Juan, «el terrible»

Vienen por él, son muchos pero no les alcanza y lo saben. Pero, igualmente vienen por él. No soportan que aplique la Ley, no soportan que no les guste lo que decide, vinieron por otros y se los llevaron puestos pero con él no pueden y aunque lo saben bien, apelan a un recurso que les sirvió antes: regar de prensa negativa sobre su figura. De aquel Fiscal bueno y empático al que le había tocado lidiar con casos de altísima sensibilidad y que resolviera aplicando su bonhomía y conocimiento del Derecho, no queda nada… Bueno, nada que les guste a los multicolores, claro. La gota que derrama este vaso mal servido tiene figura de otro Fiscal, uno al que se le fue la moto y se le llevó todos los libros (entre ellos algún Código, también). Vienen por Juan… «el terrible».

La metamorfosis

De aquel Fiscal de Homicidios honesto, buena gente, humilde y recto, quedaría muy poco para quienes vienen por su cargo. Un Fiscal que recogía las unanimidades que tenía en contra Bonomi desde su cargo de Ministro del Interior. Aquella dualidad de criterios para ensalzar a uno y demonizar a otro en un mismo caso lo tuvo como inesperado protagonista de casos muy sensibles como el horrendo homicidio de la niña Brisa González, por citar uno de los casos que le dieron una visibilidad que nunca buscó quien funge un cargo público desde hace varias décadas.

Pero claro, tuvo la osadía de criticar un proyecto de ley del líder cabildante sobre prevaricato, o contar los homicidios de forma correcta y transparente para llegar a una cifra distinta que la que se ¿maquilla? desde el Ministerio del Interior, y tuvo que responderle a Maciel de forma clara y contundente.

Y cómo no podía faltar, también recibió el exceso (por ser educado) de una inimputable Senadora que parece ser de teflón (pues todo le resbala), con afirmaciones tan falsas como lo que abunda en su redes sociales (más afines a una red cloacal que a otra cosa).

Vienen por Juan Gómez, y no solo lo sabe él sino todo uruguayo que siga medianamente el tema, pues no están dispuestos a soportar que la balanza de la Justicia siga teniendo esa paridad entre los platillos.

Fueron por Jorge Díaz y tampoco pudieron, pero su renuncia les validó las acciones previas y se atribuyeron el mérito de su paso al costado. Claro que eran otros plazos, pues aquel terminaba su período este año 2022 y no podía renovar (tampoco contaba con apoyo, si hubiera podido).

Resulta inexplicable que «los defensores de las leyes» atenten de forma flagrante contra un sistema de Justicia que si algo avanzó fue en equipararse a la Constitución tras décadas de incumplimiento. Hoy tenemos un sistema judicial acoplado a la Carta Magna y el rol de la Fiscalía es uno de los elementos que hacen parte esencial del sistema. Pero parece que es más importante «quién está a cargo» y no el «para qué está en el cargo». Parece que quieren alguien a quien puedan manejar a su antojo justo cuando se vienen causas nacionales que tendrá que dirimir la Justicia.

Ahora, es un Fiscal que tomó decisiones que lo expusieron a ser cuestionado a tal punto que lo llevaron al sumario con separación del cargo. Y no es para menos, ya que olvidando su investidura cometió errores graves como el adelantar decisiones sobre casos sensibles a su cargo y hacerlo por la prensa, vulnerando derechos de la víctima, según denunció la defensa.

La exposición mediática -demasiada- le cobró caro porque desnudó una gestión que podría cuestionar cualquiera a estar por las resultancias que se conocen hoy (56% de los casos archivados por Iglesias se hizo en menos de 2 minutos de análisis; 81%, en menos de 5 minutos; divulgación de información sensible por la prensa sin dar cuenta antes a la víctima, por citar los más relevantes). Y todo eso en muy poco tiempo de gestión, hacen al asunto -por lo menos- llamativo (y explosivo), y uno del que no podía quedar ajeno el responsable de dirigir el organismo Fiscalía General de la Nación.

Los hombres buenos y mansos suelen ser también los más firmes a la hora de manejarse en la vida, y no es de extrañarse que, finalmente, sea lo terrible que le temen pero para mantenerse firme a sus convicciones y apego a la Ley. «Nací a monte y unos ruiditos no me van a asustar», es una frase que lo representa. Alguien muy bien parado en la cancha y a quien no podrán correr, por más que griten, desde la tribuna.

Hoy vienen por Juan, alguien que de bueno pasó a ser «terrible» para quienes se creen los dueños del país y sus sistemas de Justicia.

Mañana… ¿por quién vendrán?

al hombre se le fue la moto,
el perro ladraba un escape libre…

 

 

Por Fernando Gil Díaz – «El Perro Gil»)
Columnista uruguayo 

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