¿Y ahora… quién podrá defendernos?

En medio de una escalada de los homicidios (junto al resto de los delitos, que también se dispararon), al Presidente no se le ocurre mejor idea que bromear sobre el punto y deslizar lo que ya es un rumor a gritos sobre la permanencia del ministro Heber al frente de la cartera. «Las bromas con la verdad no son bromas», decía un viejo amigo y tal parece ser el caso de un Secretario de Estado que viene siendo cuestionado no solo por su actuación en el Ministerio del Interior sino desde antes con su cuestionada participación en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (con la eliminación del SICTRAC y la entrega del Puerto de Montevideo, como ejemplos de su controvertida gestión). El Hombre Araña sería el elegido por el mandatario quien, fiel a un estilo poco ortodoxo de comunicar, adelanta muchas de sus decisiones de manera informal, como una manera de tantear la opinión pública y medir la reacción que origina con sus comentarios.

Lo cierto es que la falta de timing fue notoria en un tema harto sensible para una población que se resiste a acostumbrarse a los niveles de violencia que han explotado en los últimos meses sin atisbo de solución a la vista. La seguridad uruguaya está enredada en una telaraña que ni Spiderman podrá deshacer si no se entiende de una buena vez que, ni estaban preparados ni podrán resolver esto por sí solos…
De aquel acuerdo, ¿se acuerdan?

Si no lo recuerdan pueden ir a consultarlo en la propia web del Ministerio del Interior donde no solo luce su texto firmado por todos los partidos con representación parlamentaria, sino –también- verificar su cabal cumplimiento con una tabla que también luce publicada allí. Eran tiempos del gobierno de José Mujica, el que a poco de iniciarse mandató a todo su gabinete a la concreción de grandes acuerdos en diferentes temas, entre los que estuvo la seguridad, esa que ya era motivo de preocupación para los uruguayos.

Y ese acuerdo se alcanzó y rubricó en agosto de 2010, y fue una hoja de ruta para una gestión que a poco de comenzar debió soportar una acérrima y dura oposición de los mismos que hicieron parte de ese esquema acordado de gestión que fue cumplido ampliamente. Un tiempo absoluto que se desperdició en concentrar el máximo esfuerzo en denostar la figura de un Ministro en lugar de promover el desarrollo de ese acuerdo como una verdadera política de Estado. Algo que podría haber sido tal si no fuera por el explícito rechazo a ser parte de la misma por quienes borraron con el codo lo que firmaron con sus manos aquel agosto del año 2010.

Fueron casi que 10 años completos de dura y violenta oposición que se concentró en medir la gestión a través de las cifras sin reparar ni un instante en que las mismas eran el reflejo de una sociedad que todos integramos y de la que somos responsables por sus acciones. Cifras que aumentaron al impulso de mejoras de registros que hoy están cuestionados por su falta de rigor y exigencia como entonces. Muchos confirman hoy que fue un verdadero disparo en los pies aquel objetivo de mejorar el acceso a la denuncia pues con ello se incrementaron los datos y era el caldo de cultivo para una oposición que los aprovechó electoralmente. Nunca repararon en que mejorar los registros de denuncia pretendía conocer la realidad para poder cambiarla, y que al hacerlo se pujaba en disminuir la cifra negra de no denuncia que hace parte de una realidad desconocida a la que había que dar respuesta efectiva.

Hoy siguen afirmados en una baja de delitos que tiene como razón principal a una pandemia que incidió a la baja de la actividad criminal en todo el mundo, pero que no fue ni es la única razón. Hay sobradas sospechas de una precarización del registro de denuncias con la no renovación de estudiantes becarios para la atención en las Comisarías, haciendo que la atención al público se deprima y con ello desestimular la concurrencia a denunciar. O la no utilización de las tablets para registrar denuncias en el lugar de los hechos, (a pesar que las autoridades lo niegan, hay un cúmulo de denuncias que lo confirman). O el regreso de los “cuadernos” para tomar denuncias en las seccionales y hasta la incorporación de personal retirado para sustituir a los mencionados becarios. Y ni hablemos de las “muertes dudosas”, sugestivamente incrementadas en esta administración y cuyos registros no cuentan en las estadísticas de los homicidios (con lo cual la cifra podría ser más abultada todavía).

Hoy, los críticos de entonces, dueños de una verdad que no era tal, beben de su propio veneno, concentrado por años de desidia y dedicación exclusiva en destruir más que en construir políticas de largo plazo. Sin detenerse ni un segundo a pensar que fueron parte de esas soluciones que abandonaron rápidamente para ejercer pura y dura oposición sin alternativas.

Fue un tiempo perdido, absolutamente perdido, y estamos pagando las consecuencias. Y para colmo, asistimos hoy a un escenario donde la soberbia –esa mala consejera- hace gala en todos los cuadros de gobierno encabezados por el Presidente de la República. Ese que debiera bajar del pedestal y reconocer que estamos ante un gran problema que merece una gran solución que nos abarque a todos.

Hablando como un patrón antes que como un estadista (“voy a echar a un Ministro y ponerte a vos…”), se equivoca. No debiera bromear con algo tan importante como es la seguridad y menos, en medio de una escalada de homicidios de extrema violencia. Hubiéramos preferido que hablara el Presidente de TODOS los uruguayos, y que lo hiciera con la humildad de los grandes, llamando a un gran acuerdo nacional para buscar esas soluciones que –a 2 años y medio casi, de gobierno- no se aprecian.

Basta ya de improvisar con la seguridad de los uruguayos, y basta –también- de improvisados en la gestión. Extrañamente no hablan los policías (esos que se supone saben de seguridad), y, en su lugar, hablan legos recién llegados que hacen parte del problema antes que de la solución.

Es hora de un giro de timón, y el que maneja el barco es el Presidente. Un Presidente que si no sabe debiera saber que tiene enfrente a una oposición que lejos de ponerle palos en la rueda sigue ofreciendo su mano para acompañar en la búsqueda de esos acuerdos imprescindibles para el futuro de todos los uruguayos.

No son superhéroes ni mucho menos, pero son uruguayos que representan a una mitad que no lo votó pero que quieren lo mismo… un mejor país para vivir.

el hombre tiraba redes,
el perro ladraba al de la máscara…

Por El Perro Gil
Columnista uruguayo

 

  

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