La transitoriedad y la vulnerabilidad del empleo agrario continúa siendo mayor para las mujeres

En el Seminario Internacional denominado Ruralidad, trabajo y desigualdades de género, que se realizó recientemente en Uruguay destacadas panelistas internacionales invitaron a la reflexión desde distintas perspectivas del trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres rurales.

En la primera presentación por parte de la Socióloga Jessica Ramirez, en el marco de una de las líneas de investigación del grupo de Sociología Rural, Territorio y Desarrollo del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar y, en particular, del proyecto financiado por CSIC “Empleo agrario y vulnerabilidad social: el caso de los trabajadores transitorios” muestra una serie de datos muy reveladores sobre los trabajos transitorios agrarios en general y en particular sobre el trabajo de la mujeres.

En la primera fase de este estudio el equipo se propuso realizar una aproximación a las desigualdades de género en el empleo transitorio agrario en Uruguay. Para ello, partieron de varios estudios que ya han demostrado que hay una menor inserción de la mujer y una marcada masculinización en el mercado de empleo en el contexto de la reducción del trabajo laboral agrario. Sin embargo, lo que se puede observar analizando los datos disponibles es que hay un profundo incremento del mercado de trabajo agrario de las mujeres entre 1985 y 1996, donde se da un aumento de un 8% a un 18% para luego estabilizarse y mostrar un 21% en 2021. A pesar de este incremento, la participación de la mujer en la población económicamente activa (PEA) agropecuaria es débil evidenciando los obstáculos estructurales que tienen las mujeres para incorporarse al mercado de empleo.

Este incremento de la mano de obra de las mujeres principalmente se explica por la presencia de asalariadas. Se triplica la cantidad de mujeres asalariadas que pasan de 5800 en 1985 a 15600 en 2019. Por otro lado, se profundiza el empleo asalariado transitorio que no es nuevo en el mercado de empleo agrario. Son las condiciones biológicas que requieren mano de obra discontinua en diferentes períodos del año las que pautan estas características. Sin embargo, lo que se empieza a identificar en la actualidad es que el empleo transitorio ya no sólo está asociado directamente a la estacionalidad productiva sino que los cambios tecnológicos, nuevas formas de la gestión del trabajo. El aumento de la flexibilidad laboral provocará un aumento de puestos de trabajo eventuales por períodos cada vez más cortos de tiempo que a su vez genera las condiciones para que el mercado de empleo aumente la intermitencia de las contrataciones. Como resultado, el trabajo estacional adquiere cada vez mayores características de trabajo eventual.

Es relevante incorporar este concepto de transitoriedad para reunir en una sola categoría al conjunto de trabajadores que no logran mantenerse ocupados durante todo el año en el sector. Esta es la característica principal, la intermitencia en el vínculo laboral lo que va a definir la transitoriedad. Varios autores han mostrado que las características que asumen este tipo de empleos son una de las principales fuentes de la pobreza y la vulnerabilidad en el medio rural.

Es muy importante entonces identificarlos, encontrar aquellas situaciones e individuos que tienen este tipo de empleo ya que los vuelve proclives a enfrentar dificultades no solamente en el ámbito laboral, sino también en lo que refiere a los obstáculos para eludir situaciones de pobreza, para lograr bienestar y una adecuada reproducción en el hogar.

Al analizar las Encuestas Continuas de Hogares se llegó a la conclusión de que un 25% de los asalariados agrarios tienen esta característica de transitoriedad y vulnerabilidad y representan aproximadamente 25.000 trabajadores en el país.

Al observar la transitoriedad por género lo que se encuentra es que la presencia del empleo transitorio es mayor para las mujeres, 3 de cada 10 mujeres tienen vínculos intermitentes con el mercado de trabajo. Las mujeres no sólo se insertan menos en el mercado de empleo, sino que además lo hacen con vínculos intermitentes en mayor medida que los varones. En el análisis por rubro vemos que es la hortifruticultura la que concentra la mayor presencia de las mujeres asalariadas seguido de la ganadería, ambos rubros reúnen al 85% de las mujeres asalariadas. En el otro extremo, se encuentra la agricultura y la forestación, que en conjunto no logran ocupar a 2 de cada 10 mujeres asalariadas del sector agrario.

Una mirada al interior de cada rubro muestra que de cada 10 trabajadores del total de los asalariados de la hortifruticultura 3 son mujeres, siendo el rubro más feminizado. A su vez, es el rubro que presenta mayor transitoriedad seguido por la forestación. Del total de mujeres que se insertan transitoriamente, el 64% lo hace en la hortifruticultura.

La vulnerabilidad laboral tiene un conjunto de características que ya han sido estudiadas: ingresos variables, inestables, deficientes condiciones de trabajo, ausencia de beneficios sociales, baja sindicalización, ausencia de contratos registrados, malas condiciones de los lugares de alojamiento y traslado, etc. Se evidencia por un lado la capacidad del mercado de contratar y de despedir trabajadores, de adaptar horarios, de flexibilizar procesos de trabajo, formas de organizarse, y por otro lado, la extrema debilidad de los trabajadores para organizarse colectivamente, para articular sus demandas de forma conjunta y para plantear mejoras en las condiciones de trabajo.

En síntesis, hay mayor inseguridad e indefección en el ámbito laboral que se da por el grado de informalidad, salario y grado de calificación. La mitad de los asalariados transitorios son informales y no tienen derecho a licencia ante lesiones o enfermedad, ni derecho a aguinaldo tanto sean varones como mujeres. Sin embargo, en relación a las horas de trabajo las mujeres asalariadas transitorias tienen peores condiciones que los varones ya que la proporción de mujeres que no alcanzan a completar 30 horas semanales es superior y la brecha es aun mayor si nos concentramos en el salario. El 82% de las mujeres asalariadas transitorias no alcanzan a percibir un ingreso de un salario mínimo por mes.

A pesar de que esto es sólo una primera aproximación al análisis y se necesita mayor investigación sobre el mercado de empleo, se puede afirmar que la transitoriedad y la vulnerabilidad determinan desigualdades sociales.

El Seminario Internacional fue una de las actividades del proyecto Mujeres Rurales en Uruguay, Trabajo, Desarrollo Social y Económico cuyas responsables son la Ingeniera Agrónoma PhD Marta Chiappe y la socióloga Silvana Maubrigades de la Universidad de la República, que forman parte del colectivo CEIMUR (Colectivo de Estudios Interdisciplinarios sobre Mujeres y Ruralidad). Marta es además integrante del Colectivo Ecofeminista Dafnias. El Seminario puede verse completo en: https://youtu.be/sTTOxYLUUTA

Por Ana Filippini

  

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