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El abajo está nervioso

La pandemia está en franca retirada, así lo insinúan las cifras oficiales –aunque todavía hay que estar alerta y no bajar la guardia-; así también lo intuye una población que empieza a liberar el reprimido impulso de salir a la calle (por obligación o esparcimiento). Y es que, a poco de empezar a andar el circuito comercial y a moverse la gente en consecuencia, también echó a andar una delincuencia que estaba agazapada a la espera de esa clientela inmovilizada por la pandemia.

Como ocurrió en el mundo entero, también en nuestra sociedad se dio  comportamiento parecido; lo explicaron claramente analistas internacionales (expertos en seguridad pública), que recabaron datos entre los que se incluyó a Uruguay. Sin embargo, instalaron la falsa idea de una baja de los delitos atribuida a una gestión exitosa pero, la realidad se está encargando de desmentirlos. Los barrios empiezan a mostrar su descontento sufriendo una inseguridad que se choca con la versión oficial de una realidad que empieza a ser cuestionada. Lo más triste es lo que sufren las víctimas inocentes que comprueban, en carne propia, las consecuencias de una seguridad que hace agua por varios lados.

Argumentos conocidos

Mientras siguen embarcados en la discursiva defensa de su gestión, la realidad empieza a ocupar espacios de una agenda noticiosa largamente olvidada durante la emergencia sanitaria. Es que los espacios que antes ocupaba la pandemia, ahora en franco retroceso, empiezan a ser llenados por eventos generados por una delincuencia agazapada que esperó este momento. No sé si hubo imprevisión de parte de las autoridades pero la reacción a los eventos de seguridad no parece ser la más adecuada. No solo por la respuesta que exigen los barrios sino por la falta de prevención ante lo que parecía evidente y que ya se había adelantado en otras partes del globo, menos acá.

La ausencia de patrullaje –a pesar de lo que argumentan cuando se encienden las cámaras de televisión- sigue siendo una constante y la respuesta a la emergencia ha sufrido un retraso importante que acumula casos denunciados en redes sociales. Esas, que imponen una realidad alternativa al silencio de radio que, de a poco y presión social mediante, empieza a reclamar por su legítimo derecho a ser cuidados.

En las últimas horas trascendió un reclamo de vecinos de Nuevo París que, hartos de sufrir robos y arrebatos en la zona, realizaron un arresto ciudadano y reclamaron ante las cámaras por la seguridad que no reciben de las autoridades. “No queremos reuniones, queremos que trabajen”, fue el remate del portavoz del colectivo de indignados que pedían por el patrullaje que no ven hace mucho tiempo por su barrio.

Hablan de falta de recursos humanos pero se jactan de haber poblado las comisarías, sin embargo eso no garantiza mayor seguridad para la gente. La seguridad no la da el Policía en el interior de una Seccional sino recorriendo el barrio, hablando con los vecinos, patrullando.

Parece increíble escuchar, entre los argumentos esgrimidos por los responsables de la gestión, que esa falta de recursos humanos obedece a custodias de violencia de género, custodias para traslados hospitalarios de privados de libertad y/o licencias por enfermedad. Algo que si bien es real, antes rechazaban como excusas. Ni fueron excusas antes ni lo son ahora, pero son temas que deben resolver quienes decían tener la solución… que, por supuesto, no tienen.

Hoy padecemos de una absoluta y peligrosa improvisación. Así como no tienen un plan estratégico para las cárceles –como reconoció el propio Ministro en la pasada interpelación- carecen de un plan estratégico para el combate al narcotráfico y se les nota. Es preocupante que se incauten cantidades importantes de pasta base de cocaína porque eso es un dato nuevo e indicativo de la posible existencia de cocinas o laboratorios de producción de la droga. Algo que, de comprobarse, nos haría pasar de nivel de país de tránsito a país productor con todo lo que ello implica.

No es menor que se haya desarticulado al equipo que había formado el fallecido Julio Guarteche, profesionales que se formaron como un grupo de élite que trabajó espalda con espalda en el combate al narcotráfico, miembros de la Nueva Policía que empezó a forjarse con aquel y de la que ya no quedan referentes al mando.

Una política que comenzó en el gobierno de Jorge Batlle y se continuó durante las administraciones frenteamplistas, en lo que fue una verdadera política de Estado que involucró a todos los partidos, acuerdos políticos mediante, que supieron redactar una hoja de ruta cumplida en su totalidad y a la que había que seguir mejorando, pero…

La idea refundacional primó en las nuevas autoridades que –a bordo de una pandemia- inventó un relato que empieza a ser cuestionado ahora por la realidad que viven los vecinos en cada rincón del país. Bastó que la gente empezara a retomar un ritmo parecido al anterior a la pandemia para que los datos empezaran a registrar un incremento de la violencia. Y eso sin contar –todavía- la plena reactivación de la movida nocturna ni de los espectáculos masivos sin aforos limitados, lo que multiplicará los escenarios a contemplar en materia de seguridad.

A partir de Julio se dio un incremento notorio de los homicidios, que mantuvo  tendencia en Agosto, Setiembre y lo que va de Octubre. Datos que confirman que la pandemia tuvo una marcada incidencia en la producción de los delitos siendo la verdadera razón de la baja tan promocionada.

Veremos si los datos que reporta la cartera se corresponden con lo que ha venido registrando la prensa, que –por cierto- no asigna los mismos espacios de antes a los mismos ni la relevancia que daba antes a la crónica roja. Pero los barrios se están poniendo nerviosos, al influjo de una delincuencia que no respeta códigos ni espacios ni horarios, y que aprovecha las oportunidades que le da una normalidad que puja por volver a ser la de antes.

La percepción se construye a base de una agenda que establece los temas cada día, eso es innegable, tanto como que la paciencia de la gente también se agota cuando no ve respuestas a sus reclamos. Un producto podrá tener buena prensa, y llenar los espacios publicitarios pero si su calidad es mala terminará siendo rechazado por el mercado, por la propia gente. Con la seguridad –tratada como un producto de marketing como ha venido siendo- pasa lo mismo, cuando la gente empieza a sufrir las consecuencias de la delincuencia en carne propia, no hay discurso ni relato que evite el reclamo.

El abajo está nervioso…

el hombre se despachó ante cámaras,
el perro ladraba con los vecinos.

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 1024 (Síganos en Twitter y facebook)

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