Los países pobres y el arte de comer muy poco

¿Còmo suprimir el hambre mundial? Una pregunta sin respuesta a un problema nacido en tiempos remotísimos. Desde miles de años ha sido un problema geopolítico y un dolor de cabeza para los dirigentes de los países subdesarrollados.

Afganistàn presenta realidades de tres mil años atrás. El Sahara Occidental otro tanto. Y Timor Oriental,aunque màs cerca en el tiempo,también tiene sus postales de la época de la caza y de la pesca.

Los cereales siguen siendo la base del alimento de los pobres. Y el pan,por ejemplo,es un alimento básico en los tres países citados. E incluso a veces ni siquiera alcanza para comprar harina y se hace con cebada.

La agricultura tiene un enorme peso y condiciona la política alimentaria de esos países, cuyos campesinos representan dos tercios de los desnutridos crónicos del mundo,quiènes viven con menos de un dólar por dìa.

Sus cultivos son apenas de subsistencia y ni se piensa en exportar:las economías familiares respresentan un 45% y se conforman,como en Afganistàn con “comer aunque sea dos veces por dìa”. Y en los países desarrollados ,los enfoques de estos temas a veces están lejos de la realidad.La reducción de la producción de víveres llega a plantearse como una necesidad para proteger el medio ambiente,pero el estomàgo de un ser humano famélico no entiende esas razones.

Incluso manejar el hambre de la gente como arma supera el terror y el miedo causado por los Ak 47. Eso lo saben los “señores de la guerra” de diversas zonas de conflicto,caso Somalia. Incluso la “ayuda internacional” occidental se hace si una etnia,tribu o pobladores de una región concuerdan con el organismo o empresa presente en la zona,tal como Afganistàn. El hambre empleada como arma es perversa y se aplica màs a menudo de lo imaginado.

Los habitantes de los países ricos practican la ciencia de “comer para vivir”. Los habitantes de los países pobres practican el arte de”vivir sin comer”. Las zonas de conflicto muestran su cara màs triste: el sufrimiento de la población civil desarmada. La labor de un “observador militar” proporciona un sitio privilegiado para el análisis de la realidad,al estar “con la bota en el terreno” y en contacto con la gente.

Pude apreciar en tres regiones lo difícil que resulta el simple acto de alimentarse: el Sahara Occidental,Timor Oriental y Afganistàn.

Los saharauis vivìan en base a tè con mucha azúcar.Algunos tomaban leche de camella. Un dìa me detuve en el pozo de agua de Timquerdad,remoto lugar ubicado en una región llamada Mijek(.Los pozos son lugares de referencia en el vastísimo Sahara y es lugar de reunión e intercambio.)

Era pleno mediodía y el sol caìa a pleno.Los camelleros estaban preparando pan. Amasaron harina de trigo con agua y sal.Luego encendieron una fogata sobre la arena caliente.Al cabo de un rato,apagaron el fuego y cavaron un hoyo. Envolvieron la enorme bola de masa en un paño,la introdujeron en el ardiente hueco y lo volvieron a tapar con arena. El pan quedó listo al poco rato.

Nunca los vi comer vegetales,salvo en alguna región donde un pozo de agua proporcionara el suficiente lìquido para mantener una huerta. Tal era el caso de una región llamada Oumdreyga (Marruecos). Habìan allí diversos plantios cuidados con todo esmero.Consumian carne de cabra en contadas ocasiones.No podían darse el lujo de pagar tanto dinero por un animal. (la carne de cabra del desierto es la mas dura y sosa que he probado).

Cuando se hacìa una fiesta por una ocasión especial (una boda,por ejemplo) la tribu entera compraba y faenaba un camello y se preparaba una comida común. Por lo demás,vivìan de la ayuda internacional. No contaban con otro recurso.

Los timorenses pasaban tiempos difíciles en la época del Monzòn seco.Visitè una aldea en el Valle de Cailaco,en el Districto Bobonaro. Era la hora del almuerzo. La pobre gente comìa juncos hervidos.Comentaron: “Es el sobrante de la última cosecha.Con estos juncos fabricamos alfombras, pero ahora no tenemos otra se cosa”. Como son muy amables y hospitalarios, me invitaron a comer.

Pude comprobar lo desagradabe que es comer juntos hervidos.En Timor abundan los cerdos y hay un alto consumo de lechones,pero en algunas regiones no eran tan afortunados. Es el caso de Aileu, pueblo cuyos habitantes comen murciélagos. Los compran en el mercado.La carne de perro tambièn forma parte de la dieta timorense. Lo comen asado o en estofado con una salsa de coco.

La situación de los agricultores y los pastores afganos era tristísima . (Al presente lo es màs).De visita por la región de Gurziwan, Districto de Faryab,lleguè a una aldea donde se hacìa la siembra. (Con un instrumental idéntico al de tres mil años atrás,según pude comprobar màs tarde). Estaban desyunando antes de comenzar el trabajo: cebolla y pan,lo único disponible. Me explicaron: “Con suerte haremos la cosecha en su momento e iremos al mercado. Vendemos una parte y la otra la guardamos en casa para pasar el invierno”.  La persona encargada de esta tarea es siempre la mujer màs vieja de la familia,quièn distribuye los alimentos a diario. Confìan el buen criterio dado por su experiencia. “Si le erra al càlculo –dijo el jefe de la aldea-nos morimos de hambre”. Los màs pudientes preparaban “palao” (arroz con pasas de uvas),la comida nacional afgana,pero siempre en reducida cantidad.

En conclusión,son los “pobres”, un estrato social de vida misera.

Viven al lìmite.Desesperados, se van a las grandes ciudades a trabajar de jornaleros o a vivir de la mendicidad. Sin riqueza y sin sustento, llegan a perder su dignidad y autoestima. Componen una masa anónima, pero si uno convive con ellos,se ve que tienen rostro y este siempre aparece demacrado y con infinita tristeza. La desnutrición y la miseria extrema hasta le impiden sonreir. No tienen motivo para hacerlo.

Coronel ® Tilio Coronel
Montevideo,5 de marzo de 2002

 

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