Calibrando el tiempo

Calma. Que tus pies no se apuren por si el agua está fría o caliente. Escuchá como nacen y mueren el ruido de las olas.

Serenidad. Que tu piel no se erice por si el viento te agarra destemplado. Disfrutá del horizonte y el sol como se escoltan con sus colores y cumplen el ciclo del universo.

Tranquilidad. Que tu pulso no se agite por si la nube no se mueve. Contemplá toda la magia que aparece y desaparece a tu alrededor.

Paciencia. Que tus nervios no se alteren por si la arena pica. Mirá su velo como viaja y encuentra sus formas a la deriva.

Tolerancia. Que tu mente no se haga añicos por si los de al lado alaban berretines plásticos. Aprendé de la naturaleza como resuelve de manera sustentable los conflictos naturales.

Paz. Que tu corazón no se queme por si tu clima es equivocado. Saná de ahora en más haciendo las cosas bien y saludable.

La ansiedad por el futuro destruye a lo humano.

El futuro se plantea, se proyecta, se construye, se palpita y se vive. Paso a paso en confianza y en equipo.

Sino la vida pasa a ser intangible y efímera. Además el tiempo se convertiría como el compañero inseparable del preso.

Luego andá a reclamarle a San Reloj de los Tiempos a ver si tiene tiempo y te tiende una mano.

– ¡Cuidado con el vacío!,
– ¡¿Lo qué?!…, ¡¿qué?!…, ¿¡qué?!…, ¡¿qué?!…

Por Andrés Legnani

  

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