LA PATRIA Y LA MATRIA

“Quiero conocer los senderos secretos de los bosques.
Quiero perderme una y otra vez en los caminos circulares de la montaña.
Quiero guardar en la memoria cada paso que den mis pies”.
Helena Corbellini

 

Si la Patria es ese lugar en el que se ha nacido pero que también es la comunidad con la que una persona se siente vinculada o identificada por razones afectivas y es irremplazable.

Si la Matria es la referencia a la propia tierra del nacimiento y del sentimiento, y en literatura contiene personajes femeninos y usa de la escritura desde una mirada femenina y por tanto aboga por la diversidad de los seres vivos, puesto que rompe con el binarismo patriarcal e instala una lógica múltiple y heterogénea, que representa mucho más el pensar y sentir de nuestras mujeres y expone las cualidades femeninas de una nación.

Entonces, la novela de Helena Corbellini habla desde esa dualidad como el marco temporal y sentimental de su “Matrioshka”, un drama de familia donde la envidia y la venganza juegan un papel indispensable.

Unamuno, Borges, Virginia Woolf, Julia Kristeva e Isabel Allende en nuestro tiempo, nos hablan de “matria” como de un espacio que nada tiene que ver con la tierra de nacimiento propiamente, ni con el Estado, sino con una zona interior en la que crear un lugar propio.

Plutarco de Queronea o latinizado Lucio Mestrio Plutarco hablaba de la tierra como madre, por sus connotaciones de fertilidad, de crianza, de cuidado. No es casualidad la presencia de los griegos, los clásicos son una referencia concreta (incluso musicales) y recorren la obra de Corbellini, y a menudo nos marcan el sentido de la narración.

La patria es también una construcción (ideológica) hecha desde el poder sobre lo que debemos sentir hacia la nación pero que resulta en beneficio de quienes ostentan el poder.

La autora, Helena Corbellini (1959) es novelista y profesora. Actualmente vive en España, en la Costa Brava, pero también ha vivido en Colonia del Sacramento. Ha publicado las obras “La vida brava. Los amores de Horacio Quiroga” (2007), “El sublevado. Garibaldi, corsario en el Río de la Plata” (2009), «Hay una cierva menos en el monte” (2012), “Mi corazón pesa demasiado (2008), “Laura Sparsi y La novia secreta del Corto Maltés” (2000). En cuento, “Cuentos de la costa” (1996). Además tiene dos libros de poesía (“Manuscrito hallado al este del Edén”, en 1993 y “Círculo de sangre”, en 2002) y el ensayo “El pacto espiritual de Mario Levrero” (2018).

Se especializó en Teoría autobiográfica (la autobiografía es un género literario que se sitúa en la frontera entre la literatura e historia, establece un pacto autobiográfico con el lector basado en la identidad autor-narrador-personaje). Fundó el Grupo de Estudios Autobiográficos en Formación en Educación y dirigió talleres literarios por el Ministerio de Educación y Cultura en varias ciudades del interior del país.

“Matrioshka” tiene una escritura de frases cortas y precisas, de tono realista y el escenario es similar al de otras ficciones suyas. Malángel, la ciudad donde vive una de las hermanas, está pensada como esos pueblos colonienses, Nueva Palmira o Juan Lacaze, pueblos a orillas del río, aunque hay una referencia muy cercana a la Santa María de Onetti.

No es el único guiño. Nos habla del padre Bergner y es casi imposible no recordar al padre Bergner de “Juntacadáveres”. Y algo más, habla sobre “el último Larssen…”, en Onetti es Larsen, con una ese, tanto en “El astillero” como en “Juntacadáveres”, pero no es casualidad, es un homenaje al tal vez mejor novelista uruguayo.

“Hay una cierva menos en el monte”, novela del 2012, que transcurre en Conchillas —el misterio de una mujer asesinada por su marido—, tiene una impronta feminista (lo que ha sucedido en otras novelas suyas, que tienen puntos de vista femeninos, lo cual abona la teoría de esa matria que hablábamos al principio).

En la próxima Feria del Libro, que va del 3 al 13 de noviembre, presentará su último libro: “Matrioshka”.

Muñecas rusas

Desde el prefacio la propia autora nos indica qué es lo que vamos a leer a continuación: parte de la historia de las hermanas Sáenz, Verónica y Josefina, de caracteres tan disímiles. Verónica es “una pianista sensitiva y algo melancólica”. Josefina traduce y enseña el francés. Por tanto, hay una dualidad a desentrañar. “Tanto los seres mustios como los enardecidos atrapan mi atención —dice la autora—, y Josefina reúne ambas condiciones”.

Luego la autora entrará en una trama donde la rivalidad entre las dos hermanas determina la suerte de la familia entera. Con un padre abogado que deja de atender a clientes con pocos recursos y se ve obligado, por las condiciones económicas al comienzo de la dictadura, a entrar a un bufete que defiende a gente más o menos adinerada, un hermano que terminó de relegar a Josefina, la del medio, del cariño de sus padres y un hermano adoptado que nunca se sintió de la familia pero sí usa de los derechos que le otorga tal situación, la acción se va tensando.

Con la muerte del padre y la consiguiente solución que se le da a la madre, porque nadie quiere hacerse cargo de ella, y que evidencia una triste realidad sobre la vejez, se hace patente el conflicto. Verónica vive en España y se dedica a ensayar y dar giras de piano tocando a Luis Cluzeau Mortet (integrante del nacionalismo musical uruguayo, junto a Alfonso Broqua y Eduardo Fabini). Josefina solo ve el aspecto material, económico, que le puede deparar la buena jubilación de su madre, puesto que Josefina quiere quedarse con la parte de herencia que le permita construir una piscina y mantener su estatus económico y social.

De esa manera la autora nos muestra las dos caras de una misma moneda donde, por un lado, una mujer envidiosa con pretensiones aristócratas intenta mantener sus prerrogativas y para ello urdirá planes sin ninguna vergüenza y, por otro, la hermana pianista que finalmente logra instalarse de un modo confortable y disfrutar de la vida aunque se siente culpable de estar lejos de su madre.

Se nos muestra, también, el conflicto ideológico planteado, puesto que la primera es conservadora en su discurso y en su proceder y la otra se tiene que ir exiliada por la dictadura debido a su compromiso político, en una contraposición (un poco estereotipada que da Josefina) entre el Ché Guevara y Jesús.

El conflicto se extiende a los maridos y a los hijos y a nosotros, lectores, nos arrastrará por temas de actualidad como la inseguridad, el exilio, la crisis económica y la pandemia de coronavirus con su carga de soledad y muerte.

Pero por suerte Helena Corbellini nos recuerda, sobre el final, que: “la primavera llega”.

Siempre.

(Matrioshka, de Helena Corbellini, Alfaguara, 2022, Uruguay, 218 páginas) 

Por Sergio Schvarz 
Periodista y escritor

  

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