La ONU debe actuar ante un conflicto armado que desbordaría al territorio ucraniano

 

La tensión generada en la frontera rusa con Ucrania ha disparado una escalada de acciones y declaraciones que han tornado altamente preocupante la situación. Hoy nadie piensa que un conflicto armado pueda desencadenarse y circunscribirse

. Los temores se encuentran entre un conflicto que abarque parte del territorio de Europa hasta una globalización de consecuencias imprevisibles. China ha respaldado las exigencias de seguridad de sus fronteras formuladas por escrito por Rusia. Y Rusia tiene un acuerdo estratégico que lo puede involucrar si se descontrolara la situación de Taiwán con China. En los medios masivos de comunicación se habla poco o directamente no se trata el tema de fondo.

La inseguridad rusa proviene de las aspiraciones de Ucrania de ser parte de la OTAN. Es muy importante conocer que esta alianza política-militar nacida en 1949 por el “Tratado de Washington” contaba en sus orígenes con los siguientes países miembros: Bélgica, Canadá, Dinamarca, EEUU, Francia, Islandia, Italia, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido.

En 1950 se agregan Grecia, Turquía y Alemania.

En 1982 España.

Fines de los 90 Hungría, Polonia y República Checa.

A fines del siglo pasado Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Lituania, Rumania, Albania y Croacia.

Entre 2017 y 2020 Montenegro y Macedonia. Su sede está en Bruselas y la preside el noruego Jens Stoltenberg. Comenzó con una docena de países y hoy son 30. Bosnia Herzegovina y Georgia están esperando. Últimamente Ucrania.

Como se aprecia, las preocupaciones rusas, contenidas en sendos documentos que el ministro ruso de Relaciones Exteriores Sergey Labrov presentó, no carecen de fundamentos. Sobre todo pensando en las cortas distancias de las fronteras de varios miembros de la OTAN con Moscú.

Más allá de los discursos del presidente ucraniano, objetivamente las provincias del este de Ucrania tienen un vínculo histórico, cultural y lingüístico muy fuerte con Rusia e históricamente Crimea fue básicamente rusa. La acumulación de tropas rusas en la frontera con Ucrania constituye una demostración de fuerza que busca evitar mayores amenazas a su seguridad.

Estados Unidos viene de una serie de insucesos en su política exterior que han dejado a Joseph Biden en una posición muy difícil. A la humillante retirada de Afganistán (junto a la OTAN) le sucedieron dos hechos que le complicaron su perfomance internacional. Uno de ellos fue la declaración sobre Taiwán, que tuvo que ser ”corregida” por la vocera de la Casa Blanca el mismo día. Allí Biden pareció evidenciar desconocimiento de la ambigüedad estratégica de su país con la isla. China había amenazado con la ocupación inmediata de Taiwán si esta se declaraba independiente. Y Estados Unidos tiene un compromiso de ayuda siempre que sea agredida en su status de “territorio autónomo“. El traspié público fue noticia mundial.

El malestar profundo con sus aliados europeos más importantes de la OTAN, que se produjo por el acuerdo con Australia por el suministro de submarinos atómicos, fue recibido como una deslealtad por Francia y sus socios europeos. Francia tenía pactado un contrato por cientos de millones de euros por similar provisión. Las respuestas recibidas por Biden y Blinken, de Ángela Merkel (todavía canciller de Alemania) fueron igualmente duras con respecto al gasoducto del Mar Báltico y el acuerdo comercial y de inversiones de la Unión Europea con China. Este panorama le deja a Biden muy poco margen como para aparecer “tolerante“ frente a las exigencias de Putin.

Europa, sin Gran Bretaña, y con nuevo liderazgo alemán, se maneja con grandes tensiones. Su alianza transatlántica es histórica, pero nunca se enfrentó a un potencial conflicto en su propio territorio desde la guerra de los Balcanes. Si hay algo que puede unir a los pueblos de Europa es el espanto a otra guerra. Por ahora mantienen un discurso parcialmente coincidente con Estados Unidos. Pero no es lo mismo que pasar a los hechos.

Putin sabe que militarmente sería derrotado en una conflagración regional si no recibe ayuda. Si China tomara acciones a favor de su socio estratégico estaríamos ante una escala global del conflicto y esto despierta el temor a un desbarranque nuclear. El mundo está más cerca que nunca de una potencial escalada global.

Es urgente que la ONU actué y cumpla su función en defensa de la paz y del derecho internacional. La elaboración de una propuesta de solución diplomática a la crisis es posible. El secretario general puede y debe actuar. Formular un proyecto de acuerdo. Convocar a la Asamblea General para recibir apoyo y convocar a una negociación que obligue a las partes a sentarse a negociar. No puede ser que el mundo asista como espectador pasivo frente a un peligro de esta magnitud. Ninguno de los involucrados tiene derecho a jugar con la vida de todos los seres humanos. Ni la actual potencia imperial y sus aliados, ni las que contestan la hegemonía y pretenden sustituirla. Uruguay debe hacer oír su voz en defensa de la paz, el derecho internacional y una solución diplomática. Sería honrar su mejor tradición nacional en política exterior.

 

Por Carlos Pita
Fue embajador de la República en Chile, España y Estados Unidos

 

 

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