Cómo encarar la seguridad pública

“En Villa Española, una niña de 8 años que fue herida pregunta: «¿Por qué a mí?», y el padre le dice que están esperando mudarse de barrio”. Con esa elocuente cita, el senador Enrique Rubio iniciaba su fundante exposición en el Senado el 7 de junio, planteando la dimensión del problema de seguridad pública, además de preguntas al ministro del Interior Luis Alberto Heber en régimen de Comisión General.

El planteo de Rubio incluyó una visión crítica de las acciones y declaraciones del gobierno al respecto, pero eso no fue lo fundamental, sino el describir el de la seguridad como un problema siempre en crecimiento que viene atravesando todos los gobiernos desde la recuperación democrática. Tema ante el cual su propia fuerza política supo tener una visión ingenua, reconoció. El régimen de Comisión General bajo el que se realizó el pedido prioriza el diálogo, y no el debate político o la remoción del ministro, como los dos tipos de interpelaciones.

“Vivimos una situación grave, dolorosa, difícil y que estamos ante un fenómeno de violencia expansiva, que es un problema muy complicado de encarar y que viene de muy lejos. Si uno toma las series, desde 1989, de homicidios, rapiñas y hurtos, veremos que hay un crecimiento permanente; con algunos valles, pero hay un crecimiento permanente. Quiere decir que estamos ante un problema pesado y de largo aliento. Por lo tanto, no corresponde apelar a la varita mágica o decir que se tiene la sellada, pues nadie tiene la sellada; ¡nadie!”

A dos años de creada una comisión de seguridad pública, en 1998, “el diputado Trobo decía en su informe que estábamos en una situación de conmoción pública; En esos momentos se habían duplicado las rapiñas, partiendo de un nivel muchísimo más bajo que el actual. Confío en nuestra Policía Nacional y la respaldo –como toda nuestra bancada–, pero creo que si esta cuestión del delito no se afronta con participación colectiva, con continuidad en el largo plazo, con recursos importantes y con un espectro articulado de políticas de la más diversa naturaleza en los territorios más deprimidos, pero también en otras geografías sociales de nuestras ciudades, de nuestro interior y de nuestra campaña, y en relación con la drogadicción, esto no tiene salida. No basta con cambios legales. Es preciso encarar el problema a partir de un profundo baño de humildad. Hace algunas décadas nos considerábamos una isla de paz, seguridad e integración social que dejó de serlo; el cristal se hizo mil pedazos. Confiamos en que podremos salir, pero no saldremos si no es colectivamente.”

Rubio señaló la preocupación creciente de la ciudadanía con la situación, particularmente en el interior del país, porque no se habían visto fenómenos de esta naturaleza.” Siendo la premisa que el Estado tiene que ocuparse y tener el monopolio de la violencia y de la seguridad, “esta
situación, junto con una situación carcelaria crecientemente explosiva, lleva a una reproducción de la violencia que los uruguayos no queremos, y que no sabemos cómo parar”.

“Me parece, señora presidenta, que no caben más coartadas. La coartada de la leyenda negra ya fue, estuviera justificada o no; la coartada de la herencia maldita, el Partido Nacional la practicó contra el Partido Colorado durante seis años y terminó entregándole el Gobierno. Esta es la verdad. Es lo que se ha hecho en este terreno, pero también en otro.” Ese otro terreno fue el de muchos esfuerzos por un acuerdo interpartidario que se logró en el 2010 “y que habilitó una serie muy importante de cambios en materia de dignidad salarial, de nuevas tecnologías, armamento, chalecos blindados, helicópteros, patrulleros, visores nocturnos, videovigilancia, simuladores de tiro, geolocalizadores del sistema Tetra, rastros genéticos –el caso de Lola Chomnalez es una expresión–, registro electrónico de huellas digitales, zonas operativas, mapeo del delito, patrullaje dinámico, etcétera. Se hicieron cambios de gestión, intercambios de información con Brasil y Argentina, con Interpol, la DEA y demás. Se creó y se expandió la Guardia Republicana, cosa que se continuó en este período. Se reestructuraron la jefatura, el comando unificado, los medios operativos, la policía comunitaria y se tomaron otra serie de decisiones”.

“Es cierto; no dio el resultado esperado, pero también es cierto que en el medio estuvo el cambio del Código del Proceso Penal, que eso complicó mucho a todos y que nunca hemos hecho el razonamiento contrafáctico. ¿Por qué? Porque a la subcultura del delito, que. mirando la serie larga, lleva varias generaciones, uno ve que se le incorporó un disparador que fue la pasta base y el narcotráfico. Y ese disparador hizo y hace estragos. Entonces, solo un enfoque multidisciplinario que reprima el delito y la violencia para proteger al ciudadano lo más que se pueda, que vaya por las otras políticas públicas, puede hacer que decenas de miles de jóvenes –que han vivido en familias en las que el delito está incorporado desde hace varias generaciones y en las que ahora se les agregó en una proporción muy importante el narcotráfico; familias que no pertenecen solamente a zonas muy empobrecidas sino a otras zonas y a otros estratos sociales–, sean abordados para ver si se les dan rutas de salida a algunos de ellos para que salgan del círculo maldito que reproduce el delito y la violencia de una manera impactante en la sociedad uruguaya.”

Rubio citó en ese punto “una pregunta que hizo un periodista que sabe de estas cosas. ¿No necesitamos un GACH criminológico con fiscales, jueces, académicos, expertos en criminología y otros saberes? Nuestro propósito es que haya un debate en profundidad, ya sea en esta reunión o en las que vengan, en la Comisión Especial de Seguridad Pública y Convivencia o en las que convenga, porque este problema afecta enormemente la vida de los uruguayos; es un problema que va creciendo y ninguno de nosotros desea el descrédito del sistema político por incapacidad para resolver las situaciones neurálgicas de la vida de los uruguayos.” Es, por cierto, una respuesta alternativa a las que fomentan el estéril clima de fuerte confrontación política, y que en definitiva plantea la necesidad y la posibilidad de que el llamado sistema político y la disposición de recursos intelectuales de esta sociedad puedan demostrar que, en definitiva, se puede superar el problema”.

  

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