¿Es Ucrania del 2022 “otro Afganistán”?

Ell 25 de febrero, dije y quedó registrado en Segunda Dosis de Legítima Defensa, que Rusia llegaría hasta Odessa. Vladimir Putin no había anunciado ese objetivo. Sólo la desmilitarización, desnazificación de Ucrania. Algunos estudiosos decían que Rusia se limitaría a liberar la totalidad de los territorios del Donbass reconocidos repúblicas populares independientes. Muchos afirmaban que Rusia ocuparía Ucrania, que parecía lo más probable porque tropas rusas ya cercaban Kiev para inmovilizar allí medio ejército ucraniano en la defensa, mientras se armaba el encierro del Donbass.

Me basé en el antecedente de Georgia, donde, como bien dijo en 2007 cuando Rusia destruyó instalaciones militares de Georgia, Paul Craig Roberts (el Jefe del Departamento del Tesoro durante el gobierno de Ronald Reagan), “Ningún otro país (que EEUU) tiene ambiciones imperiales expansionistas. El gobierno chino no ha ocupado Taiwán, lo que podría hacer si quisiera. El Gobierno ruso no ha ocupado antiguas partes constitutivas de Rusia como Georgia, la cual, llevada por Washington a lanzar un ataque, fue instantáneamente superada por el ejército ruso. Putin podría haber colgado al títere georgiano de Washington y reincorporado Georgia a Rusia, de la que formó parte durante varios siglos y a la que muchos consideran que pertenece.”, pero no lo hizo. No ocupó Georgia ni intentó un “cambio de régimen”.

Rusia no se quedó con Georgia (que yo pensé que ocuparía) porque, a pesar de haber dicho y de pensar Putin que “la URSS implosionó por culpa de una bomba de tiempo que le puso Lenin en la Constitución” (la completamente libre autoderminación de los pueblos), Putin ha ido entendiendo ese principio político y sus derivados militares, pero no sólo Putin, porque no gobierna solo. En reciente entrevista de Rossiyskaya Gazeta al secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Nikolai Patrushev, caracterizó la “línea óptima de comportamiento” de Rusia, para enfrentar “el colapso del mundo centrado en Estados Unidos”, como “respeto por la soberanía, la identidad cultural y espiritual y la memoria histórica”.

Rusia aceptó el referéndum de Osetia del Sur, autoproclamada república independiente y muy mayoritariamente prorrusa (próximamente, también con un referéndum, es posible que se incorpore a la Federación Rusa), pero no entró en consecuencias prácticas de la discusión histórica sobre Georgia ni impidió la trayectoria internacional de Mijeil Saakashvili, quien pasó de Presidente de Georgia a Gobernador de Odessa, en Ucrania, luego del golpe del Euromaidán, en 2014.

Pensé el 24 de febrero, cuando inició la operación en Ucrania, que Rusia reiteraría el esquema de 2007. Donbass (repúblicas populares de Donestk y de Lugansk, recuperando Mariupol, puerto de Donestk, decisivo sobre el Mar de Azov) y Nueva Rusia (recuperando Odessa, el mayor puerto del Mar Negro junto a Sebastopol en la península de Crimea). Todos esos territorios, al igual que Crimea misma habían sido anexados a Ucrania por Jruchov (primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1953 y 1964, quien, asunto aparte, era ucraniano y fue primer secretario del Partido Comunista de Ucrania entre 1938 y 1949), no para rusificar Ucrania (porque Kiev fue y se considera el origen de Rusia, “La Rus de Kiev”), sino para “comunizarla”, dijera Putin, para mayor seguridad, porque, aunque habían pasado más de diez años de finalizada la “Segunda Guerra Mundial”, los nazis de Stephan Bandera, apoyados por occidente, seguían saboteando y atentando contra Ucrania, que, además, contaba con las complejidades del territorio de Galitzia, de pasado austrohúngaro, que Stalin le arrebató a Polonia en la guerra.

UNA “INVASIÓN” QUE DESINVADE Y NO DESNAZIFICA

Recomiendo ver el documental de Oliver Stone “Ucrania en llamas”. Está censurado en Ucrania, Europa, Norteamérica, aliados y afines, pero el canal de Cuba, “La mesa redonda”, logró subirlo a YouTube, aunque con algunos defectos en los subtítulos en castellano (también tiene subtítulos en inglés que compensan). La película contextualiza los hechos actuales e incluso las proyecciones electorales tras una muy posible partición de Ucrania tras la guerra. Era la población rusa desde el Donbass a la frontera con Transnitria (la región separatista prorrusa de Moldavia) los que le dieron la victoria al Partido de las Regiones y hacían que el Partido Comunista de Ucrania prácticamente doblegara en votos al partido nazi Svoboda. Después obligaron a Zelensky, para ganar las elecciones, a presentarse con un programa que prometía acuerdo con Rusia, cumplimiento de Minsk (cese el fuego en el Donbass) y dedicación a la economía. Con la partición, Kiev tendría a Sector Derecho o a Svoboda con probabilidades de ampliar el poder fáctico hacia el gobierno. En Crimea obtiene buen resultado Rusia Unida. En Donestk y Lugansk, las repúblicas populares, podría medrar el Partido Comunista de la Federación Rusa, si, en un nuevo plebiscito, esta vez para integrarse a la Federación, los habitantes del Donbass, que habían aprobado la independencia pero también aceptado un estatuto de autonomía en el marco de los acuerdos de Minsk (2015), votan ahora por la integración a Rusia.

Pero si Polonia recupera Galitzia, oeste de Ucrania (“la reunificación histórica” con la que especula, no sin fuertes indicios, el portal de RT), la escalada militar vuelve a colocar a la OTAN en la situación que quiso evitar Rusia con la indivisivilidad de la seguridad. “En reuniones a puerta cerrada celebradas desde que se aceleró la crisis, funcionarios estadounidenses han advertido que la estrategia de Putin para las próximas semanas podría ser redirigir el conflicto hacia Washington”, advertía el New York Times ya el 7 de marzo. Pasaron dos meses, pero en cualquier momento la entrada más formal de la OTAN en Ucrania, puede abrir el escenario señalado por el vocero oficiosos del Partido Demócrata de EEUU. La prueba con éxito, hace dos semanas, del misil ruso intercontinental hipersónico Sarmat, con todos sus componentes fabricados en la Federación Rusa, no deja de ser una amenaza en dirección a Washington, a tiro de sus 18 mil kilómetros de alcance.

Por cierto, todo parece ser cartas en la mesa para negociar. La hipótesis subyacente en el periódico neoyorquino es que EEUU para aceptar indivisibilidad de seguridad le haría pagar a Rusia, a través de la propaganda, el precio político de mostrar su nuevo estatus militar creciente, pero considerando que el precio esperado por EEUU no se pagó en la realidad, sus objetivos evidentes son prolongar la guerra, seguir vendiendo armas y el declarado de “nuevo plan Brzezinski” de transformar Ucrania en “otro Afganistán para Rusia”.

También recomiendo ver la más reciente entrevista de Leonardo Attuch a Pepe Escobar en Brasil 247. Escobar proporciona cifras: “Hasta ahora, en la Operación Z, las fuerzas armadas rusas solo han utilizado: 12% de sus soldados, 10% de sus aviones de combate, 7% de sus tanques, 5% de sus misiles y 4% de su artillería. El dial de dolor está configurado para subir sustancialmente, y con la liberación total de Mariupol y la resolución de una forma u otra del caldero de Donbass”. Además alerta sobre “tácticas desesperadas como una invasión conjunta rumana/ucraniana a Moldavia/Transnistria, con «fuerzas de paz» rumanas que ya se acumulan cerca de la frontera con Moldavia”.

Si se produce la partición (oeste polaco, centro ucraniano, este y sur ruso), no hay desnazificación de Ucrania. Ese “objetivo militar” se continúa en la política. La narrativa mediática hegemónica eurocentrista midió índices de popularidad en la UE y sólo coincidieron con ésta en los primeros quince o veinte días de la controfensiva rusa; baste relevar las encuestas en Austria –que nunca fue prorrusa–, donde el 40 % de la población apoya que el canciller Karl Nahammer abra cuenta en rublos y otro 23% considera a Nahammer “demasiado proucraniano”.

¿QUIÉN AISLÓ A QUIÉN?

Afganistán deparó para la URSS un efecto dominó en sus stans que, sumado a otros muchos factores, contribuyó a un rediseño de Europa central y oriental y de eurasia, pero también determinó la parte del eclesiastés que la propaganda no te cuenta. Tras veinte años de ocupación militar (2001-2021) la OTAN salió huyendo precipitadamente de Afganistán. ¿Por qué? Básicamente por haber quedado aislada. Los talibanes sobrevivieron a la Boabab (“la bomba madre”, la mayor luego de la “Super”) lanzada por Trump y cuando Biden quiso retrasar la salida, ya estaban los chinos y los rusos negociando ayudas al nuevo gobierno.

No hay posibilidad de “otro Afganistán para Rusia”, aunque organizar y armar la yihad nazi en Europa fue tarea cumplida, por si no prevalecía el criterio Patruchev, aunque Ucrania es una planicie agrícola. No tiene un centro montañoso inaccesible.

Más probablemente Ucrania sea otro Afganistán para la OTAN, porque en este caso, además, no es la URSS contra una grande y verdadera revolución (la de Irán, 1979), ni se involucró a pedido a una reciente, mera, simple y no empoderada victoria electoral de izquierda, sino que las milicias populares de las repúblicas del Donbass –Lugansk y Donesk– resistieron 8 años sosteniendo control militar en sus territorios ante los ataques de los batallones nazis, incluso a partir del 16 de febrero, contra armamento pesado de la OTAN. Su aceptación de estatuto autonómico en los acuerdos de Minsk era una concesión.

El economista francés Jaques Sapir observa: “mientras que el G-7 representaba más del 50% de la economía mundial en los años 80 y más del 46% en 1992, su cuota se redujo en el año 2000 al 43,6%, bajando al 34,4% en 2010 y al 31,2% en 2020. Esto también se aplica a lo que puede llamarse un “G-7 ampliado”, que incluye a Corea del Sur y Australia. Existe una clara relación entre la impotencia del G-7, las constantes disputas entre sus miembros, y esta pérdida de influencia en el PIB mundial. De hecho, cuando el G-7 expulsó a Rusia en 2014 (antes fue el G-8), probablemente firmó su certificado de defunción.

(…) La opinión pública europea ya no representa la “opinión mundial”, sino simplemente la opinión regional. En cualquier caso, esto es lo que se desprende de la guerra en Ucrania, pero también de los acontecimientos que están teniendo lugar en África, donde la combinación de la influencia rusa y china está en proceso de expulsar a las antiguas potencias coloniales, como puede verse en Malí. En general, esta guerra pone de manifiesto no tanto el aislamiento de Rusia como el de los países “occidentales”. Las consecuencias a largo plazo son importantes.” (observatoriocrisis.com, 24/4).

Es sencillo, las sanciones contra Rusia fracasaron económicamente porque se volvieron contra Europa, pero fracasaron políticamente porque más del 70% de la población mundial habita países que no apoyan las sanciones a Rusia de EEUU-RU-UE y la propaganda yanqui sólo dio cierto resultado al principio en Europa, porque en EEUU nunca detuvo la caída de Biden.

“La UE, como territorio estadounidense ocupado, ahora está descendiendo, rápidamente, desde el centro del poder global al estatus de jugador periférico intrascendente, un mercado en apuros en la lejana periferia de la “comunidad de destino compartido” de China” (Pepe Escobar, en “Sentate a ver a Europa suicidarse”, “Sit back and watch Europe commit suicide”, en The Cradle).

Por José Luis González Olascuaga

Periodista y escritor uruguayo 

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