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A los 94 años murió el destacado periodista Niko Schvarz

En la madrugada del domingo 22 de agosto, a los 94 años (16/05/27) murió el periodista Niko Schvarz.

Niko, escribió en El Popular, antes y después de la dictadura. También en LA Hora, en la agencia uypress y columnista permanente en La ONDA digital desde su fundación.

Durante la dictadura sufrió el exilio; primero en la Argentina y luego en México.

Cumplió tareas periodísticas en varios países latinoamericanos, Europeos y Asiaticos. Estuvo en Viet Nam durante la guerra de independencia y logró entrevistar dos veces a Ho Chi Min. Entrevistó al Che Guevara durante la conferencia del CÍES en Punta del Este en agosto de 1961.

Durante su exilio en Buenos Aires trabajó en los temas de solidaridad junto al ex-Rector Ing. Óscar Maggiolo, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Dr. Alberto Pérez Pérez, Ferreira Aldunate, Esteban Valenti y otros dirigentes políticos.

Hasta que una larga enfermedad se lo impidió escribió permanentes columnas en nuestra revista La ONDA digital y dialogó en varias oportunidades con LAONDADIGITAL TV.

A continuación, algunos de estos materiales.

Niko Schwartz: “Conocí y entrevisté al Che Guevara en Uruguay”

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El homenaje a Niko Schvarz al cumplir 86 años

El pasado jueves 16 mayo el periodista y columnista de La ONDA digital, Niko Schvarz, fue homenajeado al cumplir 86 años de edad. El emotivo acto se realizó en la sede de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). El evento contó con la presentación de la periodista María Inés Obaldía y la participación de Marta Valentini, Javier Miranda, Rafael Guarga, Juan Raúl Ferreira, Luis Almagro


“Un jornalero de la pluma y el pensamiento”

AQUI CARTAS DE SALUDO A NIKO

El pasado jueves 16 mayo el periodista y columnista de La ONDA digital, Niko Schvarz, fue homenajeado al cumplir 86 años de edad. El emotivo acto se realizó en la sede de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). El evento contó con la presentación de la periodista María Inés Obaldía.

En la parte oratoria, intervinieron Marta Valentini, Javier Miranda, Rafael Guarga, Juan Raúl Ferreira, el canciller Luis Almagro y finalmente Niko, quien visiblemente emocionado, agradeció el homenaje. La jornada se cerró con la participación del cantautor Andrés Stagnaro.

Durante el evento la periodista María Inés Obaldía leyó diversos saludos a Niko Schvarz, entre ellos la del ex presidente del Brasil, Luiz Inácio “Lula” Da Silva (en nota adjunta se pueden leer los distintos saludos).

MARÍA INÉS OBALDÍA: Como suele pasar en algunos cumpleaños, la emoción se trenza con el reconocimiento. Y en esa trenza, justamente, es que estamos aquí reunidos en esta tardecita en nombre – seguramente – de muchos otros que también quisieran estar. Algunos han enviado saludos. Pero la convocatoria de esta noche es hacer en este cumpleaños un reconocimiento colectivo.

No le pasa a todo el mundo. Le pasa a algunos, a pocos. Y me atrevo a decir, que a periodistas, mucho menos. Creo – y algo conozco del palo – que el periodista es un “bicho” bastante molesto como para llegar a cierta etapa de la vida y conseguir una mesa tan heterogénea y, por cierto que, un público cautivo como el de esta noche. Así que felicidades y, realmente, muchas gracias por este honor.

– Antes quiero presentarles a cada uno de nuestros compañeros de mesa; Marta, es una mujer a quien admiramos, en su rol histórico, en su capacidad de pensamiento y en su compromiso. Pero ella dijo: “Yo no voy a hablar solamente por mí. Voy a hablar por los tiempos de Massera”. Señora, usted es la primera.

MARTA VALENTINI: Niko es un amigo. ¡Y vaya qué amigo!.
Bueno, cuando me dijeron si podía hablar, dije que sí sin pensarlo dos veces. Pero cuando lo pensé, no sabría como arrepentirme (risas). Sin embargo, aquí estoy. Y sobre todo, si miro la Mesa en la que estoy sentada, ¡me viene un pánico que ni les cuento! Sin embargo hay una cosa que sí puedo hacer, que es decir que Niko es un amigo. ¡Y vaya qué amigo! Fue un amigo de Massera muchos años pero, sobre todo, fue un grandísimo amigo de los últimos años de Massera, que fueron muy difíciles. Todos los sábados venía a tomar el tecito a casa. Entonces, hablar de un amigo es complicadísimo. Porque ¿qué dice uno de un amigo? Si todos los días tiene alguna cosa con que referirse a él, un cuento que hacer de él. Yo me acuerdo de los cuentos de “El Popular”, cuando yo iba por alguna cosa o por otra y ahí andaba Niko trajinando entre papeles y demás. Entonces, Niko nos ha acompañado y nosotros lo hemos acompañado, a lo largo de la vida. Porque es una amistad de siempre, de siempre. Que este homenaje es merecido, no hay ni qué decirlo. Basta ver quienes nos acompañan. Entonces, creo que lo mejor que yo puedo hacer, es ceder la palabra a quienes van a decir cosas más importantes y agradecer que me hayan elegido para estar acá y para decir o recordar la amistad que unió a Niko con Massera. Por lo tanto, muchas gracias a todos.

– M.I.O: Hay numerosas autoridades que nos acompañan, que nos honran con su presencia, que lo honran a usted. A todas el agradecimiento. Pero también a aquellas personas que – quizás – tengan menor visibilidad y estén, sin embargo, ligadas al compromiso de este hombre que durante tanto tiempo buscó, a través de la letra, de la pluma, de la tecla de la máquina, del fax, de la llamada, de tantas peripecias tecnológicas que debió superar, generar un pensamiento que estaba inspirado en la información, a la hora de generar – justamente – un destaque para la formación de este tiempo que estamos viviendo. Ahora vamos a seguir por el Director de Derechos Humanos, Javier Miranda. Doctor, le toca a usted.

– JAVIER MIRANDA: Cada generación, intentamos tocar el cielo con las manos.
Es un gusto estar. Lo primero, en realidad, que quiero traer es el saludo de Ricardo Erlich – ministro de Educación y Cultura – que no puede estar hoy acá pero, sin duda, es un compañero en este homenaje, en este reconocimiento a Niko Schvarz. Hace unos días andábamos juntos en el auto con Niko y Niko me hacía algunos cuentos del milenio pasado, con mi viejo, el Partido y esas cosas que a uno le van acercando los “calorcitos” que no vivió, pero que todos van acercando. Entonces, también hay una carga emocional y personal en estas cosas, que las defiendo y que creo que valen la pena. En realidad, ya no tengo “jopo y dos novias”, como decía Zitarrosa. ¡Ya no soy tan joven! Pero piensen ustedes lo que fue, para mi generación, los que no nacimos en dictadura pero nos criamos en la dictadura, los que nacimos a la conciencia de la dictadura, algunos referentes intelectuales. Los que éramos gurises en aquellos años y nos íbamos a la Feria de “Tristán Narvaja” a ver si podíamos encontrar alguna “Marcha” o algún “Cuaderno de Marcha” escondido, alguna revista “Estudios”, algo para leer. Y mi primer contacto con Niko Schvarz es eso: descubrirlo en algún papel “traficado”, clandestinamente, con riesgo de vida en plena dictadura, porque traficábamos papeles. Y estos tipos eran los que nos daban línea, por lo que habían escrito o por lo que seguían diciendo en radio “Moscú” o en radio “Berlín”. ¡Con aquellos ruidos espantosos! Porque en aquella época no había Internet y habían unos ruidos en onda corta espantosos. Había que hacer… ¡Realmente había que tener coraje para escuchar aquel montón de ruidos! ¡Para intentar escucharlos a estos, que nos decían qué estaba pasando al lado de nosotros!

Cuando en el 85 empezamos a darles la bienvenida, ¡nosotros tocábamos el cielo con las manos! ¡La revolución era pasado mañana! ¡Estaba ahí, estaba al alcance de la mano! ¡Volver a recibirlos! Ponerles rostro – un poco más arrugado – a aquellas letras que leíamos. ¡Fue brutal! ¡Fue conmovedor! Y tocamos el cielo con las manos. Yo en Niko Schvarz, por él y por los veteranos que han sido para nosotros nuestros mayores que nos han guiado, creo que hay un deber de reconocimiento por ellos. No de seguimiento obsecuente, no. Pero sí de reconocimiento a los caminos que nos abrieron. Eso es lo que quiero significar en Niko.

Acabo de venir del congreso del SUNCA. Juro que vengo conmovido. Yo, que soy un “burguesito”, intelectual, la verdad, es que nunca había estado en un congreso del SUNCA. ¡Qué fuerza! Fue el presidente, fue el “Pepe”. Yo creo que fue el “Pepe”, no el presidente. El “Pepe” dice – en unas breves palabras que dijo -: “Pah, ¡qué recuerdos que me trae el Paraninfo! Cuando vinimos acá éramos jóvenes, hace más de cuarenta años y tocábamos el cielo con las manos!”. Cada generación Niko, cada generación, intentamos tocar el cielo con las manos. Y nuestros mayores nos sugirieron caminos para acercarnos a tocar el cielo con las manos. Lo bueno está en cómo ir mostrando los caminos para tocar el cielo con las manos y lo bueno está en que nunca lo vamos a tocar, porque entonces siempre vamos a hacer revolución. Y eso se lo debemos a ustedes que nos abrieron los caminos. ¡Ojalá nosotros seamos capaces de sugerir caminos! Gracias Niko, muchas gracias (aplausos).

M.I.O: En este caso, cada uno de ustedes tiene una etapa de su vida en la que ha tenido la posibilidad de estar bien cerca – por un lado – y también que puede compartir el testimonio esta nochecita con nosotros. Convocamos ahora al Ing. Guarga, testigo y, quizás, en este caso, embajador de la etapa mexicana.

ING. RAFAEL GUARGA: Niko, en el exilio mexicano, se constituyó como una persona admirada y querida.
En primer lugar, mi agradecimiento a quienes nos invitaron a participar en este acto. Verdaderamente, para nosotros, es un honor el poder participar aquí – en esta Mesa – en homenaje a quien es, desde hace muchos años, un gran amigo. Voy a hacer – como decía nuestra presentadora – una referencia especial al período del exilio en México, que compartimos con Niko. Pero antes quisiera hacer una referencia anecdótica en cuanto al proceso que nos lleva del golpe al exilio. Allí teníamos muy claro el papel que estaba jugando Niko – en su condición de redactor responsable de “El Popular” – de las dificultades, por las que obviamente pasaba por esa responsabilidad pública que tenía y luego, cuando ya pasamos a una situación de semi-clandestinidad o clandestinidad, por avatares de la lucha que – en aquel momento – todavía no tenía una expresión muy abierta contra la dictadura, debíamos vernos en Buenos Aires, con Niko. E imaginamos una forma un tanto particular – pero la vida probó que fue exitosa – de vernos, que era citarnos junto al Obelisco. Entonces Niko ya estaba allá, en Buenos Aires. Ahora yo le pregunté y medité, ¿cuál pudo haber sido la justificación de esa citación en un ámbito tan público? Y no dejaba de tener inteligencia el hecho porque – en fin – era un lugar de tránsito muy nutrido y – por otro lado – ninguno sabía muy bien qué aspecto iba a tener el otro en ese momento. De forma tal que podía verlo desde lejos y reconocerlo por la altura o por la forma de caminar, en fin. En definitiva, algunas veces nos encontramos allí como prolegómeno a un encuentro que ocurrió a 10.000 kmts. de allí cuando – después del año 76 – pudimos nosotros exilarnos y Niko llega a México por otros caminos.

Recuerdo que de las primeras personas – luego de pasar por la etapa de la recepción en el aeropuerto por la Secretaría de Gobernación, etc. – las declaraciones que deben hacerse en esas circunstancias, llegamos al legendario hotel “Versalles” y allí estaba Niko. Como en una especie de traslado en el espacio y en el tiempo, nos volvimos a encontrar en México. Y allí transcurrió – prácticamente – casi una década, donde Niko jugó varios papeles. Uno de ellos muy importante. En su condición de periodista él escribía en el diario “El Día”, con cierta regularidad y, naturalmente, sobre los temas de los cuales tenía un dominio muy grande. Eso creo que nos ayudó mucho. Nos ayudó mucho a quienes estábamos en México, porque ayudaba a la sociedad mexicana a comprender cuál era la situación en el Uruguay y las circunstancias en América Latina, en general y, por otro lado, ayudaba – no sólo a quienes estábamos en México, sino – en general al posicionamiento de la sociedad mexicana frente a las dictaduras en América Latina. Así que esa función que Niko cumplía, con la solvencia, la autoridad intelectual, el conocimiento minucioso de lo que escribía – sin duda alguna – nos ayudó a todos y ayudó a la causa uruguaya en el exilio, verdaderamente.

También Niko hacía otra tarea – esta menos pública, por cierto – que era, junto con Luciano Weisnberger, el redactor de todas las misiones necesarias para llevar adelante esta hojita que se llama “Desde Uruguay”, que circulaba en todo el exilio, que circulaba aquí en el país, que circulaba – particularmente – también en México y ahí lo distribuíamos nosotros – y ayudaba en general y ayudaba al exilio también, por cierto, a presentarse los amigos que allí nos rodeaban, con una imagen verdaderamente muy buena. Personas serias, personas que verdaderamente luchaban, en una dictadura feroz, etc. Es decir, que esa otra tarea que llevaba mucho tiempo, mucha prudencia, que se hacía con información que iba llegando por distintos caminos, fue – realmente – otra de las acciones que debemos reconocer, que el compañero Niko y el compañero Luciano, llevaron adelante maravillosamente bien en México.

Y finalmente Niko – también en México – era un miembro de esa comunidad de unos cuantos cientos de uruguayos que logramos un proceso de convergencia democrática en México, a través del Comité “Solidaridad”, el COSUR, que empezó siendo fundado por don Carlos Quijano y Lichtenstein y luego se formó un colectivo de dirección muy particular. Todos los partidos políticos y los independientes, tenían un representante. Había un partido político que tenía – en México – una sola persona y ese era el representante. Y había otros sectores bastante más numerosos que también tenían su representante. Y en esa configuración verdaderamente curiosa – los independientes también tenían su representantes, los militares tenían su representante – se condujo el exilio en el sentido de la representación del exilio uruguayo, con una sola cabeza. Es decir, no aparecían – como en otros exilios – múltiples cabezas, sino que el exilio uruguayo siempre aparecía con la cabeza del COSUR ante Gobernación, etc., ante las distintas instancias en la cuales el exilio tenía que presentarse. Y en esta condición de integrante del COSUR, participaba Niko en las asambleas del Comité – que solían ser un tanto prolongadas y discutidas – y asistía pacientemente. Asistía a los picnics, se integraba con los uruguayos, los “urumex” que allá estábamos con nuestros amigos mexicanos, también. Es decir que Niko, verdaderamente en el exilio, se constituyó como una persona admirada, querida y participante activa de las actividades de nuestro Comité de “Solidaridad”.

Si bien mi función aquí era mostrar esta cara tan entrañable de Niko en el exilio y en su función de periodista allá en México, también, yo quisiera terminar hablando de él. Yo creo que Niko – que ha hecho mucho, notoriamente – todavía tiene algunas tareas interesantes para cumplir. En particular, sé que tiene un libro en preparación, que vincula al marxismo, a la democracia y a la revolución, tarea que hemos visto en el apilamiento de material que mide unos 70 cmts., más o menos. Es decir, una tarea que Niko ya hace tiempo ha emprendido y que creo que sería muy interesante que los aquí reunidos le encomendáramos la necesaria finalización, en breve plazo, de esa no fácil tarea. Y luego otra que, esta sí, es una iniciativa mía – aunque quizás tenga mayoría aquí, en los presentes – que haría que Niko se dedicara (quizás no le lleve demasiado tiempo) a escribir una somera autobiografía. La verdad es que como Hobsbawm, vivió en el siglo corto y – prácticamente – su nacimiento estuvo mezclado directamente con la historia del siglo, yo creo que un testimonio panorámico, de las cosas que a Niko le han tocado vivir, sería también de gran interés para nuestros hijos, para nuestros nietos, en fin, para el futuro y para ayudarnos también – como decía aquí el amigo Miranda – a ellos, a tocar el cielo con las manos.

M.I.O: Bien, Juan Raúl, tratamos de irte haciéndolo más fácil, pero no lo hemos logrado. Te la hemos ido complicando minuto a minuto, en esta sala donde el afecto, el compromiso, el reconocimiento y la admiración van marcando los escalones. Este es tu tiempo.

JUAN RAÚL FERREIRA: Niko, cuando encontró el rumbo de su vida fue siempre consecuente.
¡Es brava, eh! Cuando a mi me importa mucho lo que voy a decir, trato de no escribir ninguna nota ni nada y dejar que las palabras fluyan de la mejor manera posible. Pero en este caso, además, me pasó más o menos lo mismo que han dicho todos los que han hablado hasta ahora. Cuando León me preguntó si estaba dispuesto a hablar, dije que sí, enseguida y era un gran honor. Y después me pequé un susto bárbaro, ¿no? Porque cómo se puede trasmitir – y en mi caso lo siento muy intensamente – lo que significa para la vida de cada uno de nosotros y para la comunidad nacional Niko, sin caer en lugares comunes. Entonces ya estoy con mucho miedo de no caer en lugares comunes. ¿Yo que estoy haciendo acá?. Y más cuando veo en el público personalidades tan destacadas, que tienen tanta autoridad mayor que la mía para estar aquí y gente cuya vida ha sido tocada por la vida de Niko. Lo conocí a él mucho antes que él me conociera a mí. Porque en el año 71 o 72, algunos muchachos que salíamos de preparatorios del “Seminario”, inquietos, en épocas de mucha efervescencia, a veces caíamos en “El Popular” a chusmear, a ver qué estaba pasando, a enterarnos. Y muchas veces conversábamos con Niko y él no tenía la menor idea de quien era yo, pero yo tenía muy claro quien era él.

Después si, nos conocimos y los hechos se precipitaron de una manera tremenda. Hoy yo estuve casi dos horas – supongo que lo editarán mucho eso – ante las cámaras de TNU recordando aquellos tiempos, porque están armando un programa con los 40 años del golpe de estado. Y vino la etapa de Buenos Aires, donde nos conocimos, nos tratamos, nos vimos. Pero, en realidad, yo aprendí a quererlo y a tenerlo como un referente durante la época del exilio en México. Yo era un fenómeno muy curioso, porque yo era un “urumex” que vivía en Washington (risas). Era una cosa muy curiosa. Mis compañeros de exilio eran los de México, pero yo vivía en Washington, porque estaba cumpliendo una tarea política allí. Después que se abrió la Oficina de Insurgentes de la Convergencia, iba con más frecuencia aún, pero mi referente de exilio fue México, donde viví el último año y medio. Todo el período anterior lo viví en Estados Unidos, pero yendo con mucha frecuencia y teniendo allí mi referente del exilio.

¡Había cosas increíbles! Acá se hablaba de “Desde Uruguay” y era increíble porque era desde el Uruguay. Era hecho en México pero era desde Uruguay. Es decir, los exiliados que recibíamos “Desde Uruguay”, lo recibíamos con la misma emoción que si eso hubiera sido impreso en un lugar clandestino en Montevideo. Porque recibíamos noticias, pero además, porque recibíamos la frescura de la militancia, el aliento a la lucha… En fin, era una cosa muy importante en la rutina de la vida nuestra tener el referente de “Desde Uruguay” en las manos. Y los artículos de Niko en la prensa y las charlas, que cada vez que parecía que iban a terminar, él decía: “¡Pará un poquito!” (risas). Y seguía. Y compartimos algunos momentos, incluso en Buenos Aires. Creo que fue la última vez que nos vimos compartimos momentos muy trágicos. El exilio es una experiencia muy intransferible. Solamente los que la vivimos – como debe ser la cárcel, como debe ser la clandestinidad – lo sabemos. Tiene características muy especiales, pero yo creo que hay una facilidad de los que compartimos el exilio de entendernos de una manera… Hay códigos que se generaron por la experiencia que vivimos, etc. Y Niko empezó a ser un referente muy importante para todos nosotros, más allá de partidos. Cuando se formó la “Convergencia”, además, fue algo más que un aliado, fue un militante activo, que nos alentaba. Pero a mí me pasó – uno de los tantos errores de mi vida – a mi me pasó que durante mucho tiempo sentí que se me iba la juventud en aquello, ¿no? Es decir, que mi juventud había sido una juventud triste, porque había transcurrido en esos años que estaban muy cargados de tragedia. Y ahora que tengo algunas canas y ya cumplí 60, me doy cuenta que la verdad es que mi vida fue un privilegio, porque junto con haber sido testigo de situaciones muy trágicas, también puedo recordarlas, siempre, rodeadas de cosas que me llenan de emoción, de alegría y que me alientan y que me esperanzan. No hay ningún hecho, por más doloroso y trágico de los que yo pueda recordar desde mi experiencia personal, e incluyo los días espantosos que vivimos con la muerte del Toba y Michelini y los intentos desesperados por rescatarlos con vida. Cuando parecía que nos habíamos alejado de ese horros y cuando uno mira hacia atrás, se da cuenta que todo aquel horror, que toda aquella tragedia, siempre venía acompañada de expresiones de solidaridad, muchas veces de solidaridad anónima, que hoy las recuerda uno y dice: “bueno, todo esto es parte del bagaje de la vida y valió la pena vivirlo”. Este es un ejemplo, como podría citar miles, ¿no?

Cuando estábamos con mi padre caminando hacia el avión que nos sacó de la Argentina, un hombre de overol – que si me preguntan, no sé si era uno de estos que le ponía combustible, que trabaja en la asistencia de los aviones en el aeropuerto – rompió la barrera de “seguridad”… Y digo “seguridad” entre comillas porque me acuerdo que había mucha discusión. Papá era muy testarudo en eso y pidió que nos acompañara el embajador hasta el asiento mismo del avión y decía: “Él es el que me cuida de ustedes. Ustedes no son la barrera de seguridad”. Bueno, ese hombre rompe la barrera de seguridad, le da un abrazo a mi padre y le dice: “Perdónenos, pero los argentinos no tenemos nada que ver con esto”. Y cuando estábamos arriba del avión, yo me acuerdo que mi Viejo me decía: “No sabemos cómo se llama y nunca sabremos qué fue de él. A lo mejor perdió el trabajo. A lo mejor perdió la vida”. Y todas esas cosas están llenas de gratificaciones tremendas. Entonces, cuando yo recuerdo épocas de dolor y de sufrimiento junto a Niko, recuerdo a un Niko con un carácter monocorde, que no se dejaba abatir por la tragedia porque sabía que había un futuro que había que seguir construyendo. Y eso yo creo que es lo más importante que hay que rendir, quizás.

Y para terminar, quiero recordar un cumpleaños de Niko y a muchos les va a llamar la atención lo que voy a decir, porque parecería ser una cosa tan normal, tan… Creo que estábamos sentados al revés. Niko estaba sentado por acá y yo estaba sentado por ahí y cuando le tocó a él agradecernos las distintas palabras, las distintas expresiones de solidaridad, de agradecimiento, de reconocimiento, contó algunas cosas de cómo fue su vida. Y dijo algo que era muy obvio, pero yo no sé si estuvo en la manera como lo dijo o porqué razón a mí me tocó alguna tecla muy especial y no sé si en la cabeza o en el alma. Él contó cuando se topó por primera vez con el “Manifiesto Comunista” y cómo eso le había cambiado la vida. Y a mi me parece interesante que esta reflexión la haga un no marxista que está sentado en esta Mesa, ¿no? Cuando él empezó a explicar lo que significó para él el “Manifiesto Comunista”, yo sentí que estaba – después de conocerle de tantos años antes – ante un hombre que estaba buscando un sentido a su vida y lo había encontrado. Y que una vez que lo encontró, fue siempre consecuente con ese rumbo. ¡Ojalá todos pudiéramos decir lo mismo en nuestra vida! Pero no. A mi me complace decir que tengo muchos pesos en la mochila de mi vida y que este es un momento – entre otras cosas – muy especial para mi, en mi propia vida, porque la actividad que estoy desarrollando me permite – además de hacer algo que me gusta y en lo que creo – sentir también una tarea de reparación que yo creo que le debo a mi país y a la historia. Es importante que no todo el mundo sea un ejemplo tan destacable como Niko, que cuando encontró el rumbo de su vida fue siempre consecuente. Es importante que no haya mucho porque eso es lo que nos permite rescatarlos y exhibirlos como ejemplos (risas). Si todos fuéramos iguales, no estaríamos acá honrando a Niko. Y eso es lo que yo siento que ha sido la constante desde que de muchacho iba a bichuquear a “El Popular” a ver qué estaba pasando, a cuando compartimos momentos de mucha tragedia en Argentina, de mucha lucha y esperanza – además de dolor – en México… Yo lo que más te quiero agradecer es que lo explicaste, lo ejemplificaste en aquellas palabras el año pasado, pero para mí sos un ejemplo de un hombre que una vez que le encontró sentido a su vida, nunca dejó de ser consecuente con ese rumbo.

M.I.O: Ahora sí, señor canciller Luis Almagro, le toca a usted cerrar esta parte de este homenaje.

LUIS ALMAGRO: Quiero fundamentalmente hablar de la misión del Embajador Itinerante Niko Schvarz a la ciudad de Hanoi.
Gracias Niko. Gracias por tu llamada, León, porque para mi fue un honor ser incluido en esta fiesta, en este cumpleaños de Niko y tener la posibilidad de compartir con ustedes mi experiencia de contratar al funcionario más veterano que he tenido en la Cancillería (risas). Si querés batir tu propio record, te recontrato, Niko (risas). Y al revés que los demás, yo no “arrugué” cuando me llamaste, enseguida te dije que sí y seguí convencido hasta ahora que sí. Pero después de escuchar a todos estos, creo que es un poco más complicado de lo que uno pensaba (risas). Pero bueno, quiero fundamentalmente hablar de la misión del Embajador Itinerante Niko Schvarz a la ciudad de Hanoi, a Vietnam, entre el 16 de agosto y el 9 de septiembre de 2011 para abrir la Embajada de la República Oriental del Uruguay en Vietnam. Una agenda de Niko que, verdaderamente, impresiona. Porque en este tiempo parece que tuviste poco para el descanso y que hiciste un recorrido muy exhaustivo por las autoridades vietnamitas, sociedad civil y también las referencias históricas que correspondían. El embajador Schvarz recordó en sus primeras reuniones el vínculo fraterno de ambos pueblos, en su solidaridad durante la guerra que azotó a la población de dicho país y en razón de la cual se realizaron múltiples manifestaciones en Montevideo y en el Uruguay. Donó, en ese sentido, reproducciones de dichas fotografías del archivo del diario “El Popular” – acervo que se encuentra en el Centro de Fotografía de Montevideo – con el fin de su exhibición en el “Museo de la Reunificación de Ho Chi Minh” o en el lugar que fuera decidido. Fueron encuentros, todos, sumamente emotivos, teniendo en cuenta las visitas a Vietnam que habías hecho, los encuentros que tuviste en el pasado con el padre de esa patria, Ho Chi Minh, y con el general Giap. Es de destacar la invitación que recibiste para visitar la casa del general Giap, donde fuiste recibido por su familia – su esposa y su hijo – en razón que el estado de salud del general no le permitía en esas fechas recibir visitas. Una estancia especial de la casa, reservada a invitados especiales, jefes de estado, donde han estado presidentes latinoamericanos. Fue también emocionante su encuentro con la esposa del general, que recordó su encuentro contigo, así como destacó el progreso y el desarrollo que ha tenido Vietnam desde tu visita, hace prácticamente 40 años atrás. El abrazo que te dieron al despedirte emocionó a todos los presentes e, incluso, a los funcionarios de la Cancillería local. ¡No es fácil emocionar a un diplomático, acoto! (risas). De igual manera, fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores, miembros del gabinete y, en general, se destacó el alto valor de tu presencia allí en una instancia tan especial para el gobierno y el pueblo vietnamita, de fortalecer los vínculos al más alto nivel, como era la jugada política que Uruguay estaba haciendo en ese momento. Todas estas reuniones que tuviste sirvieron para solidificar un trabajo continuo y dieron pie para la visita que posteriormente realizara el vicepresidente, Danilo Astori, que concretó – en función de tu agenda previa – algunos importantes resultados para el Uruguay. Tu visita a la Facultad de Español, donde Danilo diera una conferencia magistral y recibiera, luego, un título de “Doctor Honoris Causa”; la Asociación de Amistad de Vietnam con el Extranjero; tu visita a la Agencia Oficial Vietnamita de Noticias… Es cierto que los periodistas son seres molestos, doy fe (risas), pero también existen periodistas como Niko, que revelan a través de su trabajo, un compromiso y un compromiso que trasciende al propio ejercicio de poner una palabra atrás de la otra, tratando de reflejar más o menos, o distorsionar más o menos la realidad de ese día o de esa semana. Hay algunos que tienen una linealidad tan especial en su trabajo, que la contundencia de sus escritos los hace necesarios para después. Por eso también, la admiración que los mismos te realizaran.

Hubo mucho trabajo, Niko, y nuestro reconocimiento al mismo. Eso fue la base para nuestra instalación en Vietnam y es la base del trabajo que hacemos ahora. Y es bueno escucharlos a todos los que han presentado acá, pero fue muy bueno para mí escucharte en la primera entrevista laboral que tuvimos. Puede ser que yo tenga un defecto, que me gusta escuchar a los más veteranos, porque la experiencia de vida hace como una síntesis histórica. Y acá, en esta gestión de Niko, se ve mucho esa síntesis de vida. La síntesis de su compromiso, la linealidad de ese compromiso, de tu trabajo periodístico, las fotografías que mostraban tu compromiso con una causa como lo era la del pueblo vietnamita. Y definitivamente escucharte, en esas instancias, fue para mí revelador y ser conciente de que esa idea definitiva que había tenido Roberto Conde – mi gran mérito fue comprarla inmediatamente, pero la idea es de él, de Roberto – tiene esa necesidad permanente de renovar el compromiso, día a día. Esperando tocar el cielo con las manos o sin la expectativa de tocar el cielo con las manos. Con el más grande optimismo o con el más oscuro pesimismo. Con la dureza que exigen los momentos o con la alegría que ofrecen otros momentos. Pero siempre con el compromiso detrás: compromiso con las ideas y compromiso con la política que llevamos adelante. Por eso, Niko, tenés mucho futuro en esto. Por la linealidad de tu vida – obviamente – y porque también yo espero tu artículo de mañana para leerlo, como el de hoy. Así que muchas gracias por ese día a día de renovación y de compromiso con lo más profundo y fuerte que pueden tener las ideas políticas (aplausos).

M.I.O: Ahora, lo escuchamos a usted Niko…

NIKO SCHVARZ: Agradezco todo esto desde el fondo del alma. Pero, yo no soy viejo ni me siento viejo…
Queridas amigas y queridos amigos, díganme una cosa y yo ahora, después de tanta avalancha (risas), después de estar sumergido por todo esto, ¿qué digo yo?… Había pensado decir muchas cosas, pero ante la contundencia de las cosas que se han dicho… Como decíamos en México: “sale sobrando, todo eso”. Entonces me voy a limitar a una brevísima reflexión. Yo no soy viejo ni me siento viejo. Acá una querida amiga recién recordaba al viejo Atahualpa Del Cioppo, que cuando cumplió 80 años decía: “Yo no tengo 80 años, tengo cuatro veces 20 años” (risas). Y Marieta Caramba decía que tenía “acumulación de juventud” o juventud acumulada, ¿no? Ahora, ¡yo nunca me sentí viejo, ni ahora mismo! Les voy a contar alguna anécdota personal. Cuando yo era chiquito, hice el jardín de infantes en el viejo Liceo “Francés”, donde tenía una beca y estudié en el viejo Liceo “Francés”, Soriano 974… Fui al jardín de infantes y la directora – que la recuerdo, es uno de los recuerdos más viejos que tengo, una mujer flaca y alta, huesuda, con unos ojos de un verde muy intenso – al cabo de un mes dijo: “no, a este chiquilín sáquenlo de aquí y pásenlo a 1er año”. Y así fue como siempre anduve un año adelantado y así fue que entré a la Facultad con 17 años. Es decir, siempre andaba adelantado. Después de Preparatorios, yo fui ayudante de clase del Dr. Grompone. En aquella época no había IPA – acá hay muchos egresados del IPA – sino que había una agregatura. Yo hice el curso con Grompone – ¡que fue lo más espectacular que yo he visto como profesor! – que era un maestro en el arte de dirigir una clase, de hacer pensar, de explicar los problemas filosóficos de una manera conceptual fenomenal y de hacer chocar las opiniones y, en los diez minutos finales, hacía el resumen, dejaba matrizadas las ideas, en fin, ¡era una maravilla! Su hijo – que anda por ahí y que Guarga lo conoce bien – tiene un parecido físico y gestual con su padre, maravilloso. Con él estuvimos juntos y con Olesker en París, cuando se celebraron los 150 años del “Manifiesto Comunista”. Bueno, el viejo Grompone me aceptó como ayudante de clase y tenía tal confianza – o tal inconciencia (risas) – que una parte del curso me la hizo dar a mí. Pero yo le daba clases en Preparatorios – cuando yo ya había entrado en facultad – a alumnos que eran mayores que yo. Entonces yo siempre me sentí joven. Cuando entré al Comité Central del Partido, yo era de los más jóvenes.

Hace poco – un año más o menos – me pasó la siguiente anécdota: íbamos en un ómnibus y estábamos parados. Entonces se desocupó un asiento y una muchacha que estaba ahí gentilmente me ofreció el asiento y yo le dije que no y ella quedó sorprendidísima (risas). “No, por favor. ¡Siéntate tu!” ¿Qué es lo que quiero concluir con todo esto? Que yo jamás me he sentido viejo y además – y esto no se debe interpretar con que, bueno, festejamos el cumpleaños y después me dedico a dormir la siesta, no, no – yo quiero hacer muchas cosas. Un compañero acá tuvo el buen gusto de recordarlo y yo lo reitero y asumo ese compromiso con ustedes, porque quiero escribir ese libro y lo voy a escribir. Y me tengo que organizar, pero tengo que organizar mi tiempo y dejar de lado otras cosas. El segundo libro puede llegar a ser un apéndice del primero. Se puede hacer un libro que hable de lo que yo quiero hablar, que es Marx, la democracia y el socialismo y – como apéndice – se pueden contar algunas de estas historias, algunas de las cuales se han estado contando en el día de hoy.

Entonces, para ver como estoy entreverado con muchas cosas, ¿qué hice para ver cómo resuelvo esto? Le fui a pedir consejo a mi hija. ¿Por qué? Porque una de las cosas que la vida me ha enseñado es esta: cuando los grandes le dan consejo a los niños, sirve para muy poco, una porque no los escuchan y no saben de qué se les está hablando y después, cuando son más grandes, prefieren equivocarse solos y no hacerle caso a los más grandes (risas). Pero cuando uno es grande se da cuenta que puede apelar a los hijos y a su sentido común para ver cómo resuelven problemas. Y fue así que mi hija me dio unos consejos y voy a ver si los sigo y si escribo esto. Ahora, todo esto que han dicho ustedes y que me sumerge en un mar de agradecimiento y de confusión, porque creo que es exagerado, yo creo que está dictado por un sentimiento de afecto, de compañerismo, de compartir ideales, también. Todo eso junto, todo mezclado. Y eso es lo más lindo que uno puede cosechar a lo largo de la vida.

Y algunos de los mensajes que acá se han leído, a mí me tocan particularmente. Uno es el de Lula, ¿no? Uno ha tenido el privilegio, por la profesión y por lo que ha hecho en la vida, de conocer gente que son los que realmente hacen la historia. Los que junto a su pueblo y a su partido y a su gente, hacen la historia. Y Lula es una de esas personalidades entrañables, ¿no?, por su concepto político pero, además, por su concepto humano, por lo que él es como persona. No sólo por su origen de obrero, trabajador, metalúrgico, no. Pero por su manera de ser, por la relación que tiene con la gente. Fíjense que a mí me viene a mandar un mensaje de estos. ¡Es una cosa fenomenal! Y se darán cuenta hasta qué punto eso a mí me compromete y me alegra en el fondo del alma y me hace recordar muchas cosas. Yo estuve con Lula en el bendito “Foro de San Pablo” del que tanto se habla y que, en realidad, eso salió de la cabeza – para decir las cosas como son – de Fidel y de Lula, que se juntaron y dijeron: “vamos a hacer esto”. Y lo hicieron en un momento en que la situación del mundo… Bueno, no les voy a explicar a ustedes cuál era la situación del mundo en 1990, después de la caída de todo el bloque socialista europeo y todo lo demás. Pero esa gente tuvo la idea de juntarse y de hacer un movimiento y cuya consecuencia, yo me animo a decir, es la nueva realidad que tenemos hoy en América Latina. Eso se ha ido cimentando con una serie de encuentros y ahora en julio va a haber otro que va a ser en San Pablo, justamente. Al principio no se llamó “Foro de San Pablo”, eso se bautizó después. Pero ahora se va a volver a hacer en San Pablo. Y bueno, yo ahí he andado con Lula y con Marco Aurélio, que es un gestor fundamental de toda la política exterior brasileña anterior y del actual gobierno de Dilma, ¿no? Y hemos andado ahí, por todos lados: en La Habana, en El Salvador, en Nicaragua, en México, en el propio Brasil. Y eso significan para mí esas líneas que me ha mandado Lula.

Acá mi amigo el canciller – que más que como canciller está como amigo – que tuvo la audacia, junto con Roberto Conde, de encomendarme esa tarea en Vietnam… Fíjense que en mi vida puedo contar el hecho de que yo estuve con… ¡Imagínense que yo llego – ahora, hace poco – en cumplimiento de esta misión a la que se refería Almagro, llego a Vietnam y aparezco con esta aureola! ¡El tipo que conoció a Ho Chi Minh y estuvo dos veces con él, a esa altura! Hacía más de 40 años que Ho Chi Minh había muerto y Ho Chi Minh, para mucha gente, es un recuerdo. Es como si dijeran: “¡Este conoció a Artigas!” (risas). ¡Es así, es inconmensurable! Unió a todo el pueblo e hizo una de las grandes hazañas de la historia del siglo XX. Y por más cosas que hayan pasado, eso no se borra de la historia del siglo XX. ¡Lo que hicieron los vietnamintas! ¡La paliza que le dieron al imperio americano, cuando lo hicieron rajar y piantar de ahí en helicóptero desde las azoteas de la embajada en Saigón, que ahora se llama ciudad “Ho Chi Minh”! Entonces, imagínense ustedes, a este personaje que tienen ahora adelante, en los jardines del Kremlin, en medio de una reunión de un congreso del PC, me lo presentó Arismendi – como se lo pueden imaginar – caminando por los jardines del Kremlin con Ho Chi Minh. Pero no sólo habló de política, sino que contaba su legendaria vida vestido, además, a su usanza. Es decir, con una vestimenta larga, con sandalias en los pies, con la barbita, con toda naturalidad, contándome todo lo que había hecho. No sólo me habló de su participación de la fundación del Partido Comunista en Francia, sino que me contaba que en Francia él era fotógrafo ambulante. Y después se puso a contarme lo que él hacía en un barco y se me puso a contar su viaje a Montevideo. Entonces, ¡este es uno de los recuerdos más lindos que yo tengo en mi vida! ¡Ho Chi Minh llegando en un barco! Y cierra los ojos y me describe una pequeña montañita, la bahía de Montevideo y la imagen de un marino que venía en un barco y tenía esa imagen de Montevideo y del Cerro. ¡Una preciosura! ¡Una cosa fantástica! Esa fue la primera vez.

La segunda vez lo volví a ver en circunstancias más trágicas, en plena guerra, en donde yo logré – después de toda una serie de artimañas – logré ir ahí, a Vietnam, y estar con él. Porque no se movieron de Hanoi en medio de la invasión norteamericana. Estados Unidos tenía concentrado el grueso de su poderío aéreo en Vietnam y no se movieron de Hanoi. Tenían las antiaéreas soviéticas que defendían, pero ¿ustedes saben lo que es el agujero de una bomba B52? ¡Es un estadio de futbol! Y ahí yo lo vi – con estos ojos – al vietnamita, con el sombrerito cónico, que venía con las espigas de trigo y de arroz en la mano, que sacaba del fondo de esos pantanos. Y ahí le hice un reportaje que después circuló por todos lados y vi el drama de eso: las represas bombardeadas, los hospitales bombardeados. ¡Una cosa terrible! Y, en medio de todo eso, salieron a flote sin moverse de Hanoi. Bueno, la gente del norte ayudó a la del sur, se levantó el sur y toda la historia que ustedes ya conocen. Los cubanos tenían cerquita el paralelo 17 y yo llegué hasta ahí, circulando de noche, en fin… Y todo eso lo tengo en el alma, como se imaginan. Y ahora todo eso resucitó cuando todos ustedes me rindieron homenaje y toda la gente me miraba como viniendo de otra época y de otro planeta.

Yo creo que se ha exagerado un poco acá, en la tónica de todo lo que se dijo. Pero también creo que todo eso está dictado por sentimientos de compañerismo, de fraternidad y les agradezco muchísimo a todos los que vinieron, a los que mandaron los mensajes desde el fondo del alma y me van a tener que seguir soportando.

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