Holocausto, trabajo forzado y muerte por hambre

 

En diciembre de 1941, a las puertas de Moscú, se produjo el fin de la guerra relámpago. Desde entonces la Wehrmacht no pudo recuperar plenamente la iniciativa estratégica que había mantenido desde setiembre de 1939. Sin embargo, el Tercer Reich fue capaz de continuar luchando durante tres años y medio hasta su derrumbe final en mayo de 1945.

En las últimas décadas los historiadores han procesado una enorme cantidad de información que se encontraba dispersa. Esto ha permitido comprender como pudo ser posible la prolongación de la guerra por parte de los nazis y sobre todo como operó la interacción entre los factores que produjeron los crímenes más monstruosos de la historia de la humanidad perpetrados por el nazismo. Estos factores fueron el racismo genocida, el trabajo forzado o esclavo de millones de seres y el uso del hambre para exterminar a muchos millones de seres humanos.[i]

Además, la posibilidad de comprender como esos factores se entrelazaron en el tiempo, especialmente a partir de la crisis y los cambios que generó en el Tercer Reich el fin de la Blitzkrieg – que desmoronó lo planeado por los nazis y el Alto Mando en el sentido de conseguir una victoria rápida – es decisivo para remontarse a los antecedentes de los tres factores, a la forma como se potenciaron entre si, a como se desarrolló sistemáticamente el Holocausto, a como se superpuso el Hungerplan como genocidio y a lo que sucedió después de la Segunda Guerra Mundial [ii].

Reclutas para el ejército y fuerza de trabajo en el Reich

El factor humano, es decir la disponibilidad de seres para rellenar las filas de las fuerzas armadas, de la producción, de los servicios vitales, fue un problema fundamental del Tercer Reich. Entre junio de 1941 (cuando el ataque a la Unión Soviética) y mayo de 1944, la tasa promedio de muertos que había tenido la Wehrmacht mensualmente en el frente germano soviético era de 60.000. En diciembre de 1941 los muertos fueron aproximadamente 40.000 en ese mes. En enero de 1943, Stalingrado mediante, los muertos fueron 180.000, en junio de 1944 más de 140.000, en julio de 1944 más de 160.000 y en agosto de ese año casi 280.000 muertos por mes.

Hay que tener en cuenta que para atacar a la URSS en junio de 1941, la Wehrmacht había echado mano a todos los recursos humanos de Alemania y de sus aliados. En el otoño de 1941 no quedaban hombres aptos en la veintena que no hubieran sido enrolados. En 1942 los reemplazos ya eran clases de adolescentes (un millón en ese año que, a duras penas, consiguió reponer las bajas producidas en 1941 en el enfrentamiento con el Ejército Rojo).

Los reclutadores alemanes debieron movilizar a los ciudadanos de mediana edad que, en primera instancia habían estado exentos del servicio militar. Gran parte de estos hombres eran operarios en las fábricas de armamento. En el primer semestre de 1942, 200.000 reclutas provenían de la industria armamentística y esto era un verdadero desastre precisamente cuando Alemania debía aumentar considerablemente la producción de armas, vehículos y aviones.

Una solución parecía estar en la movilización de las mujeres pero sucedía que estas ya estaban muy involucradas en la producción armamentística incluso mucho más de lo que se registraba en Gran Bretaña al final de la guerra. En 1944 un estudio del Ministerio de Trabajo del Reich, mostraba que mientras las mujeres eran la cuarta parte de quienes trabajaban en la producción bélica en los Estados Unidos, eran el 33% en Gran Bretaña y el 34% en Alemania [iii]. Desde el punto de vista laboral había poco para exprimir de la población femenina y cuando se produjo el lanzamiento de la Guerra Total [iv], que implicaba el encuadramiento de todas las mujeres entre 16 y 45 años de edad, solamente se obtuvieron 1 millón y medio de operarias potenciales, de las cuales 700.000 solo podían emplearse a medio horario.

La carencia de mano de obra en Alemania era enorme, la necesidad de contar con fuerza de trabajo no se podía satisfacer con cientos de miles sino con millones de personas y la imposibilidad de exprimir aún más a la población alemana hizo que el reclutamiento se dirigiera hacia los países ocupados de Europa. Junto con otros cambios en la cúpula, por ejemplo la sustitución de Fritz Todt por Albert Speer en el Ministerio de Armamentos. Hitler designó a Fritz Sauckel como Plenipotenciario General para la Movilización Laboral (21/3/1942). [v]

Sauckel instrumentó uno de los mayores programas de trabajos forzados que se hayan visto nunca. Movilizó a millones de trabajadores de toda Europa. Los captados eran en su enorme mayoría hombres y mujeres jóvenes. Más de la mitad de las mujeres reclutadas en Europa del Este tenían entre 12 y 22 años de edad y fueron extraídas de las Repúblicas Bálticas, Bielorrusia, Ucrania y Rusia. El área de reclutamiento más intensivo fue Polonia pero su brutal tráfico de personas abarcó también al Protectorado Checo, Francia, Italia, Bélgica y Holanda [vi]

En un año y medio a partir de principios de 1942, 2.800.000 trabajadores extranjeros fueron introducidos en Alemania. La fuerza de trabajo extranjera llegó a ser de 6.500.000 y de esas personas casi 5 millones eran civiles y no prisioneros de guerra. Para el otoño de 1944, los trabajadores extranjeros y los prisioneros de guerra habían llegado a ser 7.907.000 (el 20% de la fuerza de trabajo de Alemania). En la industria bélica más de la tercera parte de los operarios eran extranjeros y en las fábricas de aviación más del 40%. En algunas líneas de producción la proporción de trabajadores extranjeros era aún más alta. [vii]

Los métodos brutales de los nazis para traer los trabajadores que el régimen necesitaba desesperadamente hicieron que, sobre el final de la guerra, el Tercer Reich se hubiera transformado en una sociedad con una proporción de extranjeros tan elevada como la de la Alemania multicultural de la actualidad (casi el 16% de la población, más de 13 millones de extranjeros vivían en Alemania en elaño 2019).

Por ahora es imposible determinar cuantas de las muertes que sufrió la población civil de URSS se debieron al Plan Hambre. Distintas estimaciones indican que el total de dichas bajas civiles se ubicaría entre 14 y 17 millones de personas y no es aventurado pensar que la mayoría de esas muertes se produjeron por el hambre inducida por los nazis. Esta terrible mortandad también sería responsable de una parte de los 8 millones y medio de militares de la URSS que perecieron durante la guerra.

Hasta 1942, los trabajadores extranjeros se dedicaban sobre todo a las labores agrícolas pero a resultas del accionar de Sauckel enormes cantidades de hombres y mujeres extranjeras se concentraron en Berlín, Hamburgo, Colonia, Munich y cualquiera de las demás ciudades  industriales de Alemania. Por ejemplo, Munich, la capital de Baviera, estaba rodeada por 120 campos de prisioneros de guerra, 286 campos de barracones para el alojamiento de  trabajadores civiles extranjeros, siete sucursales de campos de concentración y dos instalaciones de “reeducación laboral”, además de un burdel para extranjeros. La capacidad total de alojamiento excedía las 80.000 camas.

El mayor empleador de trabajadores extranjeros fue la Bayerische Motoren Werke (BMW) que era el principal fabricante de motores de aviación para la Luftwaffe y que únicamente en su planta de Munich ocupaba a 16.600 operarios, muchos de los cuales estaban en una dependencia del campo de concentración de Dachau. Se estima que el Tercer Reich empleó a unos diez millones de trabajadores forzados. Muchos fueron entregados por el régimen nazi como mano de obra gratuita para la industria armamentística, automotriz, la banca e incluso instituciones sociales y las iglesias. Entre las actuales empresas donantes figuran consorcios como Volkswagen, Daimler Chrysler, Bayer y Deutsche Bank entre otros. La organización “Memoria, responsabilidad y futuro” fue fundada en agosto del 2000 como proyecto conjunto del gobierno alemán y empresas alemanas, con el objetivo de indemnizar a los prisioneros que fueron obligados a trabajar para los nazis. [viii]

A resultas de esta megaoperación se desarrollaron categorías para clasificar a los trabajadores importados al Tercer Reich para mantener la producción, los servicios y los trabajos más degradantes o sucios. [ix]

Los crímenes de los que poco se habla

El Tercer Reich enfrentó una contradicción insoluble entre su ideología racista y genocida y los requerimientos prácticos de la producción. Esta contradicción se manifestó claramente a partir de junio de 1941. Los millones de prisioneros de guerra soviéticos capturados al principio de la campaña Barbarroja fueron sometidos por la Wehrmacht a un hambreamiento deliberado, se trataba de matar de hambre a cientos de miles de hombres. Sin embargo, en noviembre de 1941 Hitler decidió que los prisioneros no solamente debían ser empleados como mano de obra en la retaguardia sino que podían ser trasladados a Alemania para desempeñar los trabajos más pesados. Como el hambreamiento y el maltrato brutal continuaba cientos de miles de prisioneros murieron en los campos en que se los hacinaba en el Reich lo que representaba una pérdida de mano de obra.

Antes de que Sauckel empezara a trabajar, la Oficina de Economía Militar del Alto Mando del Ejército (OKW) y el grupo industrial del Reich se habían quejado al Ministerio de Alimentación señalando que no tenía sentido traer cientos de miles de prisioneros solamente para que murieran de hambre en Alemania. La Mittel-deutsche Motorenwerke, proveedora del Ministerio del Aire, se sintió obligada a destacar la diferencia en emplear trabajadores del Este para fabricar motores y ocuparlos en trabajos de construcción.

En una comunicación interna sin eufemismos decían que en la construcción de carreteras en el frente oriental empleaban dos mil rusos y que a causa del insuficiente suministro de alimentos perdían unos cuantos cientos de trabajadores por quincena; sin embargo, los faltantes se suplían rápidamente reemplazándolos por otros cientos de rusos. En cambio, en los procesos de manufactura en la fábrica de armamentos, no podían reemplazar fácilmente a hombres que habrán estado operando un tipo especial de maquinaria y habían llegado a ser idóneos.

En diciembre de 1942, una comisión investigadora del Ostministerium (ministerio a cargo de los territorios del Este) visitó un Osterabeiterlager (un campo de trabajadores del Este) en la zona del Ruhr y produjeron un informe chocante. Señalaron que el campo operado por una empresa del grupo Vestag [x] fueron testigos de imágenes de desolación y miseria indescriptibles. Como esas expresiones provenían de burócratas insensibles que ya tenían experiencia con trabajadores esclavos en el Este se trata de testimonios internos muy significativos.

Tooze advierte [xi] que durante generaciones el público mundial ha sido bombardeado con historias, películas y versiones de audaces fugas de prisioneros de guerra británicos y estadounidenses desde los campos de trabajo en Alemania. Sin embargo, desde 1942 en adelante, esas fugas fueron ampliamente superadas por las de prisioneros soviéticos y “trabajadores del Este”. Ahora se sabe que entre abril y julio de 1942 las fugas de soviéticos que escapaban de los campos en Alemania pasaron de 2.059 a 22.603. La Gestapo trabajaba a destajo para capturar a los fugados pero en el periodo que medió entre abril y julio de 1942, se reportó que 42.174 prisioneros se habían escapado y solamente había recapturado a 34.457.

Holocausto, trabajo forzado y muerte por hambre

En setiembre de 1942, el Jefe de la Gestapo, el Gruppenführer SS Heinrich Müller, se hizo cargo personalmente del control de la población de Osterabeiter. En lugar de perseguir las decenas de miles de fugas que se seguían produciendo en forma individual, Müller estableció un sistema de pinzas y controles callejeros en las ciudades, en las carreteras y estaciones de ferrocarril en toda Alemania. Por otra parte, decenas de miles de “trabajadores del Este” medio muertos de hambre debieron ser devueltos a sus territorios de origen para evitar que murieran en Alemania.

Las condiciones de esos “retornos” eran terribles y en la medida en que trascendió el testimonio de sobrevivientes el flujo de trabajadores voluntariamente contratados se terminó. Esto provocó mayores exigencias y violencia por parte de Sauckel y sus secuaces. Muchos retornados morían durante el viaje. Los trenes que los conducían solían permanecer horas o días en desvíos sin recibir agua, alimentos o acceso a servicios sanitarios. Las mujeres que daban a luz arrojaban a los recién nacidos por las ventanillas. Los tuberculosos y los afectados por enfermedades venéreas se hacinaban sin atención alguna. Los vagones de carga en que se apiñaban los moribundos ni siquiera tenían paja en el suelo para recostarlos y los cadáveres eran arrojados en las banquinas de la vía.

Estas horribles acciones criminales se desarrollaban al mismo tiempo que las producidas por el exterminio  de las poblaciones judías. La intensidad genocida del Holocausto alcanzó su punto más alto en la segunda mitad de 1942. Las ejecuciones masivas de judíos en territorio soviético por parte de los Einsatzsgruppen habían empezado desde el primer momento del ataque a la URSS en junio de 1941 y no se detuvieron hasta que los alemanes debieron  retirarse en 1944. [xii]

La llamada Solución Final comenzó con la decisión de liquidar a la totalidad de la población judía de Polonia, más de dos millones de personas, en 1942. Cientos de miles fueron fusilados, trabajaron hasta morir  o murieron de hambre y enfermedades en los guetos pero el principal medio de exterminio masivo de los judíos de Polonia se desarrolló en tres campos especializados, Treblinka (80 kms. al Noreste de Varsovia) , Sobibor  (bien al Este de Polonia) y Chelmno (75 kms. al Oeste de Lodz) y también en las cámaras de gas del complejo de campos de Auschwitz. Los tres primeros fueron cerrados en 1943 pero Auschwitz siguió operando para el exterminio final de cientos de miles de judíos de Europa Occidental y finalmente de Hungría en 1944.

Aunque se supusiera que los judíos serían utilizados solamente en los trabajos más degradantes – dice Tooze – el Holocausto representó una catastrófica destrucción de fuerza de trabajo. Aún aplicando las cifras de los mismos alemanes, presumiblemente reducidas, el Holocausto habría representado, por lo menos, la pérdida de 2.400.000 potenciales trabajadores. Si a esto se agregan los demás asesinatos masivos del nazismo, después de enero de 1942 [xiii] se llega a cifras enormes.

De 1.650.000 prisioneros de los campos de concentración empleados en uno u otro momento en la economía alemana – dejando de lado en este caso a los prisioneros de los campos de exterminio – no más de 475.000 sobrevivieron, lo cual indica que murieron 1.100.000 trabajadores, 800.000 de los cuales ni siquiera figuran entre las víctimas del Holocausto.

Heinrich Himmler, dirigente Nazi, jefe de las SS y responsable del Holocausto

Del 1.950.000 prisioneros de guerra soviéticos que habrían sido empleados como mano de obra desde noviembre de 1941, menos de la mitad sobrevivieron a la guerra, lo cual significa que un millón de soviéticos podrían haber muerto después que se les designara como contribuyentes potenciales al esfuerzo bélico de Alemania. A esto se agregan los dos millones que habrían muerto de hambre en el invierno 1941-1942.

De los 2.775.000 civiles soviéticos que fueron registrados como trabajadores en Alemania entre 1941 y 1945, se estima que por lo menos 175.000 murieron durante su estancia en el Tercer Reich. Naturalmente esta es una subestimación tramposa que no ha tomado en cuenta el número de trabajadores “quemados” que fueron repatriados al Este en las condiciones que describimos antes. En este caso las cifras ocultan cientos de miles de muertes. Algo parecido sucedió con los polacos en que las “estadísticas oficiales” alegan que 130.000 murieron mientras laboraban en Alemania.

En el grupo de los “trabajadores occidentales” los que más sufrieron fueron los soldados italianos internados por los alemanes después de la rendición de Italia en octubre de 1943. De ellos no menos de 32.000 murieron de hambre y sobretrabajo en el invierno 1943-1944.

Al totalizar las cifras de trabajadores extranjeros explotados en el Tercer Reich se llega a un guarismo superior a los 2.400.000 que habrían muerto, pertenecientes a las diferentes categorías de trabajadores no judíos explotados por los nazis. Si a esta cifra agregamos una cantidad similar de trabajadores judíos llegamos a la monstruosa cifra de 4.800.000 trabajadores asesinados por el Tercer Reich después de la crisis de fuerza de trabajo que los nazis enfrentaron en 1941-1942. Los guarismos alcanzan a los 7 millones si se incluye a los prisioneros de guerra soviéticos muertos en 1941.

Trabajo y genocidio: ¿contradicción o complemento?

Viendo estas cifras monstruosas se podría llegar a pensar que el Tercer Reich era un régimen en el que las preocupaciones económicas tenían una importancia secundaria y donde la política racista primaba en forma absoluta. El asesinato masivo de judíos, eslavos y opositores políticos, sin importar la potencial utilidad  de millones de trabajadores para la economía de guerra del Reich, parece confirmar esta hipótesis. Sin embargo, en las últimas décadas los historiadores han llegado a pensar que el genocidio y los programas de trabajos forzados no se contraponen sino que se complementan.

En el caso del Holocausto, las determinaciones ideológicas para la guerra racial, eran decisivas pero aún así estaban sujetas a los compromisos prácticos que requerían las circunstancias. Por el contrario, en el caso de Sauckel, el programa de trabajo forzado era un compromiso con énfasis inverso donde las necesidades prácticas de mantener el trabajo productivo se imponía muchas veces sobre los planes genocidas del racismo.

A pesar de la retórica genocida de Himmler y las SS que eran los principales promotores del exterminio, se comprueba que las necesidades económicas no eran ajenas a los exterminadores. La práctica de la “Selektion” era invariablemente previa a cada masacre. Las poblaciones eran divididas entre quienes eran capaces de trabajar y quienes no eran capaces de hacerlo. De esto resultaba que las mujeres, los niños y los ancianos eran quienes eran asesinados en primer término, especialmente en 1942 cuando el genocidio alcanzó su punto más alto. Al enfrentarse con las grandes comunidades judías de Galitzia y Ucrania, los SS volvían una y otra vez para irse llevando a quienes consideraban ineptos para trabajar, en tanto que los demás eran concentrados en guetos para seguir explotándolos.

En el Warthegau, una región de Polonia anexada a Alemania, [xiv] se hicieron los primeros ensayos del genocidio. Ian Kershaw publicó un artículo en donde da cuenta de este fenómeno “experimental” (Improvised Genocide? The emergence of the ‘Final Solution’ in the ‘Warthegau’ ; published online por Cambridge University Pres; 12/2/2009). Quienes se consideraba como incapaces para trabajar eran los primeros en ser gaseados en Chelmno pero los que podían laborar eran concentrados en el gueto de Lodz que siguió siendo un centro de producción bélica hasta principios de 1944.

La enorme cantidad de productos agrícolas que la Wehrmacht extrajo de la Unión Soviética solamente puede evaluarse parcialmente a través de las cifras recopiladas por la Oficina de Estadística del Reich para los años 1941-42 y 1942-43. Según Götz H. Aly [xxxiii] las transferencias de alimentos hacia el Reich, en el periodo 1941-1943, alcanzaron a 4.373.339 toneladas de granos, 495.643 toneladas de carnes, 723.350 toneladas de aceites y margarina y 1.895.775 toneladas de papas. Por otra parte esas cifras no incluyen las enormes cantidades que las tropas requisaron sobre el terreno. Lo saqueado de la Unión Soviética, aumentaba las reservas de granos en un 10%, las de aceites y margarinas en un 60% y las de carne en un 12%. Al mismo tiempo estas “extracciones” permiten apreciar la tremenda hambruna que produjeron en los territorios ocupados.

La “Selektion” era el principio primordial de toda la operación. En la primavera de 1942, Goebbels consignaba en su diario que el 60% de los judíos no eran aptos para el trabajo y podían ser liquidados mientras que el 40% restante podía mantenerse trabajando. Los aptos para trabajar debían ser separados por sexo y sometidos al trabajo hasta la muerte.

Himmler, por su parte, tenía una concepción muy particular acerca de los trabajadores forzados o esclavos. Él se oponía a que los judíos trabajasen en manufacturas, en particular en las industrias bélicas. En cambio quería aplicarlos a obras faraónicas en el Este, formando largas columnas bajo la custodia de los SS.

Con la derrota en Stalingrado se disipó finalmente la perspectiva de grandes establecimientos alemanes en el Este y Himmler perdió interés en los trabajadores judíos. A esta altura, los únicos judíos sobrevivientes eran los que estaban trabajando en fábricas, concentrados en unos pocos grandes campos de trabajo y guetos (ejemplo la lista de Schindler) y Himmler insistió en que fueran liquidados en 1943.

La Selektion era sistemáticamente aplicada al llegar los trenes a Auschwitz [xv]. Una estimación que se considera reducida sostiene que 1.100.000 judíos fueron deportados directamente a Auschwitz entre 1941 y 1945. La Selektion era solamente un paréntesis previo a la eliminación: 900.000 de los que llegaron fueron gaseados de inmediato y 200.000 eludieron la cámara de gas, a veces por unos meses o incluso años, porque Auschwitz, a pesar de su importancia central en el exterminio nunca dejó de ser un campo de trabajos forzados.

Además de los 200.000 judíos preservados para trabajar, la Comandancia del campo se aseguró un flujo constante de presos no judíos (140.000 polacos, 20.000 gitanos de varios países, 10.000 prisioneros de guerra soviéticos y más de 10.000 presos de otras nacionalidades. En total, más de 400.000 personas fueron registradas en Auschwitz Stammlager (la mitad de ellos judíos).

Las condiciones de sobrevida eran espantosas, especialmente para los judíos, de modo que la mayoría murieron en pocos meses. Por añadidura, decenas de miles de internados eran trasladados a distintos subcampos del complejo en la medida en que se los necesitara [xvi]. La máxima capacidad de Auschwitz se alcanzó en el segundo semestre de 1943 (90.000 internados). En esos momentos entre el 50 y el 60% de ellos se les consideraba aptos para trabajar pero, como dijimos, nunca llegaron a ser empleados en las obras fantásticas que los nazis habían previsto en el Este.

Estos trabajadores forzados participaron en el proceso de germanización industrial de Silesia, entre otras cosas porque las fábricas instaladas allí estaban alejadas del alcance de los bombardeos británicos y estadounidenses que asolaban las ciudades e instalaciones en el Occidente y de los bombardeos estratégicos soviéticos que se concentraban en los objetivos militares e instalaciones ferroviarias, en todos los casos a partir de mediados de 1942.

Los presos construyeron la planta de IG Farben que funcionaba en Auschwitz III – Monowitz [xvii]. En 1942, los arquitectos de las SS habían proyectado un complejo fabril para explotar el trabajo esclavo en Auschwitz Birkenau con no menos de 600 edificios (la mitad de ellos estaban terminados al final de la guerra). Además, miles de presos trabajaron en un predio de 4.000 hectáreas que Himmler había concebido para ser un centro de investigación agronómica. Para sostener la economía del campo, los hombres de las SS operaban una serie de plantas industriales pequeñas: una planta de cemento, una cantera, un matadero, un tambo y una panadería.

Esta combinación de trabajo y destrucción alcanzó su punto máximo a mediados de 1944 cuando los judíos húngaros se convirtieron en la última gran comunidad en ser lanzada a la vorágine mortal. El exterminio funcionaba al máximo. Muchos judíos húngaros eran considerados como ineptos para el trabajo y asesinados mientras que, al mismo tiempo, decenas de miles de hombres y mujeres jóvenes eran seleccionados para su envío a las fábricas de armamento en Alemania.

Castigos corporales y destrucción mediante el trabajo

La incorporación de millones de trabajadores extranjeros condujo a la industria alemana a una búsqueda sistemática de respuestas para los nuevos problemas que se le planteaban por esa presencia. El racismo imperante, tanto de los jerarcas como de la población, hacía difícil establecer un programa racional acerca de cómo debía tratarse a los trabajadores extranjeros de las distintas categorías, qué sanciones debían aplicarse para obtener un mayor desempeño y hasta que punto los capataces y los patrones podían llegar para extraer el máximo desempeño de sus trabajadores extranjeros. La ideología nazi lanzó al régimen a una vorágine de perversión y crueldad hasta llegar al exterminio mediante el trabajo.

La cuestión de los castigos corporales era especialmente tocante para las patronales alemanas: ¿podían las empresas autorizar los castigos corporales de los trabajadores recalcitrantes? Sauckel insistía en que los castigos corporales eran una agresión que debería ser tratada como tal por la justicia. Él quería castigos institucionalizados. Los trabajadores extranjeros debían estar sujetos a la más estricta disciplina pero la responsabilidad recaía en la policía, los jueces y las SS, que podían hacer uso de los “campos de reeducación laboral” y los de concentración como herramientas idóneas.

Esos procedimientos demandaban mucho tiempo y el empleador corría el riesgo de perder al trabajador porque después de disciplinado no se lo devolvieran o porque nuriera en el proceso. Por eso, en muchos casos, parecía más eficiente arreglar las cosas directamente en el lugar de trabajo. La violencia física casual no era desconocida en la industria alemana, especialmente en el caso de la minería, donde el empleo de Ostarbeiters resultaba crítico.

Desde principios de 1941, la extracción de carbón y la carencia de mineros era una gran preocupación en el marco del esfuerzo bélico alemán y Sauckel prestaba especial atención para atender la demanda de personal de Paul Pleiger. [xviii] Pleiger y Sauckel habían llegado a la conclusión que los trabajadores debían estar razonablemente alimentados para mantener y elevar su rendimiento y por eso se unieron para reclamar del Ministerio de Alimentación un incremento en las raciones. Sin las calorías extra de proteinas y lípidos no era posible alcanzar la cantidad de carbón que se precisaba desesperadamente. Al mismo tiempo Pleiger promovía el uso sistemático de la fuerza coercitiva sobre los trabajadores.

En octubre de 1942, Pleiger presidió una reunión de gerentes de las minas del Ruhr en el lujoso hotel Kaiserhof en Essen. El tema central era el tratamiento que se debía aplicar a los rusos. Un resumen que levantó un representante de Krupp ha permitido conocer las prácticas brutales del programa de trabajadores extranjeros y también el miedo terrible que sentían los dirigentes de la industria alemana cuando contemplaban el deterioro de la situación militar del Reich. [xix]

Robert Ley [xx], borracho como de costumbre, le dijo a los industriales mineros que el carbón debía ser extraído a cualquier costo “si no es con ustedes – les dijo – será contra ustedes porque después de nosotros no habrá nada, Alemania será destruida (…) hemos quemado todos los puentes detrás nuestro y lo hemos hecho deliberadamente. Prácticamente hemos resuelto la cuestión judía en Alemania y eso solo es bastante impresionante. Con tanto en juego no hay lugar para la compasión[xxi].

Ningún grado de coerción era demasiado para Ley y esperaba que los gerentes respaldaran a sus capataces para imponer la disciplina necesaria. Cuando un cerdo ruso debe ser golpeado – dijo Ley – debería ser un trabajador alemán el que lo hiciera. Ustedes no lo harán y yo tampoco, agregó. Para asegurarse que los gerentes hubieran captado el mensaje, Pleiger les dijo que bajo tierra está oscuro y que Berlín estaba muy lejos. Claramente incitaban a que no se hiciera caso a las recomendaciones de Sauckel.

Al mismo tiempo que se desarrollaba esta reunión patronal en el Kaiserhof, la industria minera de Alta Silesia empezó a experimentar con un nuevo sistema en el que la comida sería el medio para disciplinar. Guenther Falkenhahn, el director general de una mina que abastecía a la IG Farben, desarrolló un sistema que denominó Leistungsernaehrung o “alimentación por desempeño”. Solamente los trabajadores que alcanzaran un adecuado desempeño promedio recibirían la ración normal. Los de bajo rendimiento sufrirían reducciones en sus raciones. Estas reducciones servirían, a su vez, como bonos para los que rendían más. El sistema no suponía mejoras en la alimentación sino la recompensa de los fuertes a costa de los débiles. El sistema fue adoptado en toda la región y en 1943, Albert Speer, el Ministro de Armamentos lo recomendó personalmente para los Ostarbeiter.

Sin embargo, la más extrema y tortuosa versión de este compromiso entre la ideología nazi y las necesidades prácticas del régimen en materia laboral se plasmó en la “destrucción mediante el trabajo” (Vernichtung durch Arbeit). Los campos de concentración de los SS, a diferencia de los campos de exterminio establecidos en 1942, tenían una población de internos que había sido empleada en proyectos industriales de la organización desde finales de la década de 1930. Desde 1942 en adelante, la SS se embarcó en una política deliberada de aumento de la población de los campos de concentración y la legitimación de estas instituciones por los servicios que ellas prestaban al esfuerzo bélico.

La repartición responsable fue la Oficina de Administración Económica a cargo de Oswald Pohl [xxii]. Se trataba de campos que no estaban específicamente dedicados a la Solución Final, los más destacados Mauthausen, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwad, Majdanek, Stutthof y Auschwitz. Bajo la supervisión de Pohl la población de esos campos se aumentó grandemente. Una parte importante de los presos eran judíos, hombres y mujeres que por una u otra razón habían sido apartados en la Selektion para no ser ejecutados de inmediato. La mayoría de los internados en los campos eran presos políticos de Alemania, prisioneros soviéticos que habían intentado escapar u Osterabeiter castigados por las SS.

El 23 de febrero de 1944, el Ministro de Armamentos Albert Speer, se dirigió personalmente al “querido camarada Himmler” para pedirle los mayores esfuerzos para proporcionar trabajadores de los campos de concentración para la industria armamentística. Himmler no se hizo de rogar. Para fines de 1944 se estima que los campos habían entregado 500.000 trabajadores (un 5% de la mano de obra industrial). 140.000 prisioneros fueron aplicados a la construcción de las gigantescas fábricas subterráneas que controlaban las SS (por ejemplo la terrible Mittelbau-Dora donde se fabricaban los misiles V-2, bajo las montañas del Harz). 130.000 fueron asignados a la Organización Todt (responsable de las construcciones en las regiones del Este) [xxiii] y 230.000 fueron alquilados a la industria privada.

En todos los casos el trabajo productivo iba acompañado por un régimen de malos tratos, jornadas agotadoras y alimentación insuficiente por lo que se registraba una mortalidad masiva. Esto sucedía a la vista de los administradores, capataces y trabajadores alemanes, así como por parte de la población civil que vivían en las proximidades de fábricas como la de BMW en Allach. [xxiv] Los alemanes no ignoraban las terribles condiciones a las que eran sometidos los trabajadores esclavos. Al respecto hay que leer un relato de Primo Levi, titulado Vanadio, incluido en su libro “El sistema periódico”. Levi trabajó como químico esclavo en la planta de producción de caucho sintético que montó en Buna la IG Farben.

Es imposible no considerar la lógica que presidía este empleo del trabajo esclavo. Mientras que el encarcelamiento de una cantidad cada vez mayor de trabajadores en mortíferos campos de concentración era claramente irracional desde el punto de vista laboral para la producción bélica, desde el punto de vista de los empresarios, los campos de concentración eran muy beneficiosos.

Aún en 1944, las SS seguían siendo capaces de suministrar trabajadores. Aunque los operarios duraban poco debido a la falta de alimentación y al maltrato, la SS parecía ser capaz de proporcionar un flujo permanente de nuevos prisioneros como reemplazo. La Selektion era fundamental; los supervisores de las SS recorrían las fábricas y retiraban a los operarios agotados o enfermos y los reemplazaban con nuevos prisioneros.

Este procedimiento de selección y reemplazo continuo era la clave del sistema de trabajo de los campos de concentración. No había una plantilla de trabajadores sino un flujo de trabajadores forzados. Los empresarios no debían hacer nada, los SS se encargaban de mantener el flujo. Sin perjuicio de esto, en algunos casos, los administradores de la industria trataban de mantener cierta estabilidad en la fuerza de trabajo, evitando perder trabajadores calificados (en Auschwitz, por ejemplo IG Farben negociaba con las SS para obtener refuerzos en la alimentación con el fin de emplearlos como estímulos para mejorar la productividad).

Por otra parte, en cuanto al los castigos físicos, los empresarios no cuestionaban el derecho de los SS de tratar a los presos como quisieran pero señalaron que cuando se necesitaba aplicar golpizas, preferían que fueran en el campo de concentración y no en la fábrica porque los azotes y apaleamientos eran escenas desagradables que desmoralizaban a los prisioneros.

La esencia de la vida concentracionaria, tal como se había desarrollado desde 1933, consistía en el establecimiento de un sistema de maltrato brutal y desnutrición, destinada a quebrar a los internados y en la mayoría de los casos a derivar en una agonía prolongada y una muerte lenta. En 1942 la mortalidad en los campos de concentración llegó a ser tan elevada que los administradores económicos de las SS se vieron impedidos de cumplir con las metas de aporte de población esclava que había fijado Himmler.

Si los presos de los campos de concentración debían servir como una importante reserva de fuerza de trabajo, la tasa de muertes debía ser rebajada y para eso se empezó a tomar algunas medidas. El personal médico de los campos fue instruido en el sentido de atender seriamente su responsabilidad sobre el mantenimiento de la productividad de los presos lo que requería que los enfermos fuesen atendidos. Desde fines de 1942 los administradores de las SS dispusieron un aumento en las raciones de los prisioneros y siguiendo las sugerencias de IG Farben, los castigos brutales se combinaron con bonos por comida o cigarrillos de modo de estimular la productividad. El resultado fue que la mortalidad descendió en 1943.

¿Cómo se beneficiaba del trabajo esclavo la industria alemana?

No es fácil determinar quien se benefició más con el bárbaro sistema del trabajo esclavo en el Tercer Reich. Según parece, en la industria manufacturera, la relación entre lo que costaba el trabajo de los presos (el pago del alquiler y los servicios de los SS) y la productividad promedio de los internados, resultaba muy favorable a los empresarios. En el caso de la construcción, donde se empleaba la mayor cantidad de trabajadores esclavos, esa relación no era tan fructífera para los patrones. En este último caso se dependía de la tasa de reemplazo de la fuerza de trabajo que estaba en manos de los SS. [xxv]

En materia de trabajo esclavo es muy difícil determinar las cifras de beneficio que obtuvieron las empresas. Si bien las guerras siempre son un gigantesco negocio para quienes fabrican las armas, los víveres o todo lo que se destruye en un conflicto, no hay claridad en esta materia porque hay que tener en cuenta que el Tercer Reich no solamente era el que proporcionaba los esclavos sino el cliente que adquiría lo que producían. Si bien los nazis tampoco tenían interés en que se enriquecieran los empresarios merced a precios artificiosamente inflados, lo cierto es que hay muy pocos casos en que haya cifras bien documentadas.

Uno de estos casos es el de la construcción de un túnel que conectó Austria con Eslovenia. Los costos fueron compilados minuciosamente por una empresa que empleó en la obra una fuerza de trabajo multinacional de 800 prisioneros del campo de concentración de Mauthausen. Esos guarismos muestran que la productividad de los presos era, en promedio, un 40% más baja que la de los trabajadores alemanes. Sin embargo, aún computando el costo total de la remuneración de los SS (que proporcionaron personal extra para vigilancia y seguridad, el reemplzo de los trabajadores agotados por el sobretrabajo y los bonos motivadores), la utilización de trabajadores esclavos del campo de concentración resultaba más beneficiosa que la de trabajadores alemanes. Sin embargo, al haber autorizado el empleo de trabajadores esclavos, el Reich imponía una rebaja del 3,515 % en el costo final del contrato.

Adam Tooze señala que la interacción entre los impulsos genocidas del régimen y la necesidad de racionalizar la explotación de la fuerza de trabajo de los prisioneros, fue alcanzando cierto equilibrio, tanto desde el punto de vista de los empresarios individuales como del de la economía de guerra en su conjunto. Lo que el británico llama “un proceso de aprendizaje” que empezó en 1940, se intensificó con la crisis militar y de fuerza de trabajo a partir del invierno 1941-1942 y terminó entre las ruinas del frente interno de Alemania en el otoño e invierno de 1944. Los nazis se lanzaron contra la URSS con furia exterminadora en junio de 1941 pero el fracaso en diciembre del mismo año les obligó a una cambio en las prioridades, de modo que en los tres años siguientes las contradicciones se fueron resolviendo en favor del esfuerzo en economía de guerra.

El Holocausto comenzó en junio de 1941, se aceleró en 1942 y para fines de 1943 se había completado, excepto por los judíos húngaros que fueron asesinados en 1944. En 1942 la intensificación simultánea del reclutamiento trabajadores extranjeros y la tensión no resuelta entre ideología y pragmatismo dio como resultado un caos y una confusión asesina que costó cientos de miles o millones de vidas entre los prisioneros de guerra soviéticos y los Ostarbeiter. En 1943 la situación había cambiado y el maltrato de los Ostarbeiter había decrecido aunque la mortalidad siguió siendo alta entre los prisioneros de guerra soviéticos. Sauckel, los empresarios y las SS habían llegado a un compromiso.

Lo que pasó en esos años en la industria alemana, desde el punto de vista de la productividad, puede verse en la situación de la planta principal de Krupp, la Gusstahlfabrik en Essen. En pocos meses, en el verano de 1942 Krupp se volvió un gran empleador de trabajadores extranjeros. En enero de 1942 había 2.861 y en un año esa cantidad se multiplicó más de nueve veces para llegar a 25.000 en la acería de Essen. En noviembre de 1942, los trabajadores franceses de la fábrica rendían entre un 15 y un 30% menos que los operarios alemanes. Los prisioneros de guerra franceses y las mujeres del Este se desempeñaban en forma similar. Por su parte los varones del Este rendían solamente un 57% y en el caso de los prisioneros de guerra soviéticos la cifra era aún más baja, 42%.

Si se toma en cuenta el impuesto que se debía pagar por trabajadores extranjeros y el costo de alojarlos y alimentarlos, está claro que eran mucho más costosos que los alemanes, lo que no quiere decir que emplear extranjeros no arrojara ganancias, pero el problema radicaba en que no había operarios alemanes que Krupp pudiera contratar, todos estaban enrolados en las fuerzas armadas. Con el tiempo la productividad de los franceses y de las mujeres del Este se elevó. Solamente el desempeño de los internados en campos de concentración y los prisioneros de guerra soviéticos seguía siendo la mitad del de los alemanes o menos.

Alimentos para la guerra y el Plan Hambre (Hungerplan)

De todas maneras, considerar solamente dos tendencias contradictorias en el Tercer Reich, la de la guerra racial y el exterminio de millones de seres, en particular el Holocausto y el asesinato sistemático de la población judía, por una parte, y la desesperante necesidad de fuerza de trabajo para mantener la producción armamentística y el funcionamiento de la economía (con el consiguiente traslado masivo de trabajadores extranjeros a Alemania, el uso de millones de trabajadores esclavos, particularmente presos políticos, prisioneros de guerra y una pequeña parte de la población judía que no fue exterminada para explotar su trabajo), no alcanza para explicar otra cuestión fundamental cual es el tema de los alimentos.

Tanto durante la Primera como durante la Segunda Guerra Mundial, Alemania había sido incapaz de producir suficientes alimentos para autoabastecerse. Con gran esfuerzo, los nazis consiguieron producir el 83 % de lo requerido pero las importaciones, especialmente de aceites vegetales y forrajes para el ganado, siguieron siendo necesarias para mantener bien alimentada a la población.

La dependencia de Alemania del comercio exterior hacía que el bloqueo marítimo por la flota británica tuviera un efecto inmediato sobre el curso de la guerra. Por otra parte, los requerimientos de la industria para la producción de municiones y explosivos conducía a una inevitable carencia de fertilizantes, desde que las sustancias químicas básicas eran las mismas que empleaba la agricultura.

Según Götz Aly, el Ministerio de Alimentación había empezado a prepararse para la guerra, ya en 1936, acumulando reservas de cereales, construyendo nuevos silos y grandes depósitos, mediante la promoción de subsidios e incentivos impositivos para que el sector privado emprendiese la acumulación de stocks. Goering consideraba estas medidas como una forma indirecta de rearme y fue quien promovió a Herbert Backe [xxvi].

En junio de 1939, Alemania tenía 5 millones y medio de toneladas de cereales en su reserva estratégica y esa cifra se mantenía igual un año después. Sin embargo, en junio de 1941, las reservas se habían reducido a dos millones de toneladas y a mediados de 1942 quedaban apenas 670.000. Las medidas drásticas que se adoptaron, cuando Backe reemplazó a Darré como ministro de alimentación, consiguieron elevar esas reservas a 1.200.000 toneladas en 1943 y a 1.700.000 en 1944. Ya veremos a que costo.

Si solamente se analiza por un lado el Holocausto y por otro el trabajo esclavo o el forzado, se estaría omitiendo el abordaje de un factor económico independiente que actuó como imperativo para el asesinato masivo de millones de personas. Se trata del Plan Hambre (el Hungerplan).

A diferencia de lo que había pasado en 1914, el Ministerio de Alimentación estableció un complejo sistema de racionamiento en los primeros momentos de la movilización. Aún antes del ataque a Polonia se distribuyeron cartillas que racionaban el pan. Aly dice que Simone Beauvoir escribió el 28 de agosto de 1939 que nadie empieza una guerra racionando el pan pero se equivocaba al pensar que se trataba de una muestra de debilidad. La planificación del suministro de alimentos a la población alemana, para asegurar de que esta no sufriera desabastecimiento, había empezado muy tempranamente.

A principios de 1939, Backe y sus colaboradores habían tomado medidas para reducir la producción de carne y huevos al mínimo tolerable para la población alemana porque consideraban que sus costos eran excesivos (producir un kilo de carne les demandaba unos cinco kilos de forraje). En un comienzo las asignaciones generosas para otros tipos de alimentos se combinaban con castigos drásticos para quienes se involucraban en el mercado negro y con controles de precios rigurosos.

La población alemana veía este racionamiento como justo ya que daba preferencia a ciertas categorías de la población: las mujeres embarazadas, las que amamantaban y a quienes hacían trabajos físicos exigentes. El sistema también tenía en cuenta los hábitos alimenticios en las distintas regiones de Alemania.

A pesar del racionamiento y los cambios introducidos en los hábitos alimenticios, se produjo la crisis alimenticia pero la escasez y sus consecuencias fueron sistemáticamente trasladadas  la población de los países ocupados. La hambruna se extendió a Polonia, Grecia y especialmente a la Unión Soviética. En los hospitales psiquiátricos, los guetos, los campos de concentración y los campos de prisioneros de guerra las muertes por hambre fueron arrasadoras.

Si solamente se analiza por un lado el Holocausto y por otro el trabajo esclavo o el forzado, se estaría omitiendo el abordaje de un factor económico independiente que actuó como imperativo para el asesinato masivo de millones de personas. Se trata del Plan Hambre (el Hungerplan).

En enero de 1941, cuando ya se habían puesto en marcha los preparativos militares para la invasión a la Unión Soviética, el Reichsführer SS, Heinrich Himmler, le manifestó a los generales de las SS (los Gruppenführer) reunidos en el castillo de Wewelsburg [xxvii] que el objetivo de la guerra era reducir la población eslava en 30 millones de personas de modo de expandir el Tercer Reich hasta los Montes Urales.

La elaboración del que sería conocido como Plan Hambre corrió a cargo de Herbert Backe [xxviii] (secretario de Estado del Ministerio de Agricultura y hombre de confianza del ministro Walther Darré [xxix], principal ideólogo nazi del campesinado y amigo de Reinhard Heydrich de las SS. Su objetivo era apoderarse de los productos alimenticios de la Unión Soviética para abastecer al ejército y a la población civil de Alemania, al mismo tiempo que se proponía matar de hambre a unos treinta millones de ciudadanos soviéticos. Para alcanzar esta cifra las ciudades soviéticas, una vez conquistadas, serían rodeadas por barreras y muros para que la población no recibiera ningún alimento [xxx].

El plan tuvo el apoyo entusiasta de Hitler y los otros líderes nazis como Goering y Himmler, porque prevenía un problema alimentario que ya se avizoraba en Alemania. El desabastecimiento era algo que obsesionaba a Hitler porque sostenía que la desnutrición y el hambre habían sido claves para explicar la caída del apoyo al esfuerzo bélico durante la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, el exterminio de la raza inferior, los eslavos, contribuía a derrotar al “bolchevismo judío” y a crear el espacio vital en el Este.

El Alto Mando Alemán dio su apoyo entusiasta porque le permitiría alimentar a los tres millones de hombres que había desplegado para invadir y ocupar la Unión Soviética, así como a los 600.000 caballos empleados para el transporte de pertrechos y armas, sin tener que preocuparse de la población civil ni de los prisioneros de guerra soviéticos, a los que se dejaría morir de hambre.

El general Georg Thomas [xxxi], jefe del Departamento de Economía de Guerra y Armamento del OKW, se reunió con los secretarios de Estado de los ministerios implicados y todos ellos concluyeron que “no hay duda de que millones de personas morirán de hambre si sacamos del país aquello que necesitemos”. Como han señalado varios historiadores, mucho antes del ataque a la URSS, la Wehrmacht se convirtió en un cómplice activo y entusiasta de una guerra genocida de aniquilamiento.

Este política de exterminio masivo se transformó en una orientación para las acciones militares meses antes de que las SS formularan los planes concretos para el exterminio de la población judía de Europa. La política alimenticia atravesaba la contradicción entre economía e ideología, entre la necesidad de mano de obra y la determinación genocida. De este modo la alimentación, en otras palabras los alimentos se transformaron en un incentivo económico para proponerse un asesinato masivo aún más grande que el Holocausto. Pero además los problemas del suministro de alimentos estaba en la base misma de la crisis del programa de trabajo extranjero en 1942.

Fue por las restricciones alimenticias deliberadas que los prisioneros de guerra soviéticos, los internos de los campos de concentración y los Ostarbeiter murieron en tan elevada proporción aunque, como ya vimos, se suponía que se los había traído a Alemania con el fin de participar en la industria. Precisamente, debido a la mejora en el suministro de raciones a estos trabajadores, que se produjo después de otoño de 1942, es que se consiguió cierta estabilización de la situación y un incremento en la productividad industrial [xxxii].

El coherente sistema de la muerte por hambre

Cuando se coloca al Plan Hambre, a los efectos del análisis, junto al impulso ideológico hacia el asesinato masivo y las necesidades prácticas de la economía de guerra, “muchas de las contradicciones que parecen caracterizar la política de los nazis – dice Tooze – sobre todo en 1942, deja al descubierto un sistema coherente y pavoroso”.

Porque fue la crisis que se desató en el plan militar alemán en el invierno 1941-1942 cuando se quebró la ofensiva de la Wehrmacht ante Moscú la que frustró el objetivo de Herbert Backe que pretendía hacer una reestructuración total de la disponibilidad de alimentos en el Este y, al mismo tiempo, confirmó uno de los temores que el planificador del Plan Hambre había previsto en 1941, en el sentido de que si la guerra se prolongaba en forma indefinida Alemania enfrentaría un severo problema alimenticio.

La cosecha de granos en Alemania, tanto en 1940 como en 1941, había sido mala y las importaciones provenientes de los países ocupados no habían cubierto el déficit. Por falta de raciones, las piaras alemanas de cerdos habían sufrido una disminución del 25% desde el comienzo de la guerra, lo cual ya había provocado una disminución en las raciones de carne en junio de 1941. Las raciones de panificados se habían mantenido a costa de echar mano a las reservas de granos que para fines de 1941 estaban casi agotadas.

Cuando Goering dio la orden, en noviembre de 1941, de enviar prisioneros de guerra soviéticos a Alemania para trabajar, Backe protestó vigorosamente porque los 400.000 prisioneros que ya estaban en Alemania eran más que los que se podían alimentar. Goering había dicho que los Ostarbeiter podían ser alimentados con carne de gato y de caballo y Backe informó que no había suficientes gatos para dar raciones a los trabajadores del Este y que la carne de caballo ya se estaba utilizando para completar las raciones de carne a la población alemana.

En diciembre de 1941 las raciones de los trabajadores del Este ya eran completamente inadecuadas para quienes hicieran cualquier trabajo pesado. Semanalmente se daban 16,5 kilos de nabos, 2,6 kilos de pan (hechos con barrido de remolacha, pajas, hojas), 3 kilos de papas, 250 gramos de carne de caballo o piltrafas, 130 gramos de grasas y 150 gramos de levadura, 70 gramos de azúcar y 2,3 litros de leche descremada.

La pésima calidad del pan causaba problemas digestivos y desnutrición crónica. Los vegetales debían ser cocinados por horas antes de poder comerlos y por lo tanto perdían sus propiedades nutritivas. Aunque la dieta era relativamente alta en carbohidratos, con un aporte estimado en 2.500 calorías, carecía de las proteinas y los lípidos necesarios para el trabajo pesado. Además, en la gran mayoría de los campos estas “raciones oficiales” no eran entregadas a los prisioneros.

La Wehrmacht, que compartía con Backe la autoría del Plan Hambre, no esgrimía contra estas raciones la “lógica antieconómica” del antisemitismo sino la “lógica estrictamente material” y despiadada de dicho plan. Los militares manifestaban que los conceptos de trabajo normal, trabajo pesado y trabajo extraordinariamente pesado debían verse desde el punto de vista objetivo ( independientemente de consideraciones raciales), como una asignación de calorías para el esfuerzo muscular. Es ilusorio creer – decían – que se puede obtener el mismo desempeño de 200 individuos inadecuadamente alimentados que de 100 trabajadores bien alimentados. Los 100 trabajadores bien alimentados producirán mucho más y su utilización será más racional porque las raciones mínimas apenas sirven para mantener con vida a los sujetos lo que desde el punto de vista de la economía bélica es pura pérdida, incrementada por los costos de transporte y administración.

El problema era conseguir el equilibrio más eficiente entre calorías y esfuerzo muscular, comida y productividad. En tal sentido no poder alimentar a millones de trabajadores extranjeros no solamente no agregaría nada a la fuerza de trabajo necesaria sino que al mantener personas en estado vegetativo se agregaban “comedores inútiles” (unnuetze Esser) por lo que era mucho mejor volver a la lógica puramente genocida del Plan Hambre y concentrar las raciones disponibles en un número más reducido de trabajadores productivos. Lo que no se podía hacer era mantener vivos a los trabajadores extranjeros.

Backe se encontraba en una posición muy difícil. Hitler pedía más trabajadores extranjeros para reemplazar a los alemanes enrolados en las fuerzas armadas. Sauckel estaba dedicado a conseguirlos por toda Europa. Sauckel y el Führer exijían que esos trabajadores fueran alimentados para que fueran productivos. Teniendo en cuenta el magro stock de granos y alimentos, Backe no podía satisfacer esa demanda por lo que se hacía necesaria una disminución del consumo y no víveres adicionales para millones de trabajadores.

La magnitud de la crisis se hizo patente para la población alemana en abril de 1942 cuando el Ministerio de Alimentación anunció reducción en las raciones. Los nazis tenían un gran temor a que esas reducciones afectaran el frente interno y toda su política se dirigió siempre a preservar, en la medida de lo posible, a la población alemana de las penurias de la guerra. La Wehrmacht se había anticipado reduciendo las raciones de la tropa combatiente. Cuando se anunció la reducción a los civiles, los temores de la cúpula nazi acerca del descontento de a población se confirmaron. Los informes del Sicherheitdienst (SD, el servicio de inteligencia) daban cuenta de un descontento generalizado, mayor que el de cualquier otro acontecimiento hasta el momento.

Por otra parte, los técnicos nutricionistas habían advertido que el racionamiento establecido desde el principio de la guerra había tenido un serio impacto sobre la masa corporal de la población. La tendencia de los operarios fabriles a incrementar su peso corporal en la mediana edad se había revertido y esto alarmaba porque ulteriores reducciones de la alimentación podían afectar el desempeño, por ejemplo en labores de alta exigencia física como la minería.

Por otra parte, la población alemana reclamaba que si debía sufrir reducción en sus alimentos, dicha reducción debía ser aún mayor para los trabajadores extranjeros. Backe respondió a esas exigencias lo mejor que pudo: introdujo una categoría de raciones más suculentas para los Ostarbeiter encargados de trabajos pesados pero al mismo tiempo redujo las raciones de los trabajadores normales, aplicando en forma extensiva el principio de “alimentación por rendimiento”. De todos modos aún las mayores raciones de los Ostarbeiter estaban sensiblemente por debajo de las de la población alemana. Además se impidió el acceso de los trabajadores del Este a los alimentos más codiciados, por ejemplo los huevos.

La crisis alimentaria de 1942 produjo una reestructura en las altas esferas del Tercer Reich y esto es esencial para comprender la historia de la economía de guerra nazi. Frecuentemente se alude a la sustitución de Sauckel por el tecnócrata Albert Speer al frente del Servicio Alemán del Trabajo lo que suele encubrir un cambio mucho más significativo. Hitler pasó a retiro al Ministro Walther Darré y ascendió a Backe a ese puesto. La medida clave del nuevo ministro fue el retorno a la aplicación despiadada del Plan Hambre. El ejemplo más brutal de estas acciones se registró en Polonia, en Francia y en Ucrania.

En Polonia fue donde el Plan Hambre se desarrolló en forma estrechamente vinculada con el programa de genocidio racial. En 1942, todos los envíos de alimentos desde Alemania para la Wehrmacht cesaron por completo. Las tropas alemanas debían alimentarse exclusivamente con los recursos de las regiones ocupadas sin tener en cuenta para nada las necesidades de la población local. Grupos enteros fueron excluídos de los suministros de alimentos, particularmente la población judía.

A partir de la ocupación, en 1939, las regiones más fértiles de Polonia habían sido anexadas a Alemania y el resto del país estaba sometido a una especie de virreinato, el llamado Gobierno General que era deficitario desde el punto de vista agrícola. El resultado fue una desnutrición y hambruna generalizada especialmente mortífera en los guetos en que se hacinaba la población judía. Backe forzó al Gobierno General a aportar grandes partidas de alimentos al Reich. En las semanas críticas entre mayo y agosto de 1942, cuando el asesinato de los judíos polacos alcanzó su mayor intensidad, Backe y Himmler presionaban al Gobierno General para reducir el consumo de alimentos en su territorio. Backe planteaba que los judíos debían ser completamente excluídos de la cadena alimenticia.

El 23 de junio de 1942, un par de meses antes de la cosecha, Backe planteó sus exigencias a sus colegas del Gobierno General y cuando estos plantearon que les resultaría imposible reunir las cantidades de granos exigidas, el flamante ministro les dijo que en Polonia había 3 millones y medio de judíos que serían eliminados por lo que habría cereales suficientes para alimentar a Alemania.

Por su parte, Himmler después de visitar Auschwitz en julio de 1942 y determinar que ese campo sería el centro para el exterminio de los judíos de Europa Occidental, produjo una serie de órdenes a Globocnik y Krüeger para que todos los judíos de Polonia que no fueran necesarios para trabajar fueran eliminados antes de fin de año. Además produjo una serie de órdenes relativas a la cosecha. La recolección de grano en el Gobierno General debía efectuarse en forma despiadada. Durante todo el mes de agosto, Varsovia debía ser totalmente aislada del campo. Los campesinos que no cumplieran con su cuota de grano debían ser fusilados en el acto.

El 4 de octubre de 1942, con el Plan Hambre operando a pleno sobre los prisioneros de guerra soviéticos, sobre la población judía y sobre las ciudades ocupadas o cercadas en la URSS, Herman Goering dio uno de sus discursos dominicales en el Palacio de los Deportes de Berlín para marcar el fin de la cosecha. En esa oportunidad aseguró que las fuerzas armadas se estaban alimentando enteramente de los territorios ocupados. También anunció un aumento en las raciones de la población alemana y una distribución especial de alimentos y bienes para la próxima Navidad.

Goering dijo que el Reich había incorporado enormes extensiones de tierra fértil en el Este y que allí había cantidades inimaginables de trigo, carne, huevos y manteca. Los informes posteriores sobre los efectos de los anuncios sobre la población fueron notables. Se decía que Goering había hablado al corazón y al estómago del pueblo y que la confianza en un triunfo final se había elevado. En general, las palabras del Reichsführer, tendían a plantar la idea de que “lo peor ya había pasado” y que los ciudadanos no debían preocuparse por la situación militar (hay que recordar que en esos momentos los alemanes peleaban metro a metro en las ruinas de Stalingrado y que pronto resultarían cercados hasta su derrota final en enero).

La enorme cantidad de productos agrícolas que la Wehrmacht extrajo de la Unión Soviética solamente puede evaluarse parcialmente a través de las cifras recopiladas por la Oficina de Estadística del Reich para los años 1941-42 y 1942-43. Según Götz H. Aly [xxxiii] las transferencias de alimentos hacia el Reich, en el periodo 1941-1943, alcanzaron a 4.373.339 toneladas de granos, 495.643 toneladas de carnes, 723.350 toneladas de aceites y margarina y 1.895.775 toneladas de papas. Por otra parte esas cifras no incluyen las enormes cantidades que las tropas requisaron sobre el terreno. Lo saqueado de la Unión Soviética, aumentaba las reservas de granos en un 10%, las de aceites y margarinas en un 60% y las de carne en un 12%. Al mismo tiempo estas “extracciones” permiten apreciar la tremenda hambruna que produjeron en los territorios ocupados.

A principios de 1940, los asesores científicos de Backe, Emil Woermann y Georg Blum, elaboraron una tabla de conversión para el uso del Ministerio de Alimentación del Reich, que establecía la relación entre la cantidad de energía derivada de los distintos tipos de nutrientes, con el objeto de calcular las raciones en tiempos de guerra. La tabla utilizaba las Unidades de Granos (UG). Una UG equivale a 100 kilos de granos y cantidades varias de otros alimentos. Para mantener viva a una persona se necesita un mínimo de 2,5 UG por año. [xxxiv]

El valor nutricional de las transferencias de alimentos de la Unión Soviética a Alemania durante el periodo 1941-1943 (Según la Oficina de Estadística del Reich) alcanzó a 71.815.752 UG para la Wehrmacht y a 34.452.510 UG para el frente interno. Esto significa que aproximadamente 21.200.000 ciudadanos soviéticos sufrieron la supresión de su alimentación.

Por ahora es imposible determinar cuantas de las muertes que sufrió la población civil de URSS se debieron al Plan Hambre. Distintas estimaciones indican que el total de dichas bajas civiles se ubicaría entre 14 y 17 millones de personas y no es aventurado pensar que la mayoría de esas muertes se produjeron por el hambre inducida por los nazis. Esta terrible mortandad también sería responsable de una parte de los 8 millones y medio de militares de la URSS que perecieron durante la guerra.

Por el Lic. Fernando Britos V.

 

[i]Tres obras constituyen el marco del presente artículo al tiempo que proporcionan los elementos sustanciales de su contenido. En orden cronológico de su publicación se trata de:

        * Aly, Götz Haydar (2006) Hitler’s Beneficiaries. Plunder, Racial War and the Nazi Welfare State; Henry Holt and Company, Nueva York. (la primera edición en alemán data de 2005).

        * Tooze, Adam (2006) The Wages of Destruction. The Making and Breaking of the Nazi Economy. Penguin Books, Nueva York.

        * Kershaw, Ian (2015) The Nazi Dictatorship. Problems and Perspectives of Interpretation.Bloomsbury, Londres.

[ii]Ninguno de lo que damos en denominar los tres factores se originó con el nazismo; tenían antecedentes pero Hitler y los suyos los sintetizaron y los ejecutaron en una forma que no se había proyectado antes sobre Europa y el mundo. El racismo genocida se remonta a la Edad Media, no solamente como antisemitismo sino con manifestaciones de violencia genocida que desarrollaron los caballeros teutónicos en las cruzadas bálticas (S. XIII) y las cruzadas del Sacro Imperio Romano Germánico contra los hussitas (S. XV), entre otras. La “raza aria” y otras especulaciones pseudocientíficas del siglo XIX (desde Max Müller y otros) fueron potenciadas por los nazis. Según ellos, eran arios los germánicos, los nórdicos, los iraníes, e incluso los tibetanos, es decir, la mayoría de pueblos indoeuropeos, con excepción de los eslavos y los judíos. El trabajo forzado y la esclavitud no solamente tenía los antecedentes del mundo antiguo, cuyas formas eran admiradas por nazis y fascistas, sino en las formas de hiperexplotación del trabajo de los primeros periodos de la Revolución Industrial y en las empresas colonialistas de los europeos en África y Asia, sin excepción. El hambre y los problemas de producción y distribución de alimentos siempre fue un gran problema en la Europa preindustrial (en el S. XIV por ejemplo o en Inglaterra donde se dice que se produjeron 95 hambrunas durante la Edad Media). Alemania sufrió hambrunas que promovieron levantamientos populares en los últimos años de la Primera Guerra Mundial. Los nazis y la casta militar tenían claro que el rearme y el mantenimiento del apoyo popular se apoyaba en un abastecimiento de alimentos a la población del Reich. Después, particularmente desde fines de 1940, el hambre se transformó en un método de muerte masiva que cobró muchas más víctimas que los campos de exterminio.

[iii]  Según Adam Tooze en  The Wages of Destruction, pp. 515, en los periodos más críticos de la Primera Guerra Mundial, las mujeres alemanas habían llegado a ser el 45,35 de la fuerza de trabajo en Alemania.                                                                                                                                                                                                                    

[iv]   El discurso de la Guerra Total fue pronunciado por Joseph Goebbels en el Palacio de los Deportes de Berlín, el 18 de febrero de 1943, ante una audiencia numerosa. Era la primera vez que los dirigentes nazis admitían públicamente que el Tercer Reich enfrentaba grandes peligros, que había que continuar la guerra con el mayor brío y que se preveía un camino largo y difícil. Sobre el estrado del acto se desplegaba un enorme cartel que decía “Totaler Krieg = Kürzester Krieg”, es decir: Guerra Total = Guerra Más Corta. Goebbels lanzó la campaña de movilización bajo el lema “Que estalle la tormenta”, afirmó que ningún alemán estaba pensando en compromiso alguno y que “toda la nación solo está pensando en una guerra dura”. Se trataba de contrarrestar los informes en el extranjero que sostenían que los civiles alemanes habían perdido la fe en la victoria. Usando uno de sus recursos Goebbels cerró el discurso haciendo al público una serie de preguntas como: ¿Crees con el Führer y con nosotros en la victoria final total del pueblo alemán? ¿Están dispuestos a trabajar, si el Führer lo ordena, 10, 12 y si es necesario 14 horas al día y dar todo por la victoria? ¿Quieres guerra total? Si es necesario, ¿quieres una guerra más total y radical que cualquier cosa que podamos imaginar hoy?

[v]Fritz Sauckel (1894 -1946) fue Gauleiter de Turingia desde 1927 y el Plenipotenciario General para la Movilización Laboral, que se hizo cargo de reclutar la mano de obra extranjera para Alemania, desde 1942 hasta 1945. Fue juzgado en Núremberg y condenado a muerte por encontrársele culpable de crímenes contra la paz (violación de 34 tratados internacionales y emprendimiento de guerras de agresión);  por crímenes de guerra ( había ordenado o tolerado asesinatos colectivos y torturas, deportado a millones de personas y organizado el pillaje económico) y por crímenes contra la humanidad (persecusión de numerosas minorías y exterminio de colectividades enteras). Fue ejecutado en la horca en la prisión de Núremberg en las primeras horas del 16 de octubre de 1946. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas, junto con las del resto de los ejecutados ese día, dispersadas en el río Isar para que ninguna sepultura se convirtiera en centro nostálgico de sus adeptos.

[vi]Götz Aly desarrolla minuciosamente los procedimientos que instrumentaron los nazis para pagar los salarios de los trabajadores extranjeros. Procedieron de tal manera, especialmente en Francia, Bélgica y Holanda, que los sueldos de los operarios contratados eran pagados con parte de las leoninas compensaciones que el Tercer Reich impuso a los países ocupados y además se acreditaban en monedas de dichos países que habían sido artificialmente devaluadas.

[vii]Erhard Milch (1892 – 1972) fue un oficial de la Luftwaffe, que alcanzó el grado de Mariscal de Campo. Fue uno de oficiales superiores que gestionó el desarrollo de la aviación militar, como parte del plan de rearme de la Alemania nazi. En 1943 se jactó de que el 80% de los operarios que trabajaban en la producción de los Stuka Ju-87 eran rusos. En mayo de 1945 fue capturado y sometido a juicio en Núremberg, se le encontró culpable de crímenes de lesa humanidad y fue condenado a cadena perpetua pero en 1954 fue liberado en el marco de la política leniente de Adenauer en la RFA y vivió apaciblemente en Düsseldorf hasta su muerte en 1972.

[viii]        Con el pago de 4.400 millones de euros a 1.660.000 de sobrevivientes, Alemania cerró una deuda global de 67.000 millones de euros por los crímenes cometidos durante el Tercer Reich en el año 2007. Para muchos la compensación llega demasiado tarde. “Seguro que es una indemnización tardía, pero más vale tarde que        nunca”, señaló Noah Flug, superviviente de los campos de concentración de Auschwitz, Mauthausen y Lodz. Los sobrevivientes provenientes de          distintas regiones del mundo, como Kiev, Tel Aviv o Los Angeles, recibieron en su momento compensaciones                de entre 5.000 y 15.000 marcos alemanes. El presidente alemán Horst Köhler y la canciller Angela Merkel coincidieron en que el dinero no puede compensar el dolor infligido, pero es un reconocimiento moral de la responsabilidad sobre millones de víctimas. Así culminó un proceso abierto en 1998, cuando el entonces canciller Gerhard Schröder, convocó a la industria alemana a sumarse al pago de indemnizaciones. “Muchos alemanes sacaron provecho voluntaria o involuntariamente del trabajo de esos esclavos”, dijo Köhler, quien recordó que no se trató de una práctica aislada de algunos consorcios o empresas, sino extendida a todo el entramado industrial alemán. Hay que recordar que IG Farben se las arregló para eludir las compensaciones.

[ix]Trabajos forzados (“Zwangsarbeit”) – Los trabajos forzados durante el Tercer Reich se refieren a la captación y explotación de más de doce millones de prisioneros en campos de concentración, prisioneros de guerra y trabajadores civiles en Alemania. El trabajo forzado también se implantó en guetos, campos de reeducación laboral y otro tipo de campos diseminados por toda la Europa ocupada que afectaron aproximadamente a 20 millones de personas. Trabajadores extranjeros (“Fremdarbeiter”) – Este era el término que se utilizaba comunmente para designar a los trabajadores esclavos en la Alemania nazi que ocultaba la naturaleza compulsiva del trabajo. Algunos trabajadores extranjeros que fueron voluntariamente a Alemania buscando una mejora económica o para evitar la desocupación, más adelante no se les permitió dejar su puesto ni volver al país de orígen. Durante los años de la RFA se introdujo el término “ trabajadores invitados” (“Gastarbeiter”) para distinguir a los invitados de los que habían sido compulsivamente explotados por los nazis. No alemanes (“Fremdvölkische”) – Era el término utilizado para quienes no eran de origen germánico y por lo tanto no eran considerados como parte de la comunidad aria. Todos los extranjeros que no provenían de países considerados germánicos (como Holanda o los escandinavos) eran denominados no alemanes. Los eslavos eran considerados particularmente inferiores y en lo más bajo de la jerarquía racial estaban los judíos, los gitanos y los negros. Estos eran considerados “fremdvölkisch” aunque fueran alemanes. Trabajadores esclavos (“Sklavenarbeiter”) – Este es un término moderno aplicado a trabajadores completamente privados de derechos, especialmente los internados en campos de concentración. Aunque el término se utilizó en los Juicios de Núremberg para cualquiera que hubiera sido obligado a trabajar en el Tercer Reich, durante las compensaciones sobre las que se debatió en la década de 1990, se aplicó unicamente a los prisioneros de los campos de concentración que habían sido forzados por las SS a trabajar en empresas públicas o privadas y habían sido super explotados (“exterminio por el trabajo” que veremos más adelante). Trabajadores civiles (“Zivilarbiter”) – Este es el término actual que se utiliza para referirse a quienes no eran presos de campos de concentración ni prisioneros de guerra. En el verano de 1944 llegaron a ser 5.700.000. Trabajaban en empresas privadas, dependencias gubernamentales, granjas y establecimentos familiares que también les daban alojamiento, manutención y les vigilaban. Los prisioneros de guerra, en cambio, estaban bajo el control de la Wehrmacht y los presos de los campos de concentración bajo las SS. Trabajadores del Este (“Ostarbeiter”) – Esta es la denominación que utilizaban  los nazis para los trabajadores civiles provenientes de los territorios ocupados de la Unión Soviética. En los primeros meses el reclutamiento fue voluntario pero bajo Sauckel se emprendió una deportación forzada de 2.100.000 hombres y mujeres. Los Trabajadores del Este debían usar un brazalete OST y eran alojados en campamentos especiales y sometidos a un trato mucho peor que los de otros países.

[x]El Vereinigte Stahlwerke AG (VSt o Vestag, Acerías Unidas) era un poderoso conglomerado industrial alemán que producía carbón, hierro y acero, cuya sede central se encontraba en Düsseldorf. Durante muchos años fue el mayor productor europeo de acero. Sin embargo, en 1932 a causa de la crisis mundial gran parte de la empresa fue nacionalizada por la República de Weimar para evitar su quiebra (el gobierno de entonces pagó 99 millones de RM por acciones que valían 25 millones de RM). La empresa dirigida por nazis como Thyssen y otros derechistas apoyó al nacionalsocialismo con medio millón de RM en la campaña electoral de 1932. En 1936 Hitler dispuso la reprivatización de las acciones y el conglomerado arrojó una ganancia neta de 33 millones de RM. Fue uno de los grandes proveedores de material y municiones para el aparato bélico del Tercer Reich. A partir de 1943/44 las fábricas del grupo en el Occidente de Alemania fueron muy bombardeadas por los aliados y el conglomerado fue desmantelado. A partir de 1951, las siete empresas que quedaron en la RFA, resurgieron como Hörder Bergwerks und Hütten Verein, August Thyssen-Hütte AG y Bochumer Verein. En 1999 la empresa de Thyssen se fusionó con su otrora colega Krupp para transformarse en el más gigantesco conglomerado multinacional del acero y la maquinaria que controla actualmente, en todo el mundo, la producción de barcos, aviones, ascensores, automotores y vehículos espaciales. Todas las empresas originales, especialmente Thyssen y Krupp usaron especialmente el trabajo esclavo, en muchos casos de prisioneros de Auschwitz y otros campos de exterminio. Después de la guerra los principales capos recibieron condenas ridículas por sus crímenes y desde la década de los cincuenta siguieron a la cabeza de las empresas.

[xi]Adam Tooze (2006), obra citada, pp. 521.

[xii]  Einsatzgruppen (en alemán: grupos de despliegue). El nombre era un eufemismo para estos escuadrones de la muerte integrados por miembros de las SS, de las Sicherheitspolizei (Sipo; policía de seguridad) y la Ordnungspolizei (Orpo; policía de orden). Actuaron en Polonia y la Unión Soviética. Originalmente fueron creados antes de la Segunda Guerra Mundial para la ocupación de los Sudetes y Austria y tenían órdenes de confiscar documentos y archivos gubernamentales, identificar y arrestar a opositores políticos, judíos, masones, comunistas, sindicalistas, líderes religiosos. En setiembre de 1939 se formaron siete destacamentos (con 4.250 hombres) bajo la dirección de Reinhard Heydrich. En diciembre de 1939 esas unidades ya habían asesinado a 50.000 polacos, incluyendo a 7.000 judíos. Durante la invasión a la URSS, cuatro Einsatzgruppen (cada uno de 500 a 1.000 hombres) seguían a los ejércitos y cumplían en la retaguardia “tareas especiales” que consistían en la ejecución de los funcionarios del Partido Comunista, los oficiales del ejército soviético, los comisarios políticos y los judíos. Se estima que de estos últimos asesinaron a un millón y medio en operaciones de gran y pequeña escala.

[xiii]   El 20 de enero de 1942 se llevó a cabo la conferenia secreta de Wannsee (un suburbio de Berlín junto al lago de ese nombre) que convocó a los funcionarios gubernamentales del Tercer Reich y a los jerarcas de las SS. La conferencia fue dirigida por el SS-Obergruppenführer y jefe de la Oficina Central de Seguridad, Reinhard Heydrich, con el propósito de organizar la implementación de la llamada Solución Final por la que los judíos de la Europa ocupada por los nazis serían deportados a Polonia y asesinados. Heydrich expuso el plan por el que los judíos europeos serían detenidos y enviados a los campos de exterminio, donde serían asesinados. Aunque la conferencia era secreta, una copia del Protocolo con las actas de la reunión distribuidas sobrevivió a la guerra. Fue encontrada en marzo de 1947 entre archivos que habían sido incautados del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se utilizó como prueba en los juicios de Núremberg.

[xiv]  El Warthegau, con su capital Poznan era la mayor de las tres regiones de Polonia occidental anexadas al Reich después de la derrota en 1939. Jugó un papel primordial en el desarrollo de la “Solución Final”. Las primeras deportaciones de judíos tuvieron lugar desde el Warthegau y el primer gran gueto fue establecido en Lodz.  En el otoño de 1941 los primeros judíos alemanes fueron deportados hacia allí. La posibilidad de liquidar a los judíos del gueto ya había sido explicitada, por primera vez, en el verano de 1941, por parte de los dirigentes nazis de la región. Las primeras unidades móviles de gaseamiento fueron desplegadas en el Warthegau en los últimos meses de 1941 y el asesinato masivo de judíos empezó en Chelmno a principios de diciembre de ese año.

[xv]Según Primo Levi “en menos de 10 minutos todos los que eramos hombres útiles estuvimos reunidos en un grupo. Lo que fue de los demás, de las mujeres, de los niños, de los viejos, no pudimos saberlo…casi nadie pudo despedirse de ellos. Los vimos… en el extremo del andén…desaparecieron así en un instante..”.

[xvi]   El complejo Auschwitz (cuya denominación oficial era “Konzentrationslager Auschwitz”) estaba formado por diversos campos de concentración y exterminio: comprendía Auschwitz I — campo original —, Auschwitz II-Birkenau — campo de concentración y exterminio —, Auschwitz III – Monowitz. En la entrada a Auschwitz I colgaba un cartel con el lema Arbeit macht frei (“El trabajo libera”). Allí los SS recibían y seleccionaban a los deportados. El complejo funcionó desde su inauguración, el 20 de mayo de 1940, hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético.

[xvii]  IG Farbenindustrie AG (versión corta de Interessen-Gemeinschaft Farbenindustrie AG, “grupo de empresas de la industria colorante”, fue un conglomerado alemán de industrias químicas. Fue fundado el 25 de diciembre de 1925 como una fusión de las compañías BASF, Bayer, Hoechst, Agfa y otras que habían trabajado juntas desde la Primera Guerra Mundial. Al principio producían anilinas pero rápidamente desarrollaron un monopolio de productos químicos. IG Farben produjo el Zyklon B que se usó en las cámaras de gas, caucho y naftas sintéticas, entre otros productos esenciales para las fuerzas armadas alemanas. El conglomerado fue disuelto después de la Segunda Guerra Mundial, por decisión de los Aliados, debido al trabajo esclavo que utilizó. A principios de 1941, el conglomerado decidió erigir una tercera planta dedicada al caucho y la nafta sintética y eligió el sitio en Silesia. Lo hizo no solamente por las condiciones geológicas y geográficas (cercanía a un río, al ferrocarril, a minas de carbón y sal, etc.) sino por la posibilidad de disponer de trabajadores esclavos del campo de concentración. IG Farben compró las tierras a precio de chaucha (los propietarios polacos habían sido expulsados sin compensación) y las casas de los judíos fueron requisadas para vivienda de los funcionarios del complejo traídos de Alemania. Las autoridades de la empresa contrataron con el comandante de Auschwitz el arriendo de prisioneros por 3 o 4 RM por día para los trabajos de construcción. El director de IG Farben Otto Ambros, en una carta a sus colegas les decía “nuestra nueva amistad con las SS es muy fructífera”. Debido a la severidad de los crímenes de guerra cometidos por IG Farben durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados consideraron que la empresa estaba demasiado corrompida como para permitirle seguir existiendo, y durante los Juicios de Núremberg ordenaron desmembrar el consorcio. Sin embargo, en 1951, la RFA dividió la empresa en sus empresas originales constituyentes. Las cuatro más grandes, BASF, Bayer, Hoechst y Agfa compraron rápidamente a las más pequeñas. IG Farben nunca se disolvió y se mantuvo gracias a sus posesiones en inmuebles. En 2001 IG Farben anunció que terminaría de ser liquidada en 2003. La empresa no se ha terminado de liquidar en la actualidad y mantiene juicios pendientes con sus antiguos trabajadores esclavos, que exigen ser compensados. Todo indica que esperan la muerte de todos los demandantes que reclaman reparaciones. De los 24 directivos de IG Farben acusados en Núremberg (1947-1948), 13 fueron sentenciados a entre uno y ocho años de prisión. Algunos de esos acusados se convirtieron directivos de las compañías de posguerra, incluyendo a los que fueron sentenciados. Las principales empresas sucesoras de IG Farben en la actualidad y Pelikan (que además suministraba la tinta con la que se tatuaba a los prisioneros), heredaron el total de las propiedades de IG Farben, pero no así las responsabilidades penales.

[xviii]  Paul Pleiger (1899 – 1985) fue un empresario muy importante en la economía del Tercer Reich. En 1937, Goering le transfirió a Pleiger la gerencia de la industria minera de carbón y hierro Reichswerke AG für Erzbergbau und Eisenhütten «Hermann Göring». En 1941 Pleiger fue nombrado Comisionado del Reich para el Suministro de Carbón y al año siguiente se le designó como Comisionado del Reich para toda la Economía del Este. En los juicios de Núremberg (Juicio de los Ministerios) fue condenado a 15 años de prisión pero a los dos años fue liberado y se dedicó a su empresa que se expandió no solamente en Alemania sino a Corea del Sur y a los Estados Unidos.

[xix]¿Qué pasaba en octubre en los frentes? – En el frente germano-soviético, la Wehrmacht había alcanzado el Volga el 24 de agosto pero en el mes de octubre a pesar de empeñar la totalidad de los recursos del 6º Ejército y del 4º Ejército Panzer y prácticamente todos los recursos de la Luftwaffe no habían podido tomar la ciudad por la que se libraban ataques y contraataques, casa por casa. El 15 de octubre las tropas de Von Paulus habían conseguido llegar a orillas del Volga en el medio de la ciudad, partiendo en dos a las fuerzas de Chuikov pero ambas partes no cedían terreno. Durante el mes de octubre, llegaron los fríos del invierno y con ellos las enfermedades en ambos bandos: tifus y disentería. Los alemanes habían notado movimientos en sus flancos y preveían una contraofensiva (el 19 de noviembre el Ejército Rojo cerró el cerco sobre los nazis que quedaron encerrados en las ruinas de Stalingrado; el final es conocido). En el Norte de África, los alemanes se enfrentaban con los británicos en una serie de batallas fluctuantes desarrolladas en Libia. Precisamente en octubre de 1942 se produjo la segunda batalla de El Alamein en la que el Afrika Korps y los italianos comandados por Rommel sufrieron una derrota decisiva y fue perseguido por cientos de kilómetros hasta Túnez (a principios de noviembre se produciría el desembarco angloestadounidense en Marruecos y Argelia). 

[xx]Robert Ley ( 1890 – 1945) fue un militar, piloto, doctor en filosofía, Gobernador Político y Líder del Reich. Fue Jefe de Organización del partido nazi desde 1932 hasta 1945. Cuando en 1933 se creó el Frente Alemán del Trabajo (DAF), Ley fue nombrado máximo dirigente de la organización cuyo objetivo era aumentar la productividad y hacer propaganda de la “Nueva Alemania”. Fue responsable del proyecto Kraft durch Freude que, con la colaboración del SS, Bodo Lafferentz (promotor del Volkswagen y proyectos balísticos), promovió viajes turísticos muy baratos, cruceros, eventos deportivos y culturales para los trabajadores alemanes, así como la construcción de un gran complejo vacacional. Promovió pensiones para los trabajadores ancianos y otros tantos beneficios, también fue responsable de la supresión de los sindicatos y la confiscación de sus bienes. Ley dijo en un discurso en 1938 lo siguiente: “Sobre esta tierra yo creo únicamente en Hitler. Creo en un Supremo Dios que me creó y que me guía y creo firmemente que este Supremo Dios nos envió a Hitler”. Al finalizar la guerra Robert Ley huyó pero fue capturado el 16 de mayo de 1945. En agosto fue encausado en los juicios de Núremberg y acusado de crímenes de guerra, pero se suicidó antes de ser juzgado ahorcándose con una toalla húmeda atada a la cisterna del baño.

[xxi]Citado por Adam Tooze, Ob. Cit.

[xxii]Oswald Pohl (1892 – 1951) fue un militar y líder nazi, miembro destacado de la SS en donde alcanzó el rango de Obergruppenführer (general). Fue condenado en los juicios de Núremberg y ejecutado por crímenes contra la humanidad.

[xxiii] La Organización Todt creada en 1933 se encargó durante la guerra de construir carreteras, puentas y estructuras defensivas (zanjas antitanque, búnkeres, etc.). Sus fundamentos eran el principio nazi de la superioridad racial de los alemanes. Himmler lo expresó claramente en octubre de 1943, en una alocución que produjo en Paris refiriéndose a la mano de obra extranjera, especialmente de los pueblos eslavos:  “Lo que le ocurra a un ruso o a un checo no me interesa lo más mínimo (…) que las naciones vivan en prosperidad o mueran de hambre sólo me importa en la medida en que nosotros las necesitemos como esclavas de nuestra cultura; si no es así no me interesan en absoluto. Si 10.000 mujeres soviéticas caen agotadas al cavar una fosa antitanque, el hecho sólo me importa en cuanto la fosa antitanque ha sido terminada para uso de Alemania”.

[xxiv] La planta de motores de aviones BMW en Allach, en las afueras de Munich, incluía los campamentos residenciales de BMW y el subcampamento Dachau-Allach. Dentro del “campamento residencial BMW Karlsfeld” (capacidad aproximada de 3.500 residentes) se encontraba el “campo penitenciario de las SS y la policía Dachau rama Allach” (capacidad aproximada de 1.000 prisioneros). El “Würmlager” (aprox. 150 residentes), el “BMW-Wohnlager Ludwigsfeld” (aprox. 1.500 residentes) y el campo de concentración (hasta 6.500 prisioneros). El campo de prisioneros de guerra rusos en Dachauer Straße estaba listo a mediados de 1942 (en septiembre de 1944 había 608 prisioneros de guerra soviéticos). La planta de producción a gran escala con tres salas de montaje y 92 bancos de prueba de motores estaba operativa. La producción del motor 801 era esencial para los aviones caza de la Luftwaffe. En enero de 1943 se estaba construyendo una hilera de edificios para pruebas y producción de cohetes al sur de las instalaciones de la fábrica. En 1942, BMW solicitó 7.057 trabajadores calificados para la planta de Allach al Ministerio del Aire del Reich (RLM), pero solo se asignó poco menos de la mitad. El bombardeo nocturno británico del 9 de marzo de 1943 obligó a reubicar la producción de motores. La destrucción total de la planta de Milbertshofen solo podría compensarse reubicando la producción en Allach. A pesar de la subcontratación de la producción y el aumento de los daños causados a los proveedores, en 1943 se entregaron 8.758 motores. Se aumentó la plantilla de 39.400 a 50.300 operarios. A fines de 1943, la proporción de extranjeros en la planta de Allach había aumentado al 56%. Con el aumento de los ataques aéreos aliados en Munich, BMW se vio obligada a proteger la producción mediante la “reubicación subterránea”. En abril de 1943 se inició un extenso trabajo de construcción de búnkeres en las instalaciones de la fábrica de Allach, en el que se utilizaron principalmente prisioneros judíos de los campos de concentración a partir de julio de 1944.

[xxv] Entre los trabajos de construcción se incluían las canteras. La más conocida es la del campo de concentración de Mauthausen, en Austria. Esta cantera de granito había sido una de las más importantes del país pero en 1938 estaba abandonada. Su existencia fue la razón principal para instalar el campo. La decisión se tomó en marzo de 1938; los primeros detenidos llegaron en agosto. Hasta 1942 fue el principal sitio de trabajo de Mauthausen. Miles de hombres subieron estos escalones todos los días, zu fünf, (cinco en cada fila) con un bloque de granito sobre sus espaldas. Así se erigieron los muros del campo. La monumental escalera de la muerte, muy empinada y con 186 escalones estrechos, tuvo como función principal el agotamiento de los prisioneros, según la declaración de uno de los acusados en el juicio de Mauthausen (Dachau, 1946). Los asesinatos en la escalera ocurrían a diario, cuando los hombres eran empujados al vacío, obligados a tirarse, o caían agotados y arrastraban a muchos. Era un espectáculo macabro que el historiador Michel Fabréguet describió como un matadero humano.

[xxvi] Ya veremos más de Backe y su papel como creador del Plan Hambre. Herbert Backe, fue un funcionario de alto rango en la burocracia nazi que desempeñó un papel clave en la planificación y organización del saqueo de la Unión Soviética, un tipo como Eichmann. : fanático, pero eficiente. Decía : dado que orientamos toda nuestra industria alimentaria desde el principio para alimentar al pueblo alemán esencialmente desde el suelo alemán en un conflicto bélico, todas las medidas desde 1934 deben considerarse como medidas para la guerra total. Herbert Backe era un alemán de Rusia, nacido en Batumi en el Cáucaso en 1896, hijo de una comerciante y un teniente prusiano. Vivió su niñez y juventud sabiendo que pertenecía a una clase privilegiada y dominante. El historiador de Rostock Joachim Lehmann se ha ocupado de la biografía de Herbert Backe: Esta aversión por los eslavos y otros pueblos, a quienes consideraba de segunda clase o incluso inferiores, se intensificó durante su tiempo como internado civil en Rusia a partir de 1914. Como ciudadano prusiano en Rusia, Backe fue arrestado inmediatamente al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Al joven de 18 años, buen estudiante, lo sacan de la escuela antes de graduarse de secundaria. Llegó a Alemania en 1919 y estudió agricultura en Göttingen donde se graduó con las más altas calificaciones. Se unió a las SA en la década de 1920 y se convirtió en miembro activo del partido nazi a principios de la década de 1930. Los documentos disponibles lo muestran como un agitador muy activo, líder de los nazis en Göttingen, más tarde Gauleiter del Gau de Hannover-Sur. Ludolf Haase, siempre lo calificó como un partidario absolutamente comprometido con las ideas racistas. 

[xxvii] Entre 1939 y 1943 los prisioneros de los campos de concentración de Sachsenhausen y Niederhagen realizaron trabajos de rehabilitación del castillo medioeval de Wewelsburg, en Renania. Según los planes de Himmler, el castillo debía ser el “centro del nuevo mundo” (Zentrum der neuen Welt) después de la victoria final. Concretamente la torre norte se iba a convertir en ese centro y se construyó la Sala de los Generales y una cripta para conmemorar a los muertos de las SS. Allí se celebraban una serie de ceremonias ocultistas (según las leyendas del Grial, la esvástica y el Sol Negro) y las reuniones de los líderes de las SS que se llevaban a cabo varias veces al año. En 1938, Himmler ordenó que todos los anillos de la calavera (en alemán, Totenkopfringe) de los miembros de las SS fueran conservados en el castillo al morir sus portadores. 

[xxviii]Herbert Backe (1896 – 1947) fue un político y agrónomo nazi integrado en los cuadros técnicos y profesionales de la SS donde alcanzó el grado de general. Backe elaboró el denominado Hungerplan, el proyecto económico genocida para acelerar la explotación de las tierras rusas y ucranianas para alimentar a la población alemana y a las tropas de la Wehrmacht, privando de comida a los habitantes de los territorios ocupados para que murieran de hambre. Backe siguió en su puesto durante toda la guerra y huyó de Berlín antes que el Ejército Rojo rodeara la capital. Al conocer que el almirante Dönitz había sido encargado por Hitler de la jefatura del Estado, huyó a Flensburg y participó en el efímero gobierno allí instalado como Ministro de Agricultura y Bosques. Cuando Dönitz y sus colaboradores fueron arrestados por los británicos, Backe fue encarcelado y sometido al Proceso de los Ministros como criminal de guerra. Antes que empezara el juicio se suicidó en su celda, ahorcándose con una toalla el 6 de abril de 1947. 

[xxix] Ricardo Walther Óscar Darré (Buenos Aires 1895 – Munich 1953) fue un militar y general de las SS (argentino nacionalizado alemán) y uno  de los principales ideólogos nazis del Blut und Boden (Sangre y Suelo) . Fue Ministro de Alimentación y Agricultura desde 1933 a 1942 y se dice que renunció por haber discutido una orden de Hitler para reducir aún más las raciones en los campos de concentración. Darré había creado durante la República de Weimar un programa político agrario para reclutar a granjeros para el nazismo. Se basó en tres puntos principales: 1) explotar el malestar en el campo como arma contra el gobierno de la ciudad; 2) ganarse a los campesinos como partidarios del nazismo; 3) ganar distritos electorales de campesinos que pudieran ser utilizados como colonos para desplazar a los eslavos en las conquistas futuras en el Este. Darré no solamente fue el Reichsminister de Alimentación y Agricultura, sino también director de la Oficina de la Raza y Reasentamiento de las SS (Rasse und Siedlungshauptamt o RuSHA), y Reichsbauernführer (líder de los campesinos). Habló con los grandes terratenientes para que estos cedieran algo de sus propiedades para crear nuevas granjas y promovió el Erbhofgesetz, que reformó las leyes de herencia, para prevenir la división de granjas en unidades más pequeñas. Desde la Oficina de la Raza y el Reasentamiento desarrolló un plan para el Rasse und Raum (Raza y Territorio) que sustentó la política expansiva  y genocida de los nazis. Darré influenció fuertemente sobre Himmler para impulsar una aristocracia racial alemana basada en la eugenesia (crianza selectiva). En 1945 fue arrestado y juzgado en Núremberg, entre 1947 y 1949, donde la sacó baratísima porque fue absuelto de los cargos más serios (genocidio y crímenes de lesa humanidad), aunque fue condenado a siete años de prisión. Cumplió un año y fue excarcelado en 1950. Murió en setiembre de 1953, víctima de cirrosis provocada por su alcoholismo.

[xxx] El caso más terrible y documentado fue el sitio de Leningrado donde por años más de 3.000 personas por dia murieron de hambre pese a los enormes esfuerzos hechos para abastecer a la ciudad sitiada. El asedio comenzó el 8 de setiembre de 1941, cuando alemanes y finandeses cercaron la ciudad. Aunque las fuerzas soviéticas lograron abrir un estrecho corredor terrestre a la ciudad el 18 de enero de 1943, no consiguieron levantar el asedio hasta el 27   de enero de 1944, 872 días después de que comenzara. El bloqueo se convirtió en uno de los más largos y destructivos de la historia. Ha sido clasificado como un genocidio debido al hambre sistemática y la destrucción intencional de la población civil de la ciudad. Miles de familias murieron de frío y hambre en sus hogares. La falta de alimentos llevó a la población a alimentarse de palomas, gatos, cuervos y ratas; también hubo actos de antropofagia y compraventa de cadáveres. La ciudad estuvo a punto de perecer de no ser por un corredor que se estableció a través del helado lago Ládoga, por donde llegaba una mínima ayuda a los sitiados. Los muertos hasta ser liberada la ciudad alcanzaron la cifra extraoficial de 1.200.000 personas. A finales de octubre de 1941, el mariscal alemán von Leeb, en cumplimiento de las órdenes del Alto Mando alemán dio órdenes a sus unidades de artillería para que impidiera que la población escapara de la ciudad. De esa forma procuraron que los habitantes de Leningrado murieran de hambre. Según la Orden Secreta n.º 2737, “había que detener dichas tentativas por la fuerza de las armas, si era necesario. Es obligación de la artillería resolver tal situación y hacerlo lo más lejos posible de nuestra líneas; preferentemente, abriendo fuego sobre los civiles al principio de su salida de la ciudad para que la infantería no tenga que abrir fuego por sí misma contra los civiles”. Estas operaciones llevaron al comando a reflexionar sobre si disparar contra civiles desarmados conduciría a la “pérdida del equilibrio interior”. Los oficiales superiores también estaban preocupados por la compasión “falsa” que podría afectar las cualidades de lucha de sus hombres. Las fuerzas bajo el mando de Leeb mataron gitanos, entregaron a otros a las unidades del Sicherhetsdienst (SD) y participaron en el asesinato de personas con discapacidad mental. En diciembre de 1941, con el consentimiento expreso del comandante del 18º Ejército, von Küchler, el personal del SD fusiló a 240 pacientes de un centro psiquiátrico. Según Zhukov, “antes de la guerra, Leningrado tenía una población de 3.103.000ː 3.385.000 contando los suburbios. Se evacuaron hasta 1.743.129, incluidos 414.148 niños” entre el 29 de junio de 1941 y el 31 de marzo de 1943. La cifra oficial de muertes que se dio en los juicios de Núremberg fue de 642.000 civiles, la mayoría de frío y hambre. Otras fuentes, como la Enciclopedia Militar Rusa aumentan la cifra, al incluir la evacuación, a un millón de civiles. La mayoría de los historiadores occidentales, creen que el número de muertos por hambre y frío durante todo el asedio superó el millón, y que varios cientos de miles más murieron por los bombardeos. En contraste, los Estados Unidos y Gran Bretaña sufrieron en conjunto menos de 800.000 muertos durante toda la Segunda Guerra Mundial.

[xxxi]  El General de Infantería Georg Thomas (1890-1946) fue Intendente General y jefe de logística del Ejército Alemán durante la Segunda Guerra Mundial, y de la Oficina de Economía de Guerra y Armamento del Alto Mando de las Fuerzas Armadas (OKW). Thomas tenía responsabilidades adicionales hacia Hermann Goering, el Plenipotenciario del Plan Cuadrienal, como coordinador de la política económica en territorio soviético. También fue miembro de la Resistencia Alemana y participó en el complot del 20 de julio para matar a Adolf Hitler, aunque de esto último poco se sabe y más bien parece una especie exculpación para sus actos criminales. A finales de 1941, envió los planes de explotación económica de los territorios conquistados a Goering, quien los envió a Hitler el 26 de febrero de 1942. Thomas, con el consentimiento de Hitler, fue nombrado coordinador de Goering para la política económica en territorio soviético. Otros especialistas en economía fueron juzgados y condenados en el caso de los Ministerios, porque la planificación de una guerra agresiva es un crimen contra la paz. Thomas estaba siendo investigado en el momento de su muerte, y es de suponer que podría haber sido juzgado y condenado.

[xxxii]  Matar de hambre a los prisioneros de guerra soviéticos fue el resultado de planes deliberados. El 1º de febrero de 1942, 2 millones de los 3.300.000 prisioneros soviéticos (el 60%) había muerto de hambre en los campos o en tránsito. Se estima que un promedio de 10.000 prisioneros por día morían de hambre. Por el contrario, durante la Primera Guerra Mundial, la población alemana sufrió desabastecimiento de alimentos pero solamente un 5,4% de 1.400.000 prisioneros de guerra rusos murieron en los campos de detención alemanes.

[xxxiii]   Aly, Götz Haydar (2006) Hitler’s Beneficiaries. Plunder, Racial War and the Nazi Welfare State. Holt Paperback, Nueva York; pp. 176 y ss.

[xxxiv] Estas tablas se utilizan en la actualidad para la distribución de ayuda humanitaria en zonas de catástrofe.

 

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