La pandemia baja y los delitos suben

Se valieron de los efectos directos provocados por la pandemia para «vender» una baja de los delitos como fruto de su gestión. Una ficticia situación de la seguridad que ni bien se recuperó la movilidad social y se normalizó la actividad comercial, empieza a develar un crecimiento de los eventos de inseguridad en forma proporcional a ese aumento. Si los informes académicos internacionales no bastaron para confirmarlo, la cruda realidad uruguaya se encargaría de hacerlo y el registro de denuncias -a pesar de las dificultades a la hora de ir a radicar una- empiezan a dar cuenta de ese incremento. Según datos extraoficiales, las denuncias de delitos se incrementaron al ritmo del cese de la pandemia y se emparejan con los registros de junio de 2019.

El dato (aunque siga siendo sesgado), mata el relato impuesto por voceros que se aprovechan de la complacencia mediática que cuestiona poco, investiga menos (salvo honrosas excepciones) y difunde lo que «vociferan» desde la cartera sin repasar archivos. Las denuncias de delitos empiezan a romper ese cerco y desnudan una realidad que se les fue de las manos hace rato. Teniendo en cuenta, incluso, que las denuncias solo representan una parte, ante el significativo incremento de la cifra negra de eventos que no se reportan, (alcanza con recorrer los barrios y conversar con los vecinos para conocer las dificultades que conlleva radicar una denuncia en la actualidad), el aumento -en términos reales- es todavía mayor. Mientras, la pandemia baja y los delitos suben…

Al ritmo del covid

Tras una pronunciada caída a partir de enero de 2020 -que se prolongó hasta junio de 2021- el número de denuncias retomó un ritmo de crecimiento que lo empareja al año 2019. Uruguay no fue ni será la excepción al resto del mundo, donde la criminalidad mostró un descenso significativo que se correspondió claramente con el transcurso de la pandemia. Hoy, cuando la situación empieza a mostrar otro escenario con el retorno de la movilidad social junto con la normalización de la actividad comercial, se aprecia un incremento de la actividad criminal que se corresponde con esa circunstancia. Es lógica pura, no se necesita ser un experto para darse cuenta que una cosa estaba indisolublemente atada a la otra. Un delito como la rapiña -el que más preocupa a los uruguayos y uno de los de mayor ocurrencia junto al hurto- tenía una clara correspondencia con el comportamiento social y, al decrecer la actividad, era lógico que bajara. Un delito eminentemente callejero, que lo padecen -en su gran mayoría- los transeúntes. Asimismo, los hurtos a casas de familia también descendieron durante ese tiempo, producto del trabajo virtual y de la exhortación a quedarse en casa, que restringieron las oportunidades para los delincuentes.

Pero tuvimos que escuchar a los «voceros» de la cartera hacer gárgaras de su eficacia y buena gestión, producto del «respaldo a la policía», junto al término «del recreo» y la «orden de no aflojar», que hoy parecen ser historia antigua.

El registro empieza a mostrar, (aunque más no sea en parte), un notorio incremento que lo asimila a los guarismos de junio de 2019 y demuestran -claramente- que la baja registrada obedeció a la pandemia. Con un registro aproximado de unas 24 mil denuncias por mes, la curva empieza a crecer de forma constante siguiendo el ritmo de una actividad social y comercial que tiende a normalizarse dejando atrás la crisis sanitaria.

A pesar de las advertencias por la variante ómicron que asola al resto del mundo, por estas latitudes todavía se mantiene una fuerte expectativa respecto a una temporada en ciernes y la sensación de situación absolutamente controlada, gracias a una alta proporción de la población ya vacunada. Una apuesta que apunta a recuperar una temporada que permita revertir las pérdidas sufridas en este año y pico de pandemia, sin olvidar que con la llegada de turistas también aumentarán las oportunidades para la delincuencia, con lo cual (paradojalmente) las estadísticas lejos de bajar, seguramente suban.

Menuda encrucijada enfrentan las autoridades ante el ingreso masivo de turistas a los que -según información difundida- se les flexibilizarán los controles sanitarios (eliminación de un segundo PCR), con los riesgos que ello implica. Es decir, por un lado se apuesta a recuperar los puntos de PBI perdidos por la pandemia a partir de esa industria sin chimeneas que es el turismo para el Uruguay, y por el otro, nos exponemos a sufrir un incremento de los casos de covid en su variante ómicron que asola al resto del planeta. Al mismo tiempo, ese masivo ingreso será un factor que incidirá en el aumento de los eventos de inseguridad. Más gente circulando, más oportunidades para la delincuencia.

Basta de sanata

Es hora de transparentar una gestión que se ha encargado de pintar una realidad paralela que se derrumbó a partir de julio de este año donde, con el retorno de la actividad, se empezó a dar un notorio incremento de los delitos, entre ellos los homicidios, como fue demostrado con las propias cifras que divulgó la Secretaría de Estado.

Así como ocurre en el sistema penitenciario, donde el récord de muertes bajo custodia superó las cifras históricas, la inseguridad empieza a mostrar su verdadera temperatura tras la pandemia.

En las cárceles «hay 2 mil presos más», argumentan, y con ello justifican que aumente el número de fallecidos. Pero lo que no aclaran es que dichas muertes no ocurren en igual proporción que el aumento de la población carcelaria, siendo significativamente mayor, al punto de marcar un récord histórico. No alcanza con el discurso, es necesario acompañar las palabras con acciones concretas. Hasta el momento, se han preocupado más por argumentar y deslindar responsabilidades que de gestionar. Ya llevan dos años al mando, las excusas ya no son de recibo para explicar sus manifiestas incapacidades.

Si siguen negando la realidad, haciendo como el avestruz que esconde su cabeza dejando el resto del cuerpo indefenso, seguiremos sufriendo las consecuencias sin que se apliquen soluciones de fondo al problema de la inseguridad.

Y no alcanzarán las mentiras para justificar la falta de profesionalismo en que incurren -un día tras otro- para encarar un problema tan serio como es la seguridad. Los episodios de corrupción policial no son casualidad en una administración que ha descabezado los mandos superiores para colocar cuadros afectos a viejas prácticas que parecen querer instalarse nuevamente. Y cada día nos sorprende un nuevo caso, y van…

La realidad los está empezando a superar ampliamente y es momento de que encaren en serio porque de lo contrario las consecuencias de su impericia lo pagaremos demasiado caro como sociedad.

Extraña paradoja están viviendo por estas horas en el Gobierno, mientras unos esperan la llegada de turistas para asegurar la temporada, otros estarán apostando a que vuelva la pandemia para mostrar resultados.

Mientras tanto -y por ahora- la pandemia baja y los delitos suben…

el hombre repasaba datos,
el perro le seguía el rastro…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

 

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