27/3: la verdadera encuesta

Hasta ahora las encuestas siempre se nos presentaron como una instantánea, una foto de un momento determinado que no implica la verdad revelada ni mucho menos. Representan -lo intentan al menos- una aproximación tan solo para conocer la temperatura de una opinión pública que oculta muchas veces su verdadera intención. Así ocurrió en elecciones pasadas donde se auguraba un triunfo anticipado del actual Presidente y debió esperar un nuevo período electoral para hacerse del deseado sillón. Claro que no perdió el tiempo y construyó la victoria -exigua pero victoria al fin- cinco años después. Hoy se nos presentan muchas encuestas que refieren a la opción que tomarán los uruguayos a escasos días de la instancia del referéndum. Junto a esas postales, deslizan indisimuladamente otras instantáneas que refieren a la popularidad del mandatario y estas no se divulgan de manera inocente.

A tal punto que llevaron al primer mandatario a salir a defender sin pudor y al filo de la Constitución, una ley que prometió en campaña pero que definió mucho después de asumido su gobierno. En suma, las urnas serán las únicas que tendrán la palabra justa y el dato verdadero con la única proyección que vale y que se expresará indubitablemente el último domingo de Marzo de 2022…
Vox populi, vox Dei

La opinión pública, la tan manoseada voz del pueblo, es como el Santo Grial para quienes hacen política. Dicen (decimos) no creer en las encuestas pero están (estamos) pendientes de las mismas. Y mucho más cuando se acerca una instancia electoral donde se confirmen o desechen los augurios de los encargados de producirlas.

Según nos gusten o no, las calificamos como válidas o truchas… sin medias tintas; y, junto a ese veredicto, arrastramos a sus interlocutores con los mismos calificativos. Hoy todo pasa por ser blanco o negro, de izquierda o facho, o más simple aún: por un SI o un NO. Sin embargo, está bien que dudemos de las encuestas, porque estas son solo una construcción humana, una más de las tantas que ha realizado el hombre a lo largo de la historia, y como tales son falibles, imperfectas, y obedecen a un método que puede contener errores, propios de su confección o desarrollo. Incluso, hasta podrían ser deliberadamente falsas o inventadas.

Sin llegar a esos extremos, la historia reciente nos ha dado razones para -por lo menos- poner en duda a las encuestas. Hasta las últimas elecciones tuvieron errores cuando predecían un ballotage definido con los resultados de Octubre y sin embargo hubo que esperar varios días para dilucidar el ajustado resultado.

Hoy tenemos un panorama incierto a pesar del casi unánime vaticinio de las empresas encuestadores que dan un neto predominio del NO… Pero no reparan en un detalle no menor y es lo que ellos conocen muy bien: la tendencia. Y en ese sentido hace unos meses atrás la diferencia era muy grande y hoy se ha achicado, y la tendencia indica el crecimiento del SI ante un declive de los promotores del NO, al punto que terminan concluyendo en un escenario abierto con un alto porcentaje de los indecisos, que serán (como pasó casi siempre), quienes definan la elección.

Pero hay otro detalle que no se puede soslayar y es que habrá -irremediablemente- una ocasión para ponderar la marcha de un gobierno que prometió los mejores 5 años de nuestras vidas y ya lleva 2 que nos recuerdan tiempos pasados de crisis y carestías. Entonces, con esa mochila a cuestas resulta muy difícil poder separar al momento de decidir el voto, porque estará condicionado -inevitablemente- por la situación que nos impone una escalada de precios que agrava las economías de los uruguayos que sufrimos la depreciación de nuestros ingresos.

La inflación empuja al alza y no tenemos espalda suficiente para hacerle frente con salarios, jubilaciones y pensiones deprimidas que ajustaron por debajo de esta. Basta con ir al almacén o al supermercado, a la panadería o a la feria, para poder comprender el alcance de una carestía que tendrá una respuesta -sin dudas- en las urnas. Porque gran parte de esa política de aumentos descontrolados está en el espíritu de una ley que tiene entre los 135 artículos que se pretenden anular, algunos que son responsables directos de esta escalada.

Y aún cuando se esgrima que fueron votados por unanimidad, no alcanza para denigrar un mecanismo de democracia directa que pretende corregir lo que se votó. Eso es ni más ni menos que la democracia misma y el soberano tiene el legítimo derecho de expresarse al respecto.

Es cierto que esta corta campaña no permitió concentrarse en lo que realmente se pondrá al veredicto popular. Explicar 135 artículos no es fácil pero sí fue posible hablar de ejes temáticos y llevar a tierra lo que implican los mismos ha sido parte de una estrategia que se traduce en gran medida en perjuicios para una población que no tiene que entender de leyes pero sí debe saber distinguir muy bien los efectos que esas leyes tienen sobre sus vidas.

Así es que importa anular artículos que afectan la política de colonización, justo en momentos que se conocen noticias que implican a senadores y ministros del gobierno a los que se investiga por beneficiarse con los cambios propuestos en la LUC y no haberse excusado al votar la misma, por ejemplo.

Importa anular un mecanismo de fijación de los precios de los combustibles que afecta la canasta básica de todos los uruguayos y representa una suba de casi un 40% en lo que va de gobierno. Y no pongamos la guerra como excusa ni a la pandemia porque no había guerra cuando se votó la LUC y la pandemia -si es excusa- vale para todo (seguridad incluida), no solo para la economía.

El domingo 27 se vota en el Uruguay, y ese día los uruguayos seremos legisladores por un día, pero también seremos encuestados por un día, y el resultado será parte de una gran fotografía que determinará realmente el acierto o el error de quienes se dedican a hacer pronósticos.

El domingo que viene hay elecciones y también, encuesta…

el hombre aprontó la balota,
el perro mordisqueaba un padrón electoral…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil 

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