LA NUEVA PANDEMIA QUE RECORRE EL MUNDO.

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” Joan Manuel Serrat.

Por supuesto que no creo en lo inmutable de las cosas, pero  tomé el texto de Serrat porque por más que no me guste la realidad que vivo es innegable.

Allá lejos, en los tiempos oscuros dictatoriales, el movimiento popular, las organizaciones y partidos políticos en América discutían como caracterizar a las dictaduras. Cómo definirlas, para que desde la comprensión del fenómeno se establecieran las respuestas adecuadas.

No es nada menor entender  y caracterizar lo que se vive en política.

Así fue que términos tales como Dictaduras militares, Dictaduras cívico militares, Dictaduras de derecha, Dictaduras fascistas, se usaron. Hubo quienes apelaron a caracterizarlas por la ferocidad de su forma de imponerse, quienes partieron del proyecto económico y sectores que la respaldaron, en fin, más allá del análisis, lo que sí es seguro es que impactó en nuestras sociedades  a fuego. Los miles de desaparecidos, muertos, encarcelados  fueron el estigma de la época. Por ello imagino que la defensa de los DDHH y la democracia tomó tanta prevalencia.

Me detendré brevemente en la discusión aquella donde había quienes acentuaban la definición como dictadura fascista y quienes negaban la definición porque en su opinión la ausencia de partidos fuertes, de masas, que respaldaran a las dictaduras se transformaba en un diferencial ineludible, la Alemania Nazi de Hitler y la Italia de Mussolini  se resguardaron con poderosos partidos políticos que fueron poleas de transmisión de su doctrina y acción.

Por estos días en este mundo tan distinto y global, las personalidades tienen una relevancia casi absoluta. Los partidos y organizaciones que representan quedan desdibujados y/o escondidos detrás de los nombres.  Zelensky y Putin  roban los titulares de prensa mientras como telón de fondo las bombas van y vienen, los gasoductos pasan gas, se cierran o “se rompen, la gente muere o es  desplazada por millones.

La personalidades cuentan, vaya si cuentan, pero los telones de fondo, definen, caracterizan, son los escenarios donde se desarrolla la vida. No me gusta el tiempo que vivo, decididamente no me gusta. Celebro cada triunfo progresista, de izquierda como la manera más adecuada para contemplar a los más, a los postergados, a los con hambre, a los sin derecho, por una razón bien sencilla solo las políticas colectivas, socializantes son las que contemplan a quien más lo necesita.

Dicho esto cuando lo que se contrapone al progresismo, cuando gana, es una millonada de votos que contrabalancea como oposición, cuando Trump es electo y cuando pierde junta adeptos por millones. El ignoto legislador puesto a presidente, Bolsonaro, con un discurso, armamentista, reaccionario, xenófobo , perdiendo consigue 50 millones de votos, cuando la ultra derecha chilena, perdiendo con Boric, sin embargo consigue la enorme bancada parlamentaria,( la minoría mayor) ,cuando Petro  y Francia Marqués, en Colombia, producen un cambio político formidable, sin embargo el contendiente de derecha,  Hernandez, ese que proponía aumentar  la jornada de trabajo, de trabajar un día gratis para mejorar “ la productividad”, ese mismísimo discurso obtenía millones de votos, millones.

En Argentina atentan contra la vicepresidenta electa y amenazan al presidente, aparece con relevancia creciente un político como Milei con enorme votación y de esos votos muchísimos son “voto joven” que avalan su discurso de derecha exacerbada.

Una derecha más elegante, pero no  menos feroz nos quitó el gobierno. Si tendremos que reflexionar, si tendremos que modificar nuestro discurso y conducta.

La relación entre líderes y votos aparentemente deberían estar fuertemente relacionadas a través de los partidos, sin embargo, no siempre está siendo así, las nuevas formas de comunicación, las redes, se transforman en la polea de transmisión más importante, los medios, las agencias de publicidad, los analistas que opinan ascéticamente de política y las mediciones van marcando las tendencias de los votos y por supuesto la cantidad de dinero puesto detrás de las ideas les da una contundencia formidable.

Sostengo que la izquierda padece de cierta ¿megalomanía tal vez? Siempre nos adjudicamos todo lo bueno o malo que sucede, todo sucede por lo bien o mal que hacemos las cosas. Creo que es una manera de quitarle valor, mérito y poder  a los contrarios. Una peligrosa manera de simplificar el análisis

Me preocupa el campo fértil para expandir lo peor del pensamiento humano, el individualismo exacerbado, la homofobia, la naturalización de derechos que se pierden. Ese mundo que cambia, que es más global y ajeno, donde “somos espectadores de redes” de los sucesos, que nos marcan este nuevo tiempo y esta nueva manera de vivir.

Las dictaduras que padecimos otrora, tuvieron un altísimo rechazo popular, solo el miedo y la represión las mantuvo hasta su caída. Hoy las batallas electorales están dándole a la derecha conservadora un campo de respaldo que necesariamente habrá que mirar con atención.

La batalla cultural y política por estos días me parece que nos está siendo francamente adversa. Una verdadera pandemia de peligroso  contagio.

Por Walter Martínez

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: