“La Casa Gucci” | La impronta corrupta de la burguesía

La ambición desmedida, la corrupción, la mezquindad, el egoísmo, la venganza, el delito y la segregación y desprecio de clase son las potentes vertientes temáticas de “La Casa Gucci”, del longevo cineasta británico Rydey Scott, la verídica recreación de la historia de una familia florentina que fundó un auténtico imperio de la moda, el cual fabricó y aun fabrica productos de lujo para las elites sociales de todo el planeta.

No en vano la marca Gucci, que es naturalmente muy codiciada costosa y fue fundada hace 102 años, sobresale por el diseño y fabricación de productos de elite, como ropa, zapatos, joyas, bolsos, relojes y perfumes, entre otros.

El film, que ha tenido mejor acogido en el público que en la crítica, obtuvo apenas dos nominaciones al Oscar 2022 en rubros menores, lo cual supuso una auténtica decepción para sus apólogos y los analistas.

Empero, esta película, que ha tenido un tan resonante como justificado suceso de taquilla, no es un mero catálogo de personajes y situaciones,  en tanto, indaga en profundidad y con acento crítico, en los conflictos y disfuncionalidades de una de los clanes familiares de mayor alcurnia del mundo.

En efecto, la historia no se limita a la mera descripción de pomposos desfile de modas y exhibición de artículos de costo faraónico, sino a indagar en los entretelones de burgueses con veleidades de aristócratas.

Tal es el retrato humano que diseña el emblemático cineasta británico Rydley Scott, cuya dilatada trayectoria en la producción cinematográfico lo ha transformando en un auténtico icono para más de una generación de cinéfilos.

Su obra de más de medio siglo, caracterizada por la versatilidad temática, aporta títulos tan variados y referentes como “Los duelistas (1977), “Alien, el octavo pasajero” (1979), “Blade Runer” (1982), “Thelma y Louise” (1991), “La conquista del paraíso” (1992), “Cruzada” (2015), “Misión rescate” (2015) y la galardonada “Gladiador” (2000), entre muchas otras.

En ese contexto, Scott es autor de una producción desigual pero no menos valiosa, en la que ha incursionado en géneros tan diversos como la cienciaficción, el histórico, el policial y el drama.

Empero, en todos los casos, aun en los filmes de su autoría que distan de lo que se puede esperar de un cineasta tan creativa, se destaca igualmente por su oficio para la construcción de historias bien guionadas, libretadas y mejor ambientadas, por las atinadas recreaciones de época –en el pasado, en el presente y aun en el futuro- y por la agilidad del ritmo narrativo que suele imprimir a sus relatos.

En efecto y más allá de eventuales disquisiciones, de apólogos o detractores, el cine de este mito viviente de la cinematografía universal nunca nos deja indiferentes.

Al respecto, más allá de meros lujos formales en fotografía, música y montaje, la producción de este experto realizador –de impronta creativa inclasificable- siempre aporta múltiples costados reflexivos, no exentos, en muchos casos, al apunte crítico.

En ese marco, la recreación de las vicisitudes, triunfos y derrotas del Clan Gucci representaba, a priori, todo un riesgo para en avezado director por la perdurabilidad, más de un siglo después, de la legendaria marca en el mercado.

Empero, el hecho que actualmente nadie de la familia Gucci forme parte del emprendimiento, le otorgó la oportunidad de revelar los entretelones, grandezas y miserias de una familia de alcurnia que, como en todos los casos, soterró sus más aviesas pasiones para no horadar su prestigio.

En tal sentido, este valioso largometraje es pródigo en la denuncia de prácticas antiéticas, traiciones, manejos fraudulentos, venganzas y hasta crímenes que ulteriormente fueron laudados en estrados judiciales, en un contexto de escándalo mediático de reales proyecciones que demolió la fachada idílica que blindaba a la familia de críticas y eventuales cuestionamientos.

El relato, más allá de las mutaciones que siempre sobrevienen con sus adaptaciones cinematográfica y literaria, se centra en Maurizio Gucci ((Adam Driver), un joven abogado florentino hijo de uno de los dos principales accionistas de la firma: el todopoderoso Rodolfo Gucci (Jeremy Irons), un multimillonario empedernido, viudo, deprimido, solitario y clasista.

Obviamente, por una cuestión de valores, padre e hijo son inicialmente irreconciliables, al punto que el joven, en lugar de utilizar los lujosos autos de la familia se desplaza por Florencia a bordo de una bicicleta, aunque siempre es celosamente custodiado por los guardaespaldas de su progenitor.

En ese marco, el protagonista aspira a independizarse y a ejercer la tarea de abogado, para lo cual debe renunciar, por lo menos en parte, a todos los privilegios que ostenta por legado familiar.

Naturalmente, lo que termina por provocar una abrupta ruptura entre ambos es la decisión del joven de unir su vida e matrimonio con Patrizia Reggiani (Lady Gaga), una mujer tanto hermosa como seductora, inteligente y ambiciosa, cuyo padre es propietario de una empresa de camiones.

En tal sentido, las radicales diferencias sociales entre los integrantes de la pareja tornan imposible un acuerdo entre hijo y padre, quien decide desheredar a su único vástago y obviamente no concurre a la ceremonia religiosa que consagra el enlace.

Los otros personajes de esta tensa trama contaminada por la ruptura, el rencor y el desencanto, son Aldo Gucci (Al Pacino), el no menor rico tío del protagonista radicado en Nueva York, que posee la mitad de las acciones de la poderosa firma, su hijo Paolo Gucci (Jared Letto), un creativo diseñador algo afeminado y Doménico de Sole  (Jack Huston), un abogado manipulador y corrupto que es apoderado y una suerte de asesor de la familia.

Este reparto de grandes estrellas permite otorgar vida a los personajes reales de la historia, con todas las vicisitudes, disfuncionalidades, ambiciones desmedidas e intrigas palaciegas que ello permite suponer.

En ese contexto, el film muta de una inicia comedia romántica donde todo parecer ser idílico para la pareja protagónica, hasta los conflictos que devienen en odios, rencillas intestinas y miserables deslealtades entre personas unidas por lazos de sangre pero despojadas de sensibilidad y afectos.

La película denuncia la corrupción generalizada de una familia que se enriqueció a costas del fraude, ganando mucho dinero pero defraudando y estafando al fisco –es decir a la sociedad que pagan sus impuestos- en forma sistemática.

También desnuda la literal podredumbre moral de personas que no dudan en traicionarse mutuamente y en vengarse, como si se tratara de enemigos y no de familiares.

Otra vertiente temática es la desmedida ambición de personajes como el de la esposa del protagonista, una mujer apasionada pero ambiciosa y manipuladora, que apela a cualquier recurso, por más deleznable que este sea, con tal de lograr sus objetivos.

No le va en saga el abogado de la familia, una suerte de intrigante entre bambalinas, que tras una apócrifa fachada de incondicional lealtad y obsecuencia a sus poderosos amos, esconde una impronta de intrigante profesional que no duda en venderse al mejor postor.

La película, que por momento deviene en thriller cargado de vendettas al mejor estilo de la más rancia mafia siciliana o de los corruptos y bien florentinos Médici, que con sus crímenes marcaron a fuego al Renacimiento italiano, es un auténtico retrato de las más deleznables miserias de la burguesía.

Aunque el relato soslaya toda alusión política, si denuncia- sin ambages- a una clase social privilegiado con estilo de vida ampuloso y licencioso, que no duda en violar las más elementales normas éticas y morales con tal de lograr sus espurios objetivos.

Desde ese punto de vista, “La Casa Gucci” es un retrato crudo, explícito e irreverente, que revela que, en muchos casos, las fortunas que amasan los millonarios se originan en soterradas prácticas delictivas, en la traición y la deslealtad.

Por supuesto, también desnuda la segregación de clase, la envidia, la mediocridad y los odios que subyacen en el interior de clanes familiares cuya convivencia es aparentemente idílica.

A los lujos de recreación de época, ambientación fotografía y música, se suma un calificado reparto actoral, en el que destacan particularmente los legendarios Al Pacino y Jeremy Irons, a lo que se suma la confirmación del auspicioso talento de la estrella y cantante Lady Gaga y hasta la versatilidad interpretativa de una casi irreconocible Salma Hayek.

 

FICHA TÉCNICA
La Casa Gucci (House of Gucci) Estados Unidos, Italia, Canadá 2021. Dirección: Ridley Scott. Guion: Becky Johnston, Roberto Bentivegna, Sara Gay Forden. Fotografía: Dariusz Wolski.  Edición: Claire Simpson. Reparto: Lady Gaga, Adam Driver, Al Pacino, Jared Leto, Jeremy Irons, Jack Huston y Salma Hayek.

 

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico de cine 

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