Derecha y dictadura

La doctora en Historia Magdalena Broquetas planteó dar “algunas claves para entender la conformación, la matriz, los intereses y sobre todo el vínculo –que es algo en lo que más he reparado por mi especificidad disciplinaria– de estas derechas con eso que llamamos pasado reciente, pero que concretamente es el pasado de la dictadura y de los años previos”.

“Estoy convencida de que la mirada histórica de las derechas actuales tiene que remitirse a la manera en que se transitó la salida de la dictadura, y en un segundo plano, a los años ’90. Acá hay una cuestión central que simplemente voy a dejar planteada como pregunta, porque me parece que ahí va a converger mucho de lo que está pasando hoy. La transición democrática hecha por Uruguay, ¿equivale a decir que se estaba ante una derecha democrática? Esto abre una pregunta un poco más amplia: ¿cuál es el vínculo entre las derechas y la democracia en la últimas tres décadas?

“No me estoy refiriendo estrictamente a la derecha partidaria. Estoy pensando la derecha militar, en la derecha empresarial, mediática, cultural. Es decir, ¿cuáles son los alcances y cuáles son los límites de la democracia aceptados por las derechas, o quizás resignados? ¿no?, y pienso todo esto obviamente con una mirada regional a la luz de lo que fueron algunas de las estrategias usadas por las derechas vecinas –por ejemplo– en el impeachment a Dilma Rousseff o en el juicio político a Fernando Lugo para frenar lo que en definitiva fueron tibias iniciativas de políticas públicas, de reformas sociales.” Lo hizo en una exposición convocada por el PVP el 27 de mayo, en el que también expusieron otros académicos. El tema convocante era ‘Ascenso autoritario y verdad; memoria y justicia en disputa’.

La propuesta de Broquetas fue “pensar en primer lugar que se sale de la dictadura sin que haya un proceso de depuración de las Fuerzas Armadas; estas Fuerzas Armadas que se habían involucrado en la conducción del Estado, y por supuesto que en la represión. Y esto, sin que haya tampoco un proceso de revisión en los partidos Nacional y Colorado, que de allí salieron los elencos civiles que tuvieron parte activa en la dictadura. Y esto no ocurre solo a nivel político partidario; ocurre con los intelectuales, ocurre con algunos empresarios, es decir con una amplia gama de actores sociales que habían acompañado a las dictaduras y que encuentra un contexto propicio, sin mayores obstáculos para reformular imagen y reformular discurso”.

“Esto, a nivel global, coincide con el colapso de la URSS, con la caída del socialismo real, con el fin de la Guerra Fría. Y eso habilita la diseminación de esta idea tan potente de que estábamos ante el final de la historia; algo así como que ya no iba a haber choque de ideologías; había en todo caso capitalismo, y las discusiones giraban en torno a cómo gestionar el capitalismo. Parecía haber un sentido extendido de que era con economía del mercado que se iba a lograr el bienestar y que sólo así iba a ser la democracia. Creo que esto generó algo muy fuerte. Muy fuerte, porque no es algo que se genere todos los años ni todos los días. En el caso uruguayo en los ’90, como bien sabemos, gana el Partido Nacional y a través de acuerdos con el Partido Colorado intenta llevar adelante algunas políticas de corte liberal. En eso no hay mayor originalidad, porque esto se da en un contexto de experiencias neoliberales en la región, que se plasman en reformas que hablan de achicar el Estado. En definitiva, de lo que están hablando es de reconfigurar funciones en el campo económico y social, y en el caso uruguayo –aunque este proceso encuentra una fuerte oposición y no se lleva adelante con la virulencia de los países vecinos–, el Estado en efecto se achicó y dejó de cumplir algunas funciones sociales. Las más evidentes fueron las de regulación de las relaciones laborales y la reforma a la seguridad social.

“Pero lo que me interesa destacar para el tema que nos convoca es que el neoliberalismo no es solo un proyecto en términos macroeconómicos, sino que es un proyecto refundacional que atraviesa todos los órdenes. En ese sentido, en los ’90 ganan terreno consignas muy excluyentes, como esta idea de la meritocracia individual y el endiosamiento de la propiedad privada. Esta forma de neoliberalismo que entroncó tan fuerte en Uruguay y en la región en los ’90, entra en crisis a principios del siglo XXI. Es esta crisis la que, entre otros factores y en buena medida, explica el inicio de los gobiernos de izquierda en toda América. Eso que se ha dado en llamar Marea Rosa, porque son gobiernos de centroizquierda; gobiernos que tienen proyectos reformistas y que comparten alianzas a nivel internacional: Chávez, Lula, los Kirchner, Evo Morales, Correa y el Frente Amplio en Uruguay.

“Es bien importante comprender que están las derechas actuales en Uruguay y en la región también. En el Uruguay, el campo de las derechas reacciona contra los 15 años de gobierno de izquierda, y tiene un vínculo absolutamente directo con el pasado más lejano, que para nada es un capítulo cerrado. Pensemos en este campo de las derechas en donde no hay solo partidos y hay una dinámica de complementariedad y competencia.

En el caso uruguayo tenemos una derecha partidaria se expresa en los partidos Nacional y Colorado y hubo también algunas experiencias poco exitosas de concertación. Sin entrar en esta diversidad, se puede decir que en términos generales parecerían tener en común el hecho de que adscriben a este discurso que se presenta como pos ideológico, de despolitización; que apuesta más a hablar de los problemas de la gente común, que recoge mucho de esta matriz de los ’90 en el sentido de que pondera el emprendedurismo, el liderazgo de tipo empresarial, y prioriza una noción de libertad que está muy emparentada con el liberalismo económico. Esta noción aparece como única, pero en realidad es una noción de libertad, de más de una existentes.

“Hay otros sectores que emergieron en este contexto, en reacción a los gobiernos de izquierda y en las primeras décadas del Siglo XXI –acá también hay una tónica compartida con otras partes de América Latina–, que son actores políticos y sociales

que buscan incidir en la agenda política. Me refiero a la expansión de think tanks, a actores religiosos y a movimientos conservadores del estilo Provida, Profamilia. Estos actores están organizados en torno a campañas para impedir o derogar leyes que regulan derechos sexuales y reproductivos y el uso de drogas. O nucleados por el sesgo más punitivista y por estar a favor de la restauración de roles y divisiones tradicionales de género. En la segunda década del Siglo XXI asistimos a una verdadera embestida de los llamados ‘grupos antiderechos’, y, de manera muy marcada, a un ataque a los colectivos feministas.

“Creo que también han proliferado significativamente porque la herramienta lo permite. No es que Internet genere estos grupos, pero sí posibilita una difusión de mayor alcance; así, han proliferado a nivel de redes, movimientos, foros, publicaciones, que reproducen algunas consignas que no son nuevas sino viejas. En Brasil se habla de la lucha contra el comunopetismo –comunopetismo, es el término que aparece–, en Uruguay se llama a enfrentar al marxismo, muchas veces en alusión a fenómenos y actores que no son marxistas.

“La gran novedad, en este contexto, es la creación de un nuevo partido político que además tiene representación parlamentaria, que es Cabildo Abierto. Cabildo se funda en 2019: como sabemos, tiene un 11% de los votos en las elecciones nacionales de ese año, lo cual equivale a 11 diputados y 3 senadores, que básicamente han adherido a muchas de estas preocupaciones de la reacción más de tipo moral y cultural, como manifestarse  contra la ideología de género. Constituyen una gran novedad porque desde 1919 que no teníamos, que Uruguay no tenía un partido de derecha. De acuerdo a la legislación electoral de Uruguay, nosotros tenemos un bipartidismo aparente con un sistema de partidos múltiples. A los sectores de derecha históricamente les ha redituado en términos electorales el cobijarse en los lemas Partido Nacional y Partido Colorado. La experiencia de la Unión Democrática en 1919 fue muy mala desde el punto de vista electoral”

Y Cabildo Abierto es un partido que creo que puede caracterizarse como de derecha nacionalista con un fuerte componente militar. No son solo militares. Entre los miembros del partido hay empresarios, profesionales liberales, empleados, comerciantes. Muchos vienen de otras organizaciones partidarias y sociales de la derecha, y es un partido que viene a poner orden; eso que se sintetizó con tanto gancho con la expresión de ‘se acabó el recreo’, que en definitiva es una idea que descansa en otra, que es la de ‘el Uruguay destruido’. que es un leitmotiv que aparece mucho. Un Uruguay que es imperioso reconstruir: no más despilfarro de la clase política, no más delincuencia, no más transgresiones en el orden moral; ésta es una triada que va junta.

“Cabildo adoptó el discurso sistemático sobre la necesidad de restaurar los valores de la familia tradicional y oponerse a la educación sexual en las escuelas: algo muy cercano a lo que habíamos visto en el desempeño de la bancada evangélica, que tuvo mayor presencia en la legislatura anterior. Se puso sobre la mesa enseguida rediscutir la legalidad del aborto, a la vez que se busca promover políticas de natalidad, endurecer la política en relación a la legalización del consumo de ciertas drogas, y revisar los contenidos de la educación sexual, no muy en sintonía con lo que había sido todo el brote sobre todo cuando se lanzaron las guías de educación sexual para primaria, muy en sintonía con lo que había sido el rechazo militante de colectivos como ‘A mis hijos no los tocan” de las guías de educación sexual que se lanzaron para Primaria en 2017. Todo esto también ha ameritado, de parte de Cabildo y en su derredor, que resurjan iniciativas que incluso habían fracasado en su intento de ser plebiscitadas, como el desestimulo a la interrupción voluntaria del embarazo, que es ley desde 2013.

“La caracterización de esta derecha es que el surgimiento de Cabildo está íntima y directamente ligado a la creciente judicialización de las violaciones a los derechos humanos y al despliegue de políticas de memoria en relación al pasado dictatorial, pero también a los debates políticos y educativos acerca de cómo debía interpretarse y enseñarse sobre esos tiempos relativamente cercanos. En consecuencia, me parece que es productivo, analíticamente y para el debate, historiar muy brevemente cómo surge el movimiento y el partido. A fines de diciembre del 2010 y principios del 2011 cobra visibilidad una organización que es el Foro Libertad y Concordia, integrada por oficiales retirados que tuvieron una participación activa durante la dictadura y que se propone lograr la liberación de militares presos por violaciones a los Derechos Humanos e incidir explícitamente en la opinión pública al respecto. Hay iniciativas de recaudar incluso fondos para las defensas de los militares que están presos

“Entre sus primeras acciones está aquella carta que envían a quien era entonces  comandante en Jefe de Ejército, Jorge Rosales que tuvo mucha publicidad pues circuló en todos los medios y circuló en internet. Establecía la consigna ‘no más militares ante la justicia ordinaria’. Esto se da –2010, 2011– en plena coyuntura en que se resquebraja el manto de impunidad absoluta que garantizaba la vigencia de ley de caducidad; que  todos sabemos que no se derogó, pero permitió ir sacando por goteo algunos casos. La coyuntura para 2010 era que ya se habían presentado decenas de causas judiciales en las que se incriminaba a militares por desapariciones, por muertes, por torturas, homicidios, vuelos clandestinos durante la dictadura. Y además, a una serie de acciones que también aludían al periodo previo del ’68 al ’73.

“Este foro tiene apoyo de organizaciones similares en Argentina, tiene el apoyo de Uno América que es la unión de ‘organizaciones democraticas de América’, una organización que se arma en Colombia en el 2008 con la finalidad expresa,  –así aparecía en su manifiesto– de contrarrestar al Foro de San Pablo y detener al ‘castrocomunismo’ y al internacionalismo marxista. Son movimientos, foros y las organizaciones regionales de misma sintonía que están convencidos –y aquí voy a citar algo del Foro Libertad y Concordia– que ‘la guerra continua por otros medios’. En definitiva, son movimientos justificatorios de terrorismo de Estado que siguen hablando de enemigos interno y que emplean una jerga que parece extemporánea, imbuida de adjetivos y de conceptos propios de la doctrina de la seguridad nacional.

“Cabildo Abierto no se presenta como partido militar pues no podría haberse presentado como partido militar en una sociedad como la uruguaya; habría tenido un tope muy evidente. Tiene un fuerte componente militar entre sus ideólogos y adherentes, y surge cuando estos grupos, que representan intereses militares y vienen actuando por lo menos hace una década, rodean a quien es entonces comandante en Jefe del Ejército Guido Manini Ríos. Ven entonces la oportunidad de formar un nuevo partido, una forma de incidir en la agenda política. En diciembre del ’18 se forma el Movimiento Social Artiguista y después se dan una serie de movimientos en el verano del 19, año electoral. Hay una serie de reuniones previas en relación a la organización, y allí el nombre de Manini empieza a circular; él todavía es comandante en Jefe del Ejército, y ya empieza a circular como el posible candidato a presidente de la agrupación. Todo esto se puede reconstituir con testimonios de prensa, las reuniones se hicieron en su mayoría en la casa de Enrique Mangini en Maldonado. Enrique Mangini es un militar retirado que integra Uno América que había cobrado cierta visibilidad al ser acusado por el asesinato del estudiante Nelson Rodríguez Muela el 11 de agosto del ’72 en lo que había sido un ataque armado al Liceo 8. Y hay otros militares que están en los orígenes y en la organización del movimiento, como es el caso de Eduardo Radaelli.

“Manini es destituido por cuestionamientos al Poder Judicial y acepta ir como candidato a la presidencia del nuevo partido, que pasa a llamarse Cabildo Abierto. Hoy, como sabemos, acaba como senador, lo cual también le otorga fueros parlamentarios. Y quiero cerrar puntualizando tres cosas en lo que refiere al vínculo con el pasado, –cuando digo pasado me refiero a este pasado de la dictadura y los años previos del autoritarismo, que es el lugar donde nos tenemos que parar para ver el proceso–, se van a producir movimientos en tres direcciones.

“En primer lugar va a haber un intento sistemático –porque esto también se puede reproducir de manera muy sencilla con las actas del Parlamento y con la prensa– de frenar los juicios e incluso para liberar a los pocos detenidos. Muy poco después de asumir como parte de la coalición de gobierno, Cabildo Abierto propone una amnistía que contemple  los militares presos, presenta un proyecto de ley para reimplantar la Ley de caducidad en todos sus términos. Esto no prospera, y desde agosto del año pasado se impulsa un proyecto para lograr la prisión domiciliaria de mayores de 65 años, lo cual beneficiaria directamente a muchos de los que hoy están en la cárcel de Domingo Arena. Esto coincide además en el segundo semestre del año pasado, y particularmente a fin de año, con la iniciativa de un autodenominado Foro de Montevideo que concentra distintas personalidades civiles, que le entrega al presidente Lacalle Pou 3.500 firmas para liberar a los presos de Domingo Arena.

“En este momento, en este preciso momento, estamos en la consideración del tema por parte de los distintos sectores de este proyecto.  Y están en el propósito de frenar los juicios e intentar liberar a los detenidos; hay un trabajo sistemático de deslegitimación constante de la justicia, con esta idea de que los jueces lo que quieren es venganza y no justicia, y que se suma al cuestionamiento tan actual de la Institución Nacional de Derechos Humanos.

“En segundo lugar, hay un esfuerzo sistemático por limpiar el nombre y el honor de los procesados, negando sistemáticamente o minimizando su participación en las acciones por los que fueron condenados. La defensa de los militares y su actuación por parte de Manini viene desde hace varios años. Incluso la hizo estando en funciones como comandante en Jefe del Ejército por lo menos desde el 2016. Pero, claro, con la formación de Cabildo y con el clima político y social más favorable, esto se acentúa. Por nombrar algunos ejemplos, el senador Lozano habla de persecución ideológica y es apoyado en todos sus términos por el ministro García. Cuando se procesa al soldado retirado Leonardo Vidal porque es condenado por el asesinato por la espalda de Nelson Berrera en 1972, hay una movida sistemática: Lozano convoca a movilizarse, a levantar la voz, a estudiar y modificar las leyes que posibilitan este tipo de atropellos y violaciones a los derechos humanos. Hay también una apropiación  del término.

“Y en tercer y último lugar –pero me parece igual de importante a la hora de examinar la coyuntura hegemónica durante la dictadura–, esa especie de memoria salvacionista que tenían los militares, la idea de que hubo una guerra. Y se insiste sistemáticamente en la responsabilidad de los civiles, en el golpe y en la dictadura.

“Esto apareció por goteo, pero el otro día escuché las seis horas de la conmemoración de los 50 años del estado de guerra interno, que se hizo además a pedido del senador Manini, y allí se refuerza una predica que lo que quiere diseminar a nivel social es que la corporación militar actuó en el marco de la legalidad. Y entonces ahí los mojones son el estado de guerra interno, la ley de seguridad del Estado, la disolución por decreto de las cámaras legislativas, la ilegalización por decreto de las organizaciones políticas.

“Lo que me parece que es bien importante señalar para el debate de hoy, es que en esta voluntad de recordar, de construir memoria, de generar opinión pública, los moviliza  una idea, en el caso de Cabildo, que no es sólo de Cabildo y que genera adhesión en otros actores de la derecha política y social, y que es la idea de que la izquierda tiene la hegemonía cultural. De que hay que dar una batalla cultural porque en el fondo han colonizado las mentes y los espíritus.

“O sea, que se habrá ganado el gobierno pero no se ganó la batalla cultural. Éste es un concepto que no lo voy a profundizar ahora pero que viene de la mano con una revitalización y una lectura macarrónica que se hace de la figura de Gramsci. Las derechas no acuerdan en otros aspectos. Por ejemplo, para Cabildo los grandes enemigos son el feminismo y la mal llamada ideología de género, y esto no es compartido por otras derechas; por lo menos no tan explícitamente. Y en otros planos tampoco hay acuerdo.

“Cabildo es una derecha nacionalista en lo económico, es asistencialista, es tradicionalista en lo cultural, pero sí parece claro que hay un consenso en la idea de una izquierda infiltrada en la educación, una izquierda que insiste en un falso relato de la historia reciente, y me topé hace un tiempo revisando prensa con la frase del senador Lozano que dice: quienes votaron por la coalición lo hicieron por un cambio y también por un cambio de relato. El hecho de que haya espacio social y político para presentar estos proyectos, para que circulen públicamente estos discursos o para que se reediten discusiones en torno a la laicidad de la educación en clave persecutoria –y acá, cuando pensaba hoy en qué comentar, pensaba en los largos sumarios a los profesores en el liceo de San José–, me parece que por lo menos debería preocuparnos e interpelarnos.”

Por Magdalena Broquetas

 

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