Esteban Valenti: La mitad del país está claramente en contra de los 135 artículos. Y eso no se lo saca nadie

A los uruguayos no nos gustan los empates, ni reales ni morales, nos gustan las victorias, los resultados claros, incluso aquellas victorias que desmienten todas las previsiones de los expertos en cualquier cosa, incluso en política.

Para leer este resultado habrá que hacer un gran esfuerzo, la relación de la rosada con la celeste es de poco más de un punto y eso nos duele porque las 135 leyes son muy malas y hubiéramos querido anularlas y darles a todos la lección de que en este país no se puede manosear la Constitución y encajarnos una LUC de 476 artículos. No será posible, pero estuvimos mucho más cerca de lo que nadie preveía. Creo que los únicos asustados, asustados fueron los del gobierno.

La mitad del país está claramente en contra de los 135 artículos. Y eso no se lo saca nadie.

Los promotores del SI en todos los idiomas accesibles ya manifestaron su decisión de dialogar, de buscar caminos de entendimiento, de que se trate de expresar a una gran parte del pueblo uruguayo, pero ahora será el gobierno, sus alas, sus facciones, sus centristas, sus derechistas, sus fanáticos que deberán definir. Obviamente en primer lugar el Presidente de la República.

Los adjetivos fáciles sobran en esta situación, si miramos la realidad desde que se comenzaron a juntar firmas, desde hace dos meses, un mes desde casi todas las encuestas, el SI tuvo una remontada espectacular. No por la campaña, no por meritos de cúpulas, sino por la gente, por la voluntad de los ciudadanos de militar, de golpear puertas, de batirse en las redes sociales, de pintar muros, de producir materiales de propaganda y publicidad. Y de hacerlo organizadamente y a plena conciencia y con argumentos. Ellos son los triunfadores.

Salieron adelante en una batalla totalmente despareja, 85% a 15% en publicidad de radios y 70% a 30% en publicidad de TV y en espacios informativos en los medios de 3,5 a 1.  Así de grueso. Lo sabíamos al comenzar, pero había que combatir en ese ambiente hostil y se hizo de la única manera, con la gente. Y eligiendo bien los contenidos, los mensajes y replicados o creados por miles de personas. Un nuevo tipo de campaña electoral.

Y los hicimos en poco tiempo y con muy pocos recursos económicos, porque la causa tenía una base de extrema justicia, había solo que comunicarla y multiplicarla.

También ayudó el gobierno y sus voceros, que no percibieron que la gente sabe distinguir entre una vacuna y su nivel de vida, su empleo, sus derechos, su seguridad y las estadísticas y los atropellos, entre los «pequeños olvidos» del discurso presidencial, como por ejemplo el del aumento de los combustibles «transparente» y mensual…

Necesitaremos tiempo para analizar a fondo este esfuerzo, de la oposición, el Frente Amplio, los sindicatos, el PIT CNT, los movimientos sociales más amplios y gente de todos los partidos y sin partido que se sumaron a esta gesta. Y le dieron un gran impulso.

Ahora es el gobierno que tendrá que cargar con este fardo terrible de 135 pésimas leyes, no podrá pasarse los próximos 3 años echándole la culpa al referéndum, como lo hizo con la pandemia y con la guerra. Tendrá que aguzar su imaginación o hacer cosas tangibles y no inaugurar piedras.

La batalla por frenar la derechización del país, de la sociedad uruguaya, el desprecio por las libertades plenas, los derechos conquistados en muchos años y la identidad de los uruguayos tuvo un fuerte impulso y debe continuar.

Pero creo que todos hemos aprendido una gran lección que todavía tenemos que estudiarla. Ojalá podríamos decir lo mismo del gobierno.

A partir del 28 de marzo veremos su «agenda» de los aumentos, de los combustibles, del costo de vida, del impacto en los indicadores sociales, en la educación, en la inseguridad, porque no queremos considerar a la policía ajena al pueblo, como otros que la quieren considerar propia, y la hambrearon, le pagaron salarios de miseria y la postergaron hasta la huelga.

Esperaremos el resultado final, pero hay algo que es fundamental, la sociedad uruguaya, esa parte más sensible y activa rompió su inmovilismo ante tantas injusticias, retrocesos disfrazados de selfies y ante tantos fanáticos en las redes que no admiran a Mussolini pero están cerca de sus métodos y de sus odios.

Los uruguayos hemos dado una muestra más de vivir y construir una gran democracia

Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia.

Decía Theodore Roosevelt

Hay muchos tipos de democracia, no por la cantidad de votantes, sino por un conjunto muy complejo y amplio de cualidades o de defectos. Y eso se ha construido a lo largo de la historia universal y nacional.

Uruguay tiene una gran democracia, vivida, respetada y promovida por la gran mayoría de sus ciudadanos. Y eso no siempre fue así, es una construcción consciente, con aportes imprescindibles desde sus pensadores, sus políticos y sobre todos su pueblo, la razón última y fundamental de la democracia.

Ayer fuimos a las urnas para resolver sobre un conjunto grandes y complejo de leyes, situación que excepto en los casos de plebiscitos constitucionales, nunca se repite.

Se produjo una gran movilización ciudadana que fue creciendo hasta alcanzar niveles superiores incluso a algunas elecciones nacionales. Y no tenían el principal atractivo: no se elegía ningún gobernante a ningún nivel. No había nombres y cargos, había leyes, ideales, políticas, reformas y conceptos muy importantes para nuestra vida en sociedad.

Nuevamente superamos el 80% de los habilitados que fueron a las urnas, con voto obligatorio, pero esa es la exigencia mínima que podemos tener los ciudadanos ante la Patria y ante la Constitución, en definitiva ante la democracia. Practicarla.

Por eso también es grande nuestra democracia. Pero además la hicimos progresar, en una consulta compleja para que cualquier extranjero ignorante o docto de nuestras normas complejas comprenda hasta que punto fuimos exigidos los uruguayas y uruguayas en este pronunciamiento. La hicimos progresar, porque la ejercimos en forma directa, sobre 135 artículos de una ley de urgencia y no nos ocultamos detrás de elecciones de medio términe, como se hacen en muchos países. Aceptamos que aquí el gobierno y el parlamento tienen cinco años por delante. Nadie lo cuestionó, a no ser algunos publicitas del propio gobierno.

La complejidad de la consulta, la hizo progresar y eso debe determinar que ante nosotros mismos y ante el mundo, este pequeño gran país demuestre su gran democracia.

No siempre fue siempre así y eso hay que valorarlo, escribir la historia de cómo construimos la república y la democracia, es una suma de capítulos apasionantes de sangre, de luchas, de conciencias, de aciertos y de errores, no muy lejanos en el tiempo.

Los uruguayos aprendimos mucho del tiempo oscuro en que nos robaron la democracia, todavía nos falta, porque hay en los pliegues de la política nacional fanáticos feroces, insultantes y despiadados que sin adorar a Mussolini, adoran su concepción de destruir a sus enemigos. Ellos no tienen adversarios, solo tienen enemigos. Y esa es una responsabilidad de ellos, personal, pero de sus partidos. Una democracia es grande cuando no deja crecer la hiedra venenosa del fanatismo.

La izquierda uruguaya, para los que tenemos memoria incorporó de manera abrumadora la democracia, sin ningún adjetivo posterior, como su terreno nacional y natural de su pensamiento, de su táctica, de su estrategia e incluso de su identidad. Debemos estar orgullosos y vigilantes, porque las tentaciones siempre están presentes.

Incluso en los 15 años de gobierno hubo muchos aciertos pero también errores, pero nadie puede decir que la democracia se empobreció, se debilitó internamente ni en su imagen ante el mundo, ni ninguna de las libertades que le dan sustento a la república y la democracia. Nunca se usó el poder con prepotencia y violencia y ese es un avance histórico.

Esperaremos hasta el final los resultados del referéndum, pero no queda dudas que el esfuerzo lo hicimos con nuestras capacidades y nuestras mejores tradiciones. Y escribimos otra página de que aquí, nadie es más que nadie.

No quiero obviar en absoluto mi responsabilidad personal cuando me propusieron y acepté hacerme cargo de la campaña de comunicación y publicidad del SI. Fue un gran honor, una gran responsabilidad y un momento muy especial en mi larga vida política de más de 60 años y de casi 10 campañas electorales y referéndum.

Las responsabilidades hay que asumirlas hasta el último instante, sobre todo después hay que definir los límites y los alcances. Para un balance más profundo y detallado habrá tiempo. Sí puedo decir que fue la campaña más complicada, diferente y en cierta manera difícil porque sabíamos que enfrente tendríamos de forma despiadada toda la ventaja del poder, económico, gubernamental, de los grandes medios que ocuparon con entusiasmo su papel (no todos por igual).

La tendencia natural es a sentirse responsable de los resultados, y esa sería una gran falsedad, una pequeñez. El gran protagonista de esta batalla, desde el inicio hasta el último minuto fue la gente, el pueblo rosado y por el SÍ.

Nunca me gustó la imagen de las «masas» solitarias de gente toda igual que asume las grandes causas, porque nunca sucedió en la historia, desde Espartaco o la Revolución Francesa siempre hubo dirigentes, organizaciones y en esta oportunidad también, como no podía ser de otra manera. Sin ese tejido forjado en la experiencia, en las pasiones individuales y colectivas no se hubiera dado el progreso de la democracia y el resultado del referéndum.

La política y la comunicación, en el mundo de la información son inseparables. Y la primer prueba es precisamente integrar la comunicación y la publicidad a la política. Y lo hicimos entre las dos vertientes y con el protagonismo de la gente. Y elegimos bien, muy bien.

Un referéndum no se gana con una gran campaña, pero se puede perder con una mala campaña.

Esteban Valenti

 

  

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: