El Partido Colorado batllista y la derrota electoral del 59

Casi sin discusión politólogos e historiadores políticos afirman que es muy difícil estudiar nuestra historia sin hacer referencias tajantes al rol central de los partidos políticos. Ya en los inicios de la república naciente las figuras trascendentes de don Frutos Rivera y Manuel Oribe fueron moldeando una visión social sobre la libertad y la patria que nos fue diferenciando de otros procesos regionales estando dentro de los mismos.

No hay muchas dificultades para rastrear fenómenos de partidización en nuestra historia y tampoco como se fueron encarnando en la sociedad los mitos, ideas y liturgias de cada partido. Sin irme muy lejos podemos afirmar que la derrota del batllismo en 1959, ni la Guerra Fría, ni las proscripciones durante la dictadura o el golpe tremendo de la crisis del 2002 pusieron fin al entramado ideológico y accionar del batllismo hasta la actualidad.

Se dice también que la evolución del sistema de partidos uruguayos se desarrolló debido a una homogénea e histórica sociedad sin tensiones sociales reales o fomentados con ideas de conflicto por algunos teóricos de coyuntura. Quizás las directivas emanadas de la Convención Preliminar de Paz de 1828 dieron pie a que lenta por en forma firme se construyera una república de ciudadanos y que desde el origen el Estado tenga un rol fundamental para forma una suerte de cultura cívica que nos marca hasta hoy.

Lo más interesante de nuestros partidos fue la gran capacidad de auto regulación y de adaptación a las diversas circunstancias históricas, creando al mismo tiempo fuerte tensiones internas pero lealtades muy firmes en la visión de país.

Lo más curioso, sin embargo, es la multiplicidad de posturas que la sociedad uruguaya tiene. Esto es entendible por los orígenes migratorios de nuestra población que encontraron la forma de resolver esas visiones en el marco de partidos fuerte y policlasistas. A mediados del siglo XX la legislación electoral y el predominio bipartidista con el aporte importante de influencias ideológicas fuerte, más que electorales, de los socialistas y comunistas contribuyeron al desarrollo democrático de un sindicalismo fuerte y responsable, ideologizado si, que contribuyeron a cimentar nuestra visión republicana.

Es acá donde entramos al análisis del mal definido neo batllismo. Es claro que la visión ideológica del batllismo histórico la toma Luisito que apuntala y reformula el rol del obrero industrial actuando desde sus sindicatos en la construcción de un estado de bienestar.

El Estado impulsa la redistribución de la riqueza con una política intervencionista selectiva apoyando en el Partido, el Estado y los sindicatos en una suerte de alianza para humanizar el capitalismo. Nuestra excepcionalidad fue realizar este proceso sin caer en populismo tan comunes en América Latina o perdiendo el rol liberal del Estado.

El 30 de noviembre de 1958 quedaba claro en la madrugada siguiente el triunfo del Partido Nacional. No todo fueron rosas para el gobierno quincista, sobre todo en la juventud que ansiaba y deseaba participación y reformas en la estructura universitaria. Para los viejos batllistas en aquél entonces, y me atrevo a decir también en la actualidad, el problema no era ideológico, por el contrario era de ética partidaria. Tomó gran impulso la importancia de dirigentes que veían la importancia del voto más que las necesidades sociales. Esto derivó en un fuerte clientelismo que terminó en la pérdida de confianza en proyecto batllista. El aparato partidario estaba en función de las rivalidades partidaria, de grupos y de subgrupos. Pero la verdad era que desde las alturas dirigenciales se había alimentado este proceso.

Desde «El Día» se avisaba constantemente «cuidado con los hombres fuertes» o sea cuidado con Luis Batlle. Para la sociedad estos debates estaban alejados de sus necesidades, los jóvenes recibían con preocupación los informes que en plena Guerra Fría manejaba la prensa socialista y el concepto de «Imperio» a la idea panamericanista de los Estados Unidos o la posterior Alianza para el progreso. Acá comienza la confusión desde el diarios «El Día» se unificaba las múltiples visiones sobre la oposición el rol panamericanista con la definición de «comunistas». Todo esto tenía consecuencias en Luis Batlle. Se puede debatir mucho sobre el quincismo de Luis, es indiscutible su rol frente a posturas populistas y totalitarias como el enfrentamiento con Perón que se la cobró en forma muy dura.

También fue, si se quiere el primer anti imperialista negándose permanentemente a las presiones del FMI y sostenía con orgullo según cuenta Washington Bado que «podemos entrar a los Estados Unidos con la frente muy alta y el sombreo bien calado porque no debemos un dólar» (Bado, W. El porqué de un adiós). Finalmente, El Partido Colorado batllista y la derrota del 59 debemos destacar el rol importante de defensa del modelo batllista llevada adelante por los jóvenes y vehementes brillantes legisladores: Zelman Michelini, Amilcar Vasconcellos y Renán Rodríguez que se enfrentaron a las agravios contra Luis Batlle y contra el proyecto desbatllistizante del Cr. Azzini y su «Ley de Reforma Cambiaria y Monetaria». Surge la rebeldía batllista encarnada en la lista 99.

A partir de este momento en forma paulatina y sistemática el batllismo pierde peso electoral. Con la excepción de las fórmulas: Sanguinetti- Tarigo y Sanguinetti -Batalla. Volviendo al principio, la fuerza de las ideas, que las tenemos, y la acción coherente sin perder las raíces batllistas, con algunas dudas, nos permiten ser medianamente optimistas.

Ver: Caetano, G. Y otros. Cuadernos de Ciencias Políticas. FCU. 1995. Bado, W. El porqué de un adiós, Montevideo Edición del Autor S/

Miguel Lagrotta
Profesor de Historia
Fuente; Semanario Opinar

 

  

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: