¿De quién son las calles?

Las calles y las veredas son nuestras, de todos, para la libertad de transitar por ellas. Las plazas están para el disfrute general. Y eso, de triunfar el SI, no va a cambiar. Por más que el senador Sergio Botana haya dicho que no se iba a poder caminar por la calle, porque si caía la LUC entonces volverían los delitos al mismo nivel que antes.

Para decir eso se basa en ciertas estadísticas que ciertamente tienen un elemento distinto al de otras evaluaciones, puesto que la pandemia es un factor determinante en las condicionantes en que se dieron los delitos: subieron, claramente, los delitos basados en violencia de género —y seguramente el aislamiento tuvo que ver, tanto al principio de la pandemia en Uruguay como, sobre todo, cuando el pico de muertes tuvo un aumento sostenido, sobre los meses de marzo a julio del 2021—, y bajaron los arrebatos que sucedían en la calle, por la menor movilidad. Además, en algunas gráficas se comparan datos de años confrontándolos con otros de meses, lo que muestra una poca seriedad en el análisis. Y se hace esto para terminar diciendo lo que quieren que sepamos, aunque no sea real: que vamos mejor.

Nada de esto se ve, a decir verdad. Los homicidios han aumentado notoriamente, aun cuando para las estadísticas la categoría de “muertes sospechosas” impiden contabilizarlas como homicidios. De esta manera se altera la contabilidad.

Y ni qué decir de las denuncias. Puesto que todos los números que se dan son en base a las denuncias, y todos sabemos de casos cuyas denuncias no fueron tomadas o bien son desechadas por algún mínimo detalle formal, estamos ante un subregistro de las mismas.

El ministro Heber dijo que con la LUC la policía tiene “más armas para combatir el delito”, aunque en realidad lo que parecería ser es que tienen más armas para defender la propiedad privada, aún a costa de quienes nada tienen que ver con actos delictivos y que son confundidos por tales.

También dijo el ministro del Interior que “el combate frontal y efectivo que la Policía dio al narcotráfico es también parte de estos números, porque a nadie escapa que el narcotráfico es el que origina otro tipo de delitos: hurtos, rapiñas, abigeato. Por lo tanto, ahí está realmente el enemigo de nuestra sociedad”. Como si el gobierno anterior no hubiera hecho nada, y como si este tema no se hubiera agravado, con enfrentamientos de bandas, armadas, por el control de territorio.

Sin embargo van presos los que expenden drogas al por menor pero no los verdaderos narcotraficantes, estos hasta salen del país y se casan. Y además el aumento de más de cien mil dólares para hacer depósitos de dinero en los bancos, sin tener que justificar y/o comprobar su origen, facilita el flujo de dinero para los narcos y el lavado de dinero.

Y lo más peligroso de la frase del ministro es que coloca un enemigo a combatir que no son los narcotraficantes en sí, sino el eslabón más débil de esa cadena, dando una “misión” a la policía (y al ejército, al establecer controles fronterizos, tanto por acción directa u omisión), en la misma lógica de la Doctrina de Seguridad Nacional que tanto daño hizo a los uruguayos y uruguayas en el pasado reciente.

 

Por Sergio Schvarz
Periodista y escritor
 

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