Educación emocional: un enfoque antropológico

 

 

La importancia de la adaptación humana en tiempos de crisis es una exigencia. Por ello, es urgente que el Estado y la sociedad en general desarrollen la “educación emocional”, como requisito fundamental para el equilibrio personal y social.

Como antropólogo social, me preocupa analizar la necesidad y relevancia de la educación emocional de las personas, desde la infancia, niñez y adolescencia, con la finalidad de forjar su carácter y personalidad, así como cimentar valores éticos y humanos, reforzando la resiliencia o capacidad para enfrentar las situaciones adversas.

La lucha por la sobrevivencia y la realización personal son actividades inherentes a todo ser humano, para lo cual desde que nace tiene que forjar su personalidad, carácter, destrezas y habilidades para enfrentar la vida social y laboral.

En la actualidad, la sociedad peruana no está enfocando adecuadamente la formación de la persona, debido a que en el sistema educativo formal se le da más relevancia al aprendizaje de “saberes”, “ciencias” y “técnicas”, en desmedro del aprendizaje emocional.

La salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino que es un estado de bienestar integral que incluye también la estabilidad psicológica, emocional y social.

La mayoría de los llamados “problemas sociales”, son el fruto de situaciones traumáticas en el seno de la familia, y que luego originan traumas psicológicos, desadaptación social, que luego devienen en problemas más graves como pandillaje, adicción a drogas, alcohol y videojuegos (ludopatía), problemas de conducta, delincuencia, crimen organizado, femicidio, corrupción de funcionarios.

Para poder ser sostenible y prevenir problemas personales y sociales, es necesario que el Estado peruano y la sociedad en su conjunto se preocupen en desarrollar estrategias para la formación de la “Inteligencia emocional” de las personas, para que los individuos desarrollen “resiliencia”, es decir adaptación a situaciones adversas o frustrantes. Sólo de esa manera se podrá contar con ciudadanos psicológicamente estables y que aporten de manera positiva al desarrollo personal, familiar y social.

La sociedad, desde tiempos prehistóricos, impone exigencias a los individuos en su lucha diaria por existir. Si la lucha por la sobrevivencia en medio hostil, frente a las fuerzas de la naturaleza, fue el resorte que impulsó la existencia humana, en la actualidad los seres humanos siguen batallando con la necesidad de sobrevivir en un medio cada vez más competitivo. Lograr las necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestido, así como las de educación y formación, así como la de conseguir “ser alguien” en la vida, se mantienen.

Sin embargo la actualidad, la vida moderna está marcada por el auge de las nuevas tecnologías, la internet, la velocidad de las comunicaciones y el fenómeno de la globalización, el impacto de las redes sociales en la vida cotidiana y ahora con la pandemia de coronavirus que está ocasionando más de cinco millones de muertes en el mundo, generando además un estado permanente de estrés, ansiedad y depresión, así como la adaptación a la “nueva normalidad” y a las normas de distanciamiento y uso de mascarillas. El impacto negativo en la economía se aprecia en el desempleo, baja rentabilidad, crisis social, aumento de la delincuencia.

Estos factores afectan la psiquis de los individuos. Tal como sucedía en la prehistoria, los que sobreviven son aquellos que tienen mejores cualidades. Y no sólo estamos refiriéndonos a la “instrucción”, “formación académica”, “títulos profesionales”, sino también a un componente fundamental: el desarrollo de la personalidad y lo que los psicólogos llaman “resiliencia”, es decir adaptación a situaciones adversas y frustrantes.

En la vida cotidiana se observan con frecuencia casos de personas que han tenido excelentes calificaciones en el colegio, que se evidencia en notas aprobatorias en las materias tradicionales, diplomas de excelencia, pero que luego han tenido dificultades en su vida personal y familiar. También hay muchos casos de jóvenes que egresan de las universidades con muy buenas notas, pero que en su vida personal han fracasado.

¿Qué sucedió? ¿Acaso las buenas notas son sinónimo de éxito en la vida? Y no nos referimos al éxito económico, porque también se observa que hay casos de profesionales que han tenido serias dificultades para manejar situaciones adversas, precisamente porque no tuvieron una educación emocional. Esto quiere decir que la “instrucción”, la educación escolar, técnico y universitaria requieren también un enfoque integral sobre el ser humano.

 

Por Raúl Allain (*)
(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director de Editorial Río Negro.

 

Reseña biográfica de Raúl Allain

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