El calvario de las inocentes / Crónica y vídeo de la marcha feminista

 

 

ANTE LA VIOLENCIA Y EL PATRIARCADO
LAS MUJERES LAS CALLES HAN TOMADO
Marcha feminista

Crónica, Vídeo y Proclama

Por Sergio Schvarz

El viernes 28 de enero se realizó una imponente marcha feminista, replicada en muchas ciudades de todo el país, ante la situación de violencia de género que día a día lesiona, hiere y mata en primer lugar a las mujeres, pero también al conjunto de la sociedad. La lucha por una sociedad antipatriarcal cada vez es más necesaria, porque en ella se basan las relaciones de poder del sistema, y oprime y condena a las niñas y niños, adolescentes y mujeres, a padecer el calvario de las y los inocentes.

Sobre las 18 horas del viernes varios grupos de mujeres iban en dirección a la Plaza Independencia, punto de origen de la marcha. Los pañuelos violetas ondeaban al viento como banderas de revolución. Las mujeres se saludaban entre ellas, se estrechaban en abrazos que hacían crujir todos sus miedos. Sus rostros estaban serios, conscientes de estar haciendo historia, haciendo feminismo al andar.

Veinte minutos después siguieron pasando mujeres y donde estaba ubicado una mujer de cierta edad se sentó en el mismo banco. Conversé con ella hasta que ella también se arrimó a la concentración.

El porqué de su presencia es el disparador y allí escucharé una de las muchas historias de la violencia de género que viene sucediendo desde hace muchos años, muchísimos ya, y que parece no tener fin.

La mujer, que perfectamente podría ser abuela, fue golpeada por el que era su esposo repetidas veces hasta que en algún momento lo enfrentó y pudo salir de esa situación, estableciendo distancias. Sin embargo, considera que la violencia sicológica es peor que los golpes, porque las marcas de los golpes pasan con el tiempo pero lo otro permanece y se prolonga, creando una angustia infinita. Y también me dice que la parte económica juega su papel, puesto que al no permitírsele trabajar (o decir que el lugar de la mujer es la casa) no puede independizarse de una situación tóxica y problemática. Aquí el patriarcado se expresa en el rol tradicional asignado a los sexos: el hombre proveedor y la mujer ama de casa. Celestes y rosas.

Luego por su rostro pasa una sombra, se entristece cuando me dice que intentó traer a su hija —que está viviendo una situación de violencia de género— pero no quiso. Trata de convencerla de que lo denuncie… pero no es fácil para una mujer hacer ello.

Porque, además, se pone el ojo en la mujer y no en el hombre que es el que violenta. ¿Por qué las mujeres no pueden usar short? —levanta la voz, casi gritando, y me señala un grupo de muchachas—, ¿por qué no pueden divertirse?

Le doy la razón. “¿Por qué no pueden ser como quieran ser?”, pienso. Además, no es no, y habrá que dar la batalla cultural para que los hombres —y me incluyo— lo entiendan e internalicen (y resuelvan) sus propias actitudes y contradicciones machistas, grandes o pequeñas.

Luego hubo música, y al sonido del tambor, los cuerpos se movieron. Y hubo consignas de todo tipo, como la estrofa de una canción chilena que dice: “El Estado represor es un macho violador”, donde hace centro en el Estado como la figura que, de una u otra manera, perpetúa el patriarcado, u otras como “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”, o bien: “señor, señora, no sea indiferente/ matan a las mujeres en la cara de la gente”. Y peor, en la cara de las niñas y niños.

VIDEO DE LA MARCHA

 

PROCLAMA LEIDA AL FINALIZAR LA MARCHA

 

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