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En la nube de gases

Mientras seguimos esperando el tan promocionado derrame, el gobierno sigue fiel a su libreto donde los más infelices siguen siendo tales y los más privilegiados disfrutan holgados su malla oro. Lejos de las promesas de campaña – devenidas en mentiras descaradas- la pandemia empieza a dejar de ser la excusa perfecta dejando en evidencia los (d) efectos de gestión. A todo esto, la «Agencia de Publicidad» sigue aferrada en imponer relatos que poco a poco empiezan a caerse mientras la entrega del puerto a una multinacional en régimen de monopolio exclusivo se consolida como el mayor acto de entrega de soberanía en el último siglo de existencia republicana.

El Presidente se disfraza según la ocasión -los Juegos Olímpicos no serían la excepción- pero sufre y desespera con los dichos de José «Pepe» Mujica, quien lo deja en incómoda posición cada vez que dispara sus certeros comentarios. La nube de gases que rodea a la nueva administración le está afectando y se nota. La soberbia empieza a cobrar cuentas generando un mal humor social que elude el cerco mediático que ya no puede disimular una realidad que le duele a muchos uruguayos…

Habla Pepe, se calienta Luis
Nadie podía imaginar que a sus 86 años tuviera la vigencia que ostenta; la pandemia lo alejó definitiva y tempranamente del Senado (circunstancia que aprovechó Sanguinetti para acumular aplausos prestados), y recluirse en un aislamiento voluntario que, lejos de aplacarlo, lo revivió políticamente. Dueño de una visión política digna de un gran estadista, atraviesa un proceso creativo que es fuente de inspiración para muchos. El legado que dejará este viejo líder político es un intangible que envidian quienes le fustigan, no sólo porque renieguen directamente de sus dichos sino porque casi siempre se les adelanta con una alta dosis de sentido común, marcando tendencia y cosechando el elogio internacional que ellos nunca lograrán.

Entrevistado hace pocos días en radio Sarandí, desmintió los dichos sobre la regasificadora que lejos de ser injustificada inversión, era una necesidad y un negocio de alta rentabilidad. «Es una chantada que fuera un negocio inviable», disparó Pepe. El gas es una fuente energética más barata en muchos sentidos, uno de ellos en los costos de mantenimiento de las plantas generadoras que tienen un menor desgaste sumando así un beneficio adicional que agrega rentabilidad. Eso solo hacía más que viable el negocio. Claro que, con el diario del lunes, aquel negocio fue un fracaso, ante lo que fue el incumplimiento del concesionario tras el episodio Odebrecht, pero no acumula las cifras de pérdida que pregonan. Nada dicen del cobro de la garantía de 100 millones de dólares ni del activo que dejó en algunas infraestructuras que no se cuentan pero que hacen parte del acervo público existente.

«En el año 2012, se gastaron 1.300 millones de dólares en generación de energía…-dijo Pepe- …1000 en combustible y 300 en comprar energía en la región… la mejor manera de bajar esos costos es teniendo gas… se hizo la mejor usina que se hizo en la historia del país en Puntas del Tigre pero la infraestructura dura el doble si se utiliza gas…», expresó Mujica.

En materia de inversiones cada gobierno las evalúa de acuerdo al contexto en que se proyectan y/o ejecutan. De ese modo hay que considerar que el proyecto de contar con gas no era original ni exclusivo de los gobiernos frenteamplistas. Basta con repasar un poco para atrás para encontrarse con otros intentos como el gasoducto Cruz del Sur, por el que se invirtieron varios cientos de millones de dólares sin que haya transportado por sus ductos ni un soplido de aire, cuanto menos gas. Sin embargo, durante los gobiernos del FA no se argumentó contra esa inversión de la manera que hoy se utiliza el tema de la regasificadora Gas Sayago. Y no se hizo por una sencilla cuestión de Estado, es decir, entender que los negocios pueden ser muy buenos en su proyección pero fracasar luego por razones que no son atribuibles a los gestores de turno. La intención y la necesidad de contar con energía barata es una vieja aspiración del país, y aunque Cruz del Sur fue un fracaso, el antecedente sirvió de base para hacer otro intento.

Pero esos antecedentes poco cuentan hoy y, lamentablemente, en una suerte de revisionismo permanente, el actual gobierno se olvida de cumplir con su principal mandato dedicando un día tras otro a cobrarle cuentas a los gobiernos del Frente Amplio, en lugar de gobernar.

El puerto, Alfie y otra vez el gas

En ciernes de una interpelación sobre el puerto que tiene preocupado al gobierno, los datos de la pandemia empiezan a dar un poco de luz pero sin dejar de generar preocupación. En efecto, la variante Delta (ya presente en el país), es una luz de advertencia para no bajar la defensa y mantener la alerta. Pero, fiel a un caprichoso estilo de gobernar, el Presidente mantiene la idea de no exigir cuarentena a los viajeros, mientras se suman más científicos (ya no solo el retirado GACH), que recomiendan lo contrario. Abrir las fronteras para los viajeros supone una exposición innecesaria a un riesgo extremo que obligó a retroceder varios casilleros a países desarrollados, como Israel, por ejemplo. Claro que a nuestro autoproclamado «líder mundial» parecen importarle poco los antecedentes internacionales, de lo contrario podríamos haber transcurrido la pandemia con resultados menos trágicos.

La velocidad de vacunación -sobredimensionada pero cierta- con la que se florea Uruguay le permite hoy soñar con el fin de la pandemia en el corto plazo. Siempre y cuando las variantes nuevas ingresadas se mantengan controladas. Mientras Chile acepta las vacunas rusas, (ante lo que parece una baja inmunización de las vacunas chinas para enfrentar las nuevas cepas), nuestro Presidente se resiste a aceptar que se equivocó negando la posibilidad de haberla tenida al inicio mismo de la pandemia. Ojalá siga esta tendencia y el mapa empiece a demostrar un rumbo final para un indeseado invitado que nos robó la vida de casi 6 mil uruguayos.

En medio de este tema que atravesó a todos los demás, los precios se siguen disparando y lo sufrimos todos. Mucho más los cientos de miles de uruguayos que han debido acudir a la red de ollas populares para subsistir, formando parte de una clase social que habían superado pero que nuevamente los tiene inmersos y con escasas o nulas chances de poder salir en el corto plazo.

Mientras la Ministra de Economía está más preocupada de contener el déficit fiscal antes que la caída de más uruguayos en la línea de pobreza, el Director de la OPP anuncia el fin del subsidio al combustible más extendido en las clases más bajas como es el gas. Disfrazado de una intención de mejora de gestión, asignando el subsidio a quienes se justifique, se arroga el derecho de determinar quiénes serán merecedores del mismo. Algo que nadie puede asegurar que realmente llegará a los más necesitados o que, simplemente, será una forma de ajustar cifras sin importar quienes queden por el camino. El derrame tan anunciado y promocionado no ha llegado -y a estar por la historia misma de este país y los antecedentes de los mismos protagonistas que nos gobiernan- no llegará nunca. Mientras tanto una garrafa de 13 kg se podría ir al doble de su precio actual.

En ciernes de una interpelación sobre el destino del puerto de Montevideo, el gobierno se muestra preocupado y motivos tiene para estarlo. En la coalición no están del todo conformes con el acuerdo con la empresa concesionaria no sólo por los efectos y alcance del mismo, sino por haber sido ignorados del acuerdo mismo retaceando información como reclaman desde Cabildo Abierto. Un flanco que podría dejar secuelas en la unidad de una frágil coalición ante el cúmulo de irregularidades que quedaron al descubierto y que todavía no han sido explicadas de forma satisfactoria por las autoridades. Tamaña entrega de soberanía no se aprecia en el último siglo de vida republicana, y ese es un precio muy alto que empieza a hacer cada vez más ruido en una población desmovilizada por efecto de la pandemia pero que lentamente empieza a desperezarse. La prolongada luna de miel empieza a dar señales de terminarse, la gente sufre las consecuencias de la gestión de gobierno en el lugar más sensible que tiene, su bolsillo y, lentamente, empieza a hacerlo sentir, aunque no lo parezca para las encuestadoras de turno.

La nube de gases crece al ritmo de un gobierno que apuesta por los que más tienen para que sigan sumando ingreso a costa de los recortes que impone a trabajadores y jubilados. Los tiempos de distribución a través del salario quedaron atrás y con ello la desigualdad empieza a mostrarse de la peor manera, con aumento de la desocupación, la precarización de las relaciones laborales, y un preocupante incremento de personas en situación de calle. Todo lo cual aumenta la fragilidad social empujando a muchas personas a acudir a las redes de solidaridad que todavía sostienen a los que más sufren.

Mientras, el gas sigue por las nubes y cada vez más lejos del pueblo…

el hombre cantó retruco,
el perro hacía fila en una olla…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 1013 (Síganos en Twitter y facebook)

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