El factor «F»

No fue necesario esperar mucho, tan solo que aflojara un poco la pandemia para que se le empezaran a ver claramente las patas a esta «sota» que había prometido «los mejores 5 años» de nuestras vidas. La excusa perfecta fue una crisis sanitaria de escala mundial que supo utilizar muy bien quien prometiera lo que sabía no iba a cumplir nunca y, con mucha habilidad, se encargó de imponer que «estaba bueno cambiar». Hoy empiezan a crecer los desencantados que creyeron a aquel flautista que cambió el instrumento musical por un micrófono y prometía abiertamente que se había terminado el tiempo de las subas de tarifas y combustibles… «se terminó!!»… ¿Se terminó? Nada más lejos de esa afirmación, la triste realidad es una de las peores mentiras mejor vendidas de los últimos ciclos electorales. Bueno, a decir verdad, es la misma mentira que había vendido «el árbol» (cuyo fruto hoy nos gobierna), en la década de los ’90 cuando impuso aquello del gasoil sin impuestos, entre otras falacias incumplidas pero no tan distintas de las actuales.

Hoy, cuando ya es inverosímil cualquier excusa para justificar la impericia propia de su gestión, aparece -como una genialidad digna del Chicho de la dictadura- el promocionado «Factor X», para justificar la suba del combustible. La obra maestra de quienes hacen uso del poder con una discrecionalidad que barre hasta con los incrédulos que les creyeron antes y hoy empiezan a ver cómo y cuánto les mintieron. Pero no contaban con un factor mucho más poderoso que se construye colectivamente y al influjo del descontento que provoca una gestión de espaldas a la gente. Un factor con músculo social y que solo precisó de una lapicera… el Factor «F»

Ni el Chicho lo hubiera imaginado

Si haber ocupado el peor lugar durante lo más crítico de la pandemia -registrando récord mundial de muertes cada 100 mil habitantes- no les importó, menos les preocupará ahora que las cifras empiezan a darles un respiro y la pandemia parece ceder terreno ante el avance de la vacunación. Ese triunfalismo que parecen ostentar de forma desmesurada los hace incurrir en estos excesos que nos afectan a todos (incluidos sus incrédulos votantes), que ven (vemos) en su (nuestro) bolsillo la cruda comprobación de las advertencias que no creyeron en campaña electoral. Ensoberbecidos por una situación económica que les permitió llegar a un estado de confort que añoraban, se la creyeron al punto de arriesgarse a cambiar porque estaba bueno, o porque todo lo que habían conseguido había sido por su único y exclusivo esfuerzo personal.

A la luz de los hechos, parece ser -finalmente- que el salario era no más la mejor forma de distribución de la riqueza que genera un gobierno. Algo que hoy no se aprecia con pautas salariales por debajo de la inflación, subas de tarifas, impuestos y combustibles, nefasta combinación que se traduce en un crecimiento exponencial de la pobreza cortando década y media de abatimiento.

Con la sanción de una ley ómnibus donde impusieron en tiempo récord una verdadera reforma del Estado (que empieza a producir sus peores efectos), habían logrado una pírrica victoria pero, aún así, no pudieron contener el descontento social que terminó impulsando la iniciativa de referéndum contra la misma.

Y todo parece indicar que siguen sumando argumentos para llevar definitivamente a la derogación de los artículos cuestionados, con decisiones como la suba de los combustibles todos los meses con el mecanismo de los PPI (Precio de Paridad de Importación). Encima, le sumaron -en una genialidad del marketing político al que nos tienen acostumbrados- el promocionado «factor X». Un número que engloba -entre otros tantos que se les podrán ocurrir llegado el momento- el demonizado subsidio al supergás y las pérdidas de ANCAP (obviamente que la culpa es de Sendic, también).

Ese factor que se adiciona y hace parte de una criminal suba de los precios de combustible (llevan 4 aumentos en 4 meses!!), es la forma de «transparentar» según palabras del ministro Paganini, el precio de un insumo que es transversal a la economía de cualquier uruguayo.

Intentan criminalizar el uso del supergás cuando se trata ni más ni menos que el combustible que usa la mayoría de la población para cocinar y/o calefaccionarse. El Uruguay mutó y lo que antes era a kerosene hoy es a gas, y hay un costo que se diluye entre el resto de los combustibles para que sea accesible a los que menos tienen (no para los que solo tienen piscina, como argumentó -increíblemente- el Director de la OPP.

Personalmente creo que ese «Factor X» tiene un altísimo componente ideológico, no admiten que un trabajador pueda tener acceso a un automóvil, por ejemplo, y la forma de reducirle el uso es aumentándole el precio del combustible. No se bancaban que un trabajador pudiera irse de vacaciones a un balneario o al exterior, menos que se comprara un auto 0 km. La ideología se deja ver en cada decisión que toma el gobierno y lo peor es que no disimulan ni un poquito.

Pasó con la vacuna rusa y nos dilataron un proceso comprobado de combate al peor virus de los últimos tiempos y lo pagamos muy caro (6 mil uruguayos fallecidos). Y ahora pasa con los combustibles también, llevando el litro de nafta a $ 71, sin miras -en el corto plazo – de poder cumplir con la promesa aquella de que se había terminado no sé qué cosa.

Tímidamente el movimiento «Un solo Uruguay» se ha mostrado frustrado ante lo que consideran un aumento inoportuno. No sin apreciar la dilación en el incremento que les permitió cosechar y acumular abundantes reservas como no pudimos muchos de nosotros que vivimos de nuestro salario (congelado y deprimido por los tarifazos), mientras ello disfrutan del aumento de los comodities como en los mejores años de la década frenteamplista. Claro que acumulan y no derraman ni una gota, sino todo lo contrario.

La coalición se prepara para lo que seguramente tendrá confirmación en breve cuando se anuncie que las firmas habilitan la convocatoria a un referéndum contra los 135 artículos de la LUC. Ya están saliendo a defenderla marcando a la seguridad como uno de los puntos clave, pero olvidando que decisiones como la suba de los combustibles (creación genuina de esta ley), son relevantes para cualquier uruguayo. Ciudadanos que tampoco se tragan sin cuestionar las cifras de delitos que tienen un sesgo de incredulidad ante la suma de casos que no se registran y/o las órdenes de no tomar la denuncia o desestimularla por parte de la propia Policía, según denuncias muchos usuarios en redes sociales. Y sin olvidar la propia confesión del ex coordinador de la Jefatura de Maldonado, por supuesto.

Hay un factor que incomoda mucho más a este gobierno y está compuesto por cada una de las 800 mil firmas que están siendo revisadas por la Corte Electoral y que en breve serán confirmadas con día y hora de un referéndum que puede ponerle punto final a ese otro factor que lleva por nombre el de una cruz caída.

Es el «Factor F»…

el hombre salió a caminar,
el perro lo esperaba con la correa…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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