta coalición minoritaria forme gobierno, a cambio de dar forma a su política a cambio de su respaldo. Según interpretan el mandato electoral, dijo  Kristersson, «el cambio no solo es necesario sino también posible, y los cuatro partidos lo podemos ofrecer».

 El acuerdo de coalición de 50 páginas del nuevo gobierno incluye propuestas para reducir los impuestos y limitar los beneficios sociales, pero también insiste en la ley y el orden, con planes para tomar medidas enérgicas contra las bandas criminales. También tiene como objetivo construir más plantas de energía nuclear.

El papel directo de los Demócratas de Suecia en la política marca un cambio histórico en la política sueca y hubiera sido impensable hace menos de una década, cuando ningún partido mayoritario tenía nada que ver con su líder, Jimmie Åkesson.

Fundado por neonazis y otros activistas de extrema derecha, en 1988 el partido se ha purgado de muchos de sus elementos más extremos y se ha movido constantemente hacia la corriente principal bajo Åkesson, quien se convirtió en líder en 2005 y supervisó el cambio de marca que desplazó de su seno a neonazis; si ellos siguen estando, conservan un bajo perfil.

El proceso se ha visto reforzado por la voluntad de la derecha dominante de cooperar con ellos y la incapacidad de la izquierda para unirse contra ellos, dicen los analistas, así como por los esfuerzos en gran medida exitosos de los propios partidos de extrema derecha para desintoxicar su imagen.

Åkesson dijo a los periodistas el viernes que hubiera preferido escaños en el gabinete para su partido, pero dijo que apoyaba el acuerdo que ayudaría a los Demócratas de Suecia a reformular las políticas de inmigración y justicia penal de Suecia en particular. “Para nosotros ha sido absolutamente decisivo que un cambio de poder debe ser también un cambio de paradigma en cuanto a la política de inmigración e integración”, dijo.

El nuevo gobierno tiene como objetivo dificultar que los nuevos inmigrantes obtengan beneficios, mientras que la policía podrá tomar medidas más duras contra las bandas criminales y las sentencias por delitos de pandillas serán más largas.

 

 

 

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