Una alternativa a la droga que somos

 

 

Ya no nos retamos por honor.
Ya no nos enfrentamos por dignidad.
Ya no nos unimos por pasión.
Ya matamos por odio a todo amor.

La vida va entre balas hipócritas.
La muerte desfila por los barrios.
Unos las venden en las sombras otros las consumen en silencio.
Sus papis y mamis duermen en la vuelta en un cumpleañitos eterno.

Otro botija cae muerto sobre el cordón pero antes también hirió y mató.
Otro bebe mula es retenido entre los brazos de su tutor.
Otra nena es narcotizada y utilizada.
Los dioses mercenarios intocables del infierno disfrutan del paraíso y en silencio.
Sus organizaciones criminales como un embudo van sumando gente y nadie escapa.

Oficialismo y Oposición de turno buscan en el oportunismo consignas para machacarse con la Inseguridad y dar golpes bajos. Lo que logran es debilitarse entre ellos y la política pierde fuerza y credibilidad. Las gráficas de esta pandemia también estallan, revive lo reaccionario y la democracia se degrada.

Otra amenaza en las noticias no se habla de salud.
Otra balacera en las noticias no se habla de educación.
Otro crimen en las noticias no se habla de vivienda.
En el itinerario son solo atajos. Se habla de privatización y represión pero nunca de cultura ni de integración.

No solo con hambre no se puede pensar. Con miedo tampoco se puede razonar ni avanzar. Individuos dependientes de sus estados anímicos y salud son más fáciles de manipular y dominar.

Entre tantas balas y muertes ¿no será el tiempo de bajar a tierra la política de legalizar todas las drogas?.

Es necesario no negar un hábito cultural y terminar con la hipocresía ilegal de la venta y del consumo de drogas.

Barriendo bajo la alfombra nos lleva solo a la desintegración del tejido social, cultural y la vida social de los barrios. Además de la permanente existencia de la muerte por doquier ya que la vida «no vale nada» así es lo que muestran las balas y sus noticias. La libertad y el respeto van perdiendo soberanía.

La política de legalizar todas las drogas integrando educación, deporte, información y regularizar todo el proceso de producción, compra y venta no es la solución ideal ni lineal ni de un día para el otro. Pero es una nueva luz a un cambio cultural y político que es necesario de alcanzar para poder cambiar o por lo menos oxigenar.

Nadie dice vaya y dróguese que se encontrará con dios y su salvación. Lo que se pide es información de lo que conlleva el consumo de drogas y sus perjuicios no sólo en salud sino también en impacto social y familiar.

El individuo consumidor debe tener la libertad, derecho y la garantía de saber qué es lo que consume. Que no sea veneno para ratas o tubo de luz picado para estirar por ejemplo la cocaína pura.

El consumidor, adicto y su familia además del perejil perro vendedor ya están a la deriva. Ayudemos a no empujarlos al precipicio.

No solo mata la droga ilegal con sus lógicas de producción y ventas sino también mata la hipocresía.

A los balazos y sin razón muere el corazón y el cambio cultural nunca se va a dar.

En el sur tenemos que dar el paso inicial para cambiar porque los problemas del norte nadie nos va a solucionar. Van a seguir cayendo. Si seguimos con esta inercia cada vez va a ser peor.

No podemos olvidar que geográficamente tenemos un puerto que es puerta a Europa y a su vez también va a ser para China. Varios hechos demuestran que los flujos de drogas también se almacenan, pasan y se reparten al mundo desde acá. Estamos en la ruta de la delincuencia.

Perdón, tema a parte. Teníamos un puerto porque ahora es belga. Perdimos soberanía. Todo mérito de nuestro Presidente. No fue el «bajón» fue la ideología y sus intereses.

 

Por Andrés Legnani

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