Suecia, fin de época

La derecha racista y con componentes neonazis Sverige Democraterna (SD) ingresó a la coalición de gobierno con los conservadores del partido Moderaterna (M) en las elecciones de este año. No es solamente una derecha extrema que asoma la cabeza en un país desarrollado (con algo más del 30%, la segunda fuerza más votada), sino la coronación de un cambio que se viene gestando desde hace más de cuarenta años.

Por ponerle un inicio, en 1980 se prohibió el estreno en Suecia de la película The China Syndrome, con Jack Lemmon y Jane Fonda, sobre el desastre en una central nuclear. Descontrolado el cerno radioactivo, planteaba, atravesaría la tierra hasta emerger en China. El gobierno era socialdemócrata y el primer ministro el querido Olof Palme: Suecia estaba inaugurando su propia central nuclear, la de Barsebäck, para alimentar el desarrollo industrial planteado, al que se le dio absoiluta prioridad. Dinamarca se opuso desde un inicio a esa central, justamente porque si el accidente ocurría, ellos serían directamente afectados en su capital. Gracias a las malas artes de la censura, en Suecia hubo un plebiscito para aprobar la central, por 58% de los votos.

Hay cambios que parecen definitivos: ya no hay techo político para el estado de bienestar; sus restos apuntan a irse disolviendo en la correlación política que se impone. Y ése es el verdadero cambio que se consolida

Eran los años neoliberales en EEUU, donde Ronald Reagan asumiría al año siguiente, y en Gran Bretaña Margaret Thatcher había iniciado el primero de sus tres períodos de gobierno en 1979.La socialdemocracia sueca hizo allí una opción, hacia el capitalismo, y desde esa época venía aguando las políticas de conciliación de clases por la que nació y que consolidó en 1938, con un verdadero pacto social, el hecho y firmado en el hotel de Saltsjöbaden, en 1938, entre empresarios, iglesia y sindicalismo.

El pacto social aparecía como un buen negocio para todas las partes, en el país que más conflictos laborales tenía en toda Europa. La rusia revolucionaria estaba muy cerca y por cierto influía; se venían los tiempos convulsos de la Segunda Guerra mundial, y Suecia, donde el hambre hizo morir más gente que la que nacía hasta adentrado el siglo XIX, buscaba un rumbo. La idea de Suecia potencia, con el rey Carlos VII, había resultado derrotada en su afán expansionista con su fracasada conquista de Rusia, en la batalla de Poltava, en 1709. En 1815 se instala la paz en las relaciones internacionales suecas, y rige hasta hoy. El hambre era un azote que no cesaba, y la iglesia, muy poderosa en sus recursos económicos, promovió leyes de “ayuda a los pobles” en 1847 y 1853. Un poco más tarde en el siglo, comienza un desarrollo industrial, y coin él, la idea de la conciliación de clases, posiblemente con fuerte influencia de la dominante iglesia evangélica luterana.

Con el pacto de 1938, se construye el estado de bienestar, que implicaba un Estado muy fuerte y altos impuestos. En 1980 el mínimo era del 33% de los ingresos de todos los habitantes, y para los ingresos altos llega al 80, y a partir de allí se contempla a los más rico: esta tasa máxima baja este siglo al 60%, y en el último tiempo, al 55%. A cambio, y a cuenta de más, el estado de bienestar implica gratuidad en todas las etapas de formación educativa, incluyendo material didáctico para los alumnos y los sueldos de los profesores. Además, salud gratuita, seguro de enfermedad, obra pública, transporte público subvencionado, asistencia a mayores, guerderías públicas, asistencia social, administración de justicia y mucho más. La política migratoria y de asilo político sueca proporcionó la mano de obra, fundamentalmente para servicios, y supo albergar en el bienestar a muchos latinoamericanos, como luego hizo con solicitantes de asilo de otros conflictos.

Pero el corrimiento hacia el centro que fue la orientación sociademócrata no logró contener el radicalismo y el populismo de derecha en la política, por más que los socialdemócratas siguieran siendo la fuerza más votada; ellos eligieron no mantenerse en la posición que le daba formulación política a la historia moderna del país y a la cultura de su población. Con el inesperado asesinato de Olof Palme en febrero 1986 (pero coherente a la luz del desarrollo de los acontecimientos), se dio paso a la pausada emergencia de una nueva realidad social. Apareció la violencia en las calles, políticas populistas de derecha, el racismo fue cobrando importancia, y el rechazo a la inmigración y su inclusión en los beneficios generales fue creciendo. En 1988 se funda SD, el partido de extrema derecha que hoy es la segunda fuerza más votada, y hoy los conservadores de M plantean un mayor radicalismo que SD respecto al rechazo a la inmigración, el en el intento de reconquistar posiciones. Se fundó en 1988, en respuesta a la nueva realidad política que iba tomando forma.

Hoy, el nuevo gobierno de derecha, en el que SD no quiere ocupar ministerios en una aparente estrategia de crecimiento, surge del hecho de que el sistema de partidos levantó el cordón sanitario que impedía, al igual que en otros países de Europa, la participación electoral de la ultraderecha. El gobierno que logran formar, con una mayoría de tres bancas en 349, es débil, y la oposición alienta su caída. En la llamada derecha hay un partido liberal y otro de origen campesino que no están de acuerdo con la situación dada. Pero más allá de eso, hay cambios que parecen definitivos: ya no hay techo político para el estado de bienestar; sus restos apuntan a irse disolviendo en la correlación política que se impone. Y ése es el verdadero cambio que se consolida.

 

 

  

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