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Pakistán, Arabia Saudita y Afganistán en la estrategia de EE.UU.

Pakistán es un centro del islamismo radical. El proceso empezó cuando el presidente pakistaní era Mohamed Zia ul-Haq, apoyado por el entonces presidente de EE.UU., Ronald Reagan.

El gobierno de Reagan miró para el costado cuando Pakistán desarrollaba sus armas nucleares. A sabiendas todos los años certificaban que Pakistán no estaba desarrollando armas nucleares porque necesitaban el apoyo de su amigo radical, extremista y fundamentalista donde se formaban los talibanes que comparten etnia con miles de tribus pakistaníes.

EE.UU. sabía perfectamente que Arabia Saudita estaba subvencionando las madrasas extremistas, las escuelas religiosas que fueron minando el sistema de enseñanza pakistaní. Los estudiantes dejaron de estudiar las ciencias porque la madrasas solo enseñaba y enseñan el Corán. ¡Todo esto se hizo con el apoyo de Reagan!

En la estrategia  político-militar de EE.UU. vale todo, mientras esté en sintonía con su política y sus intereses estratégicos. Cuando hay que tapar todo tipo de violaciones a los derechos humanos, los tapan.

Al respecto, Noam Chomsky en su libro “Lo que decimos se hace” manifiesta:

“Estados Unidos ha sido el principal impulsor mundial del fundamentalismo islámico extremista. El aliado más antiguo y apreciado de Estados Unidos en el mundo Árabe  es Arabia Saudí. Comparado con ella, Irán es un paraíso democrático.”

Los talibanes eran amigos de EE.UU. Luego fueron sus enemigos. Lo mismo pasó con Saddam Hussein, que fue apoyado cuando éste invadió a Irán y sostuvo una guerra desde 1980 a 1988.

El siglo XXI “empieza” con la guerra contra Afganistán, después del atentado de las Torres Gemelas. No fueron los talibanes quienes perpetraron el atentado.

EE.UU. vendió al mundo como si fuera una guerra justa. El objetivo no era terminar con los talibanes, con los que negociaron por plata la entrega de Osama Bin Laden. Aquellos exigieron pruebas y EE.UU. empezó la guerra que duró 20 años.

Con la dominación estadunidense y sus títeres aumentaron las plantaciones de amapolas y el consumo de heroína.  Los niveles de corrupción alcanzadas en los últimos 20 años fueron increíbles. En el plano militar murieron 2500 estadounidenses casi todos militares; afganos murieron más de 200.000, más del 40%  civiles. El gasto militar  solo de EE.UU. supera el billón de dólares.

Desde los talibanes y Al Qaeda…al Estado Islámico

Reagan fue el padre de dos criaturas. Cuando los soviéticos intervinieron en Afganistán,  Reagan se sacaba fotos con los muyahidines. Los apoyó y de ahí vienen los Talibanes y Al Qaeda.

Los apoyó, los organizó, los adiestraron y armaron. Reunió a los islamistas más fanáticos de todo el mundo. Juntó lo más violento y loco que uno pueda imaginar. Con esa caterva organizó una fuerza militar en Afganistán donde uno de los principales reclutadores y agente de la CIA era Osama Bin Laden, que luego de terminada la Guerra Fría se volvió antinorteamericano.

Los que armaron a los muyahidines y luego a los talibanes fueron los servicios de inteligencia pakistaníes, bajo control de la CIA, con respaldo británico y de otros países occidentales integrantes de la OTAN. El objetivo como luego confirmaron los hechos no fue defender a los afganos, sino dañar a los soviéticos.

El Estado islámico surgió en Libia con la derrota de Gadafi. Los armaron y los dejaron crecer, mientras desestabilizaran en Irak y en Siria.

Uno de los argumentos para justificar la guerra contra Afganistán, que usó EE.UU, fue de…, que lo hacían para llevar la democracia. En Afganistán después de la invasión  y “derrota” de los talibanes se hicieron elecciones donde fue elegido Karsai  en una elección donde hubo más votos que inscriptos en los padrones electorales. La diferencia fue de varios millones de votos.

Al respecto, dice Noam Chomsky en el libro “Estados Fallidos”: “…la ocupación estadounidense de Afganistán e Irak no ha conducido  a la democracia en esos países, sino tan sólo a más caos y sufrimiento.”, citando a Thom Shanker en The New York Times del 24 de noviembre de 2004.

Después de terminada la Guerra Fría el acento en la estrategia de EE.UU. se puso en la “lucha” contra el narcotráfico y el terrorismo.  El atentado del 11 de setiembre de 2001 contra las Torres Gemelas aumentó el discurso contra el terrorismo de origen islámico. Con ello justificaron gran parte de todas las guerras de los últimos 20 años. Con la mentira de las armas de destrucción masiva en Irak, la derrota en Siria y ahora con el fracaso estrepitoso en Afganistán. Como que en parte se cerraría un ciclo.

De acuerdo a los documentos del Pentágono los enemigos son China y Rusia a escala global. En América los enemigos son los países del ALBA y cualquier gobierno que tenga un intento de defender su soberanía, frente a los intereses imperiales. No se puede descartar el uso de grupos terroristas islámicos para desestabilizar la zona petrolera en el Cercano Oriente –sobre todo a Irán-  e incluso a China y Rusia donde hay importante cantidad de musulmanes.

El imperialismo norteamericano es capaz de cualquier cosa. El Estado Islámico es por lo demás ilustrativo. Decíamos que el principal aliado árabe es Arabia Saudita. Este país violador de los derechos humanos básicos, encabeza el patrocinio  del terrorismo islámico, no solo financiándolo, sino porque son difusores de la extremista versión wahabí del Islam a través de las escuelas coránicas o madrasas diseminadas por distintas partes del mundo,  por las mezquitas por ellos financiadas y por diferentes formas que tiene la dictadura religiosa saudí, basada en la enorme riqueza  derivada de la explotación petrolera. La organización de llamado Estado Islámico es un derivado del extremismo religioso saudí –apoyado por EE.UU- y su empecinamiento para aumentar las llamas yihadistas.

El principal aliado de los terroristas es EE.UU. Las guerras en Afganistán y sobre todo en Irak llevadas adelante por EE.UU.,  multiplicaron por siete los atentados terroristas, solo en el primer año.  Estas consecuencias son funcionales al aparato industrial-militar y a la estrategia intervencionista del imperialismo yanqui y sus aliados.

 

Por Pablo Reveca

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