Artículo 24, numeral 26 / El federalismo de Putin e Iglesias y el de Lenin

Pablo Iglesias escribió en Púbico el 22 de febrero, sobre la explicación de Vladimir Putin para anunciar el reconocimiento de las repúblicas populares de Danetz y de Luganz, que “si alguien tenía alguna duda de que Putin es un anticomunista furibundo y un nacionalista más de derechas que el caballo del Zar, ayer se le despejaron leyendo su discurso. Putin disparó sin piedad contra el imaginario bolchevique para explicar su política. Ni paz, ni federalismo, ni plurinacionalidad, ni hostias. Lenin además fue un cagón en Brest-Litovsk porque ya se sabe, pactar con el enemigo cuando el enemigo es superior militarmente, es de cobardes. En fin…”.

Entiendo que en la coyuntura de Iglesias, con Joe Biden replicado desde mil rostros españoles en los medios para repetir que “Putin no tiene alma”, resaltar que éste se desmarca del comunismo es lo mejor en la izquierda. Pero es riesgoso confundir lo no comunista con el anticomunismo.

Que el Presidente de la Federación Rusa diga que no acepta el federalismo con libre secesión, por lo tanto la plurinacionalidad, que puso en práctica Lenin, no lo hace anticomunista. Iglesias tampoco lo aceptó y tampoco es anticomunista. Yo también he sido crítico de Lenin en otro aspecto (se mató trabajando, desobediente a su médico) y no me considero anticomunista, pero vamos a la actualidad o más adelante:

El 31 de diciembre de 1922, Lenin escribió un informe en el que criticó las bases del acuerdo que constituyó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, elaborado un día antes por los dirigentes de Rusia, Ucrania, Transcaucasia y Bielorrusia, y ampliamente defendido por Stalin.

Escribió entonces Lenin lo más importante para cualquier coyuntura: una cosa es «la necesidad de agruparse contra los imperialistas de Occidente y otra cosa es cuando nosotros mismos caemos, aunque sea en pequeñeces, en actitudes imperialistas hacia naciones oprimidas quebrantando por ello nuestra sinceridad de principios».

Lenin se oponía al artículo 24 del acuerdo, que decía «Las repúblicas de la Unión modifican sus constituciones en consonancia con el presente acuerdo», lo que transfería todos los poderes constituyentes de las repúblicas a la Unión, de las soberanías nacionales y populares a la dirección multinacional centralizada. Ese artículo dejaba de lado el numeral 26 que decía «Cada una de las repúblicas de la Unión conserva el derecho a salir libremente». Lenin consideraba que el acuerdo que establecía la URSS era, de otro modo, un «oportunismo» de las repúblicas más poderosas, porque se realizaba en el momento que varios movimientos revolucionarios estaban por triunfar en repúblicas asiáticas y era una forma de obligarlos a entrar en la Unión, dejando de lado su soberanía.

La redacción final de la primera Constitución de la URSS, fue aprobada por el II Congreso de los Soviets el 31 de enero de 1924, diez días después de la muerte de Lenin. En su título II (De los derechos soberanos de las repúblicas federadas y de la ciudadanía de la URSS) dice así: “Artículo 3. La soberanía de las repúblicas federadas no tiene más límites que aquellos indicados en la presente Constitución y exclusivamente por los objetos reservados a la competencia de la Unión. Dentro de esos límites, cada república constituye sus poderes públicos de una forma independiente: La URSS garantiza los derechos soberanos de las repúblicas federadas”. Y “Artículo 4. Cada una de las repúblicas federadas tiene el derecho garantizado de salir libremente de la Unión”. La ponencia de Stalin había sido derrotada tras la discusión con Lenin.

Éste es más que el imaginario bolchevique. Esta es la acción bolchevique, que llegó a tener 15 repúblicas socialistas soberanas, 20 repúblicas autónomas, 125 óblasts, 7 óblats autónomos, 10 distritos autónomos y 7 krais, constituidos en la plurinacionalidad y el federalismo por adhesión libre y de libre secesión. Yo coincido plenamente con este federalismo. No por bolche, sino por artiguista. Desde gurí.

Pero Vladimir Putin, piensa que fue “un error de Lenin”. Ya había dicho en 2017 que “la URSS implosionó por una bomba de tiempo que puso Lenin en su Constitución», el numeral del tratado que varias repúblicas citaron al separarse setenta años después.

Hoy las asiáticas de esas repúblicas, a las que se refirió Lenin en su argumentación, integran, junto a Rusia, Bielorrusia, China, el sudeste asiático y más, la Organización de Cooperación de Shanghai, una unión bastante más potente y extensa que la URSS. La “crisis” de fines de los 80, principios de los 90, a que Putin refiere, fue, en los hechos, militarmente terminal —los tanques rodaron fantasmales por Moscú en 1993— pero tuvo, gracias en parte al clarividente legado de Lenin, —menos en Rumania— salidas electorales, sin guerra, que preservaron futuro.

La piel del toro

Pablo Iglesias ha pensado sobre el federalismo similar a lo que dice el presidente de la Federación Rusa. El 27 de octubre de 2017, 26 días después del referéndum catalán que reafirmó su independencia, El País de Madrid titulaba: “Pablo Iglesias califica de ilegítima la Declaración Unilateral de Independencia de Catalunya”. Encabeza: “Pablo Iglesias ha reaccionado a la declaración unilateral de independencia del Parlament de Cataluña subrayando que es «ilegal» e «ilegítima»… El 8 de noviembre de 2019, Iglesias, en declaración a Antena 3, insistía: “nosotros tenemos una posición… una opción que planteara no independencia sí o no, sino un encaje constitucional diferente de Cataluña”.

Iglesias coincide con Putin contra la libre secesión. En mi opinión el federalismo es por libre adhesión (libre y legítima secesión) o no es federalismo. Pero no por eso es Iglesias furibundo anticomunista más de derecha que el caballo del Rey (que es el jefe del Estado español en pleno siglo XXI, y yo no quería recordarlo, pero Iglesias intentó la comparación, aunque desde 1917 en Rusia no hay Zar).

Respecto a la paz de Brest-Litovsk, lo que Vladimir Vladimirovich Putin dijo fue, “no lo juzgo; eran tiempos muy difíciles”. Pero si Putin lo hubiera juzgado oponiéndose radicalmente a Lenin, hubiese asumido la misma posición de nada menos que Inessa Armand y Nicolái Bujarin. ¿Eran anticomunistas?

Entiendo que no sumarse a satanizar a Putin podría ser en el Reino de España un “suicidio periodístico”, pero cuando todas las corporaciones mediáticas satanizan a alguien, ellas saben por qué y yo sé elegir “suicidarme” con “Satanás”. Lo hice con Iglesias cuando era él el satanizado.

En el mismo discurso en que profirió su imprecación, «¿quieren la descomunización? A nosotros nos parece bien. Estamos listos a mostrar a Ucrania qué significa una verdadera descomunización», Putin narró con exactitud que “Stalin, la dictadura terrorista, hizo todo lo contrario a Lenin, pero no sacó de la Constitución los artículos porque prescindió de la Constitución”. Si el “federalismo” de Putin fuese leninista, hubiera reconocido la independencia de Donetz y Luganz desde que éstos la ratificaron en referéndum, 2014, al igual que lo hizo con Crimea. También el de Catalunya, desde el referéndum del 1 de octubre de 2017.

La piel del OSE

Putin dijo que no cometería el “error (ruso) de la Segunda Guerra Mundial, de dejar entrar a los nazis a Rusia”, que los detendría antes.

Fidel Castro, entre su crítica a las faltas de principios en la historia de la URSS, señaló el pacto germano-soviético, pero, además, consideró tal pacto militarmente perjudicial para la URSS, porque dio más tiempo a la maquinaria nazi que al ejército rojo y la invasión relámpago —Blitzkrieg— tomó de sorpresa al Kremlin, que no había retirado a la profundidad su principal potencial, resultando devastado en pocos meses. A Putin no lo van a tomar de sorpresa.

Incluso porque si Fidel hubiera avisado en octubre de 1962 que iba a instalar en La Habana misiles soviéticos, los yanquis hubiesen apresurado el bombardeo generalizado a Cuba que tenían planeado tras el fracaso de la invasión por Bahía de Cochinos y finalmente no pudieron concretar, disuadidos por armas nucleares. Zelenski avisó hace diez días que saldría del tratado de Budapest, para instalar armas nucleares en Kiev y precipitó la intervención militar especial en protección de las repúblicas populares y en contraataque a la OTAN por el rearme ofensivo de Europa del este con misiles en Rumania a 10 minutos de Moscú y pronto en Ucrania a 3 minutos.

La provocaciones de guerra de la OTAN durante treinta años, se hicieron finalmente exitosas, de un momento a otro, en un par de días, pero que no diga Putin que Estados Unidos les prometió 10 veces que eso no sucedería. ¿Cómo le van a creer a Estados Unidos? Deberían avergonzarse y callarlo. Ahora muestran pruebas escritas y firmadas de esas promesas, pero ni que lo digan ni que lo escriban ni que lo firmen. Nada. “Ni un tantito así”.

Todos los 9 de mayo, desde 2005, cuando RT empezó a transmitir también en castellano, veo a Vladimir Vladimirovich llevar un ramo de flores a su hermano mayor, Víctor, asesinado por los nazis en el sitio a Leningrado. También lo he visto hacerlo aún bajo lluvia. Cuando Putin dijo que iban a “desmilitarizar Ucrania”, habló sencillamente de la indivisibilidad de la seguridad, “no podemos permitir armas nucleares de la OTAN, que nos califica de enemigo en documentos oficiales, a 3 minutos de Moscú”, pero cuando agregó “vamos a desnazificar Ucrania”, no cree haberlo dicho desde el alma —porque fue educado en el materialismo—, pero sin duda está hablando desde su propia historia, porque si Putin es anti algo, es antinazi.

Y, aún así, por verlos, pienso en toda una generación de huérfanos, en los 27 millones de soviéticos caídos en aquella guerra, que ya cargaban sobre los hombros 3 millones de cuadros del ejército rojo que, al mando de Trotsky y con las directivas de Lenin, vencieron a la intervención imperialista entre 1918 y 1922, y entiendo que alguno de ellos, alguna vez, haya pensado, resabiado, “¿¡por qué nos tocó a nosotros!?”, “¿¡por qué ese pelado anarcofederalista, pacifista cagón, no habrá nacido en Inglaterra, donde dijo Marx que iba a empezar la revolución?!”, ¿¡por qué mierda tuvo que nacer en Ulianov!?”.

Entendible y persistente. Los franceses de Macron (con toda la UE) pidieron a Google y lograron, que bloquease en YouTube a RT, a Sputnik, a la red Voltaire…

Para nosotros es muy grato ser contemporáneos del mayor prodigio de la especie humana en toda la historia universal, que en estos más recientes cincuenta años sacó de la pobreza a 800 millones de chinos, pero fue con la sangre de “nuestro hermano mayor de la Unión Soviética” (Wan Le). Y la cuestión nacional en China es bien diferente. El 90 % de la población china es Han, tiene China homogeneidad poblacional impar. En todas sus provincias, los Han son mayoría, pero, sin embargo, iniciaron los Juegos Olímpicos con un espectáculo de las 35 minorías étnicas de China.

Me enteré recién en 2011 leyendo un discurso de Wen Jiabao —entonces vicepresidente de China—, pronunciado en Xinjiang, “decía Jiang Zeming que los temas de las minorías son siempre de la mayor importancia”. Jiang Zeming gobernó en 1982 y la “discriminación positiva”, con cupos equitativos, ya ordenaba, leninista, décadas antes, la exclusión de medidas restrictivas a las minorías —luego se aplicó la exclusión a la política del hijo único—. El caso de Taiwan no es de soberanía nacional distinta. Taiwan se autodenomina “República de China”, reivindica para sí todo el territorio de la China continental. No es secesionista, pero la usan los colonialistas e imperialistas para las mismas agresiones provocadoras que en el mar Negro y el Donbass, con el mismo cerco militar a China que a Rusia (más de 80 bases rodeando sus fronteras). China, con ayuda de la tecnología militar rusa, del modo más pacífico posible, se los va a sacar de sus costados haciendo valer la soberanía como nación independiente.

Seguro que si hubiese nacido en Inglaterra, en vez de “Lenin”, tal vez se hubiese llamado “Lennon”, con muchísimo más pelo, pero con “su estatura mental” que “difícilmente aparezca (en) otro hombre” (Batlle y Ordóñez), se hubiera dado cuenta lo mismo dónde lo requería el momento y se hubiese largado igual en tren a Petrogrado, y escrito tal cual el artículo 26.

Putin no cree legítima la independencia de Ucrania. No es comunista. Pero asegura que su objetivo es retirarse en cuando la desmilitarice y desnazifique, que respeta los límites de Luganzk y de Donetzk cuando eran provincias y los de la rusa Odessa si sigue el camino de éstas. Se le puede y se le debe creer. Cuando anunció sus líneas rojas fue sincero.

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo.

 

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