Se llama «EN SU ZENIT»

Tiembla el temor en su corazón.
Consume su nariz vencida por amor.
Corre así reclamándote, reprochándose.

Retumba al vacío «¡maldito hoy el día en que te conocí para qué lo intenté!. Nadie devuelve una respuesta.

Se pierde, huye. Nunca más se encuentra.
Es tan surreal como su amor.

Quema su alegría con bastante sed.
Mezcla su lengua en arenas secas.
Busca sus huellas, milagro en eterna espera.

Repite al vacío, ¡Amor sigo aquí, curándome, perdiéndome!.

Cierra sus ojos. Siente tristeza y escucha su respiración.
Bajo la cúpula del olvido duerme en paz con su dolor.

Seco el pulso en la noche oscura sabe que no hay mejor muerte más feliz que el sueño que no para de soñar.

Por Andrés Legnani

 

 

  

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