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CINE | “Venganza implacable”: La desaforada corrupción policial

La corrupción policial, que horada dramáticamente la credibilidad de los presuntos garantes de la seguridad pública, es el núcleo reflexivo que plantea “Venganza implacable”, el electrizante thriller del realizador estadounidense Mark Williams, quien incursiona en un género cinematográfico de fuerte impacto en la taquilla.

Si bien esta película cumple con los postulados del cine de acción, la radical diferencia con otras producciones es el talante ético de los personajes, que interactúan en el lucrativo negocio del delito.

En tal sentido, el dinero se transforma en una auténtica tentación, al punto de prostituir la moral de quienes, por mandato legal, se han comprometido a hacer cumplir la ley a rajatabla.

 

Obviamente, la corrupción policial es moneda corriente en todos los países del planeta, incluyendo naturalmente a nuestro Uruguay, donde es habitual el encausamiento de funcionarios policiales involucrados en actividades de narcotráfico o hasta la presunta complicidad en misteriosas fugas de establecimientos penitenciarios, que aun se encuentran en fase de investigación.

Naturalmente, este fenómeno se maximiza aun más en las denominadas naciones desarrolladas, donde las conductas ilegales son bastante más frecuentes, porque las posibilidades de ganar dinero fácil son aún mayores.

En “Venganza implacable”, se revierten drásticamente los roles habituales en estas historias, ya que un avezado ladrón es bastante más honesto que los policías que le persiguen, no para capturarlo vivo, sino para matarlo y silenciar su testimonio.

El personaje central de este film es el talentoso actor irlandés Liam Neeson, quien, a los 69 años de edad, sigue apostando al cine comercial, que ciertamente el rinde muy buenos réditos económicos.

No en vano, en los últimos años, protagonizó una trilogía integrada por “Búsqueda implacable”, “Búsqueda implacable 2” y “Búsqueda implacable 3”, en la cual enfrentaba a mafiosos que ponían en peligro la vida de su propia familia.

Estas producciones, que obviamente para él son redituables, minimizaron la imagen y el prestigio de un intérprete sumamente talentoso, que supo encarnar a personajes memorables, en la recordada adaptación cinematográfica del clásico del escritor francés Víctor Hugo “Los miserables”, la monumental “La Lista de Schindler”, multi-premiada producción del cineasta Steven Spielberg, y “Michael Collins”, film político e histórico irlandés donde protagoniza al célebre revolucionario irlandés, entre otros.

Ya en la fase declinante de su tan extensa como exitosa carrera artística, Neeson ha optado por incursionar únicamente en el cine de acción, donde, pese a sus casi setenta años de edad, sigue desplegando una sorprendente agilidad para moverse, testimonio seguramente de una vida prolija y disciplinada.

En esta oportunidad, el famoso intérprete ya no es un ex agente de la CIA como en sus títulos precedentes, pero si un ex marine llamado Tom Carter, que se dedica a robar bancos aprovechando los conocimientos sobre la manipulación de explosivos adquiridos cuanto aun estaba en servicio.

Obviamente, es una suerte de ladrón de guantes blancos, porque perpetra delitos sin violencia, que solo ponen en jaque a los bancos y a las compañías aseguradoras.

Por supuesto, como cuenta con un superlativo adiestramiento, siempre se las ingenia para escapar con el botín sin ser capturado, lo cual le permite reunir una cuantiosa fortuna en dólares.

Como nadie conoce su identidad, puede desarrollar una vida virtualmente normal y hasta se permite la osadía que entablar una relación de noviazgo con Annie  (Kate Walsh), de quien se enamora perdidamente.

En ese contexto, toma una crucial decisión: decide entregarse al  FBI y devolver lo robado, a cambio de una pena leve que le permita ulteriormente reconstruir su vida junto a su amada. Naturalmente, cuando le confiesa el secreto a la mujer, se las ingenia para justificar sus actividades ilegales.

Por supuesto, pese a ser un experimentado delincuente, se trata de una persona ingenua y excesivamente confiada, porque cree, en su fuero íntimo, que la Policía está vacunada contra la tentación y que todo saldrá tal cual él lo ha planeado.

Sin embargo, dos investigadores le demuestran lo contrario y, actuando como delincuentes comunes se apropian del dinero, cometen un asesinato y se lanzan a la caza del protagonista para no dejar rastros del delito.

Este es el esquema argumental básico de “Persecución implacable” que, luego de un comienzo de ritmo lento, bastante dialogado y muy sosegado, deviene en un thriller de alto impacto, con todos los ingredientes que identifican al género.

En tal sentido, la persecución a la que alude el título es en dos direcciones, ya que los policías delincuentes persiguen al ladrón y este a su vez los persigue a ellos, con el propósito de hacer justicia, demostrar su inocencia  y, si es posible, reconstruir su vida tal cual lo había planeado.

Por supuesto, también hay un policía honesto, que se transforma en un circunstancial aliado del fugitivo protagonista, quien, pese a que es acusado infundadamente, es doblemente perseguido no sólo por sus confesados robos, sino también como presunto responsable de un asesinato que por supuesto no cometió.

Pese a no ser una gran película de acción, que seguramente no pasará a la historia como uno de los mejores exponentes de un género demasiado trillado, Mark Williams demuestra conocer a la perfección los códigos del thriller, un género cinematográfico que, sin dudas, moviliza y entretiene a los cinéfilos menos exigentes.

En ese marco, en la segunda parte del relato todo se reduce a intensos tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo, numerosas persecuciones en automóvil y a pie y hasta explosiones.

Así transcurre una narración que poco tiene de original y que no agrega nada a lo ya visto en el cine meramente gastronómico que anega cotidianamente las pantallas de nuestro circuito exhibidor y las propuestas que se pueden ver en casa en plataformas contratadas, cuyo único propósito es el pasatiempo.

En tal sentido, ni siquiera la alusión a la corrupción policial enquistada en el aparato represivo del Estado es ciertamente novedosa, porque reitera una fórmula ya vista en otros títulos del cine de género, como, por ejemplo, la recordada “Sérpico”, del célebre realizador Sidney Lumet, que recrea a un personaje de la vida real.

Por  obvias razones y pese a que se trata de un ladrón, el espectador se identifica con el protagonista, quien, en este caso, parece ser bastante más honesto que algunos policías.

“Persecución implacable” es cine de acción en estado químicamente puro, con todos los ingredientes que caracterizan a estas producciones meramente pasatistas y sin ninguna pretensión reflexiva, ideal para olvidar por un momento los estragos provocados por la pandemia.

Naturalmente, el emblemático actor irlandés Liam Neeson, cuyo indudable talento merece sin dudas proyectos cinematográficos bastante más ambiciosos que este producto de liviana digestión, encarna a un personaje no demasiado exigente con singular intensidad dramática y su reconocida solvencia interpretativa.

FICHA TÉCNICA

Venganza implacable (Estados Unidos 2020). Dirección: Mark Williams. Guión: Mark Williams y Steve Allrich. Música. Mark Isham. Fotografía: Shelly Johnson. Montaje: Michael P. Shawver. Reparto: Liam Neeson, Kate Walsh, Jai Contrey,  Jeffrey Donovan,  Anthony Ramos y Robert Patrick

 

 

 

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

La ONDA digital Nº 1022 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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