Mitos de la virtualidad en tiempos de pandemia

Con la pandemia del Covid-19, la virtualidad como fenómeno tecnológico se ha popularizado enormemente. Aparece como una forma nueva de relacionarse, en el tiempo y en el espacio, y crea la ilusión de que es posible romper los límites propios de la realidad material y de que se puede acceder a experiencias que solo son posibles en una dimensión digital creada por los humanos.

De la areté a la comunicación y la educación El origen de las posibilidades de la virtualidad parece ser, sin embargo, mucho más antiguo en la medida que remite a la virtus del latín, una condición moral propia del varón (vir), por ende de valentía, sobriedad y vida familiar esencialmente patriarcal (la propia del pater familias), que además supone el anteponer el bien común (la res publica) al interés propio.

Como los romanos solían inventarse deidades para personalizar valores, Virtus era la personificación de la virtus romana, la valentía militar a través de una entidad masculina/femenina que se manejaba apareada con otro dios, Honos (este si masculino) que era la personificación del honor. Como era frecuente, los romanos remontaban una genealogía de sus deidades a las de la Grecia clásica.

En este caso se remite a la areté uno de los conceptos cruciales que, para algunos sofistas, es la “excelencia” o destacarse en la elocuencia. La raíz etimológica del término es la misma que la de (aristós, ‘mejor’), el cumplimiento acabado del propósito o función. De todas maneras la areté no era una deidad sino un concepto relativamente ambiguo referido a un conjunto de cualidades cívicas, morales e intelectuales.

Según Hipias de Élide (460 a 400 a.n.e.), el contemporáneo de Sócrates, el fin de la enseñanza era lograr la areté, que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. La excelencia ciudadana de los griegos consistía en el cultivo de tres virtudes específicas: andreía (valentía), sofrosine (moderación o equilibrio) y dicaiosine (justicia): estas virtudes resultaban en un ciudadano útil y perfecto. A estas virtudes Platón le añadió una cuarta: la prudencia (la llamadas virtudes cardinales) que engendrarían la verdadera justicia.

En la antigua Grecia podía hablarse de la areté de un soldado, de un toro o de una nave, aunque su uso para objetos inanimados no era común. Para los primeros griegos de hace más de tres mil años el único camino para alcanzar la areté era mediante hazañas en batalla. El destino podía impedirles alcanzar la areté. Por ejemplo, un accidente, nacer ciego, o nacer mujer imposibilitaba para conseguir hazañas en la batalla. También la areté se relacionaba con la astucia. Ya en la época clásica — sobre todos los siglos V y IV a.n.e. — el significado de areté se aproximó a la virtud, fundamentalmente a través de Aristóteles incluyendo rasgos como la megalopsyjía, (magnanimidad).

La adquisición de la areté era la clave de la educación (la paideía) para los jóvenes griegos. La concepción de la era arcaica afloraba en el énfasis puesto en el dominio del cuerpo mediante la gimnasia y la lucha pero una formación completa incluía también la oratoria, la música y la filosofía.

De ahí que hay un largo, larguísimo trecho, a la identificación actual que hacen algunos autores, de la virtualidad como la capacidad para hacer un trabajo, independientemente de que su realización se concrete o no. También se percibe que la virtualidad, es decir el dar virtud, está vinculada desde hace más de 3.000 años a la educación de los jóvenes y los ciudadanos. Después de todo la pandemia no ha hecho más que potenciar, en el terreno instrumental, unos objetivos y unos riesgos que la humanidad viene trabajando desde hace muchos milenios.

Grandes experiencias, grandes peligros –La virtualidad nos ha concedido la capacidad de vivir experiencias de un sitio sin estar en él. Véase si no la capacidad de adquirir un conocimiento superficial pero intenso de los más remotos lugares y gentes del globo mediante juegos geográficos como el Geoguessr. Asimismo, genera puntos de encuentro, en donde distintos humanos pueden interactuar, compartir sus ideas, sentimientos y creaciones, sin necesidad de estar en el mismo lugar, lo que además de desafiar la física, introduce la apariencia de nuevas dinámicas sociales.

El mayor avance de la virtualidad radica en las posibilidades de comunicación en tiempo real independientemente de la distancia física entre las personas. Lo que ha abierto espacios para el llamado teletrabajo, el comercio, la publicidad, el intercambio de información (incluso la llamada telemedicina). En mayor o menor medida todos los humanos y en particular todos los uruguayos hemos accedido a posibilidades que brinda la virtualidad digital, las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) de la cual el Plan Ceibal es un ejemplo de potencialidad a nivel mundial.

Dos efectos que vienen inevitablemente con la popularización de la TICs entrañan grandes riesgos potenciales que es preciso considerar para sacar todo el partido posible de las maravillosas posibilidades que se nos ofrecen: la comodidad y la proliferación de ofertas. Ambas características son el resultado de un supuesto falso. Este supuesto es el de que las TICs son realmente capaces de eliminar totalmente los condicionantes de la materialidad y entre estos el de desarrollar un nuevo tipo de interacción social.

Las enormes facilidades que brindan los entornos virtuales ocultan, muchas veces, el hecho que la virtualidad jamás puede sustituir a la realidad, anular completamente las leyes de la física, de la biología o reemplazar o abolir el contacto directo entre los seres humanos que están en el origen mismo de la evolución de la especie (filogénesis) y en el desarrollo de la personalidad (ontogénesis).

El acceso a las nuevas tecnologías brinda enormes posibilidades pero también expone, a todos los usuarios a quedar a merced de depredadores sociales, estafadores o redes de delincuencia y tráfico de personas u órganos [i]. Por ende, la virtualidad también puede derivar en aislamiento social y conflictos que pueden afectar la convivencia, la salud y el bienestar en forma grave.

En el mundo de la virtualidad se mueve una gama permanentemente renovada de estafadores, delincuentes (organizados o solitarios), depredadores, sociópatas, manipuladores y generadores de falsedad (los llamados trolls) y adictos al escapismo virtual de distinto tipo. Más adelante mos referiremos a dos casos entre cientos o miles sobre los que existe literatura científica o técnica. Uno de ellos tiene que ver con la combinación presencial/virtual en educación (primaria, secundaria, terciaria, universitaria) y otro con la manipulación y abuso en asambleas de condominios a través de plataformas virtuales.

En Primaria y Secundaria la ayuda proporcionada por la virtualidad para enfrentar el cierre de escuelas y liceos ha sido muy importante, ha demandado un enorme esfuerzo a los maestros, a los profesores, a los alumnos y a sus familias. En estos ámbitos la virtualidad es una ayuda que llegó para quedarse, un complemento que, en modo alguno, sustituye o compensa la pérdida de la presencialidad. Esto es asi porque las videoclases y la mediación digital no es capaz de llenar la necesidad decisiva del contacto directo entre docentes y estudiantes y de los alumnos entre si.

Tan clara es la imperiosa necesidad del contacto humano, del estímulo de las actividades en colectivo, que en estos ámbitos no existe una discusión seria o una exigencia fundada para extender la aplicación de la virtualidad más allá de un complemento de la presencialidad. Sin embargo, en las últimas semanas, en algunas Facultades de la Universidad de la República (Udelar) se han formado grupos de estudiantes que reclaman que se sigan ofreciendo cursos en línea, lo que ha instalado el debate sobre cómo deberían ser las actividades de enseñanza universitaria en el corto y mediano plazo.

Por ejemplo, la cuenta de Instagram @virtualidad_inclusion_udelar, gestionada por “estudiantes autoconvocadxs”, reúne testimonios de quienes reclaman por el “derecho a tener clases virtuales”. Quienes reclaman son estudiantes del interior que no pueden viajar a diario para tomar clases presenciales, pero también incluye a montevideanos que trabajan o tienen personas a cargo y a personas privadas de libertad, quienes piden la virtualidad para seguir estudiando. Muchos testimonios corresponden a personas que cursaron alguna carrera años atrás, pero por dificultades para trasladarse o para cumplir con los horarios de las clases presenciales tuvieron que dejar de hacerlo.

En la web circula una carta firmada por más de 700 estudiantes que piden al decano de la Facultad de Psicología que en lo que queda de 2021 todo el mundo pueda acceder a cursos y evaluaciones en forma virtual. También, reclaman que las clases sean grabadas y transmitidas en línea, lo que resultaría útil “no sólo para los alumnos que no pueden asistir, sino también para los que siempre fueron a clase y quedaron fuera del salón” [ii].

Otros colectivos de estudiantes de la Udelar han expresado su rechazo a la extensión indiscriminada de la modalidad virtual y entienden necesario que se retomen las actividades presenciales. Por ejemplo, un documento redactado por la Asamblea de Estudiantes de la Licenciatura en Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) señala que la virtualidad no es una solución a los problemas de acceso a la educación universitaria.

El documento cuestiona que “entre la pantalla y el espectador se da una comunicación unidireccional” que no permite un intercambio adecuado a los procesos educativos. Como se entiende que cursar “implica poder participar de una clase, intercambiar entre estudiantes, cuestionar al docente, recibir una respuesta a nuestra pregunta en medio de un debate fluido” y “construir una interpretación o un argumento a partir del diálogo”, se valora que en la transmisión de clases en línea “no existe una otredad ni circulación del saber” y, por lo tanto, “no hay acto educativo”.

Los estudiantes de ciencias de la educación plantean certeramente  que los problemas de acceso a la educación pasan por otro lado, muchas veces contrapuesto a la sensación de una falsa facilitación que venden los promotores de procedimientos virtuales. Los problemas de acceso a la educación tienen que ver con la generación de políticas que permitan a los estudiantes cursar en forma presencial, como ser la creación de turnos, el aumento en la cantidad de becas y el fortalecimiento de las políticas de cuidados. Argumentan que cuando el discurso de “una nueva normalidad” sostiene que “la virtualidad es la solución para los estudiantes del interior”, en realidad se está promoviendo el no pensar seriamente en la existencia de dichas problemáticas invisibilizándolas.

Pablo Martinis, profesor titular del Instituto de Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, consultado por la diaria – que aporta sistemáticamente sobre estos temas – entendió que “plantear el debate en términos de presencialidad o educación a distancia es una forma de simplificar la discusión”. Según recordó, la formación universitaria no pasa exclusivamente por actividades de enseñanza, sino también de investigación, extensión e incluso la participación en las decisiones del cogobierno, lo que “necesita de la presencialidad”. “Esto debería estar fuera de discusión: la enseñanza requiere la presencia”, añadió. Sobre la formación de estudiantes universitarios, señaló que no pasa únicamente por el acceso a un conjunto de conocimientos, sino que también importa la forma en que se accede a ellos y, en suma, se debe apuntar a una “formación integral”.

Martinis dijo que la virtualidad “permitió enfrentar y superar una situación extraordinaria” y también posibilitó que cursaran muchos estudiantes que no hubieran podido hacerlo en condiciones normales. “Eso genera expectativas, es claro”, agregó. En esa línea, indicó que el cumplimiento del derecho a la educación corresponde a todo el Estado y no únicamente a la Udelar. Si bien consideró que la Universidad debe “hacer los máximos esfuerzos” para satisfacer el derecho de quienes quieren cursar en las aulas universitarias, “está muy claro que esto necesita de recursos”, tanto para la propia Universidad como para los estudiantes. Al respecto, mencionó que, según el presupuesto quinquenal, se votaron solo 5,48% de los recursos solicitados por la Udelar, pero su matrícula se incrementó 12%. Por ejemplo, entendió que para que más estudiantes puedan cursar sus estudios sería necesario fortalecer las políticas de becas, y detalló que en 2021 Bienestar Universitario pudo otorgar 505 becas y quedó una demanda insatisfecha de más de 800 estudiantes a quienes no se pudo apoyar.

Respecto del futuro cercano, el docente señaló que se aspira “a que el año que viene no estemos en un escenario de pandemia” y, por lo tanto, “se debería responder con otras estrategias”. Según agregó, es importante “capitalizar lo mejor de la educación a distancia”, pero “no puede ser la única ni la estrategia fundamental para satisfacer el derecho a la educación”. Para Martinis, incorporar las herramientas virtuales en la educación universitaria es pertinente, pero en la Udelar eso ya se hacía antes de la pandemia y desde hace años mediante el uso de la plataforma Espacio Virtual de Aprendizaje (EVA), que incluye “muchas herramientas que implican trabajo estudiantil fuera del aula”. En ese sentido, insistió con que “el componente central de la formación no puede descansar sobre la educación a distancia, que puede ser un elemento complementario que se suma al trabajo presencial y le puede otorgar una gran riqueza”.

Por su parte, el Pro Rector de Enseñanza, Prof. Juan Cristina ha señalado que la Udelar está reflexionando sobre los aprendizajes y las capacidades que dejó el trabajo virtual, para lo que se debe tener en cuenta que la mitad de los estudiantes universitarios trabaja y que un 14% de los estudiantes están en distintos centros universitarios del interior. Es probable que los cursos teóricos masivos se desarrollen en la plataforma virtual, como se hacía antes de la pandemia o como sucede en buenas universidades del extranjero pero muchas actividades de enseñanza no pueden trasladarse a la virtualidad y esta no sustituye las prácticas presenciales que son esenciales. El Prof. Cristina advirtió que la relación presencial entre profesor y estudiante tiene una “riqueza antropológica” insustituible. No se puede hacer una carrera universitaria sólo por internet, concluyó. [iii]

Los apetitos neoliberales y la educación como ciencia humana El catedrático de Pedagogía Social en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), Jordi Planella estuvo en Uruguay y como profesor visitante. Entrevistado por la diaria, habló de los desafíos de la educación del siglo XXI, de los aprendizajes que dejó la pandemia y de los desafíos para la inclusión de personas con discapacidad. “Yo tengo dudas de que existan muchas cosas novedosas, más allá de que alguien haya visto oportunidades económicas para una perspectiva neoliberal de la educación – dijo Planella – Ha habido experiencias de educadores que se han preocupado especialmente por los estudiantes que quedaban apartados por la brecha tecnológica. El problema es algo que no tiene que ver únicamente con la escuela, sino con las formas de trabajo no presencial, y es que desaparece la cuestión del espacio y del tiempo”.

“Cuando la escuela se ha hecho a través de internet estaba vinculada a un tiempo concreto, el horario era una réplica del que sucedía en la escuela, el espacio no era el mismo. Pero para que el profe pudiera trabajar con esas perspectivas tenía que pedir una serie de tareas que corregía después y eran distintas, porque no se puede hacer lo mismo online que en el formato presencial. Cualquier persona que trabaja a distancia se da cuenta de que trabaja muchas horas y a veces de forma más insistente. Eso requería una dedicación mucho más fuerte de los educadores por preocuparse del que no está conectado. Y se ha dado, pero de forma mínima, porque era un tema voluntario, digamos”.

Consultado sobre las pruebas PISA y los sistemas de evaluación de la educación Planella dijo que en los últimos años prácticamente no se escucha nada sobre PISA, cuando hace cuatro o cinco años era una constante cada mes. “El informe PISA y otro tipo de evaluaciones forman parte de una mirada neoliberal a la educación o al mundo en general. Alguien piensa que todo se puede llegar a parametrizar en datos concretos. La evaluación cualitativa es mucho más humana, y la educación es una ciencia humana o incluso un arte. Entonces, me parece bastante complicado y fuera de lugar hacer análisis basados únicamente en la cuestión cuantitativa. Además, estas evaluaciones suelen ser muy parciales. Las formas de evaluar han mutado radicalmente”.

“Yo mismo – agregó el docente catalán –  en mis materias de la universidad, de las cinco materias que doy no tengo ninguna con un examen final. La mayoría se aprueban con trabajos acumulativos, con formas de aprender que tienen más que ver con el diálogo, con la argumentación, con la escritura, con la discusión que con el aprendizaje memorístico y el vómito de ese aprendizaje el día del examen. En el caso de PISA o de los exámenes para acceder a la universidad, siguen siendo situaciones de mucho estrés para los jóvenes. Además, ellos casi nunca participan en la otra punta del triángulo de la evaluación: los estudiantes no evalúan al sistema educativo, sino que el sistema educativo los evalúa a ellos”.

Las plataformas de videoconferencia y la nueva normalidad Sin perjuicio de que la educación y la salud sean dos grandes ámbitos afectados por una pandemia que nadie podía prever hace un par de años, existen otros campos donde los efectos, virtudes y limitaciones de la virtualidad deben ser considerados. Ni que hablar que el teletrabajo se lleva las palmas, es el campo más visible, el mercado más dinámico y la fuente más extraordinaria de hiperexplotación, de atomización y fragmentación de los derechos de los trabajadores, en el que los primeros estudios comienzan apenas con este siglo y los resultados se aprecian en los últimos años.

Dentro de las herramientas de la virtualidad el negocio de las plataformas está en pleno auge, son las niñas mimadas del comercio de software y aplicaciones. Se las promueve como la clave de la comunicación en educación, administración y como promesa de las nuevas dinámicas sociales, de la “nueva normalidad”. Una promotora de las plataformas virtuales sostiene que en estos tiempos de aislamiento social la enseñanza se ha transformado en un modo online universal en cualquier modalidad (e-learning o híbrida, el b-learning) en las que las videoconferencias se convierten en “un gran salvavidas para muchos docentes e instituciones”.

El racional de este mito es que estas herramientas son capaces de  mantener la conexión humana entre personas, una afirmación tentadora pero carente de un respaldo serio puesto que la ilusión de contacto no reemplaza el contacto interpersonal. Estas herramientas permiten que las personas interactúen entre sí. Los participantes pueden activar las cámaras web y micrófonos que están integrados en sus equipos. Hay dos tipos de plataformas que son totalmente diferentes: en primer lugar las herramientas de videoconferencia en tiempo real. Son plataformas que dan la posibilidad de establecer comunicaciones multidireccionales, cara a cara, entre los asistentes. Al ponerle rostro a las voces “hacen que la gente se sienta como si estuvieran en un encuentro presencial”, es decir que cultivan la ilusión de un encuentro presencial.

Por otro lado, están las plataformas de emisión de video en vivo, conocidas también como live streaming. En este caso, trabajan con comunicaciones totalmente unidireccionales, que van dirigidas a un amplio número de participantes. El usuario no requiere descargarla porque se descomprime y se visualiza en tiempo real. Es el caso de programas exitosos en internet y en nuestro país como Legítima Defensa.

Después viene la venta de las plataformas. Vamos a empezar con Skype, la decana de las plataformas para videoconferencias [iv]. Cuenta con un servicio de videollamadas que da la opción de crear una reunión mediante su versión online, Skype Meet Now. Las personas que deseen unirse lo pueden hacer a través de un enlace, sin necesidad de tener una cuenta de Microsoft. Sin embargo si se desea llamar a números fijos hay que contratar una tarifa extra y el buzón de voz también tiene costos. Es importante destacar que es una aplicación muy pesada, que consume mucha memoria RAM de la computadora y la versión móvil suele tener problemas con el audio o video, lo que afecta la calidad.

Zoom es la plataforma más popular en la actualidad, se la considera la gran ganadora en épocas de pandemia ya que permite organizar reuniones virtuales individuales o grupales [v]. Entre las características principales que la destacan están: su interfaz de usuario intuitiva, la rapidez para unirse a las salas y la facilidad para compartir la pantalla. Zoom viene con una versión gratuita que se puede usar para sesiones individuales durante un período de tiempo ilimitado, pero la versión para grupos tiene un límite de tan solo 40 o 45 minutos.

Entre sus virtudes ofrece video y audio de alta calidad a través de sus servidores en la nube de una manera simple y sin costo adicional; que admite hasta 100 participantes en su versión gratuita de reuniones grupales de 40/45 minutos y que puede atender hasta 10.000 participantes en los paquetes corporativos. El inconveniente principal de Zoom es la vulnerabilidad de su sistema de seguridad de modo que es fácil introducir infiltrados en las sesiones públicas. Además la calidad del video no es buena en comparación con plataformas competidoras y la compañía ha reconocido que ha espiado y engañado a sus usuarios.

Microsoft Teams es otra plataforma que permite a los usuarios programar reuniones de vídeo y/o audios individuales o grupales siempre que trabajen con Microsoft 365. A diferencia de Zoom, esta plataforma permite tomar notas durante una llamada grupal y el tiempo de la misma es ilimitado. Sin embargo, por razones de seguridad, sólo permite mostrar una sola aplicación o una sola pestaña en el explorador web por lo que las explicaciones que requieren varias aplicaciones pueden ser muy engorrosas para el administrador.

Google Meet es una plataforma de videoconferencia, que forma parte los servicios de Google G Suite, la cual tiene como objetivo proporcionar un servicio de conferencias de alta calidad para todos sus usuarios. Es sencilla de utilizar, ya que solo se requiere una aplicación en Android e iOS, desde el celular. En una computadora, todo lo que se necesita es acceder a meet.google.com. Con respecto al sistema de seguridad Google Meet está hecho para empresas que se ocupan de trabajos delicados como la atención médica y las finanzas y tiene encriptación del vídeo en las grabaciones, y prohíbe a los usuarios anónimos ingresar a las llamadas. En contra tiene que se necesita una cuenta de Gmail y que se requiere un ancho de banda estable y alto del que muchos usuarios no disponen.

Demás está decir que hay decenas de plataformas pero casi todas comparten una característica esencial que las diferencia de cualquier reunión, encuentro o relación presencial: son marcadamente unidireccionales, es decir aptas para un enfoque comunicacional donde el administrador controla, habla y el resto escucha. No hay un verdadero intercambio, ni posibilidad de compartir distintas opiniones, hacer observaciones u obtener respuestas y datos que el controlador no desee emitir. En educación las plataformas comerciales sirven para las antiguas clases magistrales donde el docente hace una exposición ininterrumpida que los alumnos deben recibir acríticamente en posición asimétrica de inferioridad [vi].

Los malos usos de la virtualidad: como señuelo y como enajenamiento Basta poner “asambleas virtuales” en un buscador para encontrarse con Propiedata, una empresa colombiana, fundada en el año 2014, que ha tenido un explosivo desarrollo con motivo de la pandemia. Propiedata es una especie de plataforma especializada en la administración de propiedad horizontal que también ha extendido su actividad al desarrollo y control de asambleas y reuniones en cooperativas y empresas del más variado tipo.

El 60% de la población en Colombia vive en propiedad horizontal – dice Paulo Mogollón, el CEO de Propiedata – y debido a la pandemia del covid-19, no se deben realizar asambleas de copropietarios de manera presencial con más de 50 personas. Sin embargo, Propiedata dice haber realizado más de 600 asambleas no presenciales, “logrando que administradores y copropietarios le pierdan el miedo a la virtualidad, generando resultados satisfactorios en conjuntos residenciales, empresas, cooperativas y hasta en equipos de fútbol”. Además asegura que la asistencia virtual a asambleas de copropietarios ha aumentado mucho [vii].

La empresa colombiana dice ser una solución digital fácil, que compila toda la información de la gestión administrativa e integra servicios de contabilidad, pagos, citofonía, reservación de zonas comunes, atención al cliente, comunicación y asambleas virtuales de la propiedad horizontal, por medio de portal web o aplicación móvil.

“Nuestro objetivo es que la propiedad horizontal sea vista como una industria, queremos que las personas le den la importancia real que tiene y que se puedan implementar plataformas web y apps como Propiedata, que automatizan procesos, permitiendo a los administradores contar con herramientas que les facilitan la vida para que así puedan enfocarse en las tareas que realmente le generan valor a los propietarios y residentes.”, explicó Mogollón.

El gobierno colombiano produjo una serie de decretos que establecen la posibilidad de realizar asambleas virtuales para el caso de reuniones de más de 50 personas. Propiedata se propuso ofrecer una plataforma virtual que cumpliera con esa normatividad, dando soporte técnico y logístico para las reuniones no presenciales y de ese modo dice hacer posible que se controle el quórum y que se vote en línea, asegurando la legitimidad de lo resuelto.

“Parte importante de lo que hacemos es darle herramientas al administrador, consejo y residentes para que tomen decisiones basadas en datos – dijo Mogollón -. Para esto tenemos una gran cantidad de indicadores de gestión y financieros que permiten tener una mayor transparencia en la gestión y administración de los recursos”. Cada conjunto residencial que adopta esta solución tecnológica, cuenta con su propio portal web y una aplicación móvil personalizada que da acceso a la plataforma, que es amigable, de fácil uso y acceso.

El optimismo de los colombianos promotores del negocio de las plataformas virtuales tiene también sus partidarios en Uruguay. El 2 de agosto de 2020, El País publicó una nota titulada “Reuniones de consorcio virtuales por la pandemia ¿son legales?”. En la misma se señala: “se haya sido o no propietario, y aunque nunca se haya pasado por una instancia de este tipo, seguro que todos conocemos alguna historia – que nos quedó grabada por lo irónica o tragicómica – de una reunión de copropietarios o de consorcio. El vecino que se queja, el que hace planteos alocados, las eternas discusiones por temas ínfimos o las peleas que suben de tono, son algunas imágenes típicas y que se repiten en el imaginario colectivo. En Uruguay y el resto del mundo las reuniones de consorcio también debieron adaptarse a la coyuntura de pandemia y distanciamiento social”.

En nuestro país, la ley de Propiedad Horizontal de 1976 (LPH) establece distintos lineamientos para las instancias de copropietarios, pero “fue pensada en una época donde el desarrollo virtual de una asamblea no era posible y por tanto es necesario hacer una interpretación evolutiva de la norma y buscar la forma de adaptarla a los tiempos actuales”, indicó un reporte del estudio Guyer & Regules [viii] . Ellos promueven “la interpretación amplia”. Veamos en que consiste.

De acuerdo al ordenamiento jurídico uruguayo, el Reglamento de copropiedad es ley entre los copropietarios que la integran y sólo en su defecto o ante el silencio del mismo, se regirá en cuanto a su administración y funcionamiento, por las disposiciones previstas en los artículos 18 y 19 de la LPH. Al respecto, el artículo 18 de la LPH (incisos 2 y 3 en la redacción dada por el art. 6 de la Ley N° 14.560) establece, que para que una asamblea funcione y resuelva válidamente «será menester la concurrencia de la mayoría de los copropietarios que representaren por lo menos los 3/4 (tres cuartos) del valor del edificio fijado por la Dirección General del Catastro Nacional o quien haga sus veces.» Seguidamente, establece la norma que: «No obstante si transcurrida una hora de la primera citación no se obtuviera el quórum referido, podrá sesionarse y adoptar resolución por los que concurran por simple mayoría de presentes, fuere cual fuere la equivalencia con el valor del edificio, salvo en los casos en que la ley o el reglamento de la copropiedad dispongan otra cosa» (el destacado y subrayado nos pertenece, dicen los autores).

Naturalmente, de acuerdo al tenor literal de la norma transcripta, la posible dificultad para realizar asambleas y votos en forma virtual se plantea en la exigencia de la “concurrencia” recogida en su inciso segundo, o de la “presencia” recogida en el inciso tercero. Sin embargo, entendemos que un interpretación evolutiva de la norma permite realizar asambleas a distancia, utilizando las Tecnologías en la Información y la Comunicación (TIC) en forma similar a lo que ocurre a nivel regional.

“Esta adecuación de conceptos no desvirtúa la definición de “presencia” y “concurrencia”, sino que pone de manifiesto una variación o modalidad intrínseca de los mismos. El empleo de las TIC en forma adecuada permite un contacto directo en tiempo real entre los Copropietarios, alcanzando la misma finalidad perseguida en las reuniones con “presencia física”, con la ventaja de una mayor eficiencia, comodidad y una mayor pluralidad de personas –en términos de concurrencia virtual”.

Promoviendo su idea los autores de Guyer & Regules aseguran que en una reunión virtual las personas se hallan delante de otras y en el mismo sitio (virtual). Las personas se juntan en un mismo lugar, virtual, no físico, pero con las mismas características a los efectos de la reunión: todos asisten en forma virtual, se ven las caras, se escuchan, pueden intercambiar opiniones, discutir, apoyarse, discrepar, etc. Es decir, todas las acciones que se desarrollan en una asamblea con presencia física se pueden desarrollar con presencia virtual, sin limitación alguna.

“La propia Auditoría Interna de la Nación (AIN) en relación a las reuniones de Directorio en el marco de la Ley 16.060 y en su rol de organismo fiscalizador, ha aceptado en dos dictámenes el empleo de la videoconferencia para realizar reuniones de directorio, siempre y cuando este aspecto se mencione en la respectiva acta de reunión, siguiendo así la interpretación que había otorgado la doctrina en base a la definición de “asistencia” y “presencialidad”. Por último, se debe verificar que no exista prohibición expresa a la realización de la Asamblea en forma virtual en el propio Reglamente de Copropiedad en tanto deberá estarse a dicha disposición”.

El espinoso tema de la validez de una asamblea celebrada en forma virtual, “requiere ineludiblemente, el cumplimiento de todas las etapas formativas de la voluntad de la copropiedad la que deberán adaptarse a la utilización de un mecanismo remoto y que deberán considerarse los siguientes elementos:

1- La convocatoria – “No hay formas sacramentales para la notificación de la Asamblea de Copropietarios – salvo que se estableciera una forma específica en el Reglamento de Copropiedad -, por lo que podría realizarse en la forma tradicional o en forma telemática (…). En la misma deben estar presente todos los elementos que permitan su realización, es decir; la fecha y horario, la plataforma virtual a utilizar (ej. “Zoom”, “Microsoft Teams” etc.), el usuario y la clave correspondiente para su acceso en debida forma”. Estos dos últimos aspectos (usuario y clave de verificación) son importantes para evitar las convocatorias o asambleas truchas.

2- La voluntad del órgano expresada en la Asamblea de Copropietarios – “El voto electrónico será válido siempre que se garantice la idoneidad de las TIC utilizadas para poder expresar su voluntad y exteriorizar así su voto. Esto incluye asegurarse que las personas que participen en las mismas tengan una conexión mayormente adecuada. De esta manera, no vemos impedimento para la libre deliberación de los puntos sometidos a decisión del órgano y que en la asamblea se pueda expresar libremente la voluntad de los copropietarios a través del voto electrónico”.

3- La firma del libro de asistencia y la firma del acta – “La circunstancia ideal, sería que el acta quede a disponibilidad en un espacio físico para que los copropietarios concurran a firmarlo. Creemos conveniente, además, que el administrador del edificio redacte un acta en soporte físico, se comparta entre todos los copropietarios para su firma y se ingrese al libro respectivo”. Otro requisito, que los manipuladores virtuales evitan, sobre todo ante una modalidad no prevista que es la combinación de virtualidad y presencialidad en un mismo acto que suele prestarse a maniobras indebidas y manipulaciones.

Las loables intenciones de los autores de Guyer & Regules son “evitar aglomeraciones”, “garantizar los derechos de todos los involucrados” y “evitar cualquier nulidad” y concluyen diciendo “Es lógico imaginar, que esta nueva modalidad no viene a sustituir la modalidad tradicional, sino a complementarla en forma permanente – aun luego de superada la pandemia.

A esta altura hay que destacar que esas intenciones y procedimientos aplican a cualquier asamblea a condición que se desarrolle exclusivamente en forma presencial o en forma virtual. Una u otra. Los expertos se refieren a la modalidad presencial o a la modalidad virtual, nunca a una combinación de ambas. En esa pretendida combinación anida la posibilidad de claras violaciones al principio de igualdad y por ende a la manipulación por parte de un operador o administrador omnipotente que caracteriza a la gran mayoría de las plataformas virtuales, especialmente a las citadas antes por estos abogados (Zoom o Microsoft Teams).

La justicia y la buena convivencia también deberían contar con la virtualidad – El abogado Carlos Falco de Ferrere explicó en unas declaraciones a El País que “si bien la asamblea (de copropietarios) es el órgano máximo y deliberativo de la propiedad horizontal, su poder tiene límites”.

Primero que para algunas resoluciones relevantes se requieren mayorías especiales – no solo de presentes sino también en algún caso que representen cierto porcentaje mínimo del valor catastral del edificio (lo que en una sociedad anónima equivale al porcentaje de capital accionario) -. Pero además, según explicó “más por una construcción doctrinaria y jurisprudencial que por estar dicho en forma expresa en la ley”, las decisiones de la asamblea de consorcio “no pueden afectar derechos adquiridos de algún copropietario”.

Esto quiere decir que aun alcanzando las mayorías establecidas, una asamblea no puede resolver cualquier cosa. Por ejemplo, no podría resolver que una unidad que tiene uso exclusivo de un patio o jardín, pierda ese derecho y el lugar pase a ser de uso público para quienes viven en la propiedad – para la modificación debe estar el consentimiento de la unidad afectada.

A continuación veamos un caso real, ocurrido en nuestro país recientemente, en que se ha usado el señuelo de la virtualidad, triquiñuelas pseudo jurídicas, en actuaciones claramente irregulares para apoderarse del control de una pequeña sociedad anónima cerrada que administra, como único objeto, un edificio de viviendas de uso vacacional.

La sociedad está regida por un Estatuto y un Reglamento de Administración y Funcionamiento. Presenta un desempeño ejemplar de estricto cumplimiento de sus obligaciones con todos los organismos estatales, departamentales y municipales. Celebra anualmente su asamblea general de accionistas que considera la Memoria Anual y Balance que le somete el Directorio, adopta un Presupuesto (que, en materia de ingresos, fija los aportes que deben hacer trimestralmente los socios) y un Plan de Trabajo (mantenimiento, obras y mejoras fundamentales en un edificio que presenta un excelente estado de conservación como valor patrimonial urbano)  y desde luego elije o ratifica sus autoridades para regir la sociedad en los periodos que median entre las asambleas.

La transparencia de la gestión está garantizada por el sometimiento mensual a todos los accionistas del estado de sus cuentas personales, la cuenta de gastos del edificio y los saldos y movimientos de caja y bancos. La sociedad cuenta con los servicios permanentes de una Administración profesional y personal contratado.

En ese funcionamiento fluido y armonioso, pautado por la buena convivencia entre vecinos, la emergencia sanitaria y la presencia de un número reducido de propietarios de acciones no residentes y otro también pequeño de unidades donde la propiedad de las acciones es incierta debido al fallecimiento de los titulares sin que se hubiese presentado la declaratoria de herederos como resultado del imprescindible juicio sucesorio, se produjo el contexto ideal para un golpe de mano.

Un integrante del Directorio, hizo caudal de un repentino torrente de mensajes agraviantes a través de Whatsapp. Los mensajes con falsedades e injurias contra miembros del Directorio, fueron secundados por un puñado de accionistas. Así se creó un conflicto artificioso apoyado en afirmaciones calumniosas personalizadas en algunos socios. Al cabo de pocos días, el antedicho miembro del Directorio, que nunca hizo planteo alguno en el organismo al que pertenecía, se arrogó el derecho a convocar una asamblea extraordinaria de accionistas a realizarse en 72 horas.

Esta convocatoria fue irregular y viciada de nulidad. Combinó arbitrariamente la participación por medio de plataformas virtuales de personas sin garantía alguna de que los que así se presentaron fueran realmente accionistas, ya fuese titulares o apoderados. Algo parecido sucedió con quienes asistieron en forma presencial. La orden del día constaba de tres o cuatro puntos banales y un punto central, titulado “remoción del Directorio y elección de uno nuevo”. Se consagró al convocante como presidente de este Directorio golpista y se adoptó una resolución dando plazo de diez días a las autoridades legítimas para abandonar sus cargos y entregar toda la documentación de la sociedad. Un golpe de mano en toda la linea.

La escasa representatividad de los convocados, su participación en un acto malicioso y su falta de objetivos claros quedó en evidencia en los siguientes hechos: 1º) en una semana se desencadenó un clima de chismes, intimidación y presunta urgencia para promover una asamblea extraordinaria; 2º) se omitió deliberadamente las acciones para convocar una auténtica asamblea de accionistas y se adoptó una medida gravísima como lo es la remoción de las autoridades legítimas con absoluto desprecio del debido procedimiento; no se formularon cargos, no se presentaron pruebas, se juzgó y condenó a ocho accionistas en un manoseo incalificable (sin respetar quórum, mayorías especiales y plazos que son requisitos imprescindibles para medidas de ese tipo). 3º) No hubo debate, ni participación calificada, ni propuestas constructivas, solamente se procuró destruir sobre la base de una acción desarrollada con alevosía; 4º) Tan extraordinaria fue esta asamblea irregular que ni siquiera pudo elegir el número de titulares y suplentes para el nuevo directorio previsto en los estatutos; 5º) el manejo de plataformas para la votación careció de los mínimos requisitos de seguridad; no es posible saber quien se encubrió bajo nombres de fantasía y promovió atropellos desde el anonimato que le otorga la virtualidad desprovista de recursos de autenticación o la situación irregular de algunos de los presentes; todas causales de nulidad. 6º) En suma, se atentó con absoluta irresponsabilidad contra la integridad de la sociedad anónima y contra la buena convivencia y el bienestar de los vecinos en aras de propósitos desconocidos.

Solamente la buena fe de la mayoría de los accionistas podrá revertir esta situación y llamar a responsabilidad a quienes perpetraron el atropello. Que haya sucedido lo que sucedió en este caso no es resultado necesario de haber apelado a la virtualidad. La maniobra demuestra una planificación maliciosa, una actitud oportunista para aprovechar las restricciones a la presencialidad, una combinación de presunta virtualidad y presencialidad favorable a la manipulación y el engaño, y unos propósitos oscuros e inconfesables: el fin que para los conspiradores debe justificar los medios utilizados.

Es evidente que al autoproclamado presidente y algunos de sus secuaces más próximos les corresponde una responsabilidad decisiva en este golpe de mano. También está claro, por ahora, que cierto número de los participantes fueron engañados con versiones falsas, inducidos a adoptar lo que se les sirvió, tal vez amedrentándolos o con promesas banales o imposibles de satisfacer. La convocatoria y el desarrollo de las acciones estaban concebidas para anular cualquier reflexión, para avasallar la mesura de algunos y las buenas experiencias de otros, en procura de hacerse con el control de la sociedad anónima.

Las pequeñas sociedades anónimas cerradas, las cooperativas, los consorcios y condominios, independientemente del marco jurídico por el que se rijan, están expuestas a este tipo de maniobras y asaltos fraudulentos. Esto ha sido así antes de la pandemia, durante la misma y muy presumiblemente lo será después que la hayamos superado. En el caso de las sociedades anónimas la fiscalización que debieran prestar de oficio los organismos del Estado de derecho, por ejemplo la Auditoría Interna de la Nación, o los órganos del Poder Judicial, está sometida al pago de aranceles cuantiosos, demoras prolongadas y costosos procedimientos con honorarios y tributos que solamente las grandes empresas son capaces de afrontar.

Como siempre el futuro dirá si un puñado de pícaros es capaz de salirse con la suya.

 

Por Lic. Fernando Britos V.

 

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[i]    El dinero es otro de los aspectos más virtualizados. Las llamadas criptomonedas han ganado un terreno muy significativo en la economía global y las compras y pagos con el pasar del tiempo se van tornando digitales, desechando el empleo del dinero físico y dando paso a un nuevo sistema económico mundial. El bitcoin se ha presentado como uno de los activos más rentables del planeta y ha provocado la ruina de millones de personas con su opacidad y sus fluctuaciones incontrolables.

[ii]El negocio de la educación a distancia y de cursos de carreras cortas y oficios, que otorgan costosos títulos o diplomas, carentes de validez, tiene antecedentes de larga data.

[iii]La Diaria ha estado siguiendo este tema en forma extensa e intensa. Entre otras notas es imprescindible consultar La Udelar comenzó a discutir en qué modalidades se darán los cursos del primer semestre de 2022 (publicada el 13/10/2021); Udelar duda de constitucionalidad de proyectos de ley que buscan regular educación a distancia en la institución (del 17/11/2021); Jordi Planella: “Lo que más me preocupa es si la desvinculación corporal de los espacios se va a mantener como una forma válida para seguir educando” (del 9/11/2021).

 

[iv]Skype Technologies S.A.R.L es una empresa de telecomunicaciones con sede en Luxemburgo, fundada en el año 2003. Su principal negocio es la fabricación y comercialización del programa de software de video chat y mensajería instantánea Skype, y varios servicios de telefonía por Internet asociados.

[v]   Zoom Video Communications es una empresa estadounidense fundada en 2011 por Eric Yuan, con sede en California. Se popularizó durante la pandemia. Pasó de tener 10 millones de usuarios activos en 2019, a más de 300 millones a finales de abril de 2020. Antes de la expansión del coronavirus, las acciones de la compañía costaban 70 dólares. Para el 23 de marzo de 2020 valían 160 dólares, es decir, una capitalización total superior a los 44 mil millones de dólares. El principal accionista de Zoom, Eric Yuan, aparece, a partir de la pandemia, en la lista de los más ricos del mundo, con una fortuna estimada en 5.500 millones de dólares. A pesar del éxito mundial, el uso de Zoom ha sido prohibido por muchos gobiernos y empresas por los riesgos de privacidad y seguridad que entraña. Hace un año, la empresa admitió a la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos que había engañado a los consumidores desde 2016 por medio de una serie de aseveraciones falsas acerca de la encriptación de las llamadas y seguridad de los videos, y que, en secreto, había instalado programas en los aparatos de los usuarios para espiar sus contenidos.

[vi]Un capítulo aparte merecen las plataformas open source y las desarrolladas por el Plan Ceibal (plataforma Crea) y la Udelar (plataforma EVA) donde se ha hecho un gran esfuerzo para que la comunicación sea realmente multidireccional, cuyo análisis escapa al alcance de este artículo.

[vii]Dar por buenos los datos de Mogollón no es sencillo porque si bien es cierto que Colombia es un país de grandes ciudades la cifra de 30 millones de personas viviendo en el regimen de propiedad horizontal parecen muy exageradas (10 millones de unidades: 21% en Bogotá región, 8% en Medellín, 5% en Cali y 3% en Barranquilla).

[viii]Se accedió en: https://www.guyer.com.uy/posts-&-news/informe-especial-propiedad-horizontal-ante-el-covid-19-validez-de-la-asamblea-remota-de-copropietarios Autores: Carlos Brandes, Sebastián Picardo y Santiago Theoduloz.

 

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