Las últimas elecciones en el cuadro político post dictadura

Las últimas elecciones (me refiero a las elecciones de autoridades nacionales y de parlamentarios de ambas Cámaras en octubre pasado, el balotaje de noviembre, las elecciones departamentales y municipales del 10 de mayo) han dado lugar a una proliferación de opiniones y comentarios, contradictorios en muchos aspectos y con matices muy diversos. Es lógico, porque estos eventos presentan facetas múltiples y diferentes y, además, cada uno habla de la feria según le fue en ella. Por otra parte, cada visión destaca algún aspecto particular que es perfectamente válido. No obstante, trataremos de definir algunos rasgos comunes de este proceso electoral a varias puntas, y de insertarlo en el panorama político surgido en el país después del entierro de la dictadura.

En las elecciones nacionales de fines del año pasado, el resultado fundamental es que el Frente Amplio ganó limpiamente y por tercera vez consecutiva el gobierno nacional, en todos los casos con mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, en el Senado y por ende en la Asamblea General, lo que le permitirá gobernar y seguir traduciendo en la realidad del país y en la vida de la gente las directrices del programa del Frente. En las elecciones departamentales del 10 de mayo el Frente Amplio ganó en 6 departamentos, que representan el 68% de la población.

Niko 300x225

Entre ellos, Montevideo por sexta vez consecutiva, y Canelones y Rocha por tercera vez consecutiva. A ello se agregan tres departamentos del litoral del Río Uruguay: Salto (que fue reconquistado a los blancos), Paysandú y por primera vez Río Negro. Pasó de 5 a 6 intendentes. Sufrió la dolorosa pérdida de las intendencias de Maldonado y de Artigas, en ambos casos a manos de los blancos, que mantuvieron el número de 12 intendencias ganadas. El Partido Colorado sufrió un verdadero descalabro, ya que tenía dos intendencias, perdió la de Salto que pasó al Frente Amplio, y se quedó exclusivamente con la de Rivera.

El descalabro del Partido Colorado adquirió ribetes descomunales en Montevideo. Tradicionalmente este partido era el dueño del gobierno de la capital, desde tiempos muy lejanos. Se ha dicho con razón que el Partido Colorado, que gobernó el país durante 93 años seguidos, desde la independencia hasta 1959, tenía en Montevideo un bastión inexpugnable.En el año 1942, el Ing. Juan P. Fabini presentó su candidatura por dicho partido y arrasó con el 62,95% de los votos capitalinos. En el otro extremo, en las recientes elecciones del 10 de mayo 2015, el candidato del Partido Colorado en la Concertación, Ricardo Rachetti, llegó apenas al 1,7% de los votos, al borde de la desaparición. Es evidente que los votos del Partido colorado se los chupó Edgardo Novick, que aun así fracasó rotundamente ante las candidaturas del Frente Amplio, encabezadas por Daniel Martínez, que será desde julio el intendente capitalino.

La debacle del Partido Colorado en Montevideo resulta más notoria si se sigue su trayectoria electoral después del pico máximo de 1942: logró sucesivamente, en 1946, 1950 y 1954, el 45,84%, el 54,80% y el 51,33% de los votos. En 1958 sobrevino el triunfo de los blancos, y en las tres elecciones siguientes el Partido Colorado se recuperó, ganando la mayoría. Después de la dictadura, todas las elecciones, salvo de la 1984, fueron ganadas por el Frente Amplio: la de 1989 y la de 1994 y después, separadas en el tiempo de las elecciones nacionales, las de los años 2000, 2005, 2010 y 2015. Fue en esta última que el candidato del P. Colorado en la Concertación alcanzó apenas el 1,7%de los votos y en la Junta Departamental de Montevideo no habrá ni un solo edil electo por el Partido Colorado, en tanto el Frente Amplio detentará con creces la mayoría absoluta.

Veamos ahora en su conjunto el panorama electoral en el período post dictatorial. Se recordará que el Frente Amplio se constituyó en febrero de 1971 y en las elecciones nacionales de fines de ese año obtuvo un apreciable porcentaje de votos, superior al 18%. El golpe de estado del 27 de junio de 1973 tuvo como una de sus motivaciones principales, en el plano político, detener el avance del Frente Amplio e impedir su acceso al gobierno. El Frente Amplio desempeñó un papel fundamental, junto a los sectores democráticos de los otros partidos, en la derrota de la dictadura, actuando desde la clandestinidad dentro del país y en todos los ámbitos de la vida internacional. Las elecciones de fines de 1984 se realizaron con un clima de proscripciones de los partidos y de los principales dirigentes de la izquierda (y de otros luchadores antidictatoriales, como Wilson Ferreira Aldunate).

Los frenteamplistas utilizaron el lema del Partido Demócrata Cristiano, integrante de la coalición de izquierda. En esas condiciones accedió a la presidencia Julio María Sanguinetti en 1984, sucedido en 1989 por Luis Alberto Lacalle. Ese año el Frente Amplio ganó por primera vez con Tabaré Vázquez la intendencia de Montevideo, y la volvió a ganar en las cinco elecciones siguientes, sin interrupción. En las elecciones siguientes, año 1994, fue reelecto Sanguinetti y el Frente Amplio-Encuentro Progresista logró el 29,8% de los votos, con un país prácticamente dividido en tercios. En esa situación, blancos y colorados impusieron en el año 1996 una reforma constitucional que instituía el régimen del balotaje para acceder a la presidencia de la República. Era un mecanismo ideado exclusivamente para impedir el acceso del Frente Amplio al gobierno, ya que exigía una votación superior al 50% de todos los votos emitidos para ser consagrado presidente en el primer turno. El mecanismo se puso en práctica en la elección siguiente, en el año 1999, en la cual el Frente Amplio surgió, en el primer turno, como fuerza política mayoritaria, pero sin alcanzar la mayoría absoluta de los votos. En estas condiciones, en el segundo turno, los blancos votaron a Jorge Batlle, que había salido segundo, y fue ungido presidente. Hubo que esperar la elección siguiente, la del año 2004, para que el Frente Amplio saltara por encima de esa barrera y consagrara la primera presidencia de Tabaré Vázquez, que ahora acaba de inaugurar su nuevo mandato, sucediendo al segundo presidente del Frente Amplio, José Mujica.

El acceso del Frente Amplio al gobierno nacional, que hemos reseñado, en todos los casos con mayoría absoluta en el Parlamento, estuvo acompañado por su progresión en los gobiernos departamentales y municipales. Este proceso no se dio en línea recta. Hubo avances y retrocesos en los gobiernos de las intendencias. Ya señalamos, entre los últimos, la pérdida de las intendencias de Maldonado y de Artigas. Si miramos ahora las votaciones departamentales en su conjunto a lo largo de todo el período posterior a la dictadura, advertimos que el Frente Amplio ha alcanzado en algún momento la mayor votación para la intendencia en la gran mayoría de los departamentos del país. Más concretamente: en 14 de ellos logró la mayor votación para los cargos departamentales. Estamos muy lejos de los tiempos en que el Frente era una fuerza política real solamente en la capital y en Canelones, con una presencia meramente testimonial en los restantes departamentos, y cuasi inexistente en el Uruguay profundo. Hoy es una fuerza política viva y actuante en todos los ámbitos del país, y constituye una alternativa efectiva y presente para todos los ciudadanos.

Esto es a mi juicio un hecho relevante y novedoso en el panorama político nacional. Cuando se mira en detalle las cifras de los votos enlas pequeñas localidades de cada uno de los departamentos, se advierte en todos ellos la presencia real del Frente Amplioen proporciones apreciables, que de esta manera logra extender su influencia a todo el país, literalmente. Sin duda esta es una dirección de trabajo permanente y sistemática, que debe ampliarse sin tregua. Es la condición de futuras victorias. En esta materia hay un camino muy largo que recorrer, pero se han abierto todas las perspectivas.

En los casos en que existieron retrocesos, el Frente está efectuando un análisis autocrítico, que sin duda deberá profundizarse. Tal es el caso notorio de Maldonado. Hemos leído trabajos muy serios de referentes de este departamento, que han expuesto con fundamento, la tesis de que “no ganaron los blancos, perdió el Frente Amplio” por errores propios cometidos a lo largo de nueve años de gobiernos frenteamplistas (junto a otros aciertos indudables, desde luego), Entre ellos menciona heridas internas aún abiertas, paulatino alejamiento de las bases, traspiés en la estrategia comunicacional. Destaca el alto número de votos en blanco y anulados, y el hecho de que existió una “concertación secreta” entre sectores del Partido Nacional y los colorados de Vamos Uruguay, evidenciado en el hecho de que en esta ocasión el Partido Colorado perdió 10 mil votos (más de la mitad) con respecto a octubre.

En estos días he tenido oportunidad de conversar con frenteamplistas de Montevideo y de Canelones, militantes de todas las horas, y se me ha arraigado la convicción de que lo que ha fallado es el trabajo a fondo en la base, el diálogo mano a mano y a cara descubierta con cada ciudadano o ciudadana, con cada vecino y compañero de trabajo. Otros compañeros han expuesto experiencias del mismo tipo, y sostienen que esta tarea es insoslayable. Esto se refiere particularmente a las elecciones en el ámbito departamental y más aún en el municipal, que requiere una labor explicativa eficaz no solamente sobre los aspectos programáticos del Frente, sino sobre los mecanismos prácticos del voto en el tercer nivel de gobierno, que para mucha gente se ha mantenido en el misterio, lo que explica el altísimo nivel de abstención en ese dominio. Un destacado dirigente, que además se caracteriza por su labor constante en la calle, escribía: “Mucha gente desconocía la elección del tercer nivel, lo cual explica en Montevideo el bajo porcentaje de votantes. Las razones eran variadas: desconocimiento del procedimiento y cuál era su utilidad, la confusión entre el lugar de votación y el candidato que le tocaba votar según su credencial, el número de lista que no conocían, el desconocimiento de la actividad cumplida por los alcaldes en los cinco años pasados y el sueldo que cobraban, que mucha gente consideraba excesivo e injustificado”.

Son todos estos aspectos a corregir sin falta, y no se pueden obviar alegando la victoria alcanzada. Será para la próxima.

Por Niko Schvarz
Periodista y escritor

La ONDA digital Nº 720 (Síganos en Twitter y facebook) 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: