La fuerza del reclamo por los desaparecidos

El incidente en el Senado por la camiseta con la inscripción Todos somos familiares que llevaba puesta Amanda Della Ventura es algo nuevo: no pasó nada por el estilo en los años anteriores. En definitiva, esto es demostrativo de la fuerza que va cobrando el reclamo, y también del carácter ideológico que desde la derecha se le adjudica a un tema elemental de derechos humanos, cual es verdad y justicia ante crímenes de lesa humanidad.

El senador Gustavo Penades tuvo la franqueza de establecer en sala que esa afirmación de la camiseta no representa al Partido Nacional, y no solo a su actual mayoría herrerista. Los que hoy  quieren formar un ala wilsonista en su seno no salieron siquiera a comentar el tema, no ya a desligarse. Luego, la sobria senadora Graciela Bianchi declaró que el tema “se está usando para enfrentar a los uruguayos”, cuando es lo contrario. A confesión de parte, relevo de pruebas. Las dos afirmaciones responden a una ideología, la de la derecha de este país, que está en una ofensiva que soporte la razón de ser de este gobierno. Que no solo fue desplazar al Frente Amplio del Poder Ejecutivo sino imponerse a la sensibilidad humanista que va más allá del FA y del progresismo, como lo demuestra la extensión del reclamo en la población y particularmente en las nuevas generaciones.

El Partido Nacional no es toda la derecha, aunque está en el trabajo de ser la mayoría decisiva en la derecha, como lo fue el herrerismo en el golpe de Estado de Gabriel Terra. Hoy no pueden negarlo ni por conveniencia política: lo que dijo Penadés en sala le brotó del alma. Lo mismo debe haberle sucedido a la directora del Liceo 1 de Maldonado Miriam Machado, que no estuvo ni quiso contactar a los estudiantes que la buscaron varias veces. Era para informarle de la actividad en apoyo a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos que querían hacer los estudiantes agremiados. La directora excluyó a sus estudiantes de la posibilidad de un diálogo, tal como el gobierno excluye a los docentes de su intento de reforma educativa.

Los estudiantes hicieron entonces lo sensato: colocaron carteles y fotografías en corredores, puertas y ventanas del liceo, declararon a la diaria. Ante eso, una de las adscriptas preguntó a uno de los estudiantes si habían pedido permiso, y tomó nota de su nombre y cédula de identidad, no se sabe con qué derecho. Más tarde, retiraron al alumno de clase, le dijeron que “ellos no podían hacer eso” y ella, la adscripta, “se llevaría un rezongo de sus superiores” si los dejaba hacer.

Es así que la impunidad sigue en pie tras dos generaciones y ha generado una cultura de la impunidad que consigue adeptos y pretende ser dominante en la población. Es sostenida principalmente por una nueva camada de políticos, continuando a los que defendieron el voto amarillo en 1989.  En lo que constituyó una novedad, desde hace pocos años la derecha ejercita una adhesión verbal a los derechos humanos. Por eso, luego de su confesión espontánea de rechazo, Penadés declaró a favor de buscar a los desaparecidos. La derecha lo hace porque el cambio producido por la insistencia cada vez más numerosa y específica en verdad y justicia, estableció el “deber ser” político de adherir al reclamo. Pero la defensa de derechos humanos requiere de acciones, no solo de palabras. Su violación está ocurriendo hoy, con archivos y expedientes militares bloqueados, parte de la actitud que tiene al respecto el Estado.

La directora del Liceo 1 de Maldonado podrá ver hoy manifestaciones por verdad y justicia en su ciudad y todas las otras del departamento. Había programadas marchas en 35 ciudades del país, además de otras expresiones de solidaridad, como que corredores cubrirán una ruta por sitios de la memoria colocando carteles. Hay un mayor reconocimientos de los hijos de víctimas directas del terrorismo de Estado que también son sus víctimas directas, y que a través de Memoria en Libertad reclaman ese reconocimiento y el pedido de perdón del Estado, negado hasta ahora. El crecimiento de esta ola que adhiere a lo que Madres y Familiares reclama en marchas desde 1996, pasó a incluír lo que hace 26 años era impensado: la participación en la de hoy de hijos de represores, que se nuclearon en una asociación que llaman Historias Desobedientes.

Hay más hechos indicativos de la penetración social del tema, incluyendo la participación del deporte. En cada vez más partidos de fútbol y basquetbol, los deportistas se manifiestan exhibiendo las simbólicas margaritas y pancartas con el lema “nunca más terrorismo de Estado”, y son replicados desde las tribunas. La ola, según encuesta publicada en la diaria, indica que el 52% de la población tiene hoy una posición activa respecto del tema, y considera que “no se hizo lo suficiente” para encontrar a los desaparecidos. Y la ola crece así que pasen los años. Para suplantar la presencia de familiares fallecidos pero también expresar la masividad y continuidad sine die del reclamo, este año se reparten 22.000 carteles con las fotos de los desaparecidos. De allí la consigna de la camiseta de Della Ventura: “todos somos familiares”. Es un reclamo que no lograrán secuestrar, así como los armenios reclaman el reconocimiento del genocidio de su pueblo hace más de un siglo, y Turquía tiene que tener al encargado de negar el genocidio en su canciller (https://www.laondadigital.uy/archivos/63103); necesita tenerlo para mantener la negativa, aunque tenga pies de arena.

Para luchar contra la extensión que está tomando el reclamo es que la derecha de este país abre la “cárcel del pueblo” sin mencionar que los militares torturaban allí, el gobierno anuncia que reforzará la institucionalidad del Día del Soldado, apoyando falsedades y encubriendo intenciones electorales (https://www.laondadigital.uy/archivos/63598), Cabildo reclamó la prisión domiciliaria de presos por terrorismo de Estado, al parecer descartada por el pronunciamiento al respecto de 25 juristas calificados de varios paises, y más hechos y asociaciones salidas de la nada que tienen reclamos regresivos y justificadores, en definitiva, de la última dictadura cívico militar.

En  el Siglo de Oro español, Lope de Vega hizo la obra de teatro Fuenteovejuna. Es el nombre de un pequeño pueblo de campesinos donde hay un regente que es Comendador Mayor de la Orden de Calatrava, Fernán Gomez, tiránico y cruel, que  roba y abusa de mujeres. El pueblo se rebela y toma su residencia gritando “todos a una, Fuenteovejuna” y vivas a los reyes católicos, y mata al regente. La investigación ordenada por la casa real inquiere sobre el asesino, y la respuesta que obtiene de todos es que el autor es Fuenteovejuna. Es una obra valiente y esencialmente democrática en el 1600.

Si las vivas a los reyes se interpretan como vivas a la democracia ejercida con sus derechos y deberes, y el asesinado es la negativa del Estado a hacerse realmente cargo de la búsqueda de la verdad y de que es responsable del terrorismo de Estado, el reclamo seguirá creciendo hasta que sea un hecho el “todos a una”. Porque, aunque moleste a los regentes que aquí deciden, todos somos familiares.

 

  

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