Conversamos sobre eso con Fernando Atria

Hace años decía que sin una nueva constitución Chile no podría hacer las reformas que necesitaba para dejar el modelo neoliberal impuesto por la dictadura que encabezó el general Augusto Pinochet.

Conversamos sobre eso con Fernando Atria en 2017, cuando fue candidato a diputado, pero no se eligió. Hoy, este abogado es una de las voces más autorizadas de la constituyente que se eligió en mayo pasado. Tienen una año para presentar su propuesta al electorado que, en un “plebiscito de salida”, deberá decidir si la aprueba o no.

Constituyente Fernando Atria: El resultado electoral del domingo deja abierta la posibilidad de que el proceso constituyente no sea exitoso

El resultado electoral del pasado domingo, con el candidato de la derecha, José Antonio Kast en primer lugar, con una ventaja de poco más de 145 mil votos sobre Gabriel Boric, pone presión sobre la constituyente. Con una mayoría opositora al gobierno, conformada principalmente por independientes y representantes de la izquierda política, con una representación de derecha muy disminuida, Kast no oculta su hostilidad a los trabajos de la constituyente. Advierte que llamará a votar contra la propuesta, si su contenido –como ciertamente ocurrirá­– no responde a su visión del orden político que debe prevalecer en Chile.

En todo caso, conocida la votación final del domingo pasado, Kast deberá disputar con Boric la presidencia en un segundo turno, de resultado incierto, que se celebrará el 19 de diciembre.

“El resultado electoral del domingo deja abierta la posibilidad de que el proceso constituyente no sea exitoso”, reconoció Atria que, sin embargo, se muestra optimista sobre las posibilidades de triunfo de Boric en diciembre.

GL – Hace cuatro años me dijo Ud. que estábamos viviendo los estertores de una forma política en Chile. Ud. se refería a las protestas del 2011. Luego tuvimos otras, mucho más grandes, de octubre del 2019. ¿Cómo evalúa ahora esa situación?

FA – El 2017 estábamos viviendo los estertores de esa forma política, que se acabó con las protestas del 2019. Desde entonces el sistema político ha funcionado por la inercia con la que venía. La institucionalidad política simplemente dejó de funcionar el 18 de octubre.

El gobierno denuncia que la constituyente está ejerciendo una suerte de parlamentarismo de facto, acusa a la oposición de estar tramitando proyectos de ley inconstitucionales. Ha puesto el grito en el cielo, pero no ha ido a los tribunales. Todo eso es una muestra del agotamiento de esa institucionalidad política.

¿Qué lecciones le deja el resultado electoral de este domingo?

Gilberto Lopes, en Santiago

Hablando en general, la elección del domingo muestra que vivir en un momento de poscolapso de una forma política, antes del surgimiento de una nueva, genera condiciones de extraordinaria fluidez, que pude terminar beneficiando a cualquiera.

Una de las consecuencias es que ha habido mucho más preocupación por la inseguridad, por la violencia, por la incapacidad del sistema político de mantener el orden y eso fue capitalizado por la ultraderecha.

El resultado refleja también un déficit de la campaña de Gabriel Boric (en la que participo), que estuvo demasiado orientada a lo que yo llamaría necesidades de mediano y largo plazo, de la nueva constitución, de la transformación profunda que Chile necesita, pero no tuvo la necesaria comprensión de las necesidades de corto plazo, de las diversas formas de seguridad, incluyendo la seguridad de llegar a fin de mes, o de tener atención de salud cuando se necesite.

Boric enfrentó el problema de seguridad, pero no conectó con la preocupación de corto plazo.

¿Qué se puede esperar del segundo turno?

Creo que va a ganar Boric, que se puede aprender de la elección del domingo. La posibilidad real de un triunfo de una candidatura de ultraderecha va a producir un efecto de unión de la izquierda y la centro izquierda, en la medida en que sea capaz de darse cuenta de esta necesidad de seguridad en la vida cotidiana.

Yo espero que tenga éxito.

¿Cuál es el panorama de un Chile gobernando por José Antonio Kast?

Kast es la negación de la transformación que Chile necesita. El cree –como creyó el presidente Piñera– en las fórmulas neoliberales e piensa insistir en ellas. Él puede hacer su propuesta, pero que sea una solución para los problemas de Chile, ¡no! Va en dirección contraria. Eso no es  lo que Chile necesita, lleva a la inestabilidad, a la ingobernabilidad.

Por ejemplo, los problemas de seguridad y de orden público tienen que ver con una policía que se ha convertido en una policía deslegitimada e ineficaz. Por ejemplo, dos años después de las protestas del 18 de octubre, todavía no tenemos idea de lo que pasó en las estaciones del metro, primer escenario de las protestas. Eso ilustra bien la ineficacia de la policía.

¿Por qué la incapacidad del Estado de luchar contra el narcotráfico? En esto lo que se enfrenta no son delitos particulares, es una organización y lo que uno necesita es inteligencia. Pero, cuando se requiere un trabajo policial con un mínimo de sofisticación, Carabineros ha mostrado su ineficacia.

Pensar que seguridad y orden público se va a lograr aumentando la represión es recurrir a una fórmula cuyo fracaso es perfectamente anticipable. Kast habla de revivir el infame artículo 24 transitorio de la constitución de Pinochet, que permitía detener a personas en lugares que no son cárceles.

¿Cómo ve el futuro de la constituyente, en ese nuevo escenario político? ¿Coincide con la afirmación de que “el proyecto de una nueva Carta Magna queda fuertemente tensionado” y que “el acuerdo por cambiar la Constitución de Pinochet corre peligro”?

Yo creo que el proceso constituyente se enfrenta a la oposición de la derecha, que lo tergiversa, ridiculiza y manipula, pero no responden al debate de contenido.

La convención ha sido, hasta hoy, indiferente a esto, convencida de que ninguna de esas acusaciones es cierta. Pero cuando uno se enfrenta a una campaña así, el hecho de que sea verdadera o no es indiferente. Lo único que importa es que sea eficaz.

El resultado electoral del domingo deja abierta la posibilidad de que el proceso constituyente no sea exitoso, que el plebiscito de salida sea negativo.

Espero que ese resultado produzca en la convención más conciencia sobre el riesgo que enfrenta. Y que eso lleve… (Atria para, piensa… le cuesta encontrar las palabras…) a una discusión constituyente más consciente de los límites que enfrenta.

Ha habido mucha discusión, una reivindicación sobre el carácter originario de la constituyente, que no estaría sujeta a límites. Y yo espero que lo de ayer sirva para que los constituyentes entienden que los límites del poder constituyente no están establecidos en las reglas jurídicas, aunque no sea cierto de que es un poder no sujeto a límite alguno.

Espero que lo del domingo haga consciente de eso a los constituyentes, de la necesidad de que lo que salga de la constituyente sea reconocido por la cultura chilena como una discusión de la forma política que Chile necesita. Eso es lo que lleva al éxito del proceso constituyente.

Por eso la campaña de ridiculización de la derecha está bien elegida, orientada a que lo que salga de la constituyente no sea reconocido como legítimo.

¿Cuáles son los puntos claves que, en su opinión, son indispensables cambiar para poner fin al armazón neoliberal de la constitución vigente?

Una constitución lo que hace es constituir una forma política. La forma política chilena caducó el 18 de octubre, la constitución de 1980 caducó. La derecha cree que funciona, como si creyera que, si el proceso constituyente fracasa, vamos a volver a vivir en paz, bajo la constitución de 1980.

Jurídicamente, esa constitución está vigente, pero no está vigente en el sentido de que sea una norma reconocida por todos los actores políticos, que todos acepten lo que establece como políticamente correcto.

Eso queda en evidencia por las acusaciones de parlamentarismo de facto que hace el gobierno, por la tramitación de proyectos inconstitucionales, a sabiendas de que son inconstitucionales, lo que muestra que la constitución actual, aunque está jurídicamente vigente, ya fue políticamente desahuciada. No se puede volver a una constitución que quedó aplastada por el 80% de los votos del “apruebo” en el plebiscito de convocatoria a la constituyente.

Pero es un error pensar que al momento constituyente le corresponde dar (y ganar) todas las batallas, porque después de la nueva constitución va a seguir habiendo política, una derecha y una izquierda con diferentes puntos de vista sobre diversos problemas.

El éxito del proceso constituyente no está asegurado y espero que eso, más claro desde el domingo, sea considerado por los constituyentes.

Lo fundamental de la constitución es establecer el esquema político en que ese debate se va a resolver. Construir una forma política que sea eficaz, esa la tarea de la constituyente.

Hay algo especialmente interesante en caso chileno que nos lleva un paso más allá. El modo tradicional en que una forma política colapsaba, era que se venía espectacularmente al suelo. Era inconfundible. Lo vimos el 73, cuando la fuerza aérea bombardeó La Moneda. No había duda de que un modo político colapsaba.

Pero los sistemas políticos ya no colapsan de ese modo. Ahora colapsan de un modo que parece ser institucional. No llevan la marca de su naturaleza, son eventos que no hacen inmediatamente transparente lo que está pasando.

Hoy hablamos de golpes de Estado institucionales. Se dan por el mecanismo de impeachment, que se usa de forma similar a la que antes tenía el bombardeo de La Moneda.

Si uno mira la forma jurídica, no ha pasado nada. Pero la forma en que ocurren oculta su naturaleza, la forma jurídica oculta el proceso político.

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Por Gilberto Lopes
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