El sistema de previsión | Emparchando a la uruguaya

Mientras buena parte del mundo occidental  lo considera fuera de contexto,  aquí estiran su agonía las propuestas del momento.

Origen  de los sistemas de protección  social.

En Alemania al final del siglo XIX el canciller Bismark instaló seguros contributivos para situaciones de incapacidad laboral que dio paso, 20 años más tarde, a un sistema contributivo de previsión pública. De ahí en más” las prestaciones no se otorgan por necesidad sino por haberlas ganado en base a un historial contributivo y laboral”. La cotización genera el derecho a recibir una prestación en determinadas situaciones de invalidez,  desempleo y, sobre todo, terminado el ciclo vital de trabajo. En los posteriores, la vigencia de pleno empleo fue un supuesto ineludible para la viabilidad y resultados cohesionadores de la sociedad trabajadora. En los llamados Estados de Bienestar y paternalistas, a este modelo se adjuntaron prestaciones para cubrir omisiones del mismo. Sucedió pues que el modelo produjo exclusiones: de los desempleados, trabajadores a tiempo limitado, amas de casa y, por lo mismo, aportantes parciales o fragmentados. Por lo demás, el Estado se excluyó de financiar los colectivos sociales de distinta índole laboral con sistema propio aunque en algunos países interviene legislativamente avalando normas internas al funcionamiento de los mismos.

Diagnóstico de un observador

La producción humana compensada por un salario en la primer era industrial fue continuada con la automatización y la cibernética incorporando actividades independientes de la fuerza física y el sexo. Ello sumó participantes a los sistemas contributivos durante al siglo XX. Pero desde el comienzo de este siglo la deslocalización del trabajo en tiempo y lugar del globo, su recortada continuidad, vinculación a la precariedad y consecuente distorsión del ciclo laboral en la vida humana, han dislocado los colectivos y, por ende, los sistemas contributivos. Agregado el decrecimiento estructural del empleo, base de estos sistemas, los mismos reproducen las desigualdades y exclusiones del mercado de trabajo del que dependen. Las consecuencias se miden en menos aportaciones de las segregadas y nulas prestaciones de los informales. En tanto se prevé que este proceso es irreversible, las prestaciones sociales focalizadas en casos no cubiertos por la protección del trabajo, serán la regla. Esta mayor cantidad de ciudadanos  que perentoriamente necesitan   asistencias fuera del sistema  contributivo son prueba de la exclusión que provoca;  financiera y social en cuanto retroalimentan  el mito de “vagos y dependientes de la caridad estatal”.

Inequidad del sistema

En un contexto de creciente flexibilización y precariedad del empleo para las nuevas generaciones, trabajadores con salarios bajos y empleos inestables (que no alcanzarán para una jubilación) están pagando las prestaciones para los de sueldos altos y empleos estables. Y proporcionalmente, con mayores expectativas de vida los más pudientes alargan el lapso de estudios, empiezan a aportar más tarde y reciben prestaciones durante mayor tiempo.

El absurdo de las propuestas en Uruguay

 De una u otra forma el Estado Nación debe ocuparse del principio que hace su razón de ser: el derecho a la vida de sus ciudadanos. A ello apuntan los objetivos primarios de un sistema de protección social.  Por tanto, en última instancia le concierne la financiación y operativa de los mismos. Y abarca todos los colectivos sociales organizados con esa finalidad. Obligar a que los protagonistas aporten más y reciban menos nunca será solución si lo caduco es  el Sistema. Me recuerda  cuando mi hija con 7 años  tentaba engañarme _ vos elegís papá; chicle o caramelo.

Si en un predio limitado usted engorda ganado y el agua o pasturas no alcanzan, no es solución hacer que los animales coman y tomen menos. Incorpora tecnología para mayor suministro de esos insumos. O sea, cambia el sistema!

Por Luis Fabre

La ONDA digital N.º 1041

  

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: