CINE | “A puertas cerradas”: La estafa global del capital trasnacional

Una furibunda crítica a la demoledora maquinaria trituradora del gran capital y las mafias financieras multinacionales encabezadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, constituye el tan audaz como incisivo núcleo temático de “A puertas cerradas”, el último largometraje del longevo y transgresor realizador griego Kostantin Costa Gavras, quien, a los 89 años de edad, sigue muy activo en su  inclaudicable militancia, tanto artística como política.

Sin dudas, Costa Gavras es ya una auténtica leyenda del cine, que ha transitado raudamente el firmamento cinematográfico a través de una carrera que abarca ya casi seis décadas, con títulos de alto impacto y superlativo compromiso político, que han concitado calurosas adhesiones pero también radicales rechazos, de una audiencia de varias generaciones que lo venera o bien lo odia.

Esa suerte de visceral bipolaridad, que solo pueden provocar cineastas que asumen riesgos sin medir los costos, lo transformó en un referente para la izquierda de todas las latitudes pero también en objeto de escarnio y descalificación para los patológicos fascistas y los estalinistas más recalcitrantes.

Si bien el realizador brilla tanto en el policial como en el género político, la materia testimonial es realmente su preferida, que ha condensado en una obra que remueve por su audacia, osadía y profundo espíritu reflexivo.

Aunque su prolífica producción cinematográfica está integrado por más de una veintena de títulos, hay por lo menos cuatro películas insoslayables, que han trascendido no sólo por su valor artístico sino también por el histórico: “Z” (1969), “la confesión” (1971), “Estado de sitio” (1972), y “Desaparecido” (1982).

En ese contexto, “Z” denuncia –modificando nombres y algunas circunstancias- el brutal asesinato del político izquierdista griego Grigoris Lambrakis en 1963, ultimado por una organización parapolicial de extrema derecha, en un contexto de singular tensión y complejidad, previo al golpe de Estado que instauró, en 1967, la denominada “dictadura de los coroneles”. Obviamente, su estreno en nuestro país generó una fuerte adhesión de la izquierda y un tajante rechazo de la derecha.

La polémica se trasladó luego a 1971, con el estreno de “La confesión”, una enérgica denuncia de las purgas estalinistas en Checoslovaquia, en una historia ambientada en 1952. En este caso, en Uruguay, se verificó una reacción inversa, ya que la película fue elogiada por los sectores más conservadores de la derecha y duramente fustigada por la izquierda amparada bajo el paraguas del Partido Comunista, que por entonces adhería a las políticas del denominado socialismo real del bloque soviético.

Empero, el largometraje de Costa Gavras que impactó con mayor intensidad en nuestro país y fue estrenado en 1985, porque su exhibición fue prohibida por la dictadura, es “Estado de sitio” (1972), que narra el ajusticiamiento del agente de la CIA Dan Anthony Mitrione, en 1970, por parte del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

La película, que recién fue exhibida durante el primer gobierno de postdictadura encabezado por Julio María Sanguinetti luego de trece años de censura, provocó lógicas repercusiones políticas, en un país todavía fuertemente polarizado por las tensiones de arrastre generadas por el saliente régimen dictatorial y las denuncias de violaciones de los derechos humanos, que fueron obturadas, un año después, por la Ley de Caducidad, la cual inauguró un período de veinte años de impunidad de los delitos de lesa humanidad.

En este film, que no menciona explícitamente a Uruguay pero lo identifica mediante inteligentes apuntes, Costa Gavras también modifica nombres y algunas circunstancias. Sin embargo, el relato se ajusta, en lo sustantivo, a la verdad histórica sobre el desarrollo de los acontecimientos, en un país estremecido por la violencia política y el enfrentamiento entre la guerrilla urbana y el régimen autoritario del prepotente Jorge Pacheco Areco, con el trasfondo de la guerra fría y de la desembozada injerencia del imperialismo norteamericano.

Esta suerte de tetralogía se completa con “Desaparecido”, que denuncia, con idéntico rigor y esmero documental, la desaparición y ulterior asesinato de un periodista norteamericano durante la tiranía fascista genocida encabezada por Augusto Pinochet en Chile.

Se trata también de la recreación de un caso real, que remueve por sus intensidad dramática, la explicitud de las imágenes de los depósitos de cadáveres aplicados e inidentificados y la preparación del golpe de Estado que depuso al supliciado presidente socialista Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973.

Aunque estos cuatro films resultan claves para valorar el conjunto de la obra del destacado cineasta, es insoslayable recordar también, por ejemplo, “El cuarto poder” (1997), “Amén” (2002), “La corporación” (2005) y “El capital” (2012), que son también producciones que contienen diversas implicancias políticas y religiosas, con el intransferible sello del autor griego.

En “A puertas cerradas”, que también se inspira en un caso real acaecido en la segunda década del siglo XXI, concretamente en 2015, el paradigmático cineasta la emprende, con su característico acento crítico, contra las inmorales mafias del gran capital trasnacional, que hoy ponen nuevamente de rodillas a la hermana Argentina, aplastada literalmente por un crédito confiscatorio de 60.000 millones de dólares otorgado por el Fondo Monetario Internacional, heredado del devastador gobierno neoliberal de Mauricio Macri.

Obviamente, nuestro país padeció también idénticas vicisitudes y chantajes del capital trasnacional durante más de cuatro décadas, hasta que, en 2006, el primer gobierno del Frente Amplio canceló sus cuentas con el FMI, con lo cual Uruguay recuperó su soberanía y el libre manejo de su economía, más allá de la persistencia de su endeudamiento, que ahora es manejable.

En “A puertas cerradas”, la materia temática es la impagable deuda externa que asfixiaba a Grecia en la segunda década del primer milenio, que enfrentó al gobierno de la época, encabezado por el izquierdista radical Alexis Tsipras, con los banqueros popes de la Comunidad Europea y, obviamente, al Fondo Monetario Internacional.

La película, que abreva del libro del ex ministro de economía y político griego Yanis Varoufakis, describe minuciosamente el traumático proceso de renegociación de los empréstitos contraídos durante gobiernos precedentes de derecha.

Mediante una puesta que mixtura la crónica no exenta de elementos ficcionales con el drama, el documental y algunos toques  de sarcasmo, el relato se adentra en el corazón de la crisis que afrontó y aun afronta el país helénico, azotado, por entonces, por la desocupación, la pobreza, la iliquidez financiera y la cesación de pagos.

En ese contexto, un gobierno autodenominado progresista que asumió en una situación de inenarrables tensiones sociales y de virtual emergencia económica, debe negociar con los dictadores financieros de la denominada “Troika”, integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el FMI y el poder, realmente desmesurado, del ministro de economía alemán, una suerte de zar por su condición de representante de la economía más fuerte del Viejo Continente.

El film, en el cual los personajes son presentados con sus verdaderos nombres y cargos, es relatado en primera persona por el ex titular de la economía griega y autor del libro, quien tuvo a su cargo la gestión de las negociaciones con el intransigente bloque capitalista.

En ese marco, el propósito de una serie de extenuantes encuentros a puertas cerradas, tal cual lo explicita el título en castellano del film, era evitar la asfixia total de la economía griega y rubricar una suerte de quimérico acuerdo en condiciones dignas.

En este caso, por supuesto las condiciones draconianas que imponen los acreedores no resultan tan extrañas para los uruguayos, porque constituyen el perfecto decálogo del manual neoliberal: privatizaciones de empresas públicas, aumento de la edad jubilatoria, reducción de salarios y pasividades y flexibilización del mercado de trabajo. Es decir, todo a pedir de boca para los tiburones del gran capital.

Estas políticas claramente regresivas, que antes que el Frente Amplio asumiera el poder político eran habituales en nuestro país y durante el actual período de gobierno de derecha se reiteran como una suerte de dramáticos espasmos del pasado, precipitaron a Grecia a una escenografía de catástrofe que derivó en una tasa de pobreza superior al 30%.

En este caso, el personaje del ministro de economía Varoufakis es encarnado por el gran actor griego Christos Loulis y el del primer ministro Tsipras por el no menos talentoso Alexandros Bourdoumis.

La narración se inicia con una multitudinaria concentración política, previa a las elecciones que le otorgaron una ajustada victoria al candidato izquierdista, circunstancia que lo forzó a negociar la conformación de una coalición con parte de la oposición conservadora, lo cual, obviamente, lo condicionó.

Las escenas del escrutinio –que constituyen uno de los puntos más altos de esta historia real recreada para la pantalla- están pautadas por una altísima tensión y expectativa.

Empero, casi todo el metraje transcurre naturalmente en espacios cerrados, donde se suceden los conciliábulos entre los propios integrantes del gobierno y las interminables reuniones entre deudores y acreedores, donde prevalecen dos posiciones irreconciliables y, a los ojos de la prensa y el mundo, contaminadas por la más ramplona de las hipocresías.

Aunque el eventual espectador ignore los pormenores y entretelones de la historia real, la película –sostenida por Costa Gavras y su equipo con pulso firme e incisivo- resulta igualmente ilustrativa en torno al drama de Grecia, que es perfectamente extrapolable al de otras naciones periféricas, particularmente del continente latinoamericano.

La película, que contiene abundante suspenso como si se tratara de un thriller y no propiamente de un relato político, denuncia, sin ambages, la inmoral extorsión que ejerce el gran capital sobre sus deudores, a los cuales suele amenazar con arruinar sus economías y asfixiarlos financieramente, como ominosa estrategia para controlarlos políticamente y apropiarse de sus riquezas.

A veinte años de la demoledora crisis económica y social que azotó con rigor y puso literalmente de rodillas a nuestro Uruguay ante el poder global, esta película adquiere un valor singular y no menos aleccionador y se transforma en una suerte de advertencia para el futuro.

Konstantin Costa Gavras, que con casi noventa años de edad demuestra estar intacto tanto intelectual como artísticamente, construye una denuncia de singular potencia contra el imperialismo económico que sigue gobernando el planeta.

El relato, más allá de su superlativa tensión dramática, está salpicado por algunos apuntes de humor bien sarcástico, como la suerte de coreografía que interpreta el asediado primer ministro griego- que luego se rindió y hasta traicionó el resultado de un referéndum- con sus perversos acreedores.

La secuencia, que es realmente magistral por la plasticidad de sus movimientos, el trabajo de cámaras y la sugestiva música de Alexandre Desplat, recuerda el masivo apuñalamiento del cónsul Cayo Julio César en el senado de la república romana, que es magistralmente recreado en la emblemática tragedia del dramaturgo británico William Shakespeare.

“A puertas cerradas” es un alegato realmente demoledor, removedor y brillantemente narrado por un realizador de fuste, que desnuda y denuncia el deletéreo accionar de las mafias financieras que detentan el poder real a nivel mundial, actuando –casi siempre entre bambalinas- en la trastienda de los gobiernos serviles, cipayos y entreguistas.

Francia, 2019

FICHA TÉCNICA

A puertas cerradas (Adults in the Room). Francia -Grecia 2019. Director: Costa-Gavras. Guión: Yanis Varoufakis, Costa-Gavras. Fotografía: Giorgos Arvanitis. Edición: Lambis Haralambidis. Reparto: Christos Loulis, Alexandros Bourdoumis, Ulrich Tukur, Josiane Pinson, Valeria Golino, Daan Schuurmans, Christos Stergioglou y Themis Panou. 

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico de cine

 

  

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