China dominará las olas

“Las naciones más poderosas controlan los mares”, le dijo el presidente Xi Xinping a la cabeza del partido comunista en 2013, dándole carácter de objetivo estratégico al desarrollo de la ya en marcha industria naval. Hoy tiene casi el doble de barcos que Grecia, el segundo país en el ranking mundial de barcos de transporte. En 1993, China construía el 3% de los conteiner en operación en el mundo, y hoy, el 96%.

Dominar las aguas es dominar las rutas de comercio, y ese sigue siendo el objetivo si se quiere ser una gran potencia. Lo fue en la historia, y lo fue del imperio británico, y el poema del siglo XVIII que cantaba su gobierno de las olas,“’Rule, Britannia!, Britannia rule the waves”, y la posterior simbología victoriana así lo expresaba; un tridente, un escudo y la bandera vistieron a la diosa heredada de los romanos. Luego lo fue de Estados Unidos de América, con el potencial industrial logrado en la II Guerra Mundial, hasta que el 1981 su gobierno canceló un importante programa de subsidios, causando severos impactos en la industria de los astilleros.

Así, en la década hasta 2018, EEUU hizo 16 barcos. En 2021, China estaba fabricando 1.529 grandes barcos. Hoy hay menos de 200 barcos con bandera de EEUU, y más de 5.000 con la bandera china. La política impositiva de EEUU causó la venta de la última gran marca naviera a compradores extranjeros, en la década de 1990.

Ahora, en EEUU se toman medidas que quieren frenar ese declive; o caída, más bien. Pero a esta altura China tiene partes decisivas en terminales marítimas e infraestructura fuera de su territorio e incluyendo algunas en EEUU, a la que le transporta equipamiento militar. El Congreso de EEUU ha expresado preocupación, pues esa información le da a China una ventaja comercial estratégica, y que seguramente tiene su correlato en el plano militar.

Buena parte del comercio de EEUU con China se hace por mar, y EEUU depende de China para computadoras, celulares, componentes técnicos y maquinaria esencial. China también domina la producción de materias primas especializadas, como litio refinado y productos escasos de la tierra, componentes cruciales en las industrias de alta tecnología.

La expansión china sigue su larga marcha: expande y moderniza sus astilleros en una escala inédita en el mundo, lo que incluye dos bases de fabricación de submarinos, y EEUU estima que pasará de sus dos portaviones actuales a seis en 2040. El 80% de su producción sale de la estatal CSIC (China Shipbuilding Industry Group), de la decena de mayores empresas militares chinas. Tiene 150.000 empleados, incluyendo a las elites científicas y tecnológicas, y 40.000 ingenieros: seis centros nacionales de investigación y desarrollo y nueve laboratorios de nivel nacional. Su capacidad de producción naviera es de 15 millones de toneladas al año, y en actividades subsidiarias hace perforaciones mar adentro y exporta gas natural y de petróleo licuado a 60 países. Además, tiene 30 empresas subsidiarias, una de las cuales, Dalian, renovó el primer portaviones chino, comprado a Ucrania.

Hace un año, EEUU emprendió la reconstrucción de su capacidad naval, ante las implicancias estratégicas del desarrollo de su rival. El presidente Joe Biden anunció planes de trabajo 24/7 (o sea, continuo) en el puerto de Los Angeles, tras medidas similares en el de Long Beach; entre ambos, suman 40% de los conteiner que entran a sus puertos. EEUU quiere superar su alarmante estrechez de conteiner, en un mundo en que el 90% del comercio mundial es por mar.

La de EEUU sigue siendo una iniciativa menor. China tiene más de 100 puertos en 63 países. Más del 80% de ellos son de tres compañías chinas: dos estatales y una privada, basada en Hong Kong. El apoyo estatal chino a su industria naviera entre 2010 y 2018 fue de 132.000 millones de dólares. Los puertos no solo se refieren a puertos en nudos del comercio mundial, como el Canal de Suez. Abarcan el 10% de la capacidad portuaria de Europa, incluyendo Grecia. También Turquía, Haifa, Cuba, el mayor puerto de Brasil, Perú, El Salvador y más. Los proyectos en América Latina incluyen Argentina, Chile y Uruguay, aunque la fuente que lo menciona, The Economic Times, no da detalles de esta información. Nunca más cierto: China se avecina.

  

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