Promotores de los agujeros negros

El fogoneado proyecto de una isla artificial en Punta Gorda para hacer un exclusivo refugio para supermillonarios ha sido rechazado por los especialistas de la Intendencia Municipal de Montevideo. La propia Intendente Carolina Cosse ha calificado la propuesta de unos misteriosos inversores extranjeros como un agujero negro para la capital del país. En el mismo sentido se ha pronunciado la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU).

Sin embargo, este agujero negro tiene sus promotores; públicamente tres arquitectos desconocidos (que a confesión de parte son una jubilada, un arquitecto dedicado a temas de arquitectura legal y una integrante de una empresa inmobiliaria) firmaron una nota dirigida al Presidente de la República apoyando el proyecto que los “inversores” publicitan como MVD360.

LA  ISLA  FALSA – Los partidarios de la isla utilizando falacias, juegos de palabras y argumentos más viejos que el agujero del mate: es un tema político de oposición al gobierno, es contra la riqueza, se pretende impedir la inversión privada que traerá trabajo y fortuna a todo el país, que vengan los ricos del mundo a derramar su riqueza en Uruguay, etc. etc.

Lo que corresponde, para profundizar más allá de los argumentos pretendidamente urbanísticos, del discurso pituco y neoliberal, de los espejitos de colores, vamos a empezar por resumir los argumentos en contra de la isla advertidos por una arquitecta técnicamente idónea y magíster en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, Alicia Artigas. Reproduciremos las partes esenciales de un artículo titulado “La isla falsa” que publicó en La Diaria el pasado 31 de mayo al que se puede acceder en: https://ladiaria.com.uy › columnista › alicia-artigas

“Hace unos días se publicó en la prensa el Proyecto MVD360. Una isla artificial en el Río de la Plata, frente a Punta Gorda. Es un proyecto inmobiliario con puerto deportivo presentado como iniciativa privada por Jirkel S.A., una empresa radicada en Miami. Las noticias dicen que la iniciativa fue aprobada por el presidente de la República y el ministro de Transporte y Obras Públicas. En los gráficos del proyecto se aprecia una isla circular, unida por un puente de cinco cuadras a las rocas de Punta Gorda. En una de las mitades están dibujados más de 25 edificios, de entre 20 y 30 niveles – más o menos como los más altos del Montevideo WTC – y, entre ellos, otros edificios más bajos. En la otra mitad se dibuja un puerto con muelles para embarcaciones deportivas”.

“El folleto, aparentemente destinado a potenciales “inversores”, asegura una rentabilidad asombrosa. Un inversor puede tener una rentabilidad por 10 con el proyecto aprobado y por 18 cuando esté construido. La inversión prevista es de 2.300 millones de dólares en 15 años, incluyendo dos millones de inversión inmobiliaria”.

Alicia Artigas advierte que se señalan problemas falsos y consiguientemente soluciones falsas en la descripción del “problema” que este proyecto apunta a resolver. Uno es “la falta de infraestructura para obras de construcción y deportes náuticos”. La Administración Nacional de Puertos (ANP) tiene planes para el sistema de puertos uruguayo. Si fuera necesario un nuevo puerto deportivo, ¿el mejor lugar sería en medio del río, en una isla artificial?

El segundo problema que plantea el texto es que, “debido a la expansión demográfica en la costa, la ciudad ha sido segmentada haciendo el frente marítimo caro y limitado”. Nuevamente, hay un supuesto problema debido a una expansión demográfica. Es falso: Uruguay no crece en población y Montevideo decrece. El tercer asunto es que “no ha habido inversión en espacios públicos en la ciudad desde 1950”. Para verificar la falsedad, basta con leer un poco de historia de Montevideo, o haber vivido en Uruguay durante los últimos 20 o 30 años.

Fernando Britos V.

“La solución a estos asuntos de dudosa veracidad es una isla artificial frente a Punta Gorda, tal como anuncia el texto: “Construir el terreno necesario para residencia y desarrollos corporativos e infraestructuras náuticas”. Un conjunto de problemas imaginarios se resuelve con la solución más fantasiosa: construir tierra en el mar en Uruguay, cuya costa sur tiene 500 kilómetros”.

“El área de la isla del folleto es de 36 hectáreas. Para tener una idea de esa superficie, todo el triángulo de Punta Gorda, al sur de Coimbra, tiene más o menos 15 hectáreas. Todo el cementerio del Buceo cuenta con aproximadamente la misma superficie. O sea, imaginen que cortamos el cementerio del Buceo y el triángulo de Punta Gorda, le agregamos un puerto y los largamos juntos al mar a modo de balsa de tierra”.

“El desarrollo inmobiliario que se construiría sobre esta isla es de 700.000 metros cuadrados, en 5.500 unidades. Si estimamos que en cada unidad hubiera una familia o grupo de dos a cuatro habitantes, tendríamos entre 12.000 y 20.000 personas. Para visualizar la cantidad de población de la isla, 12.000 habitantes son los que viven en Paso de los Toros, y 20.000 en la ciudad de Dolores. Estas personas pasarían por un puente cada mañana para ir al trabajo o irían a trabajar allí. En cualquier caso, no parece la solución más lógica construir una ciudad en medio del mar habiendo tierra firme para personas que no sabemos de dónde van a venir”.

Presumiblemente, señalamos nosotros, los que van a venir serán ricos extranjeros que, probablemente ni siquiera deban “salir a trabajar”. El destino de los futuros isleños es crear un refugio para los ricos y famosos a quienes no les satisfacen las cercas y garitas de un barrio privado, quieren poner agua de por medio y tener su yate amarrado al pie del edificio.

“La planificación vigente de la ciudad de Montevideo no tiene previsto crecer hacia el río, ni las proyecciones demográficas muestran un crecimiento de población que lo fundamenten. No existe tal presión demográfica en una ciudad que no crece, en un país que no crece. No somos Japón: la densidad de población no es tan relevante como para ganar tierra al mar. No somos Dubái: no hay príncipes petroleros en nuestro país que quieran una isla en forma de palmera”.

Sobre el impacto de la isla falsa sobre la ciudad – dice Alicia Artigas – la rambla de Montevideo es patrimonio de la ciudad y de todos los uruguayos. “Una ciudad que tiene un inmenso espacio público, un extraordinario paisaje cuyos habitantes y visitantes disfrutan y valoran no soportaría la instalación de 30 torres de 35 pisos en el horizonte. El impacto en el ambiente es inimaginable durante la construcción y durante el funcionamiento. ¿Qué pasaría con las corrientes del río? ¿Cómo se resolverán los depósitos de limo y arrastre de las corrientes?”.

“Seguramente los vecinos de Montevideo, y en particular los vecinos del municipio E, que verán modificado sustancialmente su paisaje cotidiano, el tránsito y probablemente la naturaleza del río en esa zona, tendrán algo que opinar a la hora de la puesta de manifiesto y consulta pública del proyecto. ¿Cuál sería el impacto en el barrio del tránsito de personas, el traslado de insumos, bienes y servicios a través del puente que se conectaría con la rambla?”.

“Más allá de la verosimilitud de la construcción de una isla artificial en un país sin crecimiento de población, en un paisaje privilegiado que se vería agredido, el modelo que propone el proyecto es una ciudad segregada. Una isla donde algunos tendrán vistas privilegiadas, disfrutando los servicios de la ciudad, aunque bien alejados de sus problemas. Los verdaderos problemas de Montevideo son, entre otros, la segregación socioterritorial, la exclusión, la falta de infraestructura de saneamiento o drenaje pluvial de muchos barrios que tienen necesidades reales. Una isla no va a mejorar el saneamiento de Montevideo, ni la fractura que sufre nuestra sociedad, ni la violencia, ni la pobreza infantil”.

La Resolución 831, del 9 de mayo, firmada por el presidente y el ministro de Transporte y Obras Públicas, expresa que “la referida Iniciativa Privada tiene por objeto el diseño, construcción y desarrollo de un emprendimiento por inversión privada consistente en una nueva área ganada al mar frente a la costa de Montevideo en la zona de Punta Gorda, donde tendrán asiento un puerto deportivo, emprendimientos inmobiliarios y zonas para uso público de esparcimiento y recreación”. Agrega que “el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, […] al análisis de la propuesta presentada, manifiesta que la misma resulta de sumo interés para la Administración ya que contribuirá a la jerarquización de la ciudad en general y de la rambla montevideana en particular, así como amplía la oferta portuaria de la ciudad conectándola aún más con la región”.

La Ley 17.555 es de 2002, una ley para la reactivación económica de la industria de la construcción promulgada en plena crisis, habilita a “recibir iniciativas relativas a actividades susceptibles de ser ejecutadas directamente por los Organismos referidos o de ser concesionadas de acuerdo con las normas constitucionales y legales vigentes…”. Sin embargo, la ley no obliga a aceptar las iniciativas. Con el interés del Poder Ejecutivo, se acepta un proyecto que nadie necesita, que sería beneficiado por las amplias exoneraciones que la ley le da, y cuyas consecuencias luego pagaría toda la población. Quizá si un grupo de adolescentes va de camping al Este, a dedo y sin dinero, tenga como máxima “de arriba, un rayo”. Un gobierno no se debería manejar de esta forma. Cuando te cae un rayo, no es nada bueno.

Hasta aquí lo planteado por la especialista Arq. Artigas. La segregación de semejante emprendimiento, en desmedro del resto de la ciudad, es uno de los factores que llevan a calificarla como un agujero negro. Todos los enclaves, los recintos exclusivos, los barrios privados, no pueden eludir el espíritu del apartheid y la discriminación. Sin embargo, hay otro aspecto que hasta ahora no hemos visto que haya sido puesto encima de la mesa. Por eso retomaremos el tema de “el agujero negro” desde el punto de vista económico financiero.

AGUJEROS NEGROS Y LAVADEROS DESIERTOS – En su conocido ensayo titulado “Agujeros Negros y Pequeños Universos”, el sabio Stephen Hawking (1942-2018) dice que la caída en un agujero negro se ha convertido en uno de los horrores de la ciencia ficción pero destaca que, de hecho, los agujeros negros son realmente materia de la ciencia más que de la ciencia ficción.

Las observaciones – dice Hawking – apuntan inequívocamente a la presencia de cierto número de agujeros negros en nuestra propia galaxia y de más en otras. “Cuando verdaderamente trabajan de firme los escritores de ciencia ficción es a la hora de narrar lo que sucede al que cae en un agujero negro. Una afirmación corriente es la de que, si el agujero negro gira, uno puede precipitarse por un pequeño orificio en el espacio-tiempo y salir a otra región del universo. Esto suscita obviamente grandes posibilidades para el viaje espacial”. El hecho de que nada pueda viajar a mayor velocidad que la de la luz (300.000 kms. por segundo) significa que el viaje de ida y vuelta a la estrella más próxima exigiría por menos ocho años. “¡Demasiado para pasar un fin de semana en Alfa Centauro!”.

Stephen Hawking-  En su conocido ensayo titulado “Agujeros Negros y Pequeños Universos”, el sabio Stephen Hawking (1942-2018) dice que la caída en un agujero negro se ha convertido en uno de los horrores de la ciencia ficción pero destaca que, de hecho, los agujeros negros son realmente materia de la ciencia más que de la ciencia ficción.

Si uno consigue entrar por un agujero negro podría reaparecer en cualquier lugar del universo. El problema es que la ciencia desbarata esta presunta utilidad de los agujeros negros para los viajes intergalácticos. “Lamento decepcionar a los aspirantes al turismo galáctico, pero este guión no funciona: si uno penetra en un agujero negro, acabará aplastado y desintegrado. A pesar de ello, tiene sentido decir que las partículas que constituyen el cuerpo pasarán a otro universo, pero no creo que a quien acabe convertido en espagueti en un agujero negro le sirva de consuelo saber que sus partículas pueden sobrevivir”.

Los 2.300 millones de dólares que la isla demandaría, en 15 años, según los promotores, no incluye el monto de las exoneraciones fiscales de modo que los miles de millones que pasarán por este agujero negro son de hecho incalculables. Los promotores de la iniciativa hacen fuerte hincapié en la cantidad de trabajo que se generaría en la construcción y en los servicios. En el segundo de estos rubros sueñan con las multiudes de mucamas, jardineros, choferes y guardias privados que demandarán los multimillonarios extranjeros aunque es muy probable que se traigan a su propia servidumbre. De todos modos, la presunta generación de empleo también deberá pasar primero por el agujero negro.

¿Cuál será el origen de los fondos? La respuesta a esta pregunta es clave e ignota porque todos los enclaves, las obras faraónicas, han sido y son o lavaderos de dineros mal habidos, generalmente producto del narcotráfico, o productos de especulaciones y tramoyas financieras. Nuestro país tiene dos ejemplos que se arrastran desde hace unos años: la Torre Trump y el proyecto de Cipriani sobre las ruinas del San Rafael.

En relación con la Torre Trump, inconclusa desde hace 8 años opera el principio de que los apartamentos se terminan en la medida en que va entrando el dinero de los compradores. Sin embargo, ha habido y habrá presiones de los compradores que han pagado y no están recibiendo lo que compraron. En este caso, las víctimas han sido especialmente argentinos acaudalados. Hace años Jesse Drucker y Manuela Andreoni señalaban en The New York Times que el emprendimiento estaba a cargo de Eric Trump, hijo del futuro presidente de los EUA. Eric personificaba uno de los más ambiciosos proyectos de desarrollo que la empresa de la familia tiene en curso: una torre de 156 condominios y 25 pisos, con todo y una cancha techada de tenis, varias piscinas y un helipuerto en la azotea.

Los periodistas  dijeron que el rascacielos cilíndrico se está convirtiendo en una debacle de la extensa cartera de propiedades de la Organización Trump, una cuestión que involucra a una firma inmobiliaria argentina poco conocida cuya sede está en una ciudad fiestera y llamativa que ha sido destino para lavadores de dinero y evasores de impuestos. Richard Sampallo, director del sindicato que representa al equipo de construcción, cuando se le preguntó si terminaría para la fecha contemplada de finales de 2020, dijo que no, hace tres años, y calculó que se necesitarían otros cuatro años, momento en el cual se cumpliría casi una década desde que arrancó el proyecto. Como sucede con otros desarrollos internacionales, la Organización Trump no es la que construye la torre de Punta del Este. Más bien otorgó la licencia de uso del nombre “Trump” a cambio de quedarse con una comisión de la venta de unidades.

Una figura clave en la fase inicial del acuerdo para Punta del Este — quien también trató de vender condominios en el inmueble – es el que era ministro de Hacienda de Argentina cuando gobernaba Mauricio Macri. Nicolás Dujovne un economista que se hizo conocer por sus comentarios sobre finanzas en televisión, es hijo de una pareja de arquitectos que intervino en el proyecto de la torre y  fue el que negoció el préstamo monstruo de 57.000 millones de dólares con el FMI que dejó fundida a la Argentina.

Además, algunas de las personas que han aceptado comprar condominios han enfrentado problemas jurídicos en sus países de origen, incluyendo acusaciones de evasión fiscal. Según registros inmobiliarios revisados por The New York Times, entre los compradores se encontraban al menos veintiún empresas anónimas registradas en jurisdicciones offshore, o paraísos fiscales, como Panamá y Belice. Una parte de las ganancias de cada venta van a la empresa de Trump, que por lo general cobra aproximadamente el cinco por ciento del precio de compra.

Otros desarrollos internacionales de Trump también quedaron estancados. Un proyecto de hotel y condominio planeado en Baja California, México, nunca pasó de los cimientos de antes de ser abandonado en medio de una serie de demandas judiciales. Otra torre en Bakú, Azerbaiyán, sigue sin abrir después de retrasos en la construcción y sobrecostos (los Trump se desvincularon del proyecto después de la elección presidencial de 2016, entre cuestionamientos sobre los vínculos políticos de su socio azerbaiyano). Al menos otros siete proyectos anunciados en otros seis países nunca despegaron.

Como la construcción de la Torre Trump en Punta del Este se iba a pagar con dinero recaudado de la venta de los condominios, era fundamental para los desarrolladores encontrar compradores rapidamente. YY Development Group (Yarura y Yelatti, este último cuñado de Dujovne) dependía de la marca Trump para publicitar el proyecto. Luego comenzaron los problemas. YY había usado el terreno del proyecto como garantía para gestionar al menos dos préstamos uno de los cuales ascendía a 5 millones de dólares. Sin embargo, no informaron sobre el segundo préstamo a los primeros compradores de condominios. Cuando los futuros propietarios se enteraron de que las finanzas de los desarrolladores eran mucho más precarias de lo que creían, algunos cancelaron sus contratos.

Después hubo una controversia con el gestor inmobiliario contratado para vender unidades, Fortune Realty of Miami, que demandó a YY por 3,3 millones de dólares por daños y comisiones presuntamente no pagadas. Al menos tres de los departamentos de la torre en Punta del Este fueron adquiridos por empresas o individuos vinculados con un par de contadores uruguayos que colaboraban con frecuencia para constituir empresas fantasma con el despacho de abogados Mossack Fonseca, en Panamá. Los archivos filtrados de la firma, conocidos como los Panama Papers, llegaron a manos del periódico alemán Süddeutsche Zeitung y del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y ofrecen un vistazo al interior del mundo del lavado de dinero y la evasión fiscal extraterritorial.

Según The New York Times, Eric Trump viajaba a Uruguay para revisar los avances en la construcción y ensalzar las virtudes del edificio ante los periodistas. También intervino en importantes decisiones de diseño, como el tipo de mármol que se usó en los pisos y la elección de los refrigeradores de la marca Sub-Zero y los grifos Hansgrohe. El equipo de Trump también ha enviado arquitectos a Uruguay para ayudar en el proyecto. Esos acabados de lujo resultaron encarecedores.

La desarrolladora y la agencia inmobiliaria del proyecto pusieron a la venta algunos apartamentos a un precio de casi 7.000 dólares el metro cuadrado, alrededor de un 30 por ciento más caro que propiedades de lujo competidoras. El precio de venta de las unidades se remontó por encima de los dos millones de dólares. Los altos precios desalentaron la demanda y entonces, YY dividió dos de los apartamentos grandes en cada piso en tres unidades más pequeñas. Eso agregó 25 unidades más baratas a la torre. No obstante, también significó que decenas de unidades ahora no tienen vista al mar.

Durante una de sus últimas visitas a Punta del Este, Eric Trump declaró que alrededor del 82 % de las unidades estaban vendidas. Pero las ventas solo recaudaron la mitad del dinero esperado, lo que ha dejado al proyecto en apuros financieros. En el 2022 la construcción sigue a paso de tortuga y la torre inconclusa.

El otro megaproyecto paralizado, al lado del cual la Torre Trump es un juego hecho con Lego, corresponde al empresario italiano Giuseppe Cipriani (n. 1966) que dio un paso más en su plan de reconstruir el Hotel Casino San Rafael de Punta del Este y desembolsó la garantía acordada con el Poder Ejecutivo. Fueron 7,8 millones de dólares. El megaproyecto hotelero ya lleva invertido más de 50 millones de dólares en la compra del terreno, la demolición del viejo San Rafael y los proyectos arquitectónicos que, hasta ahora, han sido descartados.

Aún se desconoce cuál será el diseño final de la edificación, ya que los dos anteriormente presentados no se adaptan al nuevo plan del empresario. Según parece, el objetivo de Cipriani es instalar el “principal hotel casino” de Punta del Este, en tamaño y lujo, con cientos de habitaciones fastuosas y todo tipo de amenidades. Los perjuicios que ha sufrido el sector turístico a resultas de la pandemia parece que le llevaron a pensar y repensar la iniciativa.

El empresario italiano, que reside en Nueva York, postergó la firma de la concesión por el casino hasta hace poco. Allegados a Cipriani aseguraron que la esencia del proyecto se mantendrá, y que la obra será construida en varias etapas. En la Intendencia de Maldonado aún no tienen novedades de un nuevo proyecto, que de llegar deberá ser analizado por la Junta Departamental.

El primer proyecto, diseñado en el estudio del famoso arquitecto Rafael Viñoly, fue presentado hace cuatro años e incluía la reconstrucción del San Rafael, igual pero mucho más grande, y la creación de dos gigantescos edificios horizontales muy diferentes al original. Una de esas torres mediría 237 metros de altura, que de construirse habría sido el edificio más alto del Uruguay.

Ese plan fue descartado luego de recibir diferentes críticas por su altura y su impacto visual en Punta del Este. El segundo proyecto eliminó las torres y sumó una construcción horizontal que el intendente de Maldonado, Enrique Antía, describió como una “matraca” gigante.

En enero de 2020 el equipo de Cipriani manifestó que volvería a cambiar el diseño para ajustarse al modelo de negocios. Se dice que la construcción se hará por partes y que la primera etapa , por 200 millones de dólares (que se agregarían a los 50 ya invertidos) comenzaría pronto pero todo sigue paralizado. Cipriani ha visitado la Intendencia de Maldonado para presentar un inversionista egipcio que sería el financista de la obra.

Dos agujeros negros por cientos de millones definen la catadura, los riesgos y los tiempos de estos negocios por cientos de millones de dólares ¿que podría pasar con un agujero negro capaz de chupar miles y miles de millones de dólares?

Lic. Fernando Britos V.

  

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