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VERGUENZA: EL PANTANO DE LA HISPANIDAD

Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte … ¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención como truxeron? Las justas y los torneos, paramentos,
bordaduras y cimeras, ¿fueron sino devaneos?
¿qué fueron sino verduras de las eras?(gracias don Jorge Manrique).

 

Lic. Fernando Britos V.

 

La pedante presidenta derechista de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sigue disparando contra los latinoamericanos, en la campaña de odio y propaganda que viene desarrollando en los Estados Unidos. Ni Andrés Manuel López Obrador, el Presidente mexicano, ni el Papa Francisco, entrarán en el juego de bravuconadas y provocaciones de la caverna derechista española. La Hispanidad ha sido desde hace siglos la bandera de la opresión, el racismo y el fanatismo religioso y colonial contra el que se levantaron los americanos.

La historia se ha escrito con la sangre y los tremendos sufrimientos de los pueblos originales y de los cientos de miles de hombres y mujeres que escaparon de la miseria de aquella España medioeval, la de la limpieza de sangre, la de la inquisición, la de la expulsión de los judíos y de los moriscos, la codicia y crueldad de los llamados Reyes Católicos y los crímenes genocidas de la conquista.

Son siglos de opresión, saqueo y robo sistemático que los monarcas españoles – desde Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, hasta los Austrias y los corruptos Borbones de ahora y su séquito de nobles degenerados, aventureros bestiales y codiciosos, voraces banqueros – cometieron los mayores crímenes contra la humanidad (incluyendo los sistemáticamente perpetrados contra nuestros antepasados, españoles, canarios, vascos, gallegos, italianos, indígenas americanos, africanos, catalanes y judíos, desde California hasta la Patagonia).

Nada más oscuro que la leyenda negra del imperio español, nada más cruel y embrutecedor que una de las guerras civiles más sangrientas de la historia del siglo XX. Ningún ejemplo mejor que el del tirano Franco y sus secuaces del que son vástagos directos tantas dictaduras latinoamericanas y tantos derechistas arrobados como Luis Alberto de Herrera y su dinastía, en Uruguay.

Que vengan a hablar del legado de la lengua y de la civilización, que vengan a reivindicar a los Pizarros, los Cortés, los Morillo y a tantos cientos de despiadados conquistadores y curas inquisidores, es un escupitajo en el rostro de nosotros los latinoamericanos, aún en el de aquellos que se creen estadounidenses.

Los derechistas españoles de hoy son racistas, patriarcales, ignorantes y sobre todo codiciosos como lo eran los conquistadores, los virreyes, los administradores coloniales y los indianos que vinieron a hacerse la América. Como Madre Patria –  merced a la gran mayoría de los gobernantes españoles, sobre todo sus reyes – ha sido la madrastra más expoliadora, más racista, más negligente.

Los héroes de nuestra independencia en el siglo XIX, a pesar de sus limitaciones y aunque la mayoría fueron derrotados y olvidados durante mucho tiempo, siempre han sido gigantes comparados con los adoradores del imperio español. Los grandes españoles como fray Bartolomé De las Casas (para no citar sino uno) siguen avergonzando a estos propagandistas de la Hispanidad.

El verdadero rostro y alcance del concepto de Hispanidad, no al uso de don Miguel de Unamuno que lo resucitó en 1909/1910, sino del de los fascistas y tradicionalistas archireaccionarios que lo cultivaron en la década de 1930, sobre todo en la Argentina, siempre estuvo embadurnado del odio y el racismo despiadado, la mentira y el fanatismo religioso y su principal motor ha sido, desde el siglo XVI, la codicia, el afán de acumular oro y riquezas a costa de cualquier crimen. Para los imperialistas de ayer y los fascistas y neoliberales de hoy, el principio esencial ha sido siempre hacerse de riquezas. Lo demás son devaneos, verdura de las eras, dijera don Jorge.

Los derechistas españoles de hoy son racistas, patriarcales, ignorantes y sobre todo codiciosos como lo eran los conquistadores, los virreyes, los administradores coloniales y los indianos que vinieron a hacerse la América. Como Madre Patria –  merced a la gran mayoría de los gobernantes españoles, sobre todo sus reyes – ha sido la madrastra más expoliadora, más racista, más negligente.

A principios del siglo XX, España se encontraba sumida en la crisis agónica de su imperio y de su sociedad señorial y decadente. El desastre de 1898, el vasallaje que le había impuesto el imperialismo estadounidense al apoderarse de Cuba y las Filipinas provocó una crisis severa. Entonces Miguel de Unamuno asoció la expresión hispanidad a la variedad de pueblos que hablan el mismo idioma, así limitaba la idea de raza y le atribuía un sentido más igualitario hacia los americanos porque, además, criticaba la idea de “Madre Patria” para terminar de una vez por todas la superioridad, maternidad o supremacía que asumían los españoles frente a los americanos. Para Unamuno, las repúblicas latinoamericanas eran hermanas.

Este intento del filósofo no prosperó. El término Hispanidad ya había sido usado desde el siglo XVI para darse aliento y blanquear los crímenes de la conquista y el dominio colonial. Lo de Unamuno pasó sin mayor repercusión y quince años después despegaría merced a la aplicación de oscuros personajes influidos por el archireaccionario francés Charles Maurras[i].

El término Hispanidad fue promovido por el cura español Zacarías de Vizcarra y Arana que actuaba en Buenos Aires. En 1926 propuso cambiar la denominación del “Día de la Raza” (el 12 de octubre) por la de “Día o Fiesta de la Hispanidad”. Durante el reinado de Alfonso XIII en España, la Virgen de Guadalupe fue coronada canónicamente como “Reina de la Hispanidad” y cada 12 de octubre el  se conmemoraba el “Día de la Hispanidad”. La Doctrina de la Hispanidad se convertió en un pilar fundamental del pensamiento reaccionario en España y América.

Vizcarra, después de una intensa actividad para consolidar el clero más reaccionario y potenciar a la  oligarquía tradicionalista en la Argentina, volvió a España en 1937 y se constituyó en principal secretario del Cardenal Primado Isidro Gomá y Tomás, el despiadado promotor de la cruzada contra la República durante la Guerra Civil. Gomá llamaba al exterminio liso y llano de los españoles que se oponían al alzamiento.

Otro que tuvo que ver con la promoción de la hispanidad, ya en los años de la Segunda República española, fue Ramiro de Maeztu, que había sido embajador de la dictadura de Primo de Rivera en la Argentina entre 1928 y 1930. Durante su estadía en el Río de la Plata Maetzu mantuvo contactos con los participantes de los llamados Cursos de Cultura Católica para Universitarios promovidos por el clero reaccionario, nacionalista y antiparlamentarista, de los cuales Vizcarra formaba parte. Sus ideas sobre la hispanidad los expuso en Defensa de la Hispanidad (1934). La obra de Maeztu, que unía estrechamente catolicismo e hispanidad, influiría notablemente tanto a los nacionalistas argentinos, como en el franquismo y la extrema derecha española.

Precisamente, el 12 de octubre de 1934 y en el Teatro Colón de Buenos Aires, el ya citado Cardenal Primado de España, Gomá, presidió la celebración de la Fiesta de la Hispanidad y produjo una Apología que exponía las ideas de Maeztu. La Doctrina de la Hispanidad articulada por Maeztu conectaría con los movimientos de reacción del continente americano contrarios tanto al expansionismo estadounidense como a los movimientos revolucionarios de izquierda; desde la década de 1930, el concepto de Hispanidad fue utilizado para conformar corrientes hispanistas de derecha católica que estuvieron relacionadas con los grupos antidemocráticos, los golpes de Estado y las dictaduras, que se extendieron por la mayoría de los países de habla hispana.

La Hispanidad fue usada por los militares felones durante la guerra civil española como una herramienta de propaganda, para ocultar los crímenes a nivel internacional y especialmente en los países latinoamericanos y para concitar apoyo en las colectividades españolas en el extranjero. En este campo es fundamental el aporte del historiador Carlos Zubillaga que ha expuesto rigurosamente los aspectos olvidados o silenciados, del intento sistemático de penetración ideológica en el Uruguay por parte del régimen franquista que se adueñó a sangre y fuego de España al término de la guerra civil. El papel de la  Hispanidad en esos intentos fue fundamental.

La Hispanidad fue usada por los militares felones durante la guerra civil española como una herramienta de propaganda, para ocultar los crímenes a nivel internacional y especialmente en los países latinoamericanos y para concitar apoyo en las colectividades españolas en el extranjero.

Un activo propagandista de la Hispanidad fue el filósofo Manuel García Morente (1886-1942).  Desencadenada la guerra civil, el Decano “señorito andaluz” archireaccionario y conspirador es destituido por los republicanos y logra huir a París. Viudo, asesinado el marido de su hija mayor como “mártir de la Cruzada” (la otra hija se hizo monja), esperando en un triste cuarto parisino a que puedan llegar desde Madrid sus hijas y sus nietos, tuvo una epifanía y descubrió su vocación sacerdotal.

Para poder mantener a su familia aceptó el ofrecimiento que le hicieron del Rectorado de la Universidad de Tucumán. Llegó a la Argentina el 10 de julio de 1937. Ofreció conferencias en Santa Fé y en Montevideo. En los primeros días de junio de 1938, a punto de partir rumbo a España, entregó el libro Idea de la Hispanidad, publicado ese mismo año en Argentina.

De vuelta en su país inició inmediatamente su formación como seminarista con los monjes de Poyo, en Pontevedra. El primer día de 1941 celebró su primera misa como sacerdote católico y suministró  la comunión a su hija, monja del convento de la Asunción, en el que precisamente ejercía funciones de capellán, traductor y catedrático de Ética. El nuevo sacerdote mantuvo sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la que había sido Decano antes de la guerra civil. El 19 de noviembre de 1942 se sometió a una operación quirúrgica menor pero murió pocas semanas después a consecuencias de la misma.

La conversión de Manuel García Morente, dados los vínculos filosóficos y el lugar que había ocupado, fue recibida con alborozo por los ideólogos de la derecha católica y sus seguidores. Prácticamente ha sido olvidado en las últimas décadas del franquismo (al margen de la continua presencia de sus traducciones). En el Río de la Plata algunos debimos estudiar, como liceales, en sus Lecciones Preliminares de Filosofía.

El filósofo ensotanado fue sobre todo un propagandista que aseguraba que Franco era el salvador del legado de la Hispanidad frente “al ejército invisible” que habría enviado la Internacional Comunista en 1931. Para García Morente la Hispanidad se encarnaba en “el caballero cristiano”, mitad monje, mitad soldado, que embelesaba a los fascistas y fanáticos de la caverna derechista y que se promovía en los textos escolares del primer franquismo.

Otro ejemplar de la Hispanidad del siglo XX fue Antonio Vallejo-Nágera (1889-1960) un psiquiatra conocido como “el Mengele español” por su participación en los crímenes del franquismo. Cultivó su relación con Franco y le dedicó un libro sobre la psicopatología de la guerra, al que incorporaba algunos estudios previos sobre la relación entre marxismo y deficiencia mental, “en respetuoso Homenaje de admiración al invicto Caudillo Imperial, Generalísimo de los Ejércitos Españoles de Tierra, Mar y Aire”.

Vallejo-Nágera mantenía además estrechos vínculos con Auxilio Social, la organización del régimen encargada de atender a los huérfanos de la guerra (especialmente a los huérfanos o hijos de padres republicanos), a través de su amigo, el psiquiatra Jesús Ercilla. Terminada la guerra, Ercilla fue nombrado director médico de la clínica psiquiátrica de San José, en Ciempozuelos, un hospital oficialmente dirigido por Vallejo-Nágera que había sido nombrado coronel.

Abierto simpatizante del nazismo, el coronel Vallejo-Nájera dirigió los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española, que, según él, habría ocurrido durante la República, postura adoptada también por otros de sus secuaces (Juan José López Ibor, Ramón Sarró, José Solé Segarra y Marco Merenciano).

La coalición de los psiquiatras franquistas mantenían rivalidades furibundas. Sin embargo, casi todos participaron, en la apropiación y secuestro masivo de niños que se promovía como acción esencial para la definitiva “redención” de los errores izquierdistas cometidos por el pueblo español. En el marco de esta monstruosa política, el 14 de diciembre de 1941 se promulgó la ley que permitía el cambio de nombre de los huérfanos republicanos, de los hijos de prisioneros, que obviamente no podían hacerse cargo de sus hijos, y de los bebés separados de sus madres en las prisiones inmediatamente después de nacer. Los actuales adalides de la Hispanidad ocultan estos crímenes [ii].

La identificación de Vallejo-Nágera con los militares sublevados contra la República le llevó a dedicarse, a partir de 1936, a escritos propagandísticos que nada tienen que ver con la psiquiatría. En 1938 publicó Divagaciones intrascendentes, panfleto del nacionalcatolicismo, que exaltaba la Cruzada: “Todos debemos unirnos en el Ejército y en su Caudillo, constructor de la Patria”. Propuso la creación de una Inquisición para la prensa y la radio, y presentó la guerra civil como necesaria para reconquistar los principios del cristianismo, todo ello con profusión de expresiones racistas y antisemitas. El texto culmina señalando que “los enemigos de la Patria” (demócratas e izquierdistas) “sufrirán las penas merecidas, la de muerte la más llevadera”.

En El factor emoción en la España nueva, otro opúsculo de agitación y propaganda,  auspiciado por Acción Católica, llegó a sostener que la sonrisa equilibrada del Caudillo atraía a los seguidores del bien. El 10 de agosto de 1938 escribió a Franco solicitando permiso para crear el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, y dos semanas más tarde recibió la autorización esperada. Su propósito era patologizar las ideas de la izquierda. Los resultados de sus investigaciones proporcionaron al alto mando militar los argumentos “científicos” necesarios para considerar a sus adversarios como seres infrahumanos que podían y debían ser exterminados.

La penetración doctrinaria en América Latina fue confiada al Consejo de la Hispanidad, creado en noviembre de 1940, integrado por 74 miembros designados por el régimen. Como elemento de identidad nacional y baluarte del catolicismo, la Hispanidad debía ser la fachada para el neoimperialismo y la penetración cultural. En 1946 el Consejo se transformó en el Instituto de Cultura Hispánica utilizado para transferir fondos a las organizaciones derechistas, dar becas y pagar paseos a simpatizantes latinoamericanos, presentar propagandistas como conferencistas y alimentar con noticias falsas a los medios de comunicación.

La institución ha ido cambiando de nombre pero siempre ha sido una herramienta de penetración y propaganda del ultraderechismo reaccionario español. Desde 2007 cambió su denominación a Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Bajo aires remozados sigue jugando la carta de la Hispanidad junto con otras organizaciones privadas del mismo signo como la que patrocina el Partido Popular Español y dirige el impresentable Aznar. De esa escuelita proviene la señora Díaz Ayuso que seguramente podría suscribir ahora lo que en 1938 y 1940 publicó un agente nicaragüense del Instituto de Cultura Hispánica:   “América ha sido formada a base de la Cruz y de la Espada. De la Cruz, arma de la Catolicidad, y de la Espada, arma de la Hispanidad; y si La Cruz y la Espada eran abolidas como signos sostenedores del espíritu de unidad de nuestras tierras, vendría —como ha venido—, la disolución y el caos levantando la masa amorfa sobre la cual opera la conquista, es decir el bárbaro”.

 

[i] Charles Maurras (1868 – 1952) fue un político, poeta y escritor francés, jefe e ideólogo de Acción Francesa, un movimiento político de monárquico, antiparlamentario y contrarrevolucionario. Maurras era ultraderechista, antisemita, militarista y protofascista. Tuvo gran influencia intelectual, durante las primeras décadas del siglo XX, en varias ideologías de extrema derecha; también prefiguró algunas de las ideas del fascismo. Influyó sobre De Gaulle (que le salvó de ser condenado como colaboracionista de los nazis por su apoyo a Petain) y sobre los fascistas españoles. En la Argentina además de los personajes que mencionamos fue mentor intelectual de dictadores militares como Onganía y Lanusse.

[ii]El robo de niños por el franquismo es un escándalo interminable que España no ha podido resolver. Se estima que la cifra de niños traficados por el régimen supera largamente los 300.000.

 

 

 

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