La invasión de Ucrania: entre el peligroso umbral nuclear y los albores de un nuevo orden

Un escenario previsible y evitable

La invasión por parte de Rusia a Ucrania es condenable y los argumentos para justificar la misma podrían haber sido evacuados y tratados en otros ámbitos, entre los cuales los surgidos de los Acuerdos de Minsk y la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa. Si bien los antecedentes que derivaron en esta invasión mostraban una situación pasible de ser encauzada en términos diplomáticos, tal cual ya señalara Kissinger en un artículo del 2014 y que otros estrategas estadounidenses hicieran ver en su momento la importancia de Ucrania y la sensibilidad rusa con el tema para llegar a medidas de confianza mutuas, la política exterior de Estados Unidos y la OTAN hicieron caso omiso de esos análisis y recomendaciones generando las condiciones para que Rusia percibiera la amenaza de quedar cercada y cortada en sus vías de salida al Mar Negro y Mediterráneo (Kissinger, 2022; 2016; Brzezinski, 1998). Las alertas por la expansión de la OTAN sin generar un nuevo escenario de seguridad mutua con Rusia ya habían sido avanzados por analistas antes de los acontecimientos del 2014 (Morales Hernández, 2010) Y también las advertencias por una nueva guerra fría en esa región clave geo-históricamente por lo que no puede hablarse de imprevisión en un salto de la historia (Sparrow, 2013). Las derivaciones de la respuesta rusa en ese momento luego del golpe de Estado en Ucrania con la anexión de Crimea llevaron a una modificación de la política exterior de Obama, otorgando otra prioridad al espacio europeo. (Bassets, 2014; Dubien 2014).

La situación y consecuencias es pasible de diversos análisis desde distintas aristas, cuestiones y disciplinas. Para este artículo el interés está circunscripto a dos aspectos: el referido al peligro de una derivación nuclear de la guerra y el concerniente al nuevo orden en gestación o en parto como señalara en un artículo reciente una colega (Ruiz Castro, 2022) y la factibilidad o no de que se transite el camino de la guerra. En ese sentido, tomaré dos ejes centrales: para el umbral nuclear, los límites de los acuerdos gestados en el siglo XX frente al avance de la industria nuclear (y de armamento en general) y en relación al surgimiento del nuevo orden un análisis de la votación reciente en la Asamblea General de Naciones Unidas donde se condena a la “operación militar especial” por parte de la Federación de Rusia para focalizar en los Estados que no acompañaron la resolución.

El escalón de la catástrofe nuclear

La invasión ubica a la humanidad de nuevo en las cercanías de la medianoche del reloj nuclear, una vez que Putin alertó sobre la posibilidad de cruzar ese límite “sin vencedores” en caso de participación de la OTAN. Este límite funcionó como equilibrador entre Estados Unidos y a Unión Soviética una vez que el sistema se reconfiguró sobre las nuevas bases de la bipolaridad, pero ha habido cambios importantes en el siglo XXI que aparejaron por un lado un mundo globalizado tecnológicamente y en una parte de su población, pero al mismo tiempo un mundo que se ha ido reconfigurando a partir de regiones y países emergentes que fueron diseñando sus nuevos objetivos. En estas reconfiguraciones, el factor nuclear y la medición de una posible hecatombe adquiere relevancia por sus repercusiones planetarias.

El reloj nuclear fue una idea concebida por un grupo de científicos luego de la Segunda Guerra Mundial. La idea tenía como objetivo prevenir situaciones que llevaran a la hecatombe nuclear y para ello se tomaron varios indicadores y no solamente los referidos al factor nuclear. El tema nuclear estuvo regulado por las potencias que pertenecían a ese grupo selecto y en especial por Estados Unidos y la Unión Soviética. Los principios sobre los cuales se pautaron acuerdos en el sistema internacional fueron el de no proliferación para disminuir los riesgos que podría aparejar la misma; el control (relativo) para no generar una carrera de armamentos y desequilibrios y la posibilidad de desarrollar la tecnología nuclear civil con fines pacíficos. Si bien, durante la última década del siglo XX los acuerdos alcanzados en el dominio nuclear (START I en 1991 y START II en 1993) llevaron a que las agujas del reloj se alejaran de medianoche, eso fue cambiando en el siglo XXI, debido a la creciente competencia geopolítica y geoeconómica en un planeta condicionado ambientalmente. Por otra parte, los incentivos de la industria armamentística en general incentivan la competencia y la desconfianza mutua. El número de Estados con armamento nuclear pasó de cinco (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) a nueve (India, Paquistán, Corea del Norte e Israel) y el arsenal atómico se ha expandido además de que se siguen generando nuevos desarrollos más sofisticados de defensa/ataque. Esos Estados son los que más han desarrollado la industria del armamento en sus distintas versiones y son los principales exportadores de armas a otras regiones del mundo, empezando por Estados Unidos y siguiendo con Rusia. Los gastos militares y la inversión en ese sector han crecido en el mundo convergiendo con el crecimiento de regiones y países en el siglo XXI. La industria militar incluyendo la nuclear responde a intereses determinados que articulan los Estados: el crecimiento de la misma genera un desarrollo que impulsa otros sectores y es parte del núcleo duro del interés nacional. Entender la importancia que tiene el factor nuclear asociado a un tipo de desarrollo determinado muestra justamente uno de los principales riesgos globales para el conjunto de la humanidad. Y el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania con las declaraciones realizadas por Putin ponen al espacio europeo en una situación delicada de primer frente y a la Unión Europea en disyuntivas políticas y estratégicas. La respuesta de Joseph Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, planteó una postura clara y el nacimiento de una Europa geopolítica que propulsó la sesión especial de la Asamblea General, la resolución y los apoyos en la comunidad internacional (Borrell, 2022).

Los votos en la Asamblea General y el nuevo orden

Los 141 Estados que votaron la resolución en la Asamblea General de las Naciones Unidas instando a Rusia a retirarse de Ucrania y deplorando la advertencia nuclear realizada por Putin, representan más de dos tercios de los Estados del planeta. En total 5 Estados votaron en contra (Rusia, Bielorrusia, Eritrea, Corea del Norte y Siria) y 35 se abstuvieron de votar la resolución.  En la acera de los que no votaron esa declaración, además de Rusia, que votó en contra, se abstuvieron China, India, Sudáfrica, Irán, Irak, Vietnam. Además de China, que sigue desarrollándose en todos los ámbitos, ampliando su espacio de influencia y –lógicamente- erosionando el de Estados Unidos y también de países europeos (incluyo acá el referido al Reino Unido, además del de la Unión Europea), varios de los países que se abstuvieron son países emergentes o relevantes geopolíticamente. Y la población de esos países representa cerca de la mitad de la población mundial. Además, un aspecto a señalar es que los BRICS –salvo Brasil- no apoyaron la resolución de Naciones Unidas. Y justamente el BRICS ha reivindicado reformas en las instituciones, toma de decisiones y funcionamiento del sistema internacional.

Este mapa de la votación es representativo de quiebres en el orden internacional post-segunda guerra mundial, pero también en el más reciente edificado post-caída del muro de Berlín. Hay dos aspectos a tener en cuenta en la evolución estructural del sistema internacional post-caída del Muro de Berlín: uno concierne la dinámica de la mundialización del capitalismo que dinamizó regiones y países y otro atañe las capacidades de algunos países en capitalizar las posibilidades económicas en recursos de poder político, tecnológico, científico. En definitiva, no solamente se ha ido modificando la cartografía económica del planeta, sino también la referida a los indicadores de potencia global que tiene en cuenta los indicadores geográficos, demográficos, económicos, técnicos, militares, políticos y sociales (Revue Conflits, 2018). Y los indicadores de potencia global muestran el ascenso de China que se aproxima a Estados Unidos, la continuidad de Rusia como potencia, así como de Francia y Reino Unido, pero también el progreso inexorable de la India y la importancia que han tomado países como Arabia Saudí, Turquía e Irán.  Esta representación puede dar lugar a ideas apresuradas sobre el declive de Estados Unidos como potencia. Si se toma la dimensión militar Estados Unidos además de los avances en tecnología armamentista, cuenta con 856 bases en el planeta, lo que representa un 95 % del total. Y de esas, 452 se ubican en el espacio europeo, es decir la prioridad estratégica tal cual fue diseñada post-segunda guerra mundial.

Si bien no estamos en la bipolaridad de mediados del Siglo XX, asistimos a la erosión de poder de Estados Unidos por parte de China. Y eso históricamente nos retrotrae históricamente a lo que han sido los desplazamientos de una potencia por parte de otra que se han dado generalmente por conflictos armados. La trampa de Tucídides, a quien se le debe la magnífica sistematización de la Guerra del Peloponeso, sintetiza esta situación de retorno histórico. Y los estudios realizados por Graham Allison muestran que no es inexorable el conflicto armado para que una potencia desplace a otra como mostró entre otros ejemplos el desmembramiento de la Unión Soviética.

Hay dos cuestiones relevantes a tener en cuenta en lo que concierne esta evolución: la primera atañe los acuerdos que se han generado entre esos países, sobre todo con la República Popular China y el segundo es si ha habido señales que anuncien el desencadenamiento de un conflicto en el entorno periférico de China. En cuanto a lo primero, China ha tejido varios acuerdos bilaterales, además de participar en instancias como BRICS y Bancos regionales, pero importa la creciente asociación estratégica energética y militar con Rusia que se acaba de plasmar en una Declaración Conjunta en febrero de este año y que incluye cuestiones sensibles como Taiwán y Ucrania. En relación a conflictos en la periferia de la República Popular China, su expansión que se expresa también en el ámbito naval, se ha traducido en situaciones de tensión en las islas Senkaku con Japón o en las islas Paracel con Vietnam, sin contar otras en el espacio marítimo y, por supuesto, el tema Taiwán. Hay múltiples signos de situaciones no resueltas y que no tienen ámbitos institucionales adecuados, lo que puede derivar en conflictos bélicos con una escalada. Sin embargo, no fue en la periferia marítima de China o en relación a Taiwán que se desató la guerra, sino en la frontera rusa. Y aunque la guerra concierne a Rusia como Estado, hay que visualizar que se está gestando la reconfiguración del sistema.

Por Lincoln Bizzozero Revelez

Referencias citadas:

Graham Allison (2017) Estados Unidos, China y la trampa de Tucídides. El País 6 de julio. Disponible: https://elpais.com/elpais/2017/06/20/opinion/1497956137_641445.html

Marc Bassets (2014) La crisis de Ucrania trastoca la política exterior de Obama. El País Internacional 4 de mayo. Disponible: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/04/actualidad/1399208237_347781.html

Joseph Borrell (2022) La guerra de Putin ha dado lugar a la Europa geopolítica. Project Syndicate 3 de marzo. Disponible: https://www.project-syndicate.org/commentary/geopolitical-europe-responds-to-russias-war-by-josep-borrell-2022-03/spanish

Zbigniew Brzezinski (1998) El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Paidós. Buenos Aires.

Arnaud Dubien (2014) Référendum en Crimée: quel avenir pour l´Ukranie ? Affaires Stratégiques. 17 de marzo. Disponible : http://www.affaires-strategiques.info/spip.php?article9415

Henry Kissinger (2022) Cómo termina la crisis ucraniana The Washington Post 24 de febrero.

Henry Kissinger (2016) Orden Mundial. Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia. Penguin Random House. Barcelona.

Javier Morales Hernández (2010) El futuro de la OTAN y Rusia. Identidades y exclusión en la seguridad europea Revista CIDOB d’Afers Internacionals 80-90, pp. 199-210.

Revue Conflits (2018) Indice de la puissance globale. Francia. Disponible : https://mindthemap.fr/indice-de-la-puissance-globale-2018/

Ariela Ruiz Castro (2022) Parir un nuevo orden. China y Rusia en la mira de Estados Unidos y sus aliados. El cohete a la luna. 6 de marzo. Disponible: https://wp.me/p9Of6r-saX

Thomas Sparrow (2013) Ucrania y la nueva guerra fría entre Rusia y la Unión Europea. BBC Mundo. 11 de diciembre. Disponible: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/12/131210_internacional_ucrania_guerra_fria_ue_tsb.shtml

 

La ONDA digital Nº 1039  

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