CINE | “Spencer”: Despiadado retrato de una casta parásita

Las hieráticas y rígidas posturas de una aristocracia apolillada, las tradiciones caducas como signo identitario de radical decadencia, el crónico parasitismo de las clases sociales privilegiadas y la rebelión de una mujer que desafió al statu quo son las transgresoras vertientes temáticas que desarrolla “Spencer”, el nuevo largometraje del aclamado realizador chileno Pablo Larrain.

El film, que condensa la peripecia de la célebre Lady Di, esposa trágicamente fallecida del príncipe Carlos, heredero de la corona británica, marca un nuevo hito en la filmografía del cineasta trasandino y un regreso a la vertiente del cine que pone a la mujer en el centro de la escenografía cinematográfica.

Tal es el caso de “Jackie” (2016), con la monumental Natalia Portman en el papel protagónico, que –con singular agudeza dramática- describe la tortuosa peripecia de Jaqueline Kennedy, la viuda del asesinado presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Este crimen político, acaecido en 1963, más allá de eventuales contramarchas, sigue siendo una suerte de enigma.

Empero, Larrain también es autor de otros valorados títulos, como “No” (2012), “El club” (215), “Neruda” (2016) y “Ema” (2019) y, más allá de eventuales altibajos, ha sabido construir un prestigio que lo distingue de otros artistas de su generación.

En ese contexto, su ya vasta filmografía, pese a su juventud, ha incursionado en temas históricos y biográficos, con un acento casi siempre transgresor. No en vano, pese a su independencia, es un hombre claramente identificado con una ideología de izquierda, que ha fustigado reiteradamente a la dictadura genocida de su país y a las derechas, a las cuales considera enemigas de la cultura.

En esta oportunidad y sin temor a un eventual salto al vacío, el creador pone el foco nada menos que en la figura de Diana Spencer, más conocida como Lady Di, quien falleció trágicamente el 31 de agosto de 1997, en un confuso accidente automovilístico.

Como su corta vida, su prematura muerte está rodeada de enigmas y tuvo mucha visibilidad mediática no sólo por su pertenencia a la familia real británica, sino también por sus posturas y actitudes claramente rupturistas.

En efecto, la princesa de Gales se transformó en una auténtica celebridad mundial por su trabajo de caridad y por su singular preocupación por las poblaciones más vulnerables. Naturalmente, esta actitud colisionaba radicalmente con su ámbito de pertenencia: la rancia aristocracia real.

Por supuesto, esta mujer admirada y en muchos sentidos también admirable, trabajó intensamente a favor de los enfermos de Sida y de cáncer y de los pacientes con patologías mentales.

Empero, tal vez fue más famosa aun por sus encontronazos y conflictos con la familia de su marido, por su explícita rebelión contra las imposturas de la realeza y por su indudable carisma que la transformó en una suerte de ícono para las mujeres del planeta, pero también para muchos hombres que valoran los sustantivos avances logrados por el sexo femenino en los últimos años en el crónicamente machita mundo occidental.

En “Spencer”, Pablo Larrain construye una ficción que seguramente abreva de la realidad, para describir tres días en la azarosa vida de la princesa más célebre del siglo XX.

Como no se trata de una biografía propiamente dicha, el cineasta parte del supuesto que el espectador conoce al personaje y que no es indispensable abundar en su historia.

Empero, desde el comienzo mismo del relato, ya se percibe el perfil rebelde de esta mujer cuasi inclasificable, que viaja raudamente a través de la campiña inglesa a bordo de su propio auto, sin contemplar ni mínimamente las precauciones ni las medidas de seguridad que debería tomar un personaje que pertenece a un núcleo familiar de nobles.

Empero, lo que realmente sorprende es que la narración comienza con un contingente militar que transporta un cargamento supuestamente secreto, lo cual, a priori, sugiere que esta película es un exponente del cine bélico.

Sin embargo, el destino de estos hombres enfundados en rigurosa indumentaria de combate es una residencia de campo y la carga, aunque resulta sorprendente, son los comestibles que serán depositados en una inmensa cocina habitada por un chef y una auténtica multitud de cocineros.

La secuencia, que por supuesto no pasa inadvertida ni siquiera para el espectador más desprevenido, da cuenta de las extremas precauciones que se adoptan con los alimentos que consumirán los nobles, que es, a todas luces, una suerte de secreto de estado.

En ese contexto, la icónica princesa Diana (impresionante Kristen Stewart) asume un papel dentro de otro papel: el de la noble originaria de una aristocracia en bancarrota, que funge como esposa del hijo mayor de la Reina Isabel II, quien, a los 95 años de edad, sigue reinando.

Empero, más allá de eventuales imposturas, esta mujer que desafió todos los convencionalismos y se adaptó a costumbres que odiaba intensamente sólo por amor a sus hijos, conserva incólume su personalidad y su identidad independiente.

En ese marco, el film retrata –sin ambages- a una mujer virtualmente acosada, que, al ingresar en la suntuosa finca de veraneo donde la aguarda toda la familia real, debe pesarse en una inmensa balanza.

Además, tiene que padecer la permanente vigilancia de una suerte de mayordomo que la recibe y la sigue a sol y a sombra, quien, no por casualidad, es un militar retirado contratado para esa función.

El relato, de lenguajes cinematográficos tan morosos como asordinados, denuncia la extrema soledad de alguien que no se siente parte de un mundo de fantasía, que está a años luz de la realidad cotidiana de un país desarrollado que padece las mismas disfuncionalidades y asimetrías de otras naciones del mundo.

Esa sensación de ajenidad se percibe en cada escena, por la ausencia de diálogos, el radical desapego afectivo y la elocuencia de los gestos, que resultan aun más explícitos que las propias palabras.

Esa situación de extrema orfandad y desencanto es magistralmente retratada por el cineasta chileno, que siempre sitúa a la princesa en primer plano y a los nobles que la rodean en un segundo plano, con rostros esfumados e indiferentes.

En tal sentido, se percibe a simple vista el desprecio de estos pelucones hacia una mujer segregada y condenada al desprecio, pese a que esta cumple al pie de la letra con todas las reglas que impone el protocolo, sin olvidar naturalmente su origen ni la compulsión de su espíritu emancipado.

En tal sentido, esa suntuosa residencia campestre, que más que una mansión parece un palacio, es para la protagonista una suerte de prisión sin barrotes.

La reacción de la princesa ante tanto desprecio soterrado pero no menos contundente, eran los trances de bulimia que padecía en cada almuerzo o cena, situación que intensificaba aun más el rechazo de quienes la rodeaban.

El único bálsamo para esta fémina atribulada parecen ser sus hijos, que la aman pero son parte de ese mundo paralelo, y una humilde criada que la venera y es una suerte de confidente.

Larrain, que también oficia como guionista, apela a una impronta de realismo mágico, cuando parangona a la desdichada princesa con la reina Ana Bolena, una de las seis esposas del demente rey Enrique VIII, quien fue decapitada por falsas acusaciones de adulterio y, erigida, con el tiempo, en una víctima de la barbarie de la monarquía inglesa.

En tal sentido, apelando a un lenguaje visual de trazo surrealista que tiene mucho de fantasmagórico, el espectro de la asesinada reina se transforma en una pesadilla para la protagonista. Si bien se trata de un recurso propio de una película terrorífica de clase B, calza perfectamente con el propósito de transformar la peripecia de la mujer en una experiencia cuasi terrorífica.

“Spencer” es un grotesco y descarnado retrato de una aristocracia rancia y en situación virtualmente terminal, que –para matar su crónico ocio- gasta el dinero del erario británico en pasatiempos baladíes y estupideces propias de esa fauna holgazana.

En tal sentido, la película es un crudo baño de irrealidad real aunque parezca un razonamiento contradictorio, que denuncia los excesos de una clase privilegiada hija de la tradición e históricamente del saqueo y hasta del crimen.

Esta es la despiadada crónica de una mujer que desafío a todo ese artificial mundo de cartón impregnado de oropeles, quien, con el tiempo, se transformó en un paradigma universal de compromiso con los que más sufren y en un ejemplo a emular.

La película –que es una apuesta sin dudas osada y si se quiere hasta irreverente por tratarse de personajes reales- destaca nítidamente también por su minuciosa reconstrucción de época, su lujosa fotografía, su sugestiva música y por la excepcional actuación protagónica de la monumental Kristen Stewart.

 

FICHA TÉCNICA 

Spencer. Reino Unido-Alemania-Estados Unidos-Chile 2021. Dirección: Pablo Larraín. Guion: Steven Knight. Fotografía: Claire Mathon. Música: Jonny Greenwood. Edición: Sebastián Sepúlveda. Reparto: Kristen Stewart, Timothy Spall, Sally Hawkins, Sean Harris, Jack Farthing, Jack Nielen y Freddie Spry. 

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico de cine

  

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